• No results found

Charterparties and the implied obligation of seaworthiness and time of

Assurbanipal saquea a Tebas. — Un imperio que se extiende desde el Nilo

hasta el Golfo Pérsico. — El "grande y famoso Asnafar." — Cazador de caza mayor con arco y flechas. — La potente Asiria se extingue. — En la tenaza formada por dos potencias. — Medos y caldeos se arman. — Hordas de escitas en Palestina. — La ciudad de Nínive es tomada. — En el "Fértil Creciente" se respira. — Fallo en la Biblia. — Descubrimiento del arqueólogo Gadd en Londres. — El príncipe heredero de Nabucodonosor de Babilonia.

¿ERES TU MEJOR QUE NO-AMÓN. ASENTADA ENTRE LOS CANALES DEL NILO?.. ETIOPÍA, COMO EGIPTO, ERA SU FUERZA SIN LÍMITES... MÁS TAMBIÉN ELLA MARCHÓ PRISIONERA. TAMBIÉN SUS NIÑOS FUERON ESTRELLADOS (Na. 3:8-10).

En el año 663 antes de J.C. tuvieron los asirios el mayor triunfo de toda su historia. El rey Assurbanipal conquistó No-Amón, la capital del Alto Egipto, que, según Homero, era la ciudad de las cien puertas, considerada hasta entonces como inexpugnable y designada por los griegos con el nombre de Tebas. Fue un suceso que causó gran sensación en el mundo del Antiguo Oriente, en el "Fértil Creciente," hasta en la propia Grecia. Los asirios saquearon la metrópoli, cuyos templos contenían inmensos tesoros. "Conquisté toda la ciudad... plata, oro, piedras preciosas, toda la riqueza de sus palacios, magníficas vestiduras, lino, preciosos corceles, esclavos y esclavas, dos grandes obeliscos de brillante bronce con un peso de 2.500 talentos; las puertas del templo las saqué de su lugar y las hice trasladar a Asiria. Fue inmenso el botín de incalculable valor que me llevé de Tebas," dice con entusiasmo Assurbanipal.

Las máquinas de guerra asirias hicieron tabla rasa de los célebres templos de junto al Nilo. Excavaciones realizadas confirman completamente la catástrofe mencionada por el profeta Nahum y por el propio conquistador. La Metrópoli del Alto Egipto no se rehizo ya más de tan rudo golpe.

Después de esta campaña de conquistas, el mundo de entonces cayó a los pies de los asirios. Desde el curso superior del Nilo hasta las montañas de Armenia y la desembocadura del Éufrates todos los pueblos estaban sometidos y los estados reducidos a la condición de vasallos.

Apenas había escalado Asiria el pináculo de su gloria, el poderío del Imperio empezó a decaer. Assurbanipal no es ya un conquistador ni un guerrero de la talla de su padre Asaradón, sin hablar de su abuelo Senaquerib. Assurbanipal, el "grande y célebre Asnafar" (Esdr. 4:10), tiene ya otras aficiones.

Después de una larga serie de tiranos manchados de sangre, a este asirio se le debe un inapreciable servicio: hizo copiar las grandes obras de la Literatura acádica, a la cual pertenece la epopeya babilónica de la creación del mundo; hizo confeccionar diccionarios y gramáticas de las diferentes lenguas habladas en su enorme imperio. La biblioteca de Nínive, fundada por él, es la mayor y más importante del Antiguo Oriente. Sin esta preciosa colección, la Humanidad sería muchísimo más pobre en conocimientos sobre el modo de pensar y sobre la poesía de los primeros tiempos del "Fértil Creciente."

No por esto había quedado suavizado el salvajismo en este último vástago de la importante generación de monarcas asirios. Además del arte y de la literatura, siente también pasión por la caza. Assurbanipal se dedica a la caza mayor en el verdadero sentido de la palabra y los actuales aficionados a esta ocupación difícilmente hubiesen podido estar a su lado. Este cazador de fieras de la Antigüedad no se acercaba a ellas ni en avión ni en "jeeps" acorazados que corren a la velocidad de 100 kilómetros por hora, ni poseía carabinas con prismáticos acoplados que permiten disparar desde una segura distancia, donde no amenazan ni zarpazos ni mordiscos. En los maravillosos bajos relieves que adornaban sus palacios junto al Tigris están representadas a lo vivo las escenas de sus partidas de caza y en ellas se le ve en un carro de dos ruedas, especial para la cacería, o bien montado a caballo con el arco y las flechas y con el venablo, con los cuales cazó "30 elefantes, 257 fieras, 370 leones," según reza en los textos cuneiformes dedicados a Assurbanipal.

FIG. 59.

"¡Ay de la ciudad sanguinaria, toda ella mentira, llena de violencia!.. Allí yacen multitud de víctimas y muchedumbre de muertos, infinidad de cadáveres" (Na. 3:1-3).

Así anuncia el profeta Nahum el fin de Nínive, el fin de un imperio de tiranía secular y sangrienta.

Con la muerte de Assurbanipal 1 se precipita el derrumbamiento. Las nuevas grandes potencias de los indoarios y de los semitas tienen sujeta la colosal estructura, la atenazan, la estrujan y se reparten entre sí el enorme botín.

Al Nordeste había surgido, en las montañas del Irán, el reino de los medos. Allí "la soberanía le correspondió a Ciajares — escribe Heródoto—, quien reunía bajo su mando a toda el Asia situada más allá del Halis. Ahora reunió a todos cuantos dominaba y salió contra Nínive para tomar esta ciudad."

Al sudeste del País de los Dos Ríos estaba el segundo enemigo de cuidado para Asiria Desde el borde de la tierra de cultivo, al sur de la desembocadura del Éufrates, donde se hallaba también situada Ur de Caldea, habían penetrado tribus semíticas aportando nuevas fuerzas al antiguo reino que rodeaba a Babilonia. Caldeos era su nombre. Merodak-Baladán, que, un siglo antes, dio ya tanto que hablar y tanto le dio que hacer a Asur, había sido uno de los suyos.

Entre tanto sus paisanos, en oleadas siempre renovadas, consiguieron cruzar todo el país. En el año 625 antes de J.C., un caldeo conquistó para sí la soberanía sobre el sur de Mesopotamia. Nabopolasar es elevado a la dignidad real, siendo el fundador del nuevo reino de Babilonia. También para los caldeos la derrota de Asiria constituye el único objetivo.

Al tiempo que, en el Norte y en el Sur, las dos potencias están al acecho para asestar a Asiria el golpe de muerte, sale de las tierras del Cáucaso una horda que penetra en el "Fértil Creciente," atraviesa el país de los medos e invade el reino asirio. Eran los

escitas. Saqueándolo y quemándolo todo, después de atravesar Mesopotamia pasaron a Palestina y llegaron a las fronteras de Egipto.

A través de la llanura de la costa, junto al Mediterráneo, pasa la horda irrefrenable de los jinetes escitas. Los rumores más angustiosos y horribles les precedían. Los habitantes de Judá los deben de haber visto desde sus montañas; el profeta Sofonías adivina lo que va a suceder: "Pues Gaza será desamparada y Asquelón asolada; a

Asdod la desterrarán al Mediodía y Accarón será destruida de raíz... Por la tarde se echarán a dormir en las casas de Asquelón..." (Sof. 2:4-7).

"Se dirigieron sobre Egipto — cuenta Heródoto — y cuando estaban en Palestina les salió al encuentro Psamético 2, rey de Egipto, y con regalos y ruegos les hizo desistir de seguir adelante. Y cuando, en su viaje de regreso, los escitas estaban en la ciudad de Asquelón, algunos de ellos, que se habían retrasado, saquearon el santuario de Afrodita Urania. Pero a los escitas que habían saqueado el santuario de Asquelón, así como a su descendencia, la diosa los castigó ton una enfermedad venérea."

Al cabo de un decenio, el tropel ha pasado como una mala pesadilla.

En Palestina el recuerdo de los escitas quedó en el nombre de una ciudad. La antigua Betsean quedó convertida en Escitópolis.

Entonces los medos y los neobabilonios, por dos flancos, desde el Norte y el Sur, se dirigieron contra los asirios. Asur, la poderosa ciudad y fortaleza de junto al Tigris, cae en el año 614 antes de J.C. Fue la primera plaza conquistada. "El rey de Babilonia y su ejército, que habían salido para ayudar a los medos, no llegaron a su debido tiempo a la batalla. El rey de Babilonia y Ciajares 3 llegaron a tiempo sólo para presenciar la ruina de la ciudad — se dice en una de las crónicas de la nueva Babilonia — e hicieron un pacto de amistad y de adhesión... El botín que hicieron en la ciudad fue grande, inmenso, transformándola en un montón de ruinas.);

En el año 612 antes de J.C. los medos y los neobabilonios coligados llegaron a la meta de sus objetivos: después de una "terrible lucha fue tomada la ciudad."

¡Nínive cayó víctima de la destrucción!

"Luego extenderá Yahvé su mano contra el Norte y destruirá Asiria y convertirá a Nínive en una desolación, un lugar árido cual el desierto," había dicho el profeta

Sofonías (Sof. 2:13), y así sucedió, en efecto. Destruida y quemada yacía, pues, Nínive, la central de donde salieron las órdenes que habían llenado el Viejo Mundo de terror y lágrimas durante varios siglos de expediciones guerreras y de ocupaciones, con tormentos, terror y deportaciones en masa.

El "Fértil Creciente" respiró libremente. Los pueblos atormentados estaban ahora jubilosos y surgía una nueva esperanza.

Lo propio sucedía en Judá.

Ya cuando, después de la muerte de Assurbanipal, el odiado coloso asirio se vio sacudido por el temblor de la impotencia, el rey Josías 4 suprimió en Jerusalén el culto

extranjero del estado. Esto representó algo más que un acto de mera resistencia religiosa. Significaba claramente la negativa a seguir en el estado de vasallaje cuyo símbolo eran los dioses importados de Nínive. Con estas deidades, cuyo culto les había sido impuesto, "hizo desaparecer Josías a los evocadores de los espíritus y a los

adivinos, a los ídolos y abominar dones" de Mesopotamia (2 Re. 23:24). También

suprimió el culto de Canaán (2 Re. 23:7).

Las reformas de Josías dieron un nuevo impulso a la vida religiosa y nacional del pueblo que, al conocer la caída de Nínive, estaba lleno de júbilo.

En forma enteramente inesperada ocurrió entonces un suceso que, de nuevo, amenazó con destruirlo todo. "En sus días el faraón Necao, rey de Egipto, subió hacia el

soberano de Asiria, en dirección al río Éufrates; el rey Josías partió a su encuentro; mas luego que aquél le vio lo mató en Meguiddo" (2 Re. 23:29). Este texto de la Biblia

es casi un ejemplo clásico de como tan sólo una palabra puede cambiar el sentido de un comunicado. En efecto, la palabra contra, utilizada erróneamente hace aparecer a Josías como defensor del odiado tirano. En algún otro lugar también fue mal empleada. En realidad, el faraón Necao iba a Asiria para ayudarla, es decir, iba "hacia" allí, no "contra." Sólo debido a un hallazgo casual advirtió el asiriólogo S. I. Gadd este "lapsus linguæ."

Enteramente distinto de todo patrón arquelógico fue el lugar del hallazgo: un museo. Gadd tradujo en 1923, en el Museo Británico de Londres, un fragmento de escritura cuneiforme, muy deteriorado, que hacía años había hallado en las excavaciones practicadas en el País de los Dos Ríos.

Decía lo siguiente: "En el mes Du'uz (junio-julio) 5 el rey de Asiria se procuró un gran ejército egipcio y fue contra Harran para conquistarlo... Hasta el mes Ulul (agosto- septiembre) luchó contra la ciudad, pero no lo consiguió."

El "gran ejército egipcio" era el formado por las fuerzas combativas del faraón Necao. Después de la caída de Nínive, los restos del ejército asirio se habían replegado hacia el norte de Mesopotamia. Su rey abrigaba el arriesgado propósito de reconquistar desde allí el terreno perdido. Por esto había volado, para ayudarle, el faraón Necao. Pero cuando, al cabo de dos meses de lucha, se vio que ni siquiera podía tomar la ciudad de Harran, se retiró.

La aparición de tropas egipcias en Palestina decidió al rey Josías a impedir, costase lo que costase, la ayuda armada que los egipcios pretendían prestar a los aborrecidos asirios. Así se llegó a la marcha de las pequeñas fuerzas de combate que disponían los judíos contra el ejército egipcio, muy superior en número y que tan trágicamente terminó en Meguiddo. "Necao — dice Heródoto — venció también a los sirios 6 en un encuentro que tuvieron por tierra junto a Magdolus" 7.

En su camino de regreso a Egipto el faraón Necao se declara Señor de Siria y de Palestina. En Judá da una prueba para que no haya lugar a dudas sobre de quién depende ahora el país. Joacaz, hijo y sucesor de Josías, es despojado de la dignidad real y llevado al Nilo en calidad de prisionero (2 Re. 23:31-34). Y Necao puso en el trono a

otro hijo de Josías, Elyaquim, y le cambió el nombre poniéndole el de Joaquim (2 Re. 23:24).

Los egiptólogos por ahora no pueden mostrar ningún himno triunfal sobre el faraón Necao. "El vestido en el cual realizó todas estas hazañas — supo Heródoto un siglo y medio después por los sacerdotes egipcios —· lo había entregado al templo de Apolo en Mileto, en agradecimiento a la participación de los soldados griegos en la expedición. En el país conquistado sólo dejó una estela. Ésta lleva su nombre en caracteres jeroglíficos. Sus fragmentos permanecieron en Sidón.

Cuatro años más tarde, en el año 605 antes de J.C. el sueño de Necao relativo a su dominación sobre Asiria, como sus antecesores la denominaban, se había desvanecido. Más aún: mientras él seguía cobrando tributos en Palestina, se había decidido ya sobre su "Conquista" en otros lugares. Después de la común victoria, los medos y los neobabilonios se habían repartido el reino de Asiria. Los medos se anexionaron la parte Norte y Nordeste; Babilonia, el Sur y el Sudoeste. Debido a ello, Siria y Palestina cayeron en poder del rey Nabopolasar. Entretando envejecido y fatigado por las rudas tareas, mandó a su hijo Nabucodonosor para tomar posesión de las nuevas tierras. Necao emprendió una contraofensiva, pero fracasó por completo. En Karkemisch, en el mismo sitio donde cuatro años antes el último rey de Asiria había querido resistir, fue completamente derrotado en el célebre paso del Éufrates desde Mesopotamia al norte de Siria (Jer. 46:2).

Como un fugitivo regresó Necao a través de Palestina, abrumado por las burlas y escarnios del profeta Jeremías: "El Faraón rey de Egipto yace en tierra! ¡Ha

abandonado su tienda!.. Su voz es como silbido de serpiente que marcha..." (Jer. 46:17-

22).

Después de la vergonzosa huida, Judá ya no volvió a ver jamás a Necao. "El rey de

Egipto no salió ya más de su tierra, pues el monarca de Babilonia se había apoderado de todo lo que antes perteneciera al soberano egipcio, desde el torrente de Egipto hasta el Éufrates" (2 Re. 24:7).

El príncipe heredero de Caldea no pudo aprovecharse por completo de su victoria en Karkemisch. Como durante el curso de la batalla recibió la noticia de la muerte de su padre, tuvo que regresar a Babilonia. Después de asumir Nabucodonosor 8 la sucesión al trono, los importantes asuntos de su reinado le mantuvieron fijo en su país. Así fue como Judá se libró, entre tanto, de una nueva ocupación; fue abandonada a sí misma. Lo que sucedió en Judá al finalizar el siglo VI, nos faltan informes contemporáneos.La Biblia no hace tampoco mención clara, por ejemplo, de cuándo los caldeos aparecieron por primera vez en el país y a quiénes exigieron tributos. Los nuevos reyes de Babilonia no dejaron, al igual que sus antecesores los asirios, anales detallados. Las inscripciones que de aquella época se han conservado, se refieren a hechos históricos.

** ** **

2. Psamétiro I. 663-609 antes de J.C. 3. Rey de los medos.

4. 639-609 antes de J.C. 5. 609 antes de J.C. 6. Judá. 7. Meguiddo. 8. 605-563 antes de J.C.