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CHAPTER SIX: CONNECTING THE DOTS (DISCUSSION)

El psiquiatra tropieza con extraordinarias dificultades para ser un experto, no solamente debido a estas ampliamente extendidas actitudes antipsiquiátricas de la cultura, sino también debido a las informaciones técnicas inadecuadas que recibe. En la actual etapa de los conocimientos psiquiátricos, eso resulta inevitable por la sencilla razón de que todavía no comprendemos bastante los procesos que integran las relaciones interpersonales como para que consigamos que sean adecuados a todos los problemas que surgen en el transcurso de nuestro intento de llegar a ser psiquiatras. Además, hay en todos los casos una cierta medida de impedimento o desventaja que surge de la ignorancia, por parte de la psiquiatría, de los factores interpersonales, ignorancia que estorba o impide su participación como experto en ciertas fases de las relaciones doctor-paciente. Ahora bien, éste puede ser un impedimento recurrente en casi todas sus relaciones doctor-paciente, o prácticamente en todas ellas, en cuyo caso uno presume muy seriamente que la ignorancia de los factores interpersonales pertenece principalmente a la comprensión de sí mismo por el psiquiatra. O el impedimento puede variar de una de sus relaciones doctor-paciente a otra, en cuyo caso el impedimento pertenece principalmente a las características de pacientes particulares que el psiquiatra, debido a su educación y adiestramiento personales, no puede observar.

Ninguno de nosotros —con una razonable humildad respecto a lo incompleto de la psiquiatría y de nuestra orientación personal— podemos esperar que nos sea posible evitar esos impedimentos. En consecuencia, a fin de reducir las probabilidades de serias dificultades emanadas de que ignoramos o pasamos por alto procesos interpersonales en las relaciones doctor- paciente, conviene hacer uso, prácticamente hasta convertirlo en hábito, de un procedimiento más o menos metódico para desarrollar esas relaciones con los pacientes. Si bien no me es posible decir a otros psiquiatras actualmente cuál procedimiento se adaptará idealmente a ellos, hay algunas líneas generales que probablemente resultarían útiles a casi todos los que practican la entrevista. Por lo tanto, quiero discutir una especie de diagrama de método, o diagrama de la forma en que uno puede desarrollar métodos para concebir las entrevistas psiquiátricas. Siguiendo moderadamente ese método de procedimiento, el psiquiatra ahorra tiempo a la vez que demuestra su habilidad.

La entrevista psiquiátrica puede ser considerada como compuesta por una serie de etapas que, si bien son realmente hipotéticas, novelescas, abstractas y artificiales, pueden resultar de suma utilidad para el psiquiatra, si las tiene ordenadas en su mente, para disponer su tiempo con el paciente. Pero loquees más importante aún, creo que son completamente necesarias para alcanzar el propósito de una intensa relación de esta clase. Esas etapas son: primera, el comienzo formal; segunda, el reconocimiento; tercera, la investigación o interrogatorio detallado; y cuarta, la terminación.

Me referirá a estas etapas con lujo de detalles más adelante, y por el momento bosquejaré, sólo en breves palabras, lo que quiero decir sobre ellas. El comienzo incluye la recepción formal de la persona que viene a ser entrevistada y un interrogatorio sobre, o referencias de las circunstancias de su vida. Deberá incluir asimismo una breve pero estudiada referencia por el psiquiatra a cualquier información que ya obre en su poder. Esto es importante, no sólo para promover una sensación de confianza en el paciente, por medio de la franqueza del entrevistador, sino también para proporcionar una oportunidad al paciente de corregir cualquier información presuntiva que el psiquiatra pudiera haber recogido de otra fuente, si ello fuese necesario. Finalmente, debe establecerse un motivo adecuado para la conferencia, es decir que el psiquiatra debe lograr una justificación adecuada para el empleo de su capacidad.

Durante toda esta etapa de la entrevista, el psiquiatra debe recordar que la persona que va a consultarle es una extraña, aunque en otras circunstancias puede ser un viejo amigo suyo. Así, el psiquiatra no puede saber qué impresión causará a ese extraño cualquier cosa que él diga o haga, pues no conoce absolutamente nadado sus antecedentes, como tampoco de los elementos paratácticos que pueden ser muy poderosos en lo que se refiere a producir influencias sobre sus impresiones. Por lo tanto, el psiquiatra tiene que estar muy alerta para enterarse de algo de la impresión que él y algunos de sus actos provocan, y al mismo tiempo muy alerta también para saber en qué forma él mismo es afectado por ciertas cosas que el paciente puede decir o hacer. El entrevistador debe proceder de tal modo que no se desarrolle situación perturbadora alguna en esta etapa, pues el comienzo de la entrevista puede, o bien acelerar notablemente el logro del resultado que se busca, o hacer que ese resultado sea prácticamente inalcanzable.

El segundo paso del procedimiento, el reconocimiento, que debe iniciarse lo más “naturalmente” posible, consiste en obtener un bosquejo a grandes trazos de la historia social o personal del paciente. En esta etapa, el entrevistador se preocupa de lograr alguna noción de la identidad de la persona; quién es, cómo ha sido que se convirtió en la persona que ha venido a consultarte. Así, el entrevistador formula preguntas convencionales sobre la edad, el orden de los hermanos, fecha del casamiento, y así sucesivamente; no intenta desarrollar una historia psiquiátrica; por el contrario, trata de orientar respecto a ciertas probabilidades básicas. La habilidad del entrevistador, en lo que se refiero a obtener e interpretar esa historia, puede determinar a menudo principalmente la facilidad o dificultad de la investigación o interrogatorio detallado siguiente.

Además, el tiempo que se invertirá para alcanzar el propósito de la entrevista, o serie de entrevistas, puede depender de la concisa exactitud con que se obtiene la mencionada historia.

La etapa siguiente, el interrogatorio detallado, depende de manera considerable, aunque no exclusivamente, del propósito ostensible de la entrevista, tópico al cual me referirá en breve. La mayor parte de estas conferencias versará sobre los principios y técnicas del interrogatorio detallado, es decir, sobre algunos de los detalles que componen la casi ilimitada variedad de sutilezas y complejidades de esa prolongada extensión de indagación en la vida de otra persona y sus problemas. Por el momento, diré tan sólo que si bien el entrevistador se rige, en esa indagación, por el ostensible propósito de la entrevista, jamás realiza una buena entrevista si olvida para lo que realmente es: para permitir a un experto en relaciones humanas que contribuya algo al éxito de vivir de otra persona.

La cuarta etapa de la entrevista, en este abstracto programa particular es, o bien la terminación, o la interrupción de la entrevista psiquiátrica. Al decir terminación quiero dar a entender que el entrevistador no espera volver a ver a su cliente. Ha terminado. Y por interrupción quiero decir que el entrevistador ha visto a su cliente todo el tiempo que va a atenderlo ese día, y lo verá de nuevo al siguiente, o en una fecha cercana cualquiera. Si la entrevista es interrumpida, el psiquiatra debe dar una prescripción al paciente para el intervalo, como preparación para la sesión siguiente. Por ejemplo, puede sugerirle algo que el paciente deberá tratar de recordar. Si la entrevista ha terminado, el entrevistador debe formular una declaración final. En general, el propósito más importante que puede alcanzarse, ya sea al terminar una entrevista o interrumpirla por cualquier periodo de tiempo, es la consolidación de lo que se ha alcanzado, en término de algún beneficio duradero para el entrevistado.

III. ALGUNAS CONSIDERACIONES

TÉCNICAS SOBRE LA ENTREVISTA

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