Atkins y otros (2007), definen los Recursos Educativos Abiertos (REA) de la siguiente forma:
Recursos de aprendizaje, enseñanza e investigación, que son del dominio público o han sido liberados bajo licencia de propiedad intelectual que permite su libre uso y
reutilización por otras personas. Incluyen cursos completos, materiales de cursos, módulos, libros de texto, videos, exámenes, software o cualesquiera otras herramientas, materiales o técnicas usadas para apoyar el acceso al conocimiento (p. 4).
Se trata pues, de un movimiento internacional que promueve el uso de recursos electrónicos libres para la educación. Los orígenes de dicho movimiento se inspiran en la iniciativa del software libre, que encabezó Richard Stallman a principios de los ochentas. En 1998, David Wiley funda el Proyecto de Contenido Abierto, que se consolida posteriormente,
cuando la UNESCO acuña el término de Recursos Educativos Abiertos (OER, por sus siglas en inglés) en el 2002 (García-Peñalvo, García y Merlo, 2010).
El objetivo concreto de dicho movimiento ha sido compartir el conocimiento con el mundo. Los participantes han expresado su deseo por desarrollar juntos un recurso educativo universal disponible para toda la humanidad (D’Antoni, 2008).
Caswell, Henson, Jensen y Wiley (2008), explican que, para una universidad, la producción de un curso implica costos en tiempo y dinero. Sin embargo, la reproducción y distribución de los mismos, genera un gasto casi nulo. La creación de documentos electrónicos es de bajo costo, su distribución es simple y barata gracias al internet y, en realidad, la parte más importante de su valor es ahora la creación intelectual (García-Peñalvo y otros, 2010).
Lo anterior fundamenta de manera clara, la posibilidad para que las instituciones educativas tomen una postura activa. El artículo 26 de la declaración universal de los derechos humanos, que dicta el derecho universal a la educación, podría ser ahora una realidad a través de este movimiento, que empuja a instituciones de educación superior y otras organizaciones a extender el alcance y las oportunidades de enseñanza-aprendizaje al mundo entero (Caswell et al., 2008).
En congruencia con lo anterior, muchas universidades han comenzado a abrir libremente sus cursos, contenidos y materiales en la red. La iniciativa más clara la ha tenido el MIT, quien desde el 2001 comenzó con el proyecto Open Course Ware (OCW). Para el siguiente año, el programa fue lanzado oficialmente en el sitio http://ocw.mit.edu. Se trata de una base de datos que contiene notas de clase, planes de estudio, listas de lectura, calendario de cursos,
exámenes y preguntas (a veces con respuestas) y algunos videos de asesorías, tanto de nivel licenciatura como de nivel posgrado (Kirkpatrick, 2006).
Para el 2010, el sitio de la OCW, había recibido más de 91 millones de visitas, de 65 millones de visitantes de casi todos los países (García-Peñalvo y otros, 2010). Lo que comenzó con 50 cursos ascendió a 2000 (http://ocw.mit.edu/about/our-history/).
Las intenciones del MIT se han diversificado a otras instituciones del nivel superior. Actualmente, son más de 200 universidades a nivel mundial las que han implementado proyectos similares al OCW (Caswell et al., 2008). Destacados son los esfuerzos de: Rice University, Utah State University, Carnegie Mellon University, Coasline Community College, Harvard University, Johns Hopkins University, Open Universiteit Nederland, Open University (UK), Stanford University, Tufst University, University of Notre Dame, Yale University, entre otras instituciones (Atkins et al., 2007).
A pesar de las iniciativas, aún quedan muchos elementos a contemplar en lo referente a los REA. En el 2005, la UNESCO (D’Antoni, 2008) convocó a un foro internacional por internet, en el que participaron 500 especialistas de 98 países, para determinar las necesidades más urgentes en lo relacionado al tema. Los participantes obtuvieron una lista de requerimientos que, para el 2007, fueron ordenados nuevamente por ellos mismos, para obtener las seis más altas prioridades en lo que a Recursos Educativos Abiertos se refiere. Se mencionan a
continuación:
1. Concientización a los actores involucrados (funcionarios, directivos profesores y académicos) respecto al potencial de los REA
2. Creación de redes y comunidades para compartir ideas y establecer estándares. 3. Capacidad de desarrollo de las propias capacidades de individuos e instituciones
interesadas para la creación, adaptación y reutilización de los REA. 4. Asegurar la alta calidad en la producción de los REA
6. Atender asuntos de derechos de autor y licenciamiento, que conciernen a creadores, usuarios e instituciones.
Estos puntos, siguen requiriendo un esfuerzo considerable por parte de las instituciones educativas. Para ilustrarlo, baste la experiencia relatada por Browne, Holding, Howell y Roadway-Dyer (2010), de la universidad de Exeter (UK), que trabaja en la implementación de un proyecto de REA. La institución está interesada en utilizar este tipo de recursos porque lo considera una medida que incrementará su reputación y la satisfacción de sus estudiantes al proveerles de material de calidad. Los profesores, por su parte, lo perciben como una acción altruista, que podría aumentar su perfil profesional y disminuir la competencia ventajosa entre sus colegas.
Sin embargo, las opiniones recogidas entre los académicos, en el estudio de Browne y sus colaboradores, han sido diversas. Aunque reconocen haber hallado cursos valiosos en línea y el potencial que éstos tienen para la interacción de sus estudiantes y los principios educativos, aún temen desviar su atención a la elaboración de materiales que no serán reconocidos por el sistema (dado que las universidades se orientan a priorizar y recompensar la investigación) y no tendrán frutos profesionales. Les preocupa también utilizar un curso ajeno que les reste
autoridad, renunciar o donar material con potencial de investigación y estar sujetos a la revisión de sus colegas en la estandarización de los REA. Igualmente, perder el control de sus
producciones en lo que respecta a los derechos de autor, es un tema que les inquieta.
Según Fisher (2006), el movimiento de la educación abierta, también plantea un reto para los profesionales del área de humanidades. Por un lado da pie a la investigación colaborativa, difusión y publicación y apoyo entre colegas. Lo anterior dará más calidad y amplitud en los estudios, sobre todo pensando en que estarán mejor fundamentados en la opinión y análisis de varios autores. Sin embargo, por otra parte, les implicará tener mayor apertura para aceptar que la colaboración reducirá el trabajo individual y solitario que les caracteriza.
Tras esta revisión general, se nota la amplia cantidad de herramientas tecnológicas disponibles para el aprendizaje. Se ve la potencialidad de los sistemas de gestión de aprendizaje. Se observan los objetos de aprendizaje como unidades concretas para la
comprensión de conceptos. Se ha ampliado la idea de educación bajo un contexto enriquecido por la web 2.0, los motores de búsqueda y el aprendizaje móvil. Se abordó el movimiento de educación abierta como alternativa para la creación e intercambio del conocimiento.
En el próximo subtema se relatan investigaciones que logran llevar a la práctica lo que hasta aquí se ha revisado. Se retoman estudios relacionados a la incorporación de tecnología en el nivel superior, en el área de humanidades, y se actualiza lo referente al uso de Recursos Educativos Abiertos.