De cierta forma, la pregunta por las neoconversiones es una pregunta clásica, en la medida en que a fines del siglo XIX se fue planteando progresivamente diferenciar trastornos histéricos puros y diversas somatizaciones unidas a un cuadro psicótico -excluimos aquí los eventuales fenómenos psicosomáticos, que sabemos, no obstante, que no son escasos. La noción freudiana de conversión histérica se desprendió, por un lado, de los avances neurológicos de la escuela de Charcot (con la posibilidad de diagnosticar lesiones neurológicas a partir de signos, por ejemplo, el signo de Babinsky, etc.), por otro lado, de la limitación de la entidad histérica exigida por la corriente kraepeliana, que deja fuera de juego la noción de psicosis histérica desarrollada a fines del siglo XIX, que incluía: paranoia histérica, demencia histérica, melancolía histérica, histeroepilepsia, etc.
A. Hipocondría delirante mal localizada como testimonio de P0
La cuestión de la diferenciación entre hipocondría psicótica y síntoma histérico de conversión fue planteada por colegas en vanas oportunidades80. Parece útil distinguir aquí los casos de hipocondría mal localizada y diferenciarlos de los casos donde el órgano aparece como un verdadero blanco inmutable -ver la sección siguiente: Φ0.
La hipocondría «indeterminada» -que va de un malestar a una sensación dolorosa, pero siempre asociada a una indeterminación intolerable- era considerada por uno de los mayores teóricos de los delirios crónicos, Bénédict Morel (1850), como el fenómeno elemental psicótico por excelencia, que determinaba secretamente el conjunto de los trastornos delirantes. Esta concepción se retomó como una de las dos formas de trastornos -afecto de perplejidad o hipocondría- que preceden la aparición del delirio de relación, por los autores de habla alemana que al principio de 1890 trataron de delimitar la paranoia a partir de mecanismos elementales mínimos. Freud lo recuerda en varias oportunidades, especialmente a propósito de Schreber81 («Me parece que la hipocondría está en la misma relación con la paranoia que la neurosis de angustia con la histeria»), y Lacan debatirá sobre eso con Macalpine. Esta noción es todavía muy familiar para algunos psiquiatras contemporáneos - por ejemplo, en los «pródromos» y los «vanguardistas» de la escuela de Bonn. Parece razonable ubicar los fenómenos corporales descriptos en relación con los efectos catastróficos de la incursión de Un-padre.
B. Dismorfofobia psicótica: Φ0 (PÁG. 125)
79 Parte redactada por François Sauvagnat. 80
J.-P. Deffieux, La Cause freudienne Nº' 38, París, Navarin-Seuil, 1998.
81
S. Freud, «Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (Dementia paranoides) descrito autobiográficamente», en Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu, 1990, t. XII.
60
Contrariamente a la sección precedente, constatamos en estos casos una localización «precisa» sobre uno o varios órganos, dado como destruido, muerto, monstruoso, etc. Solo secundariamente la «dismorfofobia», término forjado por Morselli (1886), que pensaba integrarlo en las serie de fobias, fue considerada ya no en el caso de adolescentes neurasténicas y perfeccionistas, sino en el de sujetos abiertamente psicóticos, y pueden compararse, además, con los fenómenos de negación de órganos. Digamos que, muy a menudo, el fracaso de la castración simbólica se manifiesta aquí de manera cruda, lo que tiende a hacer considerar ese tipo de fenómeno desde la perspectiva del Φ0 que describe Lacan, y principalmente del empuje a la mujer: «Por no poder ser el falo que le falta a la madre, le queda la solución de ser la mujer que le falta a los hombres», y es descripta en 197382 como una suerte de movimiento de retorno: Φ0→ La Mujer.
Aquí pueden describirse toda una serie de fenómenos en los que se plantea el problema de saber, como señala Lacan, si Φ0:
- es el efecto (en primer grado) en lo imaginario del llamado vano hecho en lo simbólico a la metáfora paterna;
-o bien, el producto en un segundo grado de la elisión del falo, llevado a la hiancia mortífera del estadio del espejo, con el fin de resolverla.
En este último caso, se trataría -de nuevo- de una solución que volvería sobre la simbolización primordial efectuada por la madre (DM/ sujeto).
Debe constatarse que, lejos de que haya que concebir el «empuje a la mujer» como una feminización automática, sus resultados son variados, y van del sentimiento delirante de ser acusado de homosexualidad a un franco «volverse mujer» transexual, pasando por tentativas de sobrecompensación delirante (como en el caso de Otto Gross, donde la hipersexualidad «genital» se apoya en la veneración del culto de Ishtar, y las diversas elaboraciones «genitales» de Wilhelm Reich -a veces bien taponadas por elaboraciones de tipo aparejamiento del cuerpo).
La segunda eventualidad que describe Lacan (resolver la elisión del Nombre del Padre en
posiciónfálica por el Φ0) debe también, en nuestra opinión, ser entendida como tentativa de
suplencia -«con el fin de resolverla»- centrada en la función de un órgano como «boca-agujero» de la forclusión.
C. Fenómenos corporales esquizofrénicos. R/ /S/ /I (PÁG. 126)
Una de las autonomizaciones más «crudas» de las dimensiones imaginaria, real y simbólica es probablemente la catatonía, con fenómenos motores de catalepsia, flexibilidad cerosa, impulsiones motrices, estereotipias; y, por el lado de las eventuales articulaciones verbales, la verbosidad o ensalada de palabras. El diagnóstico diferencial histeria/catatonía es una cuestión clásica que fue, a partir de 1898, objeto especial de un debate alrededor del síndrome de Ganser. La fijeza de los trastornos, su carácter no movilizable, su aparición inesperada según un «proceso» son
clásicamente referidas como características de la catatonía, pero los autores varían
considerablemente sobre la durabilidad de los trastornos83. Lacan da cuenta de eso en 1959 en términos de regresión tópica en el estadio del espejo; el término «abandono» también fue mencionado. Tales síntomas marcan que la cadena significante casi no merma el goce. Sin
embargo, esta ausencia de anudamiento «neurótico» entre S e I no impide que sean posibles modo s particulares de suplencia. Fenomenológicamente, eso va desde el «está todo bien», característico de
82
J. Lacan, «El atolondradicho», en Escansión Nº 1, Buenos Aires, Paidós, 1984.
83
61
la paciente descripta por KarI Landauer84; hasta las personalidades as if de Helene Deutsch, donde las identificaciones no encuentran ningún tope del orden del fantasma, pasando por la equivalencia esquizofrénica entre representaciones de cosas y representaciones de palabras en Freud.
D. Neoconversión y problemática RSI
Discutir la cuestión de las neoconversiones, «no reductibles por la interpretación freudiano
clásica», es por un lado discutir modos de formación sintomáticos, es decir, tentativas de solución a la inexistencia del Otro85 por parte de sujetos psicóticos, y, por otro lado, discutir síntomas que ponen en juego el cuerpo.
Se puede agregar que los modos de formación sintomáticos considerados deben distinguirse del síntoma de conversión freudiano como «condensación», como metáfora, es decir, operación de imposición de sentido, f (S'/S) S = S (+) s, operada por el significante, subtendido por una sustracción de goce (-φ), o aun, en términos de «La tercera», «el síntoma es irrupción de esta anomalía en que consiste el goce fálico, por más que se extienda allí, que se ensanche esa falta fundamental que califico de no relación sexual». Allí donde, como escribe Lacan en «RSI»86, ante la dificultad que tiene con el falo, el pequeño Hans se inventa «toda una serie de equivalentes de ese falo [...] distintamente ostentosos», nos vemos forzados a constatar que tal recurso con efecto de sentido no es posible para el sujeto psicótico. Sin embargo, en lugar de suponer, como Freud, que las tres dimensiones (real, simbólico e imaginario) están anudadas por la «realidad psíquica»87, Lacan propuso, al final de «RSI», «pluralizar» los nombres del padre: «Nominación d e lo
imaginario como inhibición, nominación de lo real como angustia, nominación de lo simbólico, flor de lo simbólico mismo, como síntoma»88. La etapa siguiente, con el sinthome, le permitió plantear el problema de los modos por los cuales pueden articularse y anudarse en sujetos psicóticos las suplencias del Nombre del Padre. Los casos presentados permiten seriar la manera en que, ante el abismo de significación que se abre y convoca al cuerpo, se intentan modos de acuñamiento diferenciados.
Todos están confrontados en alguna medida con Φ0, pero con variantes en la brutalidad de esta confrontación. Mientras que el complejo del pelo es la oportunidad, para el paciente que se enfrenta con eso, de entregarse a una elaboración significante, que parece haberle suministrado una suerte de gnomon de su deseo allí donde su ideal musical lo abandonaba, el hombre de los pulgares que crujen parece librado a lo insondable de un goce que retorna sin mediación. El inventor del método de gimnasia parece, gracias a eso, taponar bastante bien las inquietudes que le causa su cuerpo; sin embargo, sobrevienen efectos de significación -sueños- que moderan las entrevistas. En cuanto a Victor el Erguido, él consigue ceder su síntoma de rigidez en favor de la oferta de la palabra quizás acomodándose bajo el significante ideal de la «conducta razonable», quizá también
descompletando al padre gozador.
LA NEOTRANSFERENCIA