• No results found

En 1945, dos científicos alemanes, que han creado un laboratorio de experimentación radioactiva en Colombia, desarrollan nuevas formas para crear una raza más fuerte e indestructible. Para comprobar su crueldad, les dan como alimento enanos, que son considerados como desechos de la vida natural. Una vez el último experimento, el número 18-25, es realizado, lo alimentan y comprueban que los resultados son los queridos. El laboratorio debe ser abandonado junto con los experimentos por el fin de la Segunda Guerra Mundial. El número 18-25 es el único que sobrevive hasta el año 2008.

Un grupo de jóvenes, liderado por Néstor, un joven bastante curioso pero a su vez callado y reservado, decide salir en busca de un laboratorio abandonado en medio de la sábana de Bogotá. Néstor es el único que sabe el paradero, pero necesita que su amigo Sebastián lo lleve, ya que no tiene carro. Para esto decide invitar a Eva, una chica extrovertida, algo tonta, pero muy hermosa, por lo que Sebastián accede a ir, con la excusa de que será la actriz de su cortometraje y salen a buscar la locación.

Eva acepta, pero con la condición de que debe llevar a Cookie, su perro, del que nunca se separa, y a Lucía, su mejor amiga. Néstor no se opone a semejantes peticiones e incluso se alegra porque haya un nuevo integrante en el viaje.

El laboratorio, según Néstor, no se encuentra muy lejos de la ciudad, por lo que deciden salir y volver el mismo día. Sin embargo, esto se complicará. Cuando salen de viaje

Sebastián y Eva entablan una relación donde Sebastián se burla de ella, burlas que Eva omite, más bien porque no las entiende.

Por otra parte, Néstor y Lucía, quienes comparten el asiento trasero del carro, parecen más a gusto. Su conversación, más intelectual que cualquier otra cosa, los une. Pareciera que entre ellos hay cierta atracción.

Una vez cae el atardecer deciden parar en una tienda y pedir indicaciones. El tendero, un hombre bastante oscuro y siniestro, les cuenta la historia de las desapariciones que hay por la época en los alrededores del pueblo. Lucía cuenta con un alto interés hasta que Sebastián, quien no entra a la tienda, los asusta.

Néstor, una vez solo con el tendero, nota que los asesinatos suceden cada cierto número de años. El tendero se comporta como si no supiera nada. Una vez afuera, Sebastián molesta a un anciano que parece sumido en un sueño profundo. Cuando Néstor sale, el anciano en un movimiento que no parece posible para alguien de esa edad, lo toma por su brazo izquierdo dejando ver una cicatriz que contiene un número. Lo atrae hacia él y le dice un secreto inaudible para el resto de sus amigos.

La forma en que lo dice deja pensando a Sebastián si le cree o no, ya que él sabe que Néstor conoce la ruta; de todas formas, siguen su camino. En el carro, Sebastián aprovecha para atemorizar a Eva y usarlo en su provecho, diciéndole que a donde se dirigen es a un laboratorio abandonado donde antes experimentaban con humanos. El chiste termina convirtiéndose en una realidad para el grupo de jóvenes.

Cuando el carro llega al bosque, la duda ataca a Eva, quien no quiere dejar el auto; sin embargo, se ve obligada a seguir a sus compañeros que no reparan en su miedo. El tiempo pasa y caminan sin encontrar ninguna salida. El desespero se toma los sentimientos de todos y tienen una pelea donde Sebastián deja de ser tan amigo de Néstor y Lucía se revela del yugo de Eva. Lucía encuentra el camino. A Néstor parece no importarle nada, al contrario, disfruta con la escena y cuando Lucía decide seguir el camino, la sigue.

La gran estructura del lugar los sorprende a todos y los atemoriza. Una vez más, Sebastián aprovecha y asusta ahora a su amigo Néstor, apareciendo de la nada en el lente de la cámara con la que Néstor graba. Al entrar al laboratorio abandonado del que Sebastián se burla, no pueden dejar de mirar el espacio. Lucía, llevada por la curiosidad, se pierde en la oscuridad del lugar. Pero es Néstor, quien no se sorprende por el lugar, quien empieza a dar direcciones a Eva de la forma en que quiere que actúe.

Eva se cambia, ya que considera que el vestuario es algo fundamental para integrarse al personaje, y comienza a actuar asustada. Su cara recuerda a las caras de las damas de las películas de terror de los años treinta. Sus ojos se abren y su boca roja recuerda al color de la sangre. Sebastián mira fascinado cómo Eva interpreta al personaje. Lucía cada vez se adentra más en el escenario inspeccionando. Un golpe saca a todos del sueño, menos a Eva, quien es atacada por un gran hombre que sufre de quemaduras de años pasados. Le arranca cruelmente la tapa de su garganta y la bota al suelo donde la sangre se toma el protagonismo. Sebastián, en un ataque de heroísmo, decide enfrentarse al monstruo pero no tarda mucho en sufrir el mismo destino de Eva. Néstor parece haber desaparecido, hasta que un pequeño bombillo rojo resalta en la oscuridad donde se encuentra grabando con placer.

Al poco tiempo, Néstor encuentra a Lucía en el piso con un golpe en la cabeza. Al darse cuenta que el golpe no ha sido fatal la toma en sus brazos y la lleva a una silla en medio del lugar. La amarra. Lucía, despierta de su desmayo y descubre que está amarrada. Encuentra a Néstor, quien en lugar de ayudarla la graba con cara de desprecio y placer. Cuando ve al monstruo sabe lo que le espera, por lo que lo único que puede hacer es gritar. Los gritos, la risa de Néstor y el jadeo del monstruo se convierten en un solo sonido de dolor, miedo y placer.

Related documents