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Characteristics and evaluation Policy orientation.

In document FDI Regimes in the Chinese Triangle (Page 57-61)

C. Advanced technology-oriented FIEs may, after the expiration of the period of reduction or exemption, extend the favorable 50% reduction for another three­

98 Kasper, W Global Competition, Institutions, and the East-Asian Ascendancy (1994) 29 See detail m:

4.3 Taiwan: civil law approach

4.3.2 Characteristics and evaluation Policy orientation.

Estando reunidas las Cortes de Toro con sones de boda, Enrique II recibió la desagradable noticia de que Fernando I acababa de casarse, en enero de 1372, con Leonor Téllez (o Teles) de Meneses, rompiendo la paz de Alcoutim recién firmada. Pedro López de Ayala vuelve a contar el episodio con su habitual estilo directo:

«Estando el Rey Don Enrique en las Cortes que facía en Toro llegaron y a él mensageros del Rey de Portogal, por los quales le facía saber, que él casara e era casado con una dueña del su Regno de Portogal, que decían Doña Leonor Téllez de Meneses: que le rogaba que lo non oviese por eno- jo, por quanto non podía casar con la Infanta Doña Leonor, su fija del Rey

17 Vid. especialmente Luis Adão da Fonseca, Portugal entre dos mares, Madrid, 1993; véase tam-

Don Enrique, ca antes quel dicho casamiento se firmase, él oviera tomado por muger a la dicha Doña Leonor Téllez de Meneses; pero con todo eso que su voluntad era de quedar su amigo, e otrosi de le mandar entregar las villas de Castilla que tenía. E como quier que non plogo al Rey Don Enri- que con estas nuevas, por dexar el Rey de Portogal casar con su fija la Infanta, segund fuera tratado e acordado entre ellos, e pudiera el Rey Don Enrique acaloñar al Rey de Portogal las juras e omenages que se ficieran entre ellos por el dicho casamiento; enpero tan grand voluntad avía de aver paz, que ovo su consejo de non tomar por esto queja ninguna, en tal que el Rey de Portogal fincase su amigo, e otrosi que le entregase las villas que tenía de Castilla, las quales eran la Coruña, e Cibdad Rodrigo e Valencia de Alcántara. E por tanto el Rey Don Enrique respondió a los mensageros del Rey de Portogal, que él era contento de lo que le enviara decir en razón del casamiento que avía fecho con aquella dueña del su Regno, e que a su fija la Infanta non le menguaría otro grand casamiento. Otrosi que las villas de Castilla que el Rey de Portogal tenía, le rogaba que se las ficiese dar e entregar luego, e que ellos fincasen amigos. E los mensaxeros de Portogal dixeron, que ellos tenían poder para ello; e el Rey envió con ellos, e entregáronle las villas. [...]»18.

El asunto de las villas y plazas, a pesar de ser un tema importante, no era lo más vital: lo que de verdad pensaron los enriqueños era que don Fernando había actuado de mala fe, ocultando de manera deliberada sus intenciones19. En definitiva, seguía estando en pie el problema dinástico de fondo y la titularidad discutida del trono castellano, o lo que es lo mismo, la cuestión de la legitimidad de los Trastámara. Por esas mismas fechas contraían matrimonio Juan de Gante, duque de Láncaster, y la hija del difunto Pedro I de Castilla, Constanza, convirtiéndose así en el relevo ideal para la defensa de la legitimidad dinástica20. La corte inglesa pasaba a convertirse en el baluarte del legitimismo dinástico castellano del viejo petrismo. La boda de Fer- nando I, en la medida que suponía una afrenta a Enrique II, significaba una reanuda-

18 López de Ayala, «Crónica de Enrique II», cap. VII de 1371, pp. 10-11.

19 En opinión del profesor Fonseca, la boda pretendía ante todo evitar el excesivo peso castellano

sobre los asuntos de Portugal; era una estrategia puramente diplomática; Luis Adão da Fonseca, O Essencial sobre o Tratado de Windsor, Lisboa, 1986.

ción de las hostilidades a corto plazo, aunque de momento se firmó el Tratado de Tui (abril de 1372), que devolvía las fronteras a la situación anterior a la guerra21.

La Crónica de D. Fernando se recrea en este episodio proporcionando todo lujo de anécdotas, algunas de tinte sentimental, tanto sobre la dama como sobre la pasión desatada del rey. Fernão Lopes dedica mucho tiempo a esta cuestión, algo absoluta- mente vital para entender el problema dinástico desde el punto de vista portugués. En realidad la cuestión no tenía mucho que ver con la pasión, sino con el interés político. La inmejorable condición social de Leonor es un hecho indiscutible, porque pertenecía a la más alta nobleza y, además, era sobrina del principal consejero real, Juan Alfonso Telo, conde de Barcelos. No había objeciones a la procedencia social de la reina. El problema estaba en otro punto: Leonor ya estaba casada con un caba- llero, João Lourenço da Cunha, señor de Pombeiro. No era una mujer soltera lista para subir al altar sin mayores complicaciones. Era una madre con hijos. En esas condiciones no era posible un enlace normal, a menos que el marido muriese repen- tinamente a lo Urías, o se declarase nulo el matrimonio, y no era éste el caso. Lo más importante para el rey en aquel momento era cortar en seco el proyecto matrimonial que se le ofrecía desde Castilla, evitando el eje franco-castellano, y Leonor era la salida adecuada a la encerrona. Los historiadores portugueses saben muy bien que la Crónica de D. Fernando centra todos o casi todos los males del reinado en este funesto matrimonio, magnificado tal vez en exceso, siempre con la mirada puesta en la justificación de los Avís. Pero interesa destacar aquí un elemento dinástico de gran importancia: desde 1372 los hijos de Inés de Castro empiezan a manifestar de mane- ra pública su descontento por el matrimonio regio y por el encumbramiento excesivo de Leonor y sus parientes. El signo visible más llamativo lo encontramos en la nega- tiva del infante don Dinís a besar la mano de la nueva reina de Portugal22. Esto quiere decir que en Portugal comienzan desde este instante los problemas políticos deriva- dos del descontento por la guerra y por la opción sucesoria, y los primeros artífices de la agitación son esos bastardos que conocemos como los Infantes de Portugal o de Castro: una semejanza indudable con la compleja y turbulenta historia dinástica castellana.

21 Fátima Regina Fernandes, «Os exilados castelhanos», p. 105. 22 Lopes, Crónica de F. Fernando, cap. LXII, p. 162.

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