• No results found

El gay o la gay – me gusta mucho este término que parece extraído, por extraña reaparición, de tiempos lejanos, y que está emparentado, se diría, con la Gaya ciencia de los trovadores occitanos y los poetas de la corte de Federico II, en la cual, por lo demás, no escaseaban los gays – (…). 114

Yourcenar utiliza lenguaje especializado que indica un estar al tanto de los enfoques más recientes. Vive el comienzo de la postmodernidad y el estallido de las visibilidades de orientaciones sexuales. Igualmente en esta cita que he utilizado como epígrafe vuelve a surgir su gusto por la erudición, por una suerte de universalización al comparar épocas contemporáneas con etapas muy anteriores cronológicamente como la Edad Media, el saber poético, su admiración por los monarcas esforzados y de inclinaciones espirituales y esotéricas, pero amos del mundo. A su vez, es consciente de estar aplicando el corte transversal que implica una lectura que atienda al género, y especialmente, develando lo que ciertos discursos históricos oficiales imbuidos de cristianismo han escatimado de la historia.115 La cita finaliza con una práctica frecuente de visibilización del otro como reafirmación de un yo fragilizado. Veamos un panorama de la confluencia de los estudios feministas y queer que, en esa frágil encrucijada, contribuyan a elaborar un mapa simbólico de la autora.

2.1.- La línea femenina y lesbiana en el sistema de la literatura

En este punto situaré la obra yourcenariana en un sistema, en el eje diacrónico, que me permita comprender el bagaje y la influencia de autores canónicos que enunciaron en su producción literaria y en el relato de su vida la homosexualidad.

La conducta de definición de autoridad que evidencia el epígrafe que he elegido para este capítulo, fue señalada por Proust en Sodome et Gomorrhe,116 en el apartado que se conoce como "La Race des Tantes":

(…) ceux qui parviennent à cacher qu’ils en sont, ils le démasquent volontiers, moins pour leur nuire, ce qu’ils ne détestent pas, que pour s’excuser, et allant chercher, comme un médecin l’appendicite, l’inversion jusque dans l’histoire, ayant plaisir a rappeler que Socrate était l’un

114

Yourcenar, Marguerite. Una vuelta por mi cárcel. Madrid: Alfaguara, 1996. Pág. 50.

115

En este punto puede sospecharse la referencia a Friedrich Nietzsche, cuya obra homónima es de 1882.

116

d’eux, comme les Israélites disent que Jésus était juif, sans songer qu’il n’y avait pas d’anormaux quand l’homosexualité était la norme (Sodome et Gomorrhe, 18).

No es mi intención analizar aquí la postura contradictoria de Proust en su pasión verborrágica, su desgarramiento y rechazo al detallar características de la “race”, sí señalar esta conducta de buscar y nombrar a los homosexuales célebres como forma de legitimación de la subalternidad. Siguiendo el camino de la invención autobiográfica, es posible determinar la entidad del closet yourcenariano y, como ya se ha dicho, asociarlo a tipificaciones modélicas en los lesbianismos del siglo XX. Para ello es necesario considerar la evolución diacrónica, insertar la cuestión en un contexto analítico, una periodización de la evolución de la escritora lesbiana, la “femme de lettres”. La actitud que hemos señalado con Proust pertenece al conjunto de prácticas de encubrimiento que, como él bien señala, ocultan la propia orientación:

(…) vivant enfin, du moins au grand nombre, dans l’intimité caressante et dangereuse avec les hommes de l’autre race, les provoquant, jouant avec eux à parler de son vice comme s’il n’était pas sien (…) obligés de cacher leur vie, de détourner les regards d’où ils voudraient se fixer, de les fixer sur ce dont ils voudraient les détourner, de changer le gendre bien des adjectifs dans leur vocabulaire (19).

Y Yourcenar sostiene, en el Prólogo de Alexis:

Quizás no se haya reparado bastante en que el problema de la libertad sensual, en todas sus formas, es, en gran parte, un problema de libertad de expresión. Parece ser que, de generación en generación, las tendencias y los actos varían poco; por el contrario, lo que sí cambia, a su alrededor, es la extensión de silencio o el espesor de las capas de mentira” (Alexis, 15-16).

Las prácticas a la que me he referido, pertenecen y conforman un habitus, están consteladas entre mitos y delimitaciones binarias sobre la emocionalidad/ sexualidad, y es preciso estudiar las influencias en la configuración de un imaginario propio y ficcionalizable. Proust se refiere a códigos y matices de la homosexualidad masculina en este caso. Pero, como Yourcenar, poseía un conocimiento de las teorías sobre la “inversión” de la época. Esa misma tendencia a encontrar el par en la historia configuró personajes míticos lesbianos; la misma Belle-Époque y los años posteriores a la guerra, que nutrieron a Proust, avalaron a una serie de escritoras, que recrearon, tradujeron y estudiaron la figura y la poesía de Safo:

νυκτες, παpα δ’ ερχετ’ ωρα· εγω δε µονα κατευδω (Safo:117). 117

Siguiendo la tradición de poesía lesbiana, y, basándose en su inclinación por el mundo griego, Yourcenar publica en 1981 La couronne et la lyre, colección de poemas griegos traducidos por ella. Como es su costumbre, un prefacio advierte sobre autores y criterios de traducción personales y por cierto no canónicos. Asimismo aclara que :

Certaines de ces traductions sont contemporaines des diverses ébauches de Mémoires d’Hadrien, et surtout des années 1948-1952, durant lesquelles fut repris et terminé ce livre. La fréquentation de quelques poètes de peu antérieurs à l’empereur, quelques uns même de son temps, et d’autres, beaucoup plus anciens, mais dont on sait qu’il appréciait les œuvres, était de ma part l’application d’une recette que j’ai donné ailleurs : reconstruire dans la mesure du possible la bibliothèque du personnage qui nous occupe, ce qui est encore l’une des meilleures manières de nous renseigner sur la sensibilité d’un homme du passé.118

La opción de lectura se encamina a descubrir la operación combinatoria de los componentes del binarismo en la construcción del personaje, y la mirada de Yourcenar sobre la tradición del amor homoerótico que ha mostrado la literatura gay bajo la capa de la hegemonía heterosexual. Es innegable el diálogo con una tradición literaria lesbiana, originada desde Safo, que queremos develar no desde la pretendida universalidad del sentimiento amoroso canónico sino desde la decodificada especificidad del amor homosexual. Yourcenar dedica un capítulo de La

couronne et la lire a Safo, con una nota anterior a la traducción de alguno de sus poemas donde desestima leyendas heterosexuales acerca de la poeta : "la tradition lui donne un mari, dont nous ne savons rien, et une fille (…) pourrait aussi bien avoir été une élève ou une amie" (La couronne et la

lire, 69). Obsérvese la ironía y el afán en evidenciar el procedimiento "normalizador" hacia la homosexualidad en el mundo antiguo.

Yourcenar demuestra allí conocer claves de la lírica antigua, las poetas apenas nombradas, la escasísima referencia a los amores entre mujeres : "Partout ailleurs, tout se passe comme si l’homme grec s’était trop peu intéressé aux comportements féminins pour noter ceux-là" (La

couronne et la lire, 71). Su recorrido llega hasta el Bain Turc de Ingres, demostrando cómo estaba integrada una parte de su propia biblioteca. Es curioso cómo, a pesar de dedicar páginas a la vida de

117

Safo, poemas, en Bonifaz Nuño, Rubén, Antología de la lírica griega, México: UNAM, 1988. Pág. 116. ("La luna ya se ocultó, y las Pléyades; es medianoche, fluye el tiempo: y yo duermo sola". Mi traducción. ). Véase también, por el metro, Safo.Poesía lírica de la Antigua Lesbos. Introducción, traducción y notas de Pablo Ingberg. Santiago de Chile: Red Internacional del Libro, 1997. Págs. 134-135. Edición bilingüe.

118

Safo, responde intempestivamente a Guppy, en 1987, frenando su avance inquisitivo, cuando éste menciona Safo en su entrevista:

Debemos dejar de lado a Safo, ya que no sabemos casi nada de ella. En cuanto a mi propia vida, hay veces en que debemos revelar ciertas cosas, porque de otro modo no se podrían decir las cosas con verosimilitud (...) En cuanto a mi relación con Grace Frick, la conocí cuando ambas éramos mujeres de cierta edad, y la relación pasó por diferentes etapas: primero una amistad apasionada, después la historia habitual de dos personas que viven y viajan juntas por conveniencia y porque tienen intereses literarios comunes (Guppy, 166).

Responde directamente a la pregunta sobre Grace, exponiendo la evolución del vínculo, con un tono de quitarle peso y convertirlo en una historia más de vida, de despojar de importancia el vínculo amoroso. Volviendo a Safo, Yourcenar traduce los versos que citamos más arriba en griego del siguiente modo:

…La lune au ciel finit sa course, Le Grand Chien, les Pléiades, l’Ourse Pendant en bas du ciel pâli…

Déjà ! Et toujours seule au lit… (76)

Yourcenar sigue la versión que divide el tetrámetro acataléctico (dieciséis sílabas),119 en cuatro octosílabos, que marcaron Bergk y los siguientes editores.120 La traducción es más que libre. Yourcenar decía que se atenía fundamentalmente al ritmo de la cláusula, trabajando la rima. El estilo breve y acumulativo de Safo se carga en exceso. El presente del “dormir” se transforma en permanencia sin verbo. Aparece el "lecho" que Safo da por sentado.

¿Cómo evitar una lectura desde un posicionamiento previo que no se adscriba a una categoría que deba sus valores a lo canónico e incorporado? Conviene aquí dialogar con los conceptos de "disposición estética" y "competencia artística".121 Es decir, que la imagen de lecho asociada a noche, calor, gineceo, signifiquen particularmente algo diferentemente matizado según el grupo que lo lea.

119

Verso compuesto de cuatro metros, casi siempre dividido por diéresis central. Es acataléctico porque no falta el elemento métrico final. Heller, Pedro Luis. "Tratado sucinto de métrica griega", Revista Estudios Clásicos, Madrid, 1964, Tomo VIII, 1964, Nº 42.

120

Notas de Pablo Ingberg en su traducción, que sigue el criterio octosilábico.

121

Bourdieu, Pierre. "Disposición estética y competencia artística". En Altamirano, Carlos y Beatriz

He hablado de literatura lesbiana. La consideración de la obra de arte como tal proviene de una teoría previa, de un saber internalizado admitido como verdadero. Aún admitiendo que el arte sea escape o aceptación a su sociedad, constituye igualmente así una visión epocal, como señala la propia Yourcenar con respecto a la historicidad de lo femenino. Esta consideración es pertinente al preguntarse acerca de la literatura de minorías: ¿constituye la literatura de minorías un fenómeno literario?, ¿puede la visión universalista patriarcal no considerarla como categoría artística por su acento en significados determinados? ¿La legitimación de lo estético no es una construcción social que valida o invalida los productos artísticos en una época o en otra?

Por un lado un producto considerado estético se distingue del objeto de uso cotidiano por el "deseo de percepción estética", y la reducción fenomenológica del concepto de arte crea circularidad con la teoría que la propone. ¿Cuál es la esencia del fenómeno artístico? ¿En medio del marco disolutorio posmoderno y del alejamiento de las concepciones inmanentistas de la literatura, puede hablarse de una entidad estética esencial o cabe hablar de progresivas construcciones del fenómeno? ¿El punto de vista estético crea el objeto estético? La intención estética es producto de normas y convenciones sociales.

La historia del gusto, individual o colectivo, basta para desmentir la ilusión de que objetos tan complejos como las obras de arte, producidos de acuerdo a leyes de construcción que se han elaborado lo largo de una historia relativamente autónoma, sean capaces de suscitar preferencias naturales, solamente por sus propiedades formales (Bourdieu 1977, 130-131).

Siguiendo esa línea conceptual, también la recepción está condicionada por ese código de apropiación estética instituido socialmente. El canon de "estética pura" excluye la conciencia de las condiciones sociales de clase para la percepción estética, relativas a la presentación dominante. La exigencia de pureza del arte, de autorreferencialidad, se relaciona con el intento de despegue del artista de las condiciones sociales dependientes de la burguesía y su acceso a la "distinción". Constituye una "revancha simbólica" iniciada en el siglo XIX. Si nos preguntamos acerca de la validez de crear una categoría de arte gay o afro-americano o feminista damos acceso a la legitimación contrarrestando la convencional y arbitraria maquinaria seudo-igualadora y universalizante de los valores patriarcales: "la perspectiva del crítico hombre es asumida como sexualmente neutra, en tanto que la lectura feminista es vista como un caso de defensa especial y un intento de forzar el texto con un molde predeterminado".122 Las mujeres se identifican con un experiencia y perspectiva masculina que parece humana en general pero que corresponde a una educación de lectura y de decodificación de signos patriarcal. ¿Qué significa leer como mujer

122

entonces, sin enajenaciones en esquemas condicionados? ¿Negarse a sentir, exorcizar el espíritu masculino que la educación ha impuesto? Es también indudable que lo que ha sido marginal necesita un espacio de autoafirmación para reconocerse y posicionarse. Crear un espacio para la literatura femenina específicamente significa desde el punto de vista diacrónico sobreponerse ínfimamente a siglos de literatura masculina.

Desde el enfoque sociológico de la lucha de poderes la concepción del habitus, definido como un sistema de disposiciones para la práctica que, junto a la norma, regula conductas, permite también organizar otras prácticas. Permite propiciar y prever conductas en determinadas situaciones, lo que otorga sin duda un margen de seguridad frente al azar de lo indeterminado. También permite que los espacios de disidencia, de incertidumbre, se abran permitiendo la modificación de las instituciones. Las instituciones culturales, los aparatos ideológicos de la cultura permiten la disidencia más que otros ámbitos de lucha de clases.

El advenimiento de nuevos grupos, antes marginales, al poder académico facilita la visibilidad sobre temas tratados de distinto modo por estéticas del pasado. Este fenómeno se da en la creación y en la recepción. "Por primer vez se nos pide que miremos la literatura como mujeres; nosotros, hombres, mujeres y profesores de Universidad, hemos leído siempre como hombres." (Culler 1998, 48). Nuevos grupos llegan a la expresión estética validada pero no obstante son percibidos mediante un aparato crítico que pertenece a otro paradigma, razón por la cual el problema del valor se presenta difuso. ¿Importa reflexionar sobre la pena de amor del personaje de la novela de Molloy por ser de universal recepción o porque es reflejo de una particular manera de concebir la vida amorosa, que a la vez será leída por grupos sociales desde diferente punto de vista? Así la decodificación de signos emblemáticos de la literatura lesbiana no es recepcionada de igual modo por todos los lectores. El lector tiene derecho a adoptar su propia postura receptiva, rechazando la jerarquía que somete el lector al texto / autor.

Antes de avanzar conviene decir que el término “queer”, sustantivo o adjetivo, se refiere a lo contrapuesto de lo normalizador. "La teoría queer no es un marco conceptual o metodológico singular o sistemático, sino una colección de articulaciones intelectuales con las relaciones entre el sexo, el género y el deseo sexual (…) el término describe una diversidad de prácticas y prioridades críticas".123 Esta aclaración permite comprender la no asimilación a otras estructuras de pensamiento ordenadas y verticales, sino a la tendencia rizomática y articulatoria que significa una salida del orden de la presencia y la jerarquía. La recepción desprejuiciada lucha contra la utopía o

123

la nueva caída en un sistema de lectura. Buscamos encontrar la justificación en un canon. Pero el mecanismo receptivo puede ser deconstruido.124 Como la estrategia yourcenariana de desmontar sistemáticamente la intención categorizante de sus entrevistadores. Deconstruir es mostrar lo excluido, mostrar cómo se anulan las oposiciones jerárquicas en las que se basa un discurso. Allí es donde la deconstrucción es un marco comprensivo y operativo que sirve a la teoría queer.

La deconstrucción como herramienta invierte la posición jerárquica de un esquema causal. Rompe la jerarquía permitiendo intercambio de propiedades. Es por eso que la teoría feminista ha tomado en gran medida este concepto derrideano en cuanto a encontrar los mecanismos para desmontar la concepción adquirida de género, que se apoya en el sistema binario de la jerarquía patriarcal. El concepto de différence y différance, con su connotación más activa para el segundo, aporta a esa destrucción.125 ¿Cómo se sostiene el mecanismo de oposiciones en la conceptualización? Cada término obtiene su valor por oposición binaria a otro o por relación con los otros? Para Derrida el significado se produce mediante “la libre combinación de significantes”. Por ser distinto, no por ser opuesto. Se asemeja al concepto de fonema saussuriano. El significado opera por aplazamiento, no está nunca presente, está construido por el proceso interminable de aludir a significados ausentes. No tiene entidad trascendental. No puede por lo tanto hablarse de esencia.

Igualmente se corre el riesgo de presentar una visión monolítica de la heteronormatividad, porque los elementos de internalización patriarcal en la propia mujer son poderosos, y porque el sistema también se resquebraja y permite sostener espacios de disidencia, contrariando la conclusión que realiza Bourdieu sobre la escasa modificación del rol femenino aún en la posmodernidad.126

Siguiendo este pensamiento, ¿cómo se puede leer el texto de una mujer si es un ser alienado en el sentido sartreano, si todas las formas están sometidas a nuestros conceptos de lo masculino y lo femenino? ¿Y si se está hablando de otra categoría, la lesbiana? La crítica masculina ha elaborado durante siglos un discurso sobre la capitis diminutio primero y luego sobre la producción literaria femenina. Se ha sintetizado en los once estereotipos de la feminidad en las obras de críticos, tal como señala Mary Ellmann:127 la obras femeninas presentan pasividad; indecisión; inestabilidad; confinamiento; piedad; materialidad; espiritualidad; irracionalidad; complicación; presencia de la figura de la bruja; la figura de la arpía. Estos esquemas forman parte del discurso

124

La deconstrucción puede entenderse "como posición filosófica, estrategia política o intelectual, o modo de lectura" (Culler, 1998:79) y debe “"medio de una acción doble, un silencio doble, una escritura doble, poner en práctica una inversión de la oposición clásica y un corrimiento general del sistema".

125

Ambos términos vienen del verbo différer, cuyo significado es diferir: aplazar y ser distinto de. Différance designa la diferencia activa y el acto diferenciador. Más adelante volveré sobre este concepto.

126

Véase la polémica sobre la publicación de La domination masculine, de Bourdieu,Paris, Seuil. 1998.

127

académico y asimismo gobiernan el ámbito del saber narrativo aún en estos tiempos. Los rótulos como “escritura de mujeres” visibilizan y posicionan en el campo literario, a la vez que categorizar y atraen semánticamente nociones como sensibilidad, emoción, locura, un recorte conceptual que no se establecería en una supuesta literatura de varones.

Me detendré en esa estrategia de supervivencia de la figura de la loca, que emerge en la escritora mediante la necesaria evasión de los mandatos burgueses, fundamentalmente conyugales,

Related documents