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5. Data and Analysis

5.1 All the Light We Cannot See

5.1.3 Characterization: Werner Pfennig

El cuento A orillas del mar, que inicia la serie reunida en Ajuste de Cuentas, está construido con una serie de secuencias fragmentadas. Algunas de ellas se enuncian como vividas en el presente de la narración, y otras, como producto del recuerdo.

El primer fragmento reproduce un diálogo lacónico entre dos personajes. Con los escasos indicios que se nos proporcionan, lo que leemos en el texto es que supuestamente en la habitación de un hotel un personaje llamado Dito76 habla con una mujer –de quien no se nos dice su nombre y se la menciona con el pronombre “ella”. El diálogo está precedido por un enunciado en 3ª persona, que dista bastante de ser una introducción convencional:

La dejó mal el lavaje. Ese color en la cara. Rosa. Gris. Parece una vieja. Por dónde le habrán metido el tubo. Ella, arrodillada en el suelo, alzó lentamente la vista. (…)

76Según Ricardo Piglia, el nombre del personaje, Dito, es una clara alusión a Leopold Bloom, el protagonista del Ulyses (en el cuento de Rivera: Leopoldito/Dito), en Ricardo Piglia. “De la traición a la literatura”… op.cit., pág. 27.

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-¿No limpian acá? –preguntó, mordiéndose los labios. -¿Por?

Los ojos de Dito. Oh, esa música. -Bobby Capó –informó Dito

-Está lleno de polvo debajo de la cama –dijo ella-. Y hay telas de araña. (Rivera, 1972: 7)

De este modo, al tiempo que se sugiere que el primer fragmento no es el principio de la historia que se narra, puesto que se inicia in media res, se deja en claro que el lector deberá reconstruir la trama a partir de mínimos detalles.

Más adelante, sabemos que Dito, el narrador protagonista, es un joven militante de izquierdas, que mantiene una relación amorosa con Silvina, que también es una activa militante política. Al parecer, Dito está enamorado de ella pero, siguiendo los consejos de su padre, decide casarse con otra mujer que pertenece a una familia de la oligarquía argentina y de militares. Esta posible lectura surge del contenido de un párrafo que irrumpe en el relato. Silvina, que ya sabe de la inminente boda de Dito con otra mujer, le pregunta sobre la situación pero él no responde, permanece ensimismado en sus pensamientos:

-Dito, ¿qué vamos a hacer?

La miró, sí. La pena. La nada. No oyó, acaso, en la mesa, durante el almuerzo, a esa mujer. “Todo se lo debemos a la Marina.”

-Decí algo, Dito; no me gusta que te quedés callado.

“Por fin, gente como una.” “Sí, señora.” “Los uniformes que usan; los envió Dios.” “Sí, señora.” “¿Hay marinos en su familia, joven?” “Sí, señora. Cómo no. Pero el que había murió de insolación en la batalla de Caseros.” “Cuánto lo siento; mi marido es de la Aeronáutica.” -Dito, te estoy hablando. (Rivera, 1972: 10)

Por continuidad temática, la voz que se graba en la conciencia de Dito podría pertenecer a la madre de su futura esposa. Antes, su padre le ha aconsejado pensar en su futuro y olvidar el pasado. La voz es ridiculizada en el texto: la mujer se expresa en un tono ingenuo y frívolo y reacciona crédulamente cuando Dito le

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informa sobre la antiheroica muerte de su antepasado, en una célebre batalla que se produjo en 1852.

Por otra parte, Rivera demuestra su maestría al sugerir –y no narrar- el contexto histórico. Las expresiones tales como “Todo se lo debemos a la Marina” o “los envió Dios” aluden palpablemente a enunciados provenientes de los opositores al presidente Juan Domingo Perón, derrocado por el golpe militar de 1955, precisamente por las fuerzas militares de la Marina, la fuerza que organizó y participó victoriosa del levantamiento.

Las frases, además, reflejan el sentimiento antiperonista manifestado por un sector de la oligarquía argentina, al que la familia del protagonista parece pertenecer, aunque es evidente que el joven no concuerda con esta ideología. El narrador protagonista insiste con la idea, cuando más adelante Dito es perseguido por la policía y decide esconderse en un cine:

El público ríe: albañiles y sirvientas. El diablo andaba en los choclos. Ríen, franelean; tragan pizza. A Ovidio lo torturan. Y ellos ríen. No puedo hacer nada por Ovidio, dijo papá. Es comunista. Ellos ríen, tragan pizza. Tienen plata, compran retratos de Eva en los kioscos de la plaza. (Rivera, 1972: 12)

La contextualización del relato se produce a partir de mínimas informaciones: al ataque a la plaza de Mayo provocado por la Marina para derrocar al presidente Perón (en su segundo mandato) , se agrega en este pasaje la referencia a “El diablo andaba en los choclos”, una película del cine argentino, estrenada en 1946, cuando se inicia el gobierno peronista.

Por el dato del film, podemos recomponer el contexto. En 1943, se produce un golpe de estado en Argentina. Pedro Ramírez será el presidente y como ministro de guerra, asumirá Juan Domingo Perón, el hombre fuerte de la Revolución de junio, de sesgo clerical-autoritario. Años después, en 1946, gracias a la popularidad conseguida, Perón triunfa en las elecciones presidenciales e inicia su primer gobierno.

Por otra parte, el personaje Ovidio, que es comunista, es torturado en las cárceles del gobierno de Perón. Mientras tanto, el pueblo –seguidor incondicional de este líder- “traga pizza y ríe y franelea y compra retratos de Eva”, en clara

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referencia a la devoción popular que despertaba la esposa de Perón, Eva Duarte. La crítica mordaz a la situación de la época es evidente.

En el relato aparecen breves anécdotas que se refieren a la actividad política de Dito y Silvina y a la que se suman sus amigos: Borreale, cuya historia se remonta a su participación en el bando republicano durante la guerra civil española; el gordo Portela, un médico con el que Dito asalta la facultad de Medicina de Buenos Aires, intervenida por el gobierno militar; Hernán Gómez, con quien Dito fabrica explosivos caseros y Ovidio, que acaba preso y torturado, como lo expresa la cita precedente. Silvina intenta suicidarse supuestamente porque la expulsan de la institución (“Preventorio de la Minoridad”) donde trabajaba. El intento de suicidio se conecta así con el primer párrafo del cuento: “La dejó mal el lavaje…” y lo completa con la explicación de las causas del hecho.

En el último fragmento, el narrador relata el encuentro con Gertrude Schramm77, la madre de Silvina, y en la primera frase del texto anuncia la desaparición de la joven.

Cuando Dito se encuentra con Gertrude, la conversación entre ambos a orillas del mar discurre en disquisiciones literarias pero al final, la mujer sentencia: “-Y, usted, Dito, sobreviva. Si puede.”

A lo largo del texto, breves referencias permiten que desde el ámbito privado se disparen líneas hacia los acontecimientos públicos de la época: en esencia, los gobiernos dictatoriales que se alternan en Argentina a partir del derrocamiento del general Perón y la actividad clandestina de organizaciones políticas armadas. Pero los incidentes que tienen lugar en el relato no se encadenan en una progresión temporal, más bien aparecen aislados porque muchos de los acontecimientos surgen del recuerdo.

Umberto Eco utiliza la expresión “disolución de la trama” para referirse a aquel armazón narrativo en el que los acontecimientos “no aparecen unidos para un desenlace final” sino que concurren a proyectar una acción, un desarrollo psicológico, simbólico o alegórico e implican cierta argumentación implícita con respecto al mundo”.78 Es posible utilizar este concepto para leer varios de los relatos que conforman el volumen Ajuste de cuentas.

77En realidad, Gertrude es un personaje, “la alemana”, de una obra de B. Brecht. 78Umberto Eco, Obra abierta. Barcelona, Ariel, 1985, págs. 239 y 240.

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Estas frases que remiten a hechos privados e íntimos se cruzan no sólo con alusiones a hechos políticos históricos sino también con una gran variedad de citas, como por ejemplo canciones populares, textos de Julio Cortázar, Tu-Fu, Eduardo Mallea, incluso a Bertolt Brecht se lo introduce como amigo de juventud de Gertrude. Al igual que las alusiones a la situación histórica, los fragmentos literarios, artísticos, culturales completan esa contextualización.

Todas estas voces que surgen en el recuerdo del protagonista constituyen así una incrustación de enunciados heterogéneos que, por esto mismo se convierten en un sistema múltiple de referencias. Con ellos, el autor logra ocultar los aspectos cruciales de la anécdota. En este sentido, es interesante lo que señala Piglia cuando explica: “De este modo, la significación aparece siempre desplazada: pequeños átomos de acción, diálogos sueltos, frases que se repiten, son las huellas que permiten reconstruir un sentido”.79

Tomando como ejemplo la segunda secuencia del relato, vemos que su textura es bastante compleja, ya que constituye un texto que al principio es aparentemente cohesivo –y, sin embargo, de difícil coherencia- pero que luego, debido al entrecruzamiento de enunciados divergentes y asincrónicos, pierde gradualmente esa cohesión y su deliberada falta de coherencia se acentúa.

En el siguiente fragmento, el corte temporal se evidencia porque estamos ante una situación que difiere de la del diálogo de la primera secuencia, que transcurre en el hotel de un pueblo donde veranean Dito y Silvina:

Papá compró tierras en Punta del Este. -En esa zanja –dijo Silvina.

-Sí, dije yo.

Me pesaba el bulto. Papá había roto las culatas de la escopeta de caza y serruchado los caños. Con dedicación; con ese método frío y ordenado que pone en sus cosas. Ir al cine, solo, dos veces a la semana, matiné, por ejemplo. Es peligroso tenerlas en casa, dijo. Nos complicarían la vida.

Yo la abracé. Acá no, dijo ella. Acá no. Tengo ganas, dije. Tengo ganas, Silvina. El bulto hizo plaf en el agua de la zanja.

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Evitémonos complicaciones: la policía puede caer en cualquier momento. (Rivera, 1972: 7)

Las primeras líneas de la secuencia irrumpen provocando desconcierto en el lector, ya que no parecen tener relación con el primer fragmento.

A diferencia del diálogo, en el que el personaje femenino es mencionado por un pronombre, en estos enunciados se le asigna un nombre -Silvina-, mientras que el narrador, por adoptar la primera persona, aquí no es nombrado como en el diálogo. Posteriormente se comprueba que este narrador es Dito. Con lo cual, se evidencia que el juego de sustituciones que establece Rivera se realiza a partir de las posibilidades que otorga la cohesión lingüística. El segundo enunciado: “En esa zanja, dijo Silvina” podría interpretarse primeramente, claro que en sentido metafórico y despectivo, como un elemento que señala hacia atrás (referencia anafórica) a la ciudad uruguaya de Punta del Este. Sin embargo, lo que comprobamos más adelante es que el primer enunciado: “Papá compró tierras en Punta del Este” es el que resulta chocante, ya que la “zanja” remite a un referente literal.

La secuencia se resume en el hecho de que Dito, por pedido de su padre, debe deshacerse de las armas que poseen ante la posible llegada de la policía; en compañía de Silvina, arroja las armas a una zanja. El hecho es narrado en el texto con sucesivas repeticiones, en enunciados entrecortados que funcionan como ecos de la acción y que aparecen y desaparecen en la memoria del narrador.

Para comprender la historia del relato, es necesario buscar los referentes ocultos. Esta búsqueda, según nos propone el autor, debe hacerse a través de referencias cohesivas catafóricas, es decir, progresivamente.

De este modo, restablecer la significación supone un proceso de avance que, al mismo tiempo y paradójicamente, nos obliga a retroceder a través de la relectura del relato. Mediante el recurso de entorpecer la cohesión, Rivera logra crear más complejidad en el texto y opacar la historia narrada.

El enunciado: “Evitémonos complicaciones; la policía puede caer en cualquier momento”, si bien precede a la explicación del motivo del ocultamiento de las armas, también funciona como elemento anafórico del intento o la

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insistencia de Dito por consumar el acto sexual con Silvina, quien, por otra parte se resiste.

La frase que lo precede: “El bulto hizo plaf en el agua de la zanja”, que luego se repite con variaciones, remite a dos significaciones: una es transparente, la otra es figurada. En este caso, la frase adquiere una fuerte connotación erótica por su ubicación en el cotexto; como vemos, aparece junto a la narración de las intenciones sexuales de Dito. En el siguiente pasaje, lo comprobamos:

[…] Acá no, Dito. Acá no. Plaf, hizo el bulto. Y nos quedamos oyendo cómo se hundía en el agua, cómo gorgoteaba el barro, cómo se lo tragaba. (Rivera, 1972:8)

La duplicidad del sentido con la que juega el texto de Rivera hace que el trabajo conectivo en la superficie alcance una mayor complejidad aún. Así, lo que al principio notamos como falta de coherencia, después de una lectura global comprobamos que la significación lógica puede ser restablecida.

Toda la secuencia podría interpretarse como si se tratara de un hecho de carácter delictivo, lo que sugeriría por otra parte que nos encontramos ante un relato policial. Sin embargo, hay un elemento que obliga a reconsiderar esa lectura. A continuación del texto citado, leemos: “El almirante Reales está escondido en el chalet de los Robirosa; me pidieron que lo pase al Uruguay. No es fácil. Vayan, muchachos. Vayan.” (Rivera, 1972: 7-8)

La mención de un militar -el almirante Reales- nos advierte que debemos efectuar un desvío en nuestra interpretación y confirmar que estamos ante un relato político. Este episodio, que no vuelve a aparecer en el recuerdo del narrador, funciona como una pista que permite elaborar un perfil del padre de Dito, de quien se escamotea información. Por lo tanto, la búsqueda del referente debe salir de los límites del texto, lo que supone una dificultad a los fines de hallar una interpretación fidedigna. Solo mediante conjeturas podemos componer ese perfil.

El almirante Reales80, en su condición de prófugo, surge como uno de los militares que participan del bombardeo, del golpe de estado. Si el padre de Dito

80Son escasos los datos que se proporcionan, como para poder explicar el referente histórico de estos enunciados. De todos modos, podría pensarse que el almirante Reales refiere al almirante Arturo Rial o al almirante Isaac Rojas, los jefes militares rebeldes que llevaron a cabo el bombardeo.

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ayuda a Reales es porque tiene cierto poder para hacerlo, como también lo demuestra el hecho de que su hijo le pida ayuda para salvar a Ovidio, su amigo que está preso y es torturado. En este caso, el padre se excusa porque Ovidio es comunista, lo cual alude a la persecución, durante el gobierno peronista, de los militantes marxistas.

Entre todos los “átomos de acción”, tal como los denomina Ricardo Piglia, la anécdota del ocultamiento de las armas resulta relevante ante el conjunto, ya que funciona como metáfora de la resignación y desencanto de los jóvenes políticos ante la dificultad de llevar a cabo la revolución. Este sentimiento de resignación se repite en otras secuencias en las que el narrador emprende una acción violenta y luego se cuestiona críticamente sobre el sentido de ese hecho, como por ejemplo cuando nos dice:

Desde este departamento escribo notas, artículos, volantes, cartas a los presos en papel de seda. Partes de una guerra perdida no sé hace cuánto tiempo. Desperdicios. […] Borreale come lechuga cruda y dibujo croquis de bombas de tiempo y Hernán Gómez las coloca en las vías ferroviarias, el cigarrillo iluminando su orgulloso perfil. ¿Para qué? ¿Para qué? (Rivera, 1972:14)

A la compleja red de cortes y omisiones que Rivera despliega en este relato, hay que añadir el trabajo meticuloso de selección que practica con el lenguaje. Distanciándose de la retórica enfática de los textos anteriores, el autor se decanta aquí por una expresión concisa y directa, más afín a la técnica utilizada. Esto se refleja en una adjetivación muy reducida, a la que se recurre solo cuando se la considera estrictamente necesaria o se la evita sustituyéndola por sustantivos o verbos: “Alzo la cabeza: los árboles. Una muralla que el viento recorre, helado. (…) sobre un colchón de hojas que se doblan; que se oxidan, muertas. Y crujen.” (Rivera, 1972: 8)

En varios pasajes del cuento, las descripciones se realizan en sintagmas nominales breves que se suceden con rapidez, como si se tratara del mensaje de un

Con respecto a “los Robirosa”, es muy probable que aluda a una familia colaboradora de los servicios de inteligencia durante la represión militar. Esto, si se lee en el contexto de enunciados del relato contrarios al gobierno peronista.

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telegrama: “Las piernas de Dito. Flacas, poca carne, huesos largos. Pelos rubios, tostados. Ojotas. Short.” (Rivera, 1972: 7)

En este caso, se eliden los verbos para darle más agilidad al relato. El procedimiento coincide con el del “plano detalle” o “gran primer plano cinematográfico”81, ya que funciona como el ojo de la cámara que se centra en un objeto determinado para describirlo. De este modo, recorta la información y remarca aquella que le interesa: para evitar un enunciado explícito, como sería el dato de que el personaje se halla en un pueblo a orillas del mar, se registran ciertos elementos que informan sobre la situación, como por ejemplo, “ojotas” y “short”.

En el libro Ajuste de Cuentas, el empleo de la técnica cinematográfica se observa en algunos pasajes de las obras, a diferencia de relatos posteriores en los que el procedimiento alcanza un alto grado de elaboración. Más adelante, analizaremos el recurso con más detenimiento.

Por otra parte, es importante advertir que algunos elementos de este cuento, como también del texto “Ajuste de cuentas”, aunque en gran parte reformulados, integran la novela El verdugo en el umbral. Aparecen como segmentos de acciones o situaciones que se rescatan del recuerdo y vuelven a surgir en otro contexto.

El cuento, cuyo título da nombre al volumen de estos relatos, se estructura en ocho secuencias que se numeran en orden decreciente; comienza por la número “Siete” y acaba en la secuencia “Cero”, en perfecta correspondencia con el título. En la primera se reproduce un diálogo, al igual que el cuento “A orillas del mar”. El diálogo, que tiene lugar en un restaurante entre dos personajes a los que no se identifica, es austero y se desarrolla en una estructura reiterativa, propia del ritual de la conversación:

-¿Qué pedís?

-Arroz con mariscos.

-¿Arroz con mariscos?...Estás cambiando de gustos. -Aquí lo sirven abundante.

-¿Invitás?

81 El primerísimo plano, inserto o detalle, se llama de las tres maneras, lo tomaría el autor colocando la cámara muy cerca del personaje o de la cosa a fotografiar. Por ejemplo: una mano cogiendo el teléfono, o, un detalle del rostro del hombre: un ojo.

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-Invito. (Rivera, 1972: 27)

La segunda secuencia reproduce una nota periodística, que cita a su vez un comunicado oficial que informa sobre los antecedentes policiales de Emilio Mariano Jáuregui, militante comunista y líder sindical de la prensa argentina.

Indagando en la autobiografía del autor, comprobamos que los datos del informe son extraídos de la realidad. Jáuregui fue compañero de Andrés Rivera,