En este apartado se analizan algunas de las iniciativas más destacadaspara incorporar la perspectiva de género en los diferentes ámbitos de la construcción de la paz.
4.3.1. La resolución 1325
En octubre el secretario general de la ONU presentó su informe anual sobre la mujer, la paz y la seguridad ante el Consejo de Seguridad de la ONU, cumpliendo con lo establecido por la resolución 1325 del Consejo de Seguri- dad de la ONU del año 2000.33 Como en años anteriores,
el informe llevó a cabo un seguimiento de la implemen- tación de esta resolución a partir de la evaluación de di- ferentes indicadores. En el informe, relativo al año 2013, se destacaba que se habían producido importantes avances normativos, como la aprobación de dos nuevas resoluciones por parte del Consejo de Seguridad de la ONU (2106 y 2122), una declaración de la Comisión de Consolidación de la Paz sobre el empoderamiento de las mujeres, la inclusión en el Tratado de Comercio de Armas de un criterio sobre la violencia de género y la aprobación por parte del Comité para la Eliminación de la Discri- minación contra la Mujer de la recomendación general número 30.34 El informe del secretario general constató
una mayor presencia de las mujeres en los procesos de paz formales, señalando que en todos los procesos de paz en los que Naciones Unidas participó hubo presencia de mujeres en los equipos de mediación, y en ocho de los 11 procesos con presencia de la organización internacional hubo al menos una negociadora mujer. Con respecto a los acuerdos de paz que se rubricaron durante 2013, el secretario general destaca que el 54% de ellos se incluían referencias a las mujeres, la paz y la seguridad, y que se había triplicado el número de acuerdos de alto el fuego con referencias explícitas a la prohibición del uso de la violencia sexual. Sin embargo los datos globales sobre la participación de las mujeres en las instituciones políticas legislativas y gubernamentales seguían arrojando cifras muy limitadas: solamente el 22% de las personas que integraban los parlamentos a nivel mundial eran mujeres, y únicamente el 13,1% de los cargos de nivel ministerial estaban ocupados por mujeres. Con respecto a otras di- mensiones de la construcción de la paz, en el informe se recoge, por ejemplo, que el 28% de las personas benefi- ciarias de los programas de Desarme, Desmovilización y
31. Para más información sobre la participación de las mujeres en el movimiento kurdo véase el cuadro “El diálogo de paz en Turquía: ¿una oportunidad en clave de género?” en este capítulo.
32. Nombre kurdo para denominar la zona de mayoría kurda en territorio de Siria.
33. Consejo de Seguridad de la ONU, Informe del Secretario General sobre la mujer y la paz y la seguridad, 2 de octubre de 2012, http://www.un.org/ es/comun/docs/?symbol=s/2012/732.
34. Para más información sobre estos avances normativos véase Escola de Cultura de Pau, “La agenda de mujeres, paz y seguridad durante 2013”
Reintegración en los que intervino el PNUD eran mujeres, o el 25% en el caso de los apoyados por el Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz.
En paralelo a la presentación del informe anual del Secre- tario General, el Consejo de Seguridad de la ONU tam- bién celebró el debate abierto anual sobre las mujeres, la paz y la seguridad, centrado en esta ocasión en la si- tuación de las mujeres y las niñas desplazadas, poniendo énfasis particular en su capacidad de liderazgo y super- vivencia. En un momento en el que las cifras mundiales de personas refugiadas han alcanzado las cotas que se produjeron durante la Segunda Guerra Mundial, el tema resultaba de especial relevancia, y durante el debate se destacaron los numerosos retos a los que se enfrentan las mujeres y las niñas desplazadas, así como los graves dé- ficits en materia de protección, así como el grave impacto de la violencia de género y la violencia sexual y otras vio- laciones a los derechos humanos, como la falta de acceso a servicios básicos de educación y salud y las dificultades para la participación en la toma de decisiones. El grupo de trabajo de ONG sobre mujeres, paz y seguridad instó a los representantes de los países participantes en el de- bate a informar detalladamente sobre los esfuerzos que se estaban llevando a cabo para dar apoyo al liderazgo y la participación de las mujeres desplazadas, a debatir sobre los esfuerzos de protección desde una perspectiva de género así como las respuestas humanitarias y a dar detalles sobre los esfuerzos de protección de las mujeres defensoras de derechos humanos, entre otros aspectos, así como algunas recomendaciones de cara a la revisión de alto nivel sobre la implementación de la resolución 1325 prevista para el año 2015.
4.3.2. La dimensión de género en las negocia-
ciones de paz
Durante el año 2014 se llevaron a cabo importantes procesos de paz en países como Filipinas y Colombia. Además, en otros contextos como el de Siria, también hubo esfuerzos diplomáticos para poner en marcha nego- ciaciones de paz, aunque éstos no fructificaron.
En el mes de marzo tuvo lugar en Filipinas la firma del acuerdo final que representó la terminación del conflicto armado en Mindanao que durante décadas enfrentó al Gobierno filipino con la guerrilla del MILF. Uno de los as- pectos más relevantes del proceso de paz ha sido el de la inclusividad, según coinciden en destacar tanto las partes en conflicto como los actores que han acompañado las negociaciones, así como otros observadores. Las muje- res han estado presentes en los equipos negociadores en posiciones sustantivas, e incluso de liderazgo en el caso del equipo negociador gubernamental. De hecho, la firma del acuerdo final ha sido realizada por parte de una mujer, Miriam Coronel Ferrer, en representación del Go-
bierno filipino, lo que representa un hito sin precedentes. En paralelo a la inclusión en los equipos negociadores, las organizaciones de mujeres de la sociedad civil también han jugado –y lo siguen haciendo– un papel fundamental en la supervisión de la implementación de los diferentes acuerdos alcanzados, incluyendo el de alto el fuego. Si bien la participación y la presencia de mujeres en unas negociaciones de paz es un hecho positivo en sí mismo, en el caso de Filipinas, cabe destacar que esta presencia se ha traducido también en el contenido del acuerdo de paz, garantizándose así la presencia de mujeres en los nuevos mecanismos institucionales surgidos del proceso de paz o la inclusión de la perspectiva de género en as- pectos económicos mediante planes de desarrollo espe- cíficamente destinados a la mejora de las condiciones de vida de las mujeres. Así pues, la presencia se ha traduci- do en contenido, en clara muestra de que la inclusión de diferentes sectores sociales en las negociaciones de paz lleva a acuerdos de paz más amplios y representativos de las necesidades de la población a la que afectan. Con respecto a las negociaciones de paz para poner fin al conflicto armado en Colombia entre el Gobierno y la guerri- lla de las FARC-EP, en el mes de septiembre ambas partes acordaron la creación de una subcomisión de género con el mandato de integrar las voces de las mujeres y la perspectiva de género en todos los acuerdos alcanzados, tanto parciales como en un eventual acuerdo final, en la mesa de negociaciones. La subcomisión, integrada por cinco representantes de cada una de las partes, cuenta con el asesoramiento de personas expertas nacionales e inter- nacionales. La Alta Consejera para la Equidad de la Mujer, Nigeria Rentería, participante también en las negociacio- nes de paz destacó la importancia de que la especificidad de los derechos de las mujeres y la perspectiva de género se conviertan en un elemento constitutivo de los acuerdos de paz. Por su parte, las FARC-EP, que designaron a cinco mujeres para formar parte de la subcomisión –Yira Castro, Diana Grajales, Victoria Sandino, Alexandra Nariño y Ca- mila Cienfuegos– destacaron la importancia para el grupo armado de la no discriminación por razones de género, apuntando a que el 40% de sus integrantes son mujeres, y condenaron las acusaciones vertidas sobre la guerrilla re- lativas a la utilización de la violencia sexual en el conflicto, señalando que han sido las Fuerzas Armadas y los grupos paramilitares los responsables de esta violencia. Por su parte, las organizaciones de mujeres celebraron la creación de esta comisión, aunque se mostraron escépticas acerca de la inclusión genuina de la perspectiva de género en las negociaciones de paz. Las organizaciones de mujeres han denunciado en numerosas ocasiones que todos los actores armados del conflicto han sido responsables de la perpe- tración de crímenes de violencia sexual.35
En el mes de diciembre se produjo el primer encuentro de la subcomisión de género en las negociaciones de paz en La Habana (conformada por representantes del Gobierno
35. Comisión de Verdad y Memoria de Mujeres Colombianas, La verdad de las mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia, Ruta Pacífica de las Mujeres, Bogotá, 2013.
y las FARC-EP) con organizaciones de mujeres colombia- nas. La subcomisión de género tiene previsto mantener tres encuentros con diferentes organizaciones de mujeres del país. La delegación de mujeres que se reunió con la subcomisión estuvo integrada por representantes de las principales organizaciones de mujeres que trabajan por la paz en Colombia: Mujeres por la Paz, Ruta Pacifica, Corporación Colombiana de Teatro, Red nacional de Ar- tistas, Asociación de Mujeres por la paz y los derechos de la Mujer (ASODEMUC), Sisma Mujer y Casa de la Mujer. Además también participaron tres expertas en género internacionales en representación de Cuba, Noruega y ONU Mujeres. Las organizaciones de mujeres hicieron un llamamiento a las partes para que decretaran un alto el fuego de carácter bilateral para navidad y año nuevo. Además, presentaron una serie de reclamaciones con respecto al proceso de paz: que se garantice la partici- pación de las mujeres en todas las fases y mecanismo del proceso de paz, así como el reconocimiento de la diversidad y de la población afrocolombiana, indígena,
campesina, rural, urbana, mujeres jóvenes y LGTBI; la distribución equitativa de bienes, servicios, recursos y riqueza entre hombres y mujeres; garantías para las mu- jeres víctimas del conflicto de verdad, justicia, reparación, no repetición; y una desescalada de la violencia, así como la garantía de que las partes permanecerán en la mesa de negociaciones hasta que se logre un acuerdo de paz. Las mujeres que integraron la delegación valoraron como “histórica” esta participación y señalaron que esperaban que se tradujera en compromisos concretos y en que se garantizara de manera plena el protagonismo de las mujeres en un eventual acuerdo de paz. Por otra parte, durante la visita a la Habana de una de las delegaciones de víctimas que se están reuniendo con las delegaciones del Gobierno y de las FARC-EP, se expresó la exigencia de que la violencia sexual que se ha cometido en el marco del conflicto armado sea considerada como un crimen contra la humanidad y que las víctimas de esta violencia, fundamentalmente mujeres, reciban apoyo social y psico- lógico, así como acceso a la justicia.
36. Para más información sobre la plataforma, véase http://www.barisicinkadinlar.com/en/.
Cuadro 4.5. El diálogo de paz en Turquía: ¿una oportunidad en clave de género?
El diálogo de paz que desde finales de 2012 llevan a cabo el Gobierno turco y el PKK, conocido como el proceso de Imrali, continúa siendo a pesar de las enormes dificultades una oportunidad de transformación de este longevo conflicto armado que desde 1984 ha causado unas 40.000 víctimas mortales, entre 1 y 3 millones –según fuentes– de personas desplazadas in- ternas, unos 10.000 asesinatos no esclarecidos –mayoritariamente de civiles kurdos–, tortura, un número indeterminado de víctimas de violencia de género, incluyendo por violaciones, y trauma extendido entre la población kurda, la principal afectada por la guerra. De manera significativa, el proceso de Imrali constituye también una oportunidad de visibilizar y abordar la cru- cial dimensión de género del conflicto y facilitar transformaciones de género sostenibles. Entre los factores que impulsan esta oportunidad se incluyen la elevada movilización de las mujeres kurdas hacia esa dirección, la creciente convergencia entre mujeres kurdas y turcas a través de una plataforma conjunta, el respaldo del PKK a la agenda de género y la mayor visibilidad internacional del rol emancipador de las mujeres kurdas vinculadas al movimiento PKK en la región a raíz de la crisis en Siria. No obstante, junto a las oportunidades se hacen evidentes también los factores de riesgo, entre ellos el rechazo del AKP y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, a las demandas emancipadoras de las mujeres y que éstas se vuelquen en el proceso de diálogo, los riesgos de subordinar o acabar diluyendo la dimensión de género en el proceso ante los previsibles obstáculos, la histórica escasez de puentes entre mujeres kurdas y turcas en los diferentes niveles, incluyendo en aquellos con mayor ca- pacidad de influencia sobre los núcleos de poder.
El género y el patriarcado han ocupado un lugar central en la cuestión kurda a lo largo de su historia, en interrelación con otros procesos, entre los que sobresalen la militarización y la uniformización cultural. Al mismo tiempo, la dimensión de género se ha plasmado en intersección con otros múltiples ejes (clase, origen, religión, etc.). La discriminación y violencia de Estado contra la población kurda ha tenido manifestaciones e impactos específicos sobre las mujeres kurdas –entendidas no como categorías únicas–, como desplazamiento forzado, feminización de la pobreza, violencia sexual, disrupción de modos de vida, violencia sexual y de género, fortalecimiento de estereotipos. Al mismo tiempo, las mujeres kurdas han sido sujeto activo en múltiples ámbitos y estrategias (co-fundadoras del PKK y combatientes armadas; activistas; políticas; periodistas; abogadas del movimiento kurdo, etcétera).
Anteriores experiencias de diálogo entre el Estado y el PKK no fueron acompañados de manera tan clara como en la actualidad de intentos de convertir el diálogo en una oportunidad de transformación desde la perspectiva de género. A ello han contribuido diversos factores como el trabajo y movilización de una plataforma conjunta de mujeres kurdas y turcas, Iniciativa de Mujeres Para la Paz, creada en mayo de 2009 y que aglutina a mujeres de diversos orígenes, creencias e identidades (feministas, muje- res del movimiento de mujeres de Turquía, mujeres kurdas del movimiento Democratic Free Women, mujeres de grupos LGBT, sindicalistas, mujeres de partidos políticos, periodistas, académicas, activistas de derechos humanos, entre otras). Su objetivo es la dinamización de espacios de discusión conjunta y de movilización contra la guerra y las violencias contra las mujeres, desde el posicionamiento de que no puede haber paz sin las mujeres.36
Con el impulso al proceso de diálogo de Imrali en 2013 y 2014, la plataforma ha incrementado también su proyección pública, sus actividades y mecanismos. Entre ellos, la explicitación de su deseo de participar formal e informalmente en las negocia- ciones. Y entre los mecanismos, el establecimiento de un grupo de supervisión del diálogo para llevar a cabo reuniones con todas las partes implicadas en el proceso de paz. Un primer informe sobre la evolución del diálogo a lo largo del año 2013 y sobre las propias actividades de la plataforma apuntaba ya a algunos retos: la fragilidad del proceso de diálogo, la creciente deriva discriminadora del AKP hacia las mujeres así como otros graves déficits de la política interna y regional del AKP. Y a oportunidades: la necesidad de la participación de las mujeres en el proceso en todos los niveles; así como a vías de solución: