Aunque el concepto de inteligencia emocional se ha acuñado en las últimas décadas, la creencia de que el conocimiento de sí mismo y la capacidad para relacionarse bien con terceros influye de forma importante en la vida de una persona, viene de lejos. Como antecedentes remotos, podemos citar a Sócrates, Darwin, Freud y Jung.
En la antigüedad griega, el filósofo Sócrates (-470, -339 AC.) había formulado la famosa frase “conócete a ti mismo”, que es una de las piedras angulares de la inteligencia emocional. Goleman (1995), concede una fuerza muy positiva a la conciencia de uno mismo, ya que tiene un poderoso efecto sobre los sentimientos negativos; podemos liberarnos de ellos y no quedar sometidos a su influjo.
Por su parte, Charles Darwin32ya había señalado que las emociones se habían desarrollado inicialmente, con el propósito de preparar a los animales para la acción y esto es particularmente cierto en situaciones
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IQ= Intelligentquotient o coeficiente de inteligencia cognitiva. EQ=
emotionalquotient o coeficiente de inteligencia emocional.
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En su libroTheexpression of theemotions in Man and Animals,
originalmente publicado en 1872, fue un precursor en el estudio científico de las emociones
críticas y de emergencia. Por su parte Freud y Jung (1917), ponen de manifiesto la importancia del inconsciente y el subconsciente, en donde anidan muchos sentimientos que afectan constantemente a nuestra actuación consciente diaria.
La inteligencia emocional es un concepto que nace cronológicamente mucho después que el concepto de inteligencia abstracta o cognitiva, tal y como se entendía dicho concepto hasta ahora. Cuando los psicólogos investigaban sobre lo que era la inteligencia, se centraban en aspectos relacionados con aspectos cognitivos, como la memoria y la resolución de problemas.
Tan temprano como en 1904, el psicólogo francés Alfred Binet creó la primera medida de inteligencia, y en 1912 el psicólogo Lewis Sterman de la Universidad de Stanford acuñó el término Cociente de Inteligencia (IQ), que sigue siendo la base de todas las medidas actuales de inteligencia. En su cálculo entran aspectos como comprensión verbal, memoria, aritmética, vocabulario, inteligencia espacial, y visualización, entre otros. Como se ve, exclusivamente se compone de aspectos cognitivos, y ninguno de ellos se refiere a elementos emocionales.
Sin embargo, algunos psicólogos empezaban a cuestionar si faltaban aspectos relevantes en la ecuación del concepto de inteligencia, que consideraba términos cognitivos.
Así, Wechsler (1958)
hablaba de elementos y habilidades no-intelectivas, yThorndike (1937) utilizaba por primera vez el término de inteligencia social. Pero estos antecedentes no generaron interés, hasta que Gardner (1983)
retoma esta línea de pensamiento, y empezó a hablar de múltiples inteligencias, proponiendo que tipos de inteligencia “intrapersonal” e “interpersonal” podían ser tan importantes como la inteligencia tal y como era medida en el coeficiente de inteligencia.
Recientemente, el profesor de sociología Richard Sennet criticaba el mismo concepto del coeficiente de inteligencia de Binet. Sennett (2008)33 afirma: “... hay que responder a todas las preguntas que se pueda para elevar la puntuación, de modo que uno arriesga una conjetura y sigue adelante. Los saltos intuitivos que se abren a un problema son imposibles de medir con un test de opción múltiple. Estos saltos son un ejercicio de asociación de elementos disímiles....El método de Binet, por tanto, creó un agujero negro en el pensamiento que se plantea problemas, penalizó a los que se toman el tiempo necesario para reflexionar y no pudo abordar la cuestión de la calidad. Una buena puntuación total en los test podría inducir precisamente
33Richard Sennett es Profesor de Sociología en la London School of Economics y profesor de Humanidades en la University of New York. Es uno de los sociólogos más conocidos y creadores. También es socio del Centro de Estudios Avanzados en Ciencias del Comportamiento. Él mismo se autodefine como perteneciente a la corriente de pragmatismo norteamericano, que ha tratado de unir la filosofía a las prácticas concretas de las artes y las ciencias, a la economía política y a la religión; su carácter distintivo es la búsqueda de problemas filosóficos insertos en la vida cotidiana.
al abandono de aquellos problemas que son verdaderos problemas.” (pág.349)
El término cociente emocional fue introducido por Bar-On (1988) como concepto complementario al coeficiente de inteligencia, definiendo este cociente como un conjunto de capacidades sociales y emocionales que ayudaban a los individuos a afrontar las demandas de la vida ordinaria.
Unos años después, Salovey & Mayer (1990) acuñaron el concepto de “inteligencia emocional” definiéndolo como un tipo de inteligencia social que consiste en la habilidad de conocer las emociones de uno y de otros, diferenciarlos, y usar esta información para guiarle en su pensamiento y actuación.
Este concepto captó la atención de Daniel Goleman, un psicólogo formado en Harvard y escritor científico en el New York Times especializado en el cerebro, la neuropsicología y el comportamiento humano. Goleman (1995)
escribió un libro titulado “Inteligencia emocional” que fue un bestseller y provocó innumerables trabajos de investigación que exploraban el papel de ciertas habilidades personales y emocionales para el éxito profesional.
El concepto, que hasta entonces había quedado circunscrito exclusivamente en un pequeño ámbito académico, obtuvo de pronto visibilidad en el gran público y especialmente en el mundo empresarial.
Illouz (2010) 34 aventura una explicación muy plausible de la enorme difusión y éxito del concepto de inteligencia emocional tal y como fue difundido por Goleman: “Si Daniel Goleman- un periodista con estudios de psicología clínica- fue capaz de convertir su libro La inteligencia emocional
en un bestseller mundial y en una nueva norma con la cual evaluar la conducta fue porque la cultura popular estadounidense ya había sido saturada durante casi un siglo con nociones psicológicas que convertían a las emociones en un elemento cada vez más central en la evaluación del yo y de los otros. La cultura psicológica había estado abogando por el principio básico que se esconde detrás de la noción de inteligencia emocional, esto es, que las emociones deberían ser informadas y guiadas por juicios racionales”. Tal es el impacto del concepto de inteligencia emocional, que ella sostiene que de hecho representa un nuevo eje de clasificación social que crea nuevas formas de competencia (y de incompetencia) social.