Desde un punto de vista histórico, el liberalismo económico clásico tiene vigencia desde los últimos años del siglo XVIII has ta el comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914. Su prime ra versión sistemática fue obra de Adam Smith (1723-1790), y sus continuadores más importantes fueron David Ricardo (1772-1823), R. Malthus (1766-1834), J. B. Say (11767-1832) y F. Bastiat (1801- 1850).
Sus tesis-postulados más importantes son los siguientes: (L l) El ser humano como ser económico: El ser humano es, por na
turaleza, un ser egoísta cuya actividad está orientada a ob tener el máximo beneficio posible con el menor esfiierzo. Pa ra lograr sus objetivos, apela fundamentalmente al egoísmo
de los otros. Adam Smith afirmaba que no es la benevolencia del carnicero la que nos procura el alimento, no invocamos sus sentimientos sino su egoísmo para obtener lo que quere mos, mostrándole cuáles serían sus ventajas al hacer lo que le pedimos.
(L2) El interés personal-individual es el motivador principal de toda acción, no el interés de la sociedad: Es un corolario-con tinuación obvio del anterior. Esto no significa que no se pro cure satisfacer el interés global de la sociedad. Por el contra rio, el mismo se logra por la conciliación de los esfiierzos rea lizados para satisfacer cada uno de los intereses individuales.* (L3) El orden económico como orden natural: Esto es así porque
tal orden surge de la naturaleza del ser humano individual y de las cosas. Hay en A. Smith una obvia tendencia a conce bir el orden de la naturaleza humana, a imagen y semejan za del orden de las cosas físicas. Así como las leyes mecáni cas newtonianas eran capaces de explicar todos los fenóme nos físicos, hay leyes económicas que permiten explicar los fenómenos económicos.
(L4) La autonomía del mercado y la mano invisible: Es consecuen cia de la tesis-postulado (L3): más importante aún que la ana logía anterior es aquélla entre el funcionamiento autónomo del universo físico, el cual opera tal como está predetermina do a hacerlo de acuerdo a las leyes que lo rigen, y la autono mía del mercado -e l universo propio de la operatividad de las leyes económicas según el liberalismo- que operará de acuer do a tales leyes si no se interviene interfiriéndolas. De ahí la expresión laissez-faire: dejar hacer. Lo mejor es dejar funcio nar por sí sola a la maquinaria económica; ella procederá tal como lo indican las leyes económicas que la rigen. Todo acae ce como si una mano invisible mantuviera el funcionamien to esperado corrigiendo posibles desviaciones y evitando otras.^ (L5) La objetividad de las leyes económicas; ésta es consistente
con (L3) y (L4). Las leyes económicas se imponen con el mis mo rigor que las leyes físicas. Por lo tanto, transgredirlas trae rá consecuencias negativas ineludibles. Por ejemplo, si se transgrede una de las leyes fundamentales de la economía 11-
beral, como lo es la ley de la oferta y la demanda, según la cual los precios y los salarios quedan fijados como resultan tes de la competencia.
(L6) La libertad individual como requisito indispensable: esto es imprescindible para el normal desenvolvimiento de la econo mía. Si el mercado en competencia debe proceder autónoma mente, ello significa que la competencia no debe tener traba alguna, sino que debe ser el firuto exclusivo de la libertad de los agentes intervinientes en el mercado. Esto involucra una amplia gama de esferas. Abarca la libertad de empresa, de producción, de circulación, y de consumo. Esto explica el fuer te rechazo a toda forma de intervencionismo, y, en la esfera jurídica la regulación de la libre contratación. El locus pro
pio de la operatividad de esta libertad es el mercado libre, donde los agentes operan libremente, sin determinaciones he- terónomas más allá de las leyes del mercado. Ibdo lo cual es la manifestación del laissez-faire a nivel de la actividad de los agentes individuales.
(L7) Las funciones del Estado: que no debe intervenir en el mer cado, sin por ello dejar de hacerlo en la esfera pública. Los tres deberes del Estado, según A. Smith son, defender la so ciedad contra la violencia de otras sociedades; proteger a los individuos de la violencia y abuso de los miembros de su pro pia sociedad mediante una adecuada administración de jus ticia; y erigir y mantener aquellas obras y establecimientos públicos cuya institución y mantenimiento no interesa a los individuos ni a sus grupos por no proporcionarles ganancia alguna.
Hay mucho más: a nivel internacional, por ejemplo, el libera lismo clásico favorece el libre intercambio entre las naciones, pro pugna una economía volcada al orden internacional, recomienda un orden económico que favorezca el pluralismo de empresas, pre ferentemente pequeñas y medianas, etc.
Sin embargo, surgieron dificultades de todo tipo para llevar a cabo la cabal realización de las tesis anteriores. Por ejemplo, los obstáculos para evitar los monopolios y oligopolios, o los excesos tales como las notables desigualdades en el mercado laboral con sus tremendas consecuencias sociales, la explotación del trabajo
femenino e infantil, la creciente opresión sobre vastas mayorías de la población denunciadas y criticadas por pensadores, no sólo marxistas del siglo pasado. Estos problemas determinaron el oca so de la primera versión, la pérdida de su rol dominante en los centros de poder económico mundial e incluso su posterior reapa rición con las modificaciones que señalaremos, bajo la forma de neoliberalismo. Tbdo esto se debía además al desastre de las dos guerras junto a la necesidad de encontrar una versión alternati va viable al socialismo, lo cual constituía una necesidad debido al terror que había producido su expansión, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial.
En su última aplicación global, el neoliberalismo reaparece en los 70 como respuesta a la crisis del petróleo de 1973, siendo su centro Chicago, desde donde se expande, especialmente hacia Latinoamérica. Chile es el primer país que adoptará, haciendo de él el núcleo fuerte de toda la política del régimen dictatorial allí imperante.
Uno puede preguntarse cómo es posible que un programa eco nómico que no difiere mayormente del conjunto de tesis del libe ralismo clásico, pueda imponerse en un continente donde la po breza y la desocupación fueron y todavía son rampantes. La ra zón primera se halla en el término arriba usado: ‘imponerse’. Fue literalmente impuesto, por la fuerza. La segunda y más impor tante razón, es que para justificar tal aplicación se falseó la rea lidad, contra toda evidencia empírica. Franz Hinkelammert (1984) ha afirmado acertadamente que, contra la evidencia empírica acu mulada, se responsabilizó al intervencionismo estatal de las cri sis económicas de los países del continente. Todos los términos se invierten. Se presenta el subdesarrollo como siendo provocado por el intervencionismo desarrollista que obstaculiza la posibilidad de un desarrollo serio que sólo puede estar promovido por la ini ciativa privada. Se afirma que hay desempleo porque la política de protección laboral lo provoca; que hay pobreza creciente por que la política de redistribución de ingresos elimina todos los in centivos. Y se llega al extremo de afirmar que la crisis del medio ambiente se debe a que no se lo ha privatizado suficientemente.
No se puede dudar del fracaso de ciertas políticas intervencio nistas estatales. Pero, en otra muestra de la repetida apelación a la falacia del falso dilema, los mentores del neoliberalismo postu lan como única alternativa la de un anti-intervencionismo fi"ené- tico, que como veremos más adelante, no puede mantenerse con 168
sistentemente y que requiere siempre de fuertes intervenciones estatales para hacer posible la propia supervivencia de tal anti intervencionismo en el plano económico.
Sin duda, para poder tomar convincentes semejantes razones, que parecen extremas e hipersimplificadoras, es necesario mon tar todo un aparato intelectual o un sistema de ideas que las tor ne plausibles y que legitime las políticas obviamente antipopula res que tienen que implementarse. Una de las maniobras típicas para lograrlo es presentar al neoliberalismo como si respondiera estrictamente a las pautas de la metodología científica. Las pro puestas metodológicas de Popper, elogiadas y adoptadas por Ha- yek, cumplen este rol seudo-legitimador: tal como hemos visto, tal metodología es inaceptable, tanto en el plano de las ciencias en general, como en el de las ciencias sociales, en particular, espe cialmente en economía.
2 El neoliberalismo económico: