4.4 OUTLINE OF MIDVAAL MUNICIPALITY’S 2011/12 IDP
4.4.2 Chapter 2: Situational Analysis Major Features and Development
El candil se está apagando la alcuza no tiene aceite... No te digo que te vayas ni te digo que te quedes.
Cuarteta gitana de Andalucía
Avec le fil des jours pour unique voyage. JACQUESBREL,Le plat pays
Estimados Señores:
A pesar de que ésta sea una circular, nuestra Agencia quisiera, en la medida de lo posible, personalizarla, no tanto en su deseo de una próxima relación con las personas de ustedes, que como comprenderán no resulta posible, cuanto en el respeto de esa forma de cordialidad y espíritu cívico que tan pertinente resulta en las relaciones que hasta ahora hemos mantenido entre nosotros.
Como todos ustedes saben, nuestra Agencia se enorgullece de una experiencia notablemente dilatada, en el curso de cuya actividad ha asistido a las más variadas vicisitudes, la mayor parte de las cuales a todos son ignotas, y algunas conocidas incluso a ustedes en virtud del eco, no raramente exagerado, que artistas de todos los tiempos han sabido dar de ellas.
Preocupaciones y molestias forman parte en todo caso de nuestra profesión; hasta diría que en ocasiones pueden constituir para nosotros motivo de distracción frente a la monotonía y la rutina que por lo general aguarda a nuestra Agencia. Supongo que todos ustedes han tenido ya experiencia con otras Agencias, incluso más sencillas que la nuestra, por ejemplo las que alquilan un vehículo de locomoción. Éstas prevén, por contrato, incidentes cubiertos por un seguro. Con todo, existen imprevistos que ninguna aseguradora en el mundo es capaz de cubrir por la sencilla razón de que lo imprevisto, de por sí, pertenece a lo imprevisible. Les pongo un ejemplo de lo más trivial: una rueda que se pincha. El contrato prevé una asistencia adecuada y eficaz según las cláusulas del contrato. Pero no siempre el pinchazo de una rueda tiene lugar en circunstancias en las que puede intervenirse adecuadamente y con eficacia. Prueben los señores a imaginarse a un Cliente cualquiera que conduce su vehículo por un acantilado a pico sobre el mar. La carretera está llena de curvas, y la oscuridad acecha. El desafortunado Cliente se ha dado cuenta de que tiene una rueda pinchada precisamente en un maldito
recodo, donde, si llegara un enorme jeep conducido por uno de esos jovenzuelos impacientes (lo que es posible que ocurra y es eso lo que él piensa), lo arrollaría en menos que canta un gallo. El Cliente, cuya angustia ha subido algunos grados, busca en el maletero posterior el redentor triángulo reflector que podría evitarle el choque fatal. Pero no lo encuentra. ¿Por qué? Porque algún técnico (así se llaman siempre en las agencias), al limpiar el vehículo para entregárselo al cliente sucesivo, se ha olvidado de colocar en su sitio el triángulo reflector. El Cliente, ya muy angustiado, a la escasa luz de la tarde que va cayendo, consigue leer no sin dificultad las instrucciones que debe seguir «en caso de necesidad» impresas en el folleto de la agencia que le ha alquilado el vehículo. Por suerte (eso cree él, el pobre) existe un número gratuito para las urgencias y, también por suerte, él dispone de un teléfono móvil, adquirido por consejo de su consorte en previsión de un viaje al extranjero. Él marca el número, pero éste, mecachis, siempre está comunicando. Hasta que... Ah, eso es, por fin, está libre..., pero por desgracia ahora no contesta nadie. Quizá a los Señores esta historia les parezca una tontería, pero puedo asegurarles que para el desgraciado Cliente de quien hablaba éste es un momento dramático de su vida. Siempre se acordará de esos terribles momentos en los que la noche estaba cayendo sobre un acantilado desconocido y su automóvil, con una rueda pinchada en un recodo, corría el riesgo de ser arrollado por un jeep conducido por jovenzuelos desconsiderados o, peor aún, pulverizado por un camión con un conductor al volante adormilado o tal vez borracho.
No quisiera que los Señores pensaran que con este ejemplo apenas citado deseo colocar al mismo nivel la angustia comprensible del Cliente antes mencionado con las congojas de las que los Señores han hecho partícipe a esta Agencia durante la larga relación que nos ha mantenido en contacto. Las comparaciones entre cliente y cliente son siempre evitadas con esmero por esta Agencia, la rescisión de cuyos contratos estoy yo encargada de realizar. Contratos cuya validez eventualmente los Señores podrían contestar con la objeción de no haberlos suscrito con firma autógrafa. Por desgracia, el hecho es que con su sola presencia en este mundo los Señores han firmado un contrato que consiste en nacer. Y en vivir. Y naturalmente, también en morir. Pero, como iba diciendo, no es cuestión de hacer comparaciones. Entre otras cosas, porque cada uno a su manera, en su vida, ha procurado librarse de sus propios alambres, sean éstos en mayor o menor medida de espinos. ¿Y cuántos viajes habremos hecho en compañía de alguien para darnos cuenta al final de que estábamos solos? Eso sin hablar de los laberintos mentales en los que creemos revivir como nuestro un tiempo que fue nuestro pero que ya no es nuestro. Y querer enseñar a Safo la métrica de Anacreonte es una estupidez, pueden creerme. Se pueden comprender las bacanales cuando el sacerdote entra en éxtasis y la música de los címbalos y de los tamborcillos rompe toda métrica, se
vuelve obsesiva y penetra en la vejiga de la hiel, desde la que se difunde la negra melancolía y la visión nocturna del universo: pero encomendarse a melodramas que prevén músicas dignas de un triclinio embebido en perfumes baratos le parece a esta Agencia algo excesivo e inconveniente, sin duda. Hace tiempo, además, que sabemos cómo la sangre alimenta los átomos de los hombres, y cómo puede sustraerles su nutrición: lo sentimos. Y también nosotros hemos dado largos paseos, se lo podemos asegurar: son vueltas que pueden durar incluso toda una vida, pero ¿qué añade el algoritmo de una vida a los algoritmos infinitos de una Agencia como la nuestra? Y, aún más, la misma cosa vista desde dos puntos de vista opuestos: ¿no les parece a los Señores algo aburrida? Vamos, que el universo está compuesto de puntos infinitos y dos miserables puntos de vista son realmente pocos. Y si es verdad que el silencio es oro, ¿por qué escribir lo que nunca se había escrito y hacer el viaje que nunca se había hecho? ¿No les parece a los Señores una forma de pávida rendición?
Ustedes Señores son personas dolientes, o en todo caso personas a quienes la vida les ha dolido mucho. Ello es plausible, y en casos como los suyos, por una decisión que no depende de nuestra Agencia sino de una ignota fecha que pertenece a una instancia superior a la Nuestra llamada Caducidad, reservamos, de manera absolutamente excepcional, una carta nuestra, que nos sirve casi de folleto de presentación, de una mujer que nos fue muy querida y que en determinados casos especiales enviamos a los clientes de sexo masculino como los Señores, no sólo para atenuar sus penas, sino también para recordarles, aunque no sea más que en forma de otra circular, que los destinatarios, de los que los Señores parecen no haberse preocupado hasta ahora, tienen derecho a ser a su vez remitentes. Esta carta no está firmada, pero a los Señores no les costará demasiado esfuerzo comprender quién la escribió. Aunque no tiene título, mis Hermanas y yo la hemos titulado Carta al viento. Nuestra Agencia les quedaría agradecida si quisieran prestarle la debida atención.