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2.2 MEMS diffuser for speckle suppression-Second generation

2.2.3 Characterization

“Ese recuerdo (...) había reaparecido (...) primero como en un relámpago, sin ser todavía recuerdo sino únicamente un llamado de la memoria que le hacía saber que estaba acordándose de algo sin saber de qué.” Juan José Saer, Nadie nada nunca (1994).

El autor se propone aquí una relectura y discusión de lo que entiende como un trascendente trabajo póstumo e inconcluso de Sigmund Freud. Es interesante destacar la coincidencia de comentar este texto justo en el momento (julio de 2009) que la IPA presenta internacionalmente un libro escrito por autores de distintas regiones –en el que me incluyo– sobre el mismo trabajo. Creo que esto confirma la calificación de tras- cendente que Campalans señala en el primer renglón de su escrito.

El ordenamiento de las reflexiones del autor sobre la forma de abor- dar el texto freudiano me facilita poder plantear los acuerdos y las dis- crepancias con su lectura, y estimo conveniente entonces seguir el diseño que Campalans ofrece a la discusión.

1. En la primera parte de su texto, el autor ubica con precisión el lugar que ocupa el trabajo del ’38, entre el “Esquema” del mismo año y el an- tecedente del “Fetichismo” de 1927. Es sabido que el término Spaltung es prefreudiano y que Freud no describe algo accidental o temporario –como señala Campalans–, sino que va más allá de sus maestros y des- cribe el famoso “otro escenario”. Es decir, descubre el inconsciente y la

represión universal y estructurante. Y por supuesto –y en esto coincido

plenamente con el autor– se trata de “una división constitutiva que no deviene de la ruptura de ninguna unidad previa”. Pero esto se llama

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jo el narcisismo pero que este no tuvo su figuración tópica. No obstante, desde el momento que es posible diferenciar un Ideal del Yo y su sesgo imaginario y simbólico, de un Yo Ideal protagonista del ”teatro de lo im- posible” de McDougall e inscripto en el orden de lo Real, están dadas las condiciones para revisitar la tópica freudiana en línea con Freud. En realidad, la verdadera segunda tópica no es el “huevo” de El yo y el ello, sino el esquema integrador del “Esquema de Psicoanálisis” “abierto” al soma pulsional donde se integran las categorías de las dos tópicas. Aquí es importante hacer una lectura de Freud de acuerdo a lo que entiendo como “lógica de autor”, es decir como el pattern más o menos reconoci- ble de como opera desde el contexto de descubrimiento, al de justifica- ción –y en el sentido de Klimovsky– al de aplicación del conocimiento. Así es que cuando Freud descubre la represión, lo que describe al prin- cipio es solo un mecanismo de defensa de ciertas enfermas llamadas histéricas. Luego resulta ser también el mecanismo de defensa de cier- tos enfermos obsesivos y fóbicos. Y finalmente es la noción estructuran- te e universal del psiquismo humano. La misma lógica se percibe cuan- do describe la escisión como el mecanismo de defensa de los fetichistas. Luego lo planteará no solo para esas patologías sino también para la psi- cosis. Y, finalmente, –como señala con precisión Campalans en la segun- da parte de su texto– como mecanismo general del Yo “joven” frente al trauma y en las neurosis en general. Al igual que con el recorrido teóri- co clínico con la represión: ¿qué falta para decir que se trata de un me- canismo universal? Lo que en realidad faltó es la materialidad biológica de un Freud que lo escriba, de un Freud que nos dejó un texto póstumo e inconcluso. De allí que, siguiendo su estrategia intelectual, pensar la

escisión no solo como un mecanismo de defensa, sino también como un mecanismo estructurante y universal solidario de la represión primaria, es una posibilidad que entiendo de valor heurístico. Y esto sin necesidad

aún de dar cuenta de ninguna patología ni nueva ni vieja. Simplemente entendiendo que la escisión en este sentido no rompe nada: es un apar-

tamiento que permite una diferenciación.2Para aceptar esta caracteriza-

ción, hay que estar de acuerdo también con que en Freud la posibilidad de ligadura representacional se establece en condiciones económicas de- finidas por el principio de constancia. Tanto la pulsión con su anclaje somático, como la condición siempre in-justa del objeto auxiliar inexo- rablemente generan magnitudes no ligables que dejan huellas activables pero no evocables. Esto significa que tanto vía naturaleza y vía cultura hay carencias y excesos que constituyen los relámpagos de la prosa de Saer. Esto implica que coexistirá para siempre aquello que ingresa en la

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(Freud lo llama) represión. Y la represión se descubre en principio a par- tir de la clínica de las psiconeurosis entre las que está la neurosis obse- siva del Hombre de las Ratas. No hay aquí nada que pueda pensarse en términos de parte “escindida” –como remarca Campalans. Y no la hay porque aquí no existe la escisión que Freud conceptualiza en 1938 pero que introdujo en la teoría a propósito del fetichismo, es decir una clíni- ca –la de la perversión–, en la que la teoría de la represión no sería sufi- cientemente explicativa. Es por esto que no coincido con la afirmación final del autor que parece proponer que la noción de Spaltung o escisión debe ser reservada para la represión.

2. Justamente en la segunda parte, Campalans realiza una muy intere- sante revisión de la desmentida desde la perspectiva lacaniana y señala algo que es para mí central y que consiste en señalar la complejización que subyace a la idea de que la Verleugnung no es solo una operación sobre la percepción sino la base de la permanencia de un Yo Ideal. Considero entonces que independientemente de cómo se establezca su origen se trata de la “coexistencia de dos posturas psíquicas” una que gira alrededor del Ideal del Yo donde opera la represión y es la fuente de la intersubjetividad y otra –apartada, escindida–, que es la sede de la desmentida radical y a su vez ha sido constituida por ella: el Yo Ideal permanente, monádico y duplicante que no reconoce la alteridad. 3. En la tercera parte, Campalans afirma “que las relaciones del Yo con la realidad son efecto o dependen más de la inscripción de la castración que del sistema Percepción-Conciencia”. Y en esto coincido, pero reali- zando una precisión. Entiendo “más” como que la relación con la reali- dad depende de los dos aspectos: percepción y todo lo que implica la ins- cripción de la castración. De este modo –que entiendo universal y per- manente– prefiero hablar de la realidad del consenso perceptual y la rea- lidad del deseo,1donde parafraseando a Freud, “un cigarro es un cigarro

y un cigarro nunca es un cigarro”. Simultáneamente. Y con esto quiero decir que en todo acto psíquico, en todo producto de la subjetividad y en su misma construcción, conviven constantemente el sentido común de la llamada percepción objetiva, el enmascaramiento represivo y la eficacia de lo desmentido asociada a la pregnancia inevitable del narcisismo. 4. Y es justamente en el comienzo de la cuarta parte que Campalans hace una adecuada mención del surgimiento del Ideal. Desde allí con- viene recordar que entre la primera y la segunda tópica Freud introdu-

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de procesos inconscientes que determinan que todos sus productos sean “mestizos”. En ella además describimos tres dinamismos: el clásico de la represión, que determina qué accede y cómo a la conciencia; el de la es- cisión, que determina el predominio en la percepción de aquello expre- sable en el orden de la palabra y/o de aquello inefable propio del orden somático y del acto, y finalmente la dinámica vinculante de los procesos terciarios (Green,51972; Zukerfeld y Zonis-Zukerfeld, 2006) que ponen

en relación a esos dos órdenes. Esta última dinámica constituye la arti-

culación de lo representable y su riqueza fantasmática6con lo que se en-

cuentra escindido: es justamente el campo donde se desarrolla lo que de- nominamos el potencial heurístico del sujeto a través del lazo social, es decir el campo de la creación de lo nuevo. No se trata aquí solo de desci- frar sino de crear, de inventar un sentido, de generar una narrativa ve- rosímil y compartida, lo que es posible solo en transferencia con un vín- culo significativo.

Creo que la reflexión final de Campalans es muy atinada acerca de lo inconcluso del texto freudiano porque justamente eso autoriza a que todo analista intente recoger su pluma, es decir que trate de subir a los hombros de Freud para poder ver algo más lejos. En este sentido, reali- zar una revisión metapsicológica a propósito de la escisión es una tarea importante que el autor lleva a cabo con inteligencia y estimula a plan- tear puntos de vista diferentes. A mi modo de ver hoy en día revisitar este concepto significa:

a) Jerarquizarlo como apartamiento o separación originaria, universal y persistente que implica la posibilidad de puentes no reduccionistas con otras disciplinas que se ocupan de la mente y de la construcción de subjetividad.

b) Enfatizar su dimensión estructural que, a nuestro modo de ver, sigue en la trayectoria freudiana el mismo recorrido de la represión que pri- mero fue una defensa histérica y luego un mecanismo fundante. c) Utilizarlo para reformular la posición psicoanalítica frente a la pato-

logía de modo de poder pensar que en todo síntoma hay algo inefable, y que en todo lo inenarrable hay algo sintomático. Y que el analista lidia siempre simultáneamente con el [su] conflicto y el [su] déficit.

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órbita del deseo y la castración, es decir las leyes del Edipo, con aquello que queda apartado, no reprimido, o sea lo que llamamos escindido. Esto implica también que existe desde el vamos una heterogeneidad incons-

ciente radical, es decir distintos modos de procesamientos inconscientes.

Este problema está presente en casi todos los postfreudianos como, por ejemplo, en los elementos y pantalla beta como aglomeración no inte- grada y el “terror sin nombre” en Bion, el terror al derrumbe como signo-huella que no pudo simbolizarse en Winnicott, lo Real como fuera del lenguaje e inadmisible a la simbolización en Lacan, lo originario y el pictograma en Aulagnier, el teatro de lo imposible y la histeria arcaica en McDougall, la escisión esencial y los esclavos de la cantidad en De M’Uzan, los dinamismos paralelos en Marty, lo no representable en Missenard ,lo ignoto, incognoscible en Rosolato, lo arcaico y la negativi- dad radical en Kaës,, el “inconsciente anterepresión” de Rousillon, la de- legación de lo no figurable y el “tras país” en Botella,, la idea de lo “prepsíquico”, el trabajo de lo negativo y los desarrollos sobre la escisión en Green, el lugar del doble inmortal en Aragonés, las huellas ingober- nables en Marucco, el “inconsciente primario” en Dejours, el “incons- ciente originario” en Bleichmar

Pensar en este listado –que no es exhaustivo ni pretende que todas las nociones mencionadas sean semejantes–, implica la idea de lo que ca- racterizamos como inconsciente escindido, sede del Yo Ideal y núcleo duro de lo que entendemos como “tercera tópica”.3Creo que Campalans

quizá no tuvo la oportunidad de conocer detalladamente los desarrollos permanentes de esta noción metapsicológica que implica a su vez un punto de articulación posible –y complejo– tanto con las neurociencias como con las llamadas disciplinas de la subjetividad. Esta suposición proviene del hecho que el autor afirme que le parece “una simplificación forzada” y “artificial” la idea de un inconsciente escindido “sin articula- ción posible a lo representable”. Desconozco de dónde obtuvo Campalans esta última afirmación pero al menos no proviene del mode- lo que hemos desarrollado desde hace 20 años (Zukerfeld y Zonis Zukerfeld, 1989, 1999, 2001; Zukerfeld, 1992, 1993, 1994, 1996, 1998; 1999, 2009 ). La tercera tópica es una concepción teórico-clínica de tres espacios psíquicos4que extiende la noción de inconsciente dentro de una

tópica de sesgo freudiano sosteniendo la universalidad y la coexistencia

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3. El término tercera tópica como tal fue introducido por André Green (1975), y uti- lizado por Christoph Dejours (1986), Norberto Marucco (1978,1980,1998), Eduardo Raggio (1989), César Merea (1984, 1994, 2003), y Elsa R. de Aisemberg (2001.

4. El Prec., el Inc. Reprimido-Represor y el Inc. Escindido. Los dos primeros separa- dos por la barra de la represión y ambos separados de lo escindido por la barra de la es- cisión.

5. Definidos por este autor como “aquellos procesos que ponen en relación los proce- sos primarios y secundarios de tal manera que los primarios limitan la saturación de los secundarios y los secundarios la de los primarios”. Nosotros problematizamos y exten- dimos el concepto a aquello que articula la puesta en relación descripta por Green con lo no representable, gracias a un vínculo con un otro significativo.

6. Es lo que llamamos el potencial inconsciente hermenéutico del sujeto, es decir la creatividad que implica el enmascaramiento de la represión y sus clásicas formaciones que se ofrecen al desciframiento (equívocos ,chistes, sueños, síntoma, transferencias).

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*Carlos A. Basch

El tema abordado por Campalans –es casi ocioso decirlo– es de alcances vastísimos, tanto que difícilmente alguna región del psicoanálisis quede del todo por fuera de él. Sin dejar de lado su espesor problemático –él se encargó afortunadamente de acotarlo–, en relación a tres tesis esencia- les (que guardan solidaridad, al punto de co-implicarse); y un interro- gante a dilucidar.

Las tesis:

-La Verleugnung refiere necesariamente a la complejización de la noción de castración tras el “giro” de 1920.

-Su problemática extiende sus alcances más allá de los cuadros perver- sos (en sentido restringido, como estructura clínica).

-Su valor, en tanto defensa, concierne a la constitución misma del yo. El interrogante, que refiere al empleo de la noción de “escición del yo” como fundamento de una “nueva metapsicología”, pretendidamente más acorde a los problemas relativos a las llamadas “nuevas” patologías, se desvance –por así decirlo– por sí solo, una vez puesto de relieve en sus alcances el desarrollo las tres premisas.

Hay por de pronto un eje fundamental, convenientemente subrayado por Campalans: en el recorrido de los momentos principales de la noción en Freud, desde las primeras menciones de la Spaltung constitutiva del inconciente freudiano, se trata de la misma escición –sólo que compleji- zada en relación a la “realidad objetiva” de la castración, a partir de la percepción de la falta de pene en la mujer– que la que opera en la des- mentida fetichista. El articulador es la premisa universal del pene como juicio de atribución, que en los textos freudianos posteriores a 1920, con eje en “La organización genital infantil”, cobra valor ordenador de la captación perceptiva de la diferencia de los sexos.

Sobre este horizonte principal, el texto avanza hacia el problema de la ubicación de la desmentida en el espesor creciente que la castración adquiere progresivamente en los textos de Freud, en la década de 1920. O dicho de otra manera, que si ante el complejo de castración de algún modo todos somos –como Leonardo– hijos perversos de una madre vir- gen, ello se debe a que la constitución del yo como ideal se conjuga en la identificación narcicista al falo.

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Se trata, en definitiva, de radicalizar con un agregado la cita freudiana inicial que Campalans nos propone: “La diferenciación entre consciente e inconsciente [y entre lo representable y lo no representable], es la pre- misa fundamental del psicoanálisis·. Y desde allí comprender el relámpa- go en la prosa de Saer, ese recuerdo que no es todavía recuerdo y que se infiltra en cuerpo y en acto entre las palabras narradas de ese discurso.

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* Dirección: Juan M. Gutiérrez 3993, 2º “B”, (C1425ARE) Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.

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En todo caso, Campalans es taxativo en lo esencial: la función de sín- tesis del yo no es sin la desmentida. Algo que acaso se podría afirmar de modo incluso más radical: en rigor, la síntesis es de la desmentida. Síntesis de la desmentida, en efecto, no menos que desmentida de la sín- tesis, como se sigue del enlace represión/desmentida del cap. VIII del “Esquema del psicoanálisis”. Coexistencia de opuestos, por así decir, ubicados en paralelo; conectando la represión, en tanto acto, con su des- mentida (sin la cual no hay acto en absoluto), en esos particulares mo- mentos de una cura analítica en que el lenguaje pone de algún modo en acto eso mismo que, por su misma condición de lenguaje, no puede menos que expulsar (lo que otorga a la Verleugnung valor performativo). La referencia freudiana que acaso valdría la pena agregar aquí es el concepto de verdad histórica en Moisés y el monoteísmo y “Construcciones en psicoanálisis” (textos casi contemporáneas a la “Escisión del yo en el proceso defensivo” y el “Esquema del psicoanáli- sis”, trabajados por Campalans): una verdad que no es dato primero de- formado en segunda instancia, sino la deformación misma en tanto ver-

dad del origen, construida no menos a partir de la huella del aconteci-

miento primordial que de su desmentida, que enraíza al sujeto en la im- posibilidad originaria.

Es la perspectiva en que la función sintética del yo no deja de incluir en sus seudópodos algo interior que –en tanto incluye a su vez un exte- rior, como dice bien Campalans– es más propicio a la modelización moe-

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