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Was the checking system done by the parent-monitors reliable in order to facilitate

6 RESEARCH FINDINGS

6.1 Was the checking system done by the parent-monitors reliable in order to facilitate

A manera de explorar otra perspectiva de la Paleografía conectada a la academia, examinamos tres manuales elaborados por colombianos y que han aparecido en el contexto de la enseñanza universitaria.

No ha existido tradición en nuestro país de publicación de manuales de Paleografía. En 1996 Eduardo Londoño todavía señalaba los manuales de Millares Carlo (Álbum de Paleografía

Hispanoamericana de los siglos XVI y XVII), Jorge Garcés (Paleografía diplomática española y sus peculiaridades en América), Vicenta Cortés (La escritura y lo escrito. Paleografía y Diplomática de España y América en los siglos XVI y XVII), y Antonio José

González Antias y Guillermo Durand González (Paleografía práctica: Su aplicación en el

estudio de los documentos históricos venezolanos) como “los más recomendables para el investigador colombiano”79. Es decir, trabajos escritos por españoles, venezolanos y un

y uso: Ideas básicas de Paleografía (1973) del profesor del Departamento de Historia de la Universidad del Valle Francisco Zuluaga; el Manual de Paleografía (1996) de la profesora María Mercedes Ladrón de Guevara, libro coeditado por la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá y el Archivo General de la Nación; y por último el Manual de Paleografía y

Diplomática hispanoamericana, siglos XVI, XVII y XVIII (2001) de la historiadora de la

Universidad del Valle Natalia Silva Prada, profesora de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, institución esta que publica dicho manual80.

El propósito de esta revisión es identificar la orientación u orientaciones dadas a los manuales, a saber, si es meramente técnica en línea con las concepciones paleográfias tradicionales o si además de las herramientas prácticas incorpora perspectivas que conecten el aprendizaje del estudiante con la historia de la cultura escrita. Con una diferencia de más de dos décadas entre el manual de Zuluaga y el de Ladrón de Guevara; y con sólo cinco años entre este último y el de Silva Prada, marcamos las diferencias y la evolución discursiva que se dan entre ellos.

Las Ideas básicas de Zuluaga se autocalifica como un trabajo “transitorio” y no como un

estudio acabado, que pretende llenar el vacio bibliográfico existente sobre la materia81. Pareciera pues que nacía de una necesidad urgente de contar con una guía de trabajo para iniciados en la disciplina. No se encuentra el mismo sentido de urgencia en los otros dos manuales, aunque por supuesto responden, como el primero, a la necesidad de equipar al estudiante de los más elementales conceptos teórico-prácticos. El manual de Ladrón de Guevara dedica un capítulo a mostrar la estructura interna del Archivo General de la Nación, aunque sin reseñar su evolución histórica de una manera articulada a como podemos encontrar los fondos que lo integran; el de Silva Prada organiza su contenido en sesiones, a modo de guía de curso y adjunta un grupo de breves e interesantes lecturas de distintos autores que versan sobre la materia. En este sentido es justo establecer que, por causa del momento en que fue elaborado (1973) como por un menor interés en entregar un trabajo

“acabado” a cambio de responder rápidamente a una demanda pedagógica, el libro de

80ZULUAGA, Francisco. Ideas básicas de paleografía. Cali: Universidad del Valle, 1973; LADRÓN DE GUEVARA,

María Mercedes. Manual de paleografía. Bogotá: Centro Editorial Javeriano (CEJA) y Archivo General de la Nación, 1996; y SILVA PRADA, op. cit.

Zuluaga no puede ser evaluado con idénticos criterios a los aplicados sobre los otros dos trabajos. El Manual de Paleografía y el Manual de Paleografía y Diplomática

hispanoamericana fueron publicados con una corta de diferencia de tiempo en momentos en

que ya las nuevas miradas de la historia cultural ganaban un espacio visible al interior de las ciencias sociales en el contexto latinoamericano, por lo que esperaríamos de ellos la incorporación de nuevos conceptos y una mayor apertura disciplinar.

Comparemos las definiciones que estos autores dan a la palabra Paleografía. Zuluaga afirma

que es “la disciplina que estudia el origen y desarrollo de la escritura y la lectura, y la crítica de los escritos de épocas antiguas”82; Ladrón de Guevara dice que “es el arte de descifrar las escrituras y signos antiguos de un idioma”83; y Silva Prada la define como la “disciplina que se ocupa del estudio de las escrituras antiguas” que “permite leer ytranscribir correctamente

los documentos manuscritos”84. Zuluaga y Ladrón de Guevara son concluyentes en sus definiciones, y continúan su exposición con la explicación de las distintos tipos en que se divide la Paleografía. Ladrón de Guevara, en continuidad con la tradición positivista heredada de los manuales españoles divide la Paleografía en: diplomática, bibliográfica, numismática y epigráfica, según el soporte de escritura; y en primitiva, romana, gótica, galicana o francesa y española, según su datación cronológica. Zuluaga hace una clasificación más compleja, por un lado sitúa la Paleografía general y la Paleografía especial, que atienden a la diversidad de soportes escriturarios; y por otro a la Paleografía genética y la Paleografía práctica, que atienden a las distintas finalidades de su estudio85. En este punto confirma la vocación eminentemente práctica de su trabajo al señalar que centrará su atención en la Paleografía práctica, abandonando otro tipo de consideraciones en torno a la conceptualización y ejercicio paleográfico. Silva Prada acoge la clasificación hecha por Ladrón de Guevara según el soporte escriturario pero, a diferencia de ella, reconoce que la

entendiéndola como algo más que una simple disciplina auxiliar86. De su manual dice que

“busca estimular a los estudiantes sobre una materia que va más allá del simple aprendizaje

de la lectura de escrituras antiguas y que se conecta con los problemas de la historia de la

cultura y de la sociedad en general”87.

En cuanto al material práctico como láminas de documentos originales, normas de transcripción y guías de tipos de letras los tres manuales insertan una documentación desigual. El trabajo de Zuluaga nos ofrece un abecedario con ejemplos de grafías de todas las letras y un listado de abreviaturas; adjunta dos apéndices (gráfico y de transcripciones) con veintisiete figuras o láminas y sus respectivas interpretaciones o transcripciones. El libro de Ladrón de Guevara dedica un capítulo a las normas de transcripción de documentos históricos y otro en el que adjunta trece documentos coloniales manuscritos, a modo de ejercicios junto a un listado de diversos tipos de escritura de abreviaturas y letras. El trabajo de Silva Prada es sin duda el más completo de los tres dedicando la última de sus tres partes (Cuadernillo de ejercicios y documentos) a explicar detalladamente los tipos de letras, abreviaturas y números, así como las distintas tipologías documentales. Sin embargo los tres trabajos adolecen de una importante falencia: no se encuentra en ellos un sólo comentario paleográfico ni diplomático, ni ninguna orientación para elaborarlos; impidiendo que los aprendices accedan mediante la herramienta fundamental del comentario a la comprensión de los más importantes rasgos estructurales, caligráficos, ortográficos, morfológicos, lingüísticos y semánticos o simplemente al más elemental instrumento descriptivo de un documento dado. Por su carácter global y sintético el comentario paleográfico representa la culminación del ejercicio riguroso de lectura, transcripción y comprensión del documento antiguo, así como una manera sencilla y rápida de conocer su contenido y rasgos sobresalientes, permitiendo contextualizar un documento en el conjunto de una masa documental producida en un tiempo y lugar específicos. La ausencia de su referencia en estos manuales constituye un vació inexplicable.

Desde una necesaria práctica paleográfica en los archivos colombianos, el trabajo por recorrer en la elaboración de manuales de Paleografía con una metodología clara de

86SILVA PRADA, op. cit., p. 18. 87Ibíd., p. 13.

transcripción y análisis documental apenas está en ciernes. Se echan de menos manuales orientativos que miren la Paleografía no desde sus consideraciones como ciencia auxiliar, sino desde una perspectiva que enmarque el documento en su contexto histórico de creación, desde su génesis documental hasta el depósito donde acabará conservado.