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problemas (Bara, 1980) empleados en definir tanto la naturaleza de problemas significativos como la estrategia para tratar con ellos.

Es importante hacer énfasis en que los modelos de realidad son el único medio posible de establecer una relación con el mundo externo. En otras palabras, un sistema de conocimiento humano no puede discriminar entre eventos externos y su representación interna (Airenti et al., 1982b). Como cualquier procedimiento imaginativo, trabaja sobre datos que son consistentes con una organización de conocimiento tácito profundo; los modelos de realidad no sólo describen el mundo percibido real sino que en el hecho, cualquier mundo imaginable posible.

Actitudes hacia Uno Mismo y la Realidad

La característica esencial del modelo descrito hasta aquí involucra mirar los diferentes niveles estructurales de conocimiento como organizados en una relación de alimentación pro-activa y teniendo sistemas de retroalimentación de control. Mientras que el auto- conocimiento tácito invariablemente prejuzga la progresión temporal de procesos de conocimiento, la identidad estructurada personal parece ser el principal regulador de todo el proceso. En efecto, como se puede apreciar en la Figura 5-1, cualquier nuevo conjunto de relaciones profundas puede ser insertado y manipulado en modelos de realidad y por tanto se vuelve una manera efectiva de interactuar con el mundo –sólo a través de estructuras de identidad personal. Así, el nivel de auto-conciencia al que se llega es una variable esencial que regula las posibilidades de representar estructuras profundas desafiantes más abstractas e influencia en gran medida la calidad de niveles de conocimiento que se establecen por procesos oponentes oscilantes posteriores. Debería notarse (ver Figura 5-1) que la función controladora ejercida por la identidad personal se lleva a cabo a través de dos relaciones estructurales básicas.

Define la progresiva relación entre la auto-imagen explícita y el auto-conocimiento tácito. Consiste esencialmente en un conjunto de sistemas de retroalimentación de control que constriñen el acceso del individuo a su auto-conocimiento tácito, dependiendo del nivel de auto-conciencia. Tales constricciones hacen posible que el individuo sostenga auto- imágenes contradictorias y/o tenga modelos de la realidad que sólo son efectivas dentro de dominios muy circunscritos. Evidencias de muchas fuentes relacionando los procesos de auto-codificación sugieren que en la disputa en marcha entre el auto-conocimiento tácito y la identidad personal, una persona tiene virtualmente acceso ilimitado a información pasada o actual sobre sí mismo, y que la persona establece los límites del recobro (Bower y Gilligan, 1979; Mancuso y Ceely, 1980; Markus, 1977; Rogers, Kuiper y Kirker, 1977).

Así, los procesos de pensamiento relacionados con la auto- imagen principalmente retrata formas selectivas de procesamiento de la información más que el auto-conocimiento tácito que nos afecta directamente. En consecuencia, no podemos esperar que la introspección sea como una “ventana” abierta a los procesos tácitos profundos, sino más bien es un modelo sesgado de éstos. De esta manera, más que ser un “yo objetivo” visto desde afuera, la auto-conciencia individual corresponde a un proceso continuo de distribución de la propia atención e intención, dirigida a estabilizar y expandir más ampliamente el experienciar actual de la realidad.8

8 Como la relación con nuestro auto-conocimiento tácito sólo puede ser indirecta, lasuerte

de conocernos a nosotros mismos como realmente somos son claramente tan remotas como las de conocer la realidad en sí misma. En otras palabras, uno sólo puede construir modelos interpretativos de uno mismo con procedimientos inferenciales prejuiciados basados en el mismo auto-conocimiento tácito que a uno le gustaría conocer. Las famosas palabras de Sócrates, “conócete a ti mismo” que todavía tienen tanta influencia sobre nuestras concepciones éticas y filosóficas, ya no pueden entenderse como que la meta ideal de una vida individual es lograr comprender, tarde o temprano, la última esencia de uno mismo. De modo que si uno no está completamente entregado a uno mismo, como expresa Hamlyn (1977), “un hecho central sobre auto-conocimiento es que no hay ninguna cosa a ser conocida” (p. 196). Más que referirse a algún contenido específico de auto-conocimiento, “conócete a ti mismo” sólo puede corresponder al equilibrio dinámico momento-a-momento de ser tú mismo a través de un balance coherente entre el orden racional de nuestra experiencia consciente y las dinámicas no racionales de nuestros límites fronterizos tácitos. Empero, incluso este tipo de propósito ha de quedar como un ideal normativo-regulativo, porque de acuerdo con Watts (1958), cuando los seres humanos adquieren los poderes del auto-conocimiento y el pensamiento racional, se

Desde esta perspectiva, los reportes verbales poco confiables de los propios eventos mentales de uno mantenido por Nisbett y Wilson (1977) ya no es sostenible. De acuerdo con evidencia reciente (Ericsson y Simon, 1980; Miller, 1981; White, 1980), sólo la información en la atención focal consciente puede ser verbalizada –esto es, la información que pertenece principalmente al sí mismo actual, explícito. Así, la información aparece en la atención focal no en forma automática sino que bajo la acción de un control cognitivo; refleja aquellos procesos activamente involucrados en la solución de problemas poco familiares y logrando la adaptación a nuevas situaciones. En este sentido, los reportes verbales proveen muchos datos útiles sobre los procesos que la persona está llevando a cabo para integrar su identidad percibida con la experiencia en curso.

Los patrones actitudinales establecidos hacia sí mismo también influencian en gran medida la relación entre la organización total del individuo y su nivel de conciencia presente. Por lo tanto, dentro de un enfoque procesal sistémico los reportes verbales pueden dar información esencial al terapeuta para reconstruir la actitud del cliente para consigo mismo, la que a su vez tendrá una orientación directa sobre el planeamiento de cualquier estrategia terapéutica.

b) Actitud hacia la Realidad

Ésta define la relación estructural en curso en la cual la identidad personal interactúa con la experiencia entrante, haciendo consistentes los planes y la conducta con la calidad de la actitud hacia uno mismo que ha estructurado hasta ese momento. La estructuración de una actitud hacia la realidad, por lo tanto, depende jerárquicamente de la actitud estructurada hacia uno mismo; en otras palabras, nuestra forma de ver la realidad –y a nosotros mismos dentro de esa realidad– esencialmente depende de cómo nos vemos y nos concebimos a nosotros mismos. De esta manera, nuestros modelos de realidad

están provistos de estabilidad y coherencia en un mundo eternamente cambiante.

La tendencia a mantener las concepciones del mundo propias no sólo es función de tendencias preenjuiciadas confirmatorias en el razonamiento y la solución de problemas (Mahoney y DeMonbruen, 1977; Watson, 1977). Estrategias idiosincrásicas de solución de problemas también nos permiten activamente manipular las situaciones ambientales para producir eventos que se acomodan a nuestra identidad percibida. Swann y Read (1981) al concluir la discusión de sus datos experimentales, hacen notar eficazmente: “A través de tales procesos, la gente puede crear –tanto en sus propias mentes como en el ambiente presente– una realidad social que verifica, valida y sostiene las propias concepciones que dieron inicio y guiaron a esos procesos” (p. 371).

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