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Day 1 09.00 – 09.30 Opening Session

2.4 Check Phase

Cuando Obama reformula con acierto el diálogo para subrayar los puntos comunes en lugar de las diferencias, se concentra en aspectos clave como sueños y valores compartidos. Veamos el ejemplo siguiente:

Finalmente, emprendí viaje a esta pequeña aldea de Kenia y pregunté a mi abuela si quedaba allí alguna cosa de mi padre. Ella abrió un baúl y saco un fajo de cartas que me entregó.

Había más de treinta cartas, todas escritas a mano por mi padre, todas dirigidas a facultades y universidades de toda América, todas cumplimentadas con la esperanza de un joven que soñaba con una vida mejor. Y su plegaria obtuvo respuesta cuando fue convocado para estudiar en este país.vi [Énfasis indicados.]

En estos comentarios, Obama concentra su atención en la esperanza de un hombre joven y en las plegarias que obtuvieron respuesta, aspectos con los que el americano medio se puede identificar. Los aspectos de la vida de su padre que podrían servir para separar a Obama de la mayoría de americanos—la cabaña y Kenia—se desvanecen en nuestra mente a medida que Obama dirige nuestra

atención hacia el campo de los intereses comunes. Los líderes en potencia pueden aprender mucho de esto. Cuando prepare charlas o conferencias tenga presente lo siguiente: ¿Qué elementos de interés común puede usted destacar para establecer unos fuertes lazos con su audiencia? ¿Cómo se puede dirigir la atención hábilmente hacia aquellas áreas de interés común en lugar de mantener a la audiencia focalizada en elementos que dividan?

También podemos aprender mucho de la habilidad de Obama para establecer puntos en común entre grupos de personas diferentes cuando observamos como huye de las tradicionales divisiones sociales—clase social, raza, etnicidad, región y religión—y se focaliza en los valores y sueños compartidos. El 18 de marzo de 2004, el New York Times citaba a Obama, cuando dijo: «Tengo un nombre poco corriente y unos antecedentes exóticos, pero mis valores son esencialmente americanos».vii Obama promociona este tema con energía y utiliza

los valores compartidos—como, por ejemplo, una ética de trabajo sólida, creencia en el sueño americano y deseo de educación y formación—como la base para identificarse con una amplia base de la población americana. Veamos a continuación los comentarios efectuados en el almuerzo anual de la Associated Press en Washington, DC, en abril de 2008:

No importa si son demócratas o republicanos; si proceden de los pueblos más pequeños o de las ciudades más grandes; si son o no son cazadores; si van a la iglesia, templo o mezquita, o no van. Nosotros podemos venir de diferentes lugares y tener diferentes historias, pero compartimos esperanzas comunes y un único sueño americano.

Éste es el sueño que quiero ayudar a restablecer en estas elecciones. Si tengo la oportunidad, de eso es de lo que hablaré desde ahora hasta noviembre. Ésta es la alternativa que ofreceré al pueblo americano: cuatro años más de lo que hemos tenido durante los últimos ocho, o un cambio fundamental en Washington.

La gente puede estar resentida con nuestros líderes y la situación actual de la política, pero por encima de esto son optimistas sobre lo que es posible en América. Ésa es la razón de que salgan de sus casas en su día libre o de sus trabajos después de una larga jornada laboral, y viajen—a veces varios kilómetros, a veces con un frío glacial—para asistir a un mitin o a una reunión en el Ayuntamiento dirigida por la senadora Clinton, o por el senador McCain, o por mí. Porque ellos creen que podemos cambiar las cosas. Porque creen en ese sueño.

madre soltera con la ayuda de mis abuelos, que crecieron en una pequeña ciudad de Kansas, fueron a la escuela gracias a la Ley del Soldado y compraron su casa a través de un préstamo de la Dirección Federal de la Vivienda. Mi madre tuvo que recurrir en una ocasión a los cupones canjeables por comida de la asistencia pública, pero a pesar de todo consiguió, gracias a las becas, que dispusiera de la oportunidad de ir a las mejores escuelas. Mi madre me ayudó a entrar en algunas de las mejores universidades y me concedió préstamos que Michelle y yo terminamos de pagar no hace muchos años.

En otras palabras, mi historia es una historia prototípicamente americana. Es la misma historia que ha hecho de este país un faro para el mundo, una historia de lucha y sacrificio por parte de mis antepasados y una historia de superación de grandes adversidades. Llevo esta historia conmigo todos y cada uno de los días de mi vida. Es la razón de que me levante cada día y haga esto, y es la razón de que siga manteniendo tal esperanza en el futuro de un país donde los sueños de sus moradores siempre han sido posibles.viii

En los comentarios precedentes, Obama se une firmemente otra vez con los miembros de la audiencia diversa a la que se está dirigiendo cuando atrae la atención hacia su sueño americano compartido. Igualmente, en el ejemplo siguiente, Obama consolida los lazos con grupos americanos diversos cuando describe la búsqueda del sueño americano por parte de su familia y su compromiso con valores loables: trabajo duro y entrega.

Éste es el país que concedió a mi abuelo la oportunidad de ir a la universidad gracias a la Ley del Soldado cuando regresó a casa después de la Segunda Guerra Mundial; un país que concedió a mi abuelo y a mi abuela la oportunidad de comprar su primera casa gracias a un préstamo del gobierno.

Éste es el país que hizo posible que mi madre, una madre soltera que había tenido que recurrir una vez a los cupones canjeables por comida de la asistencia pública, enviara a mi hermana y a mí a las mejores escuelas del país con la ayuda de becas.

Éste es el país que posibilitó que mi suegro—un obrero de la planta de filtración de agua del South Side—mantuviera a su esposa y a dos hijos con un solo salario. Se le diagnosticó esclerosis múltiple a los treinta años y dependía de un andador para poder trabajar. Y, sin embargo fue a trabajar cada día y envió a mi esposa y a su hermano a una de las mejores universidades del país. Era un empleo que no sólo le proporcionaba un sueldo, sino también sentido de la dignidad y de

la propia valía. Era una América que no recompensaba tan sólo la riqueza, sino también el trabajo y a los trabajadores que la creaban.ix

Tal como observaba el comentarista político Jamal Simmons el 3 de junio de 2008,x Obama había tenido éxito en presentar la historia de su vida como «una

historia exclusivamente americana [...] Al igual que la historia de Bill Clinton, la historia de Ronald Reagan, la historia de Harry Truman». El New York Times coincidía en esta apreciación el 28 de julio de 2004, al indicar que Obama cuenta «una historia americana clásica de inmigración, esperanza, esfuerzo y oportunidad». Dadas sus excelentes prácticas de comunicación, Obama ha reflejado la historia de su vida como la de un americano de origen humilde que se abrió camino hasta lograr un éxito extraordinario. Esto le ha ayudado a conectar con las audiencias; la historia de su vida se contempla como una historia clásica que ha ganado para Obama la simpatía de millones de americanos.

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