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In document Afterschool Matters Fall 2018 (Page 30-32)

La Última Cena es una ceremonia mágica de inmenso poder. Algo muy similar a la arcaica ceremonia de la Hermandad de la Sangre. La tradición de esta hermandad dice que, si dos o más personas mezclan su sangre entre una copa y luego beben de ella, quedan hermanados eternamente por la sangre. Los vehículos astrales de estas personas se asocian entonces íntimamente para toda la eternidad. El pueblo hebreo atribuye a la sangre características de un tipo muy especial. La Última Cena fue una ceremonia de sangre. Los apóstoles trajeron cada uno entre su copa gotas de su propia sangre y vaciaron estas gotas entre el cáliz del Cristo Jesús. En ese cáliz el Adorable había echado también su sangre real. Así, en el Santo Grial, se mezcló la sangre del Cristo Jesús con la sangre de sus discípulos.

Cuenta la tradición que Jesús también les dio a comer a sus discípulos partículas infinitesimales de su propia carne.

“Y tomando el pan, habiendo dado gracias, lo partió y les dio diciendo: Éste es mi cuerpo, que por vosotros es dado. Haced esto en memoria de Mí. Asímismo también el vaso, después que hubo cenado diciendo: Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lc. 22:19-20).

Así se firmó el pacto. Todo pacto se firma con sangre. El astral del Cristo Jesús quedó asociado, unido a sus discípulos y a toda la humanidad por el pacto de sangre. El Adorable es el Salvador del mundo. Esta ceremonia de sangre es tan antigua como el Infinito. Todos los grandes avataras la han verificado desde los antiguos tiempos. El

Gran Señor de la Atlántida también realizó la Última Cena con sus discípulos.

Esta ceremonia de sangre no fue improvisada por el Divino Maestro. Esta es una ceremonia arcaica, antiquísima, la ceremonia de sangre de los grandes avataras.

Toda Unción Gnóstica, sea cualquiera el culto o creencia, secta o religión, está asociada, unida íntimamente a la Última Cena del Adorable por el pacto de sangre. La Santa Iglesia Gnóstica Cristiana Primitiva, a la cual nosotros tenemos la dicha de pertenecer, conserva en secreto los rituales primitivos que usaron los apóstoles. Estos fueron los rituales de los cristianos que se reunieron en las catacumbas de Roma durante la época del César Nerón. Éstos son los rituales de los esenios, casta humilde de grandes iniciados entre los que se contaba el Cristo Jesús. Éstos son los rituales primitivos de los antiguos cristianos.

Estos rituales tienen el poder. En ellos se halla contenida toda nuestra ciencia secreta del Gran Arcano. Cuando ritualizamos, vocalizamos ciertos mantrams que tienen el poder de sublimar la energía sexual hasta el corazón. En el templo corazón vive el Cristo Interno. Cuando las energías sexuales se subliman al corazón, tienen entonces la inmensa dicha de mezclarse con las fuerzas del Cristo Interno, para poder entrar en los mundos superiores. Nuestros rituales se repiten en todos los siete grandes planos cósmicos. La ceremonia ritual establece un canal secreto desde la región física, pasando por todos los siete grandes planos, hasta el mundo del Logos Solar. Los átomos crísticos del Logos Solar descienden por ese canal y entonces se acumulan en el pan y en el vino. Así es cómo realmente el pan y el vino, por obra de la transubstanciación, se convierten en la carne y en la sangre del Cristo. Al comer el pan y al beber el vino, los átomos crísticos se difunden por todo nuestro organismo, y pasan a los cuerpos internos para despertarnos los poderes de la naturaleza solar.

Los apóstoles bebieron sangre del Cristo y comieron carne del Cristo.

Las Fuerzas Sexuales y el Ritual

En «La zarza de Horeb» del doctor Adoum (Mago Jefa), hemos hallado una descripción de la misa negra de la época medieval. El doctor Adoum transcribe el párrafo tomado de la obra de Huysmans. Es tan interesante esta descripción, que nosotros no podemos dejar de hacerla conocer a nuestros lectores. Veamos:

“Por regla general oficiaba un sacerdote. Se desnudaba por completo, poniéndose después una casulla ordinaria. Sobre el altar se hallaba tendida una mujer desnuda, usualmente la demandatriz.

Dos mujeres desnudas hacían de monaguillos; a veces se empleaban adolescentes, las cuales habían de estar desnudas necesariamente. Los que asistían al acto se vestían o desnudaban según el capricho del momento. El sacerdote llevaba a cabo todos los ejercicios del ritual, y los asistentes acompañaban esta representación con cualquier gesto obsceno. La atmósfera se cargaba más y más; el ambiente se hacía fluídico en grado sumo. Todo concurría a ello, por cierto: el silencio, la oscuridad y el recogimiento. El fluido era atractivo, es decir ponía a los asistentes en contacto con los elementales. Si durante esta ceremonia la mujer tendida sobre el altar concentraba su pensamiento en un deseo, no era raro que se produjese una transmisión absolutamente real, transmisión que convertía a aquel que era objeto de ella, en verdadera obsesión. El fin se había conseguido. Aquel día o durante los días siguientes se observaba la realización del fenómeno y se le atribuía a la bondad de Satanás. Sin embargo, este ambiente fluídico tenía siempre un inconveniente: exasperar los nervios, y se producía en algún miembro de la asamblea una crisis histérica que a veces llegaba a ser colectiva.

No era raro ver, en un momento dado, a las mujeres enloquecidas arrancándose los vestidos y a los hombres entregarse a gestos desordenados. Pronto incluso caían dos o tres mujeres al suelo presas de violentas convulsiones. Eran simples médiums que entraban en trance. Se decía que estaban poseídas y todos se mostraban satisfechos”.

Hasta aquí el relato de Huysmans trascrito por el doctor Adoum. Por este relato podemos darnos cuenta de cómo se ha abusado de los rituales y de las fuerzas sexuales para actos de terrible maldad. Es claro que durante un ritual de estos, el estado de superexcitación nerviosa de tipo absolutamente sexual y pasionario, determina violentamente cierto género de fuerza mental saturada de energía creadora. El resultado de semejante ritual es el fenómeno mágico.

Todo ritual se halla relacionado con la sangre y con el semen. El ritual es una espada de dos filos. A los puros y virtuosos los defiende y da vida. A los tenebrosos e impuros los hiere y destruye. El ritual es más poderoso que la dinamita y que el cuchillo.

En el ritual se manejan las fuerzas nucleares. La energía atómica es una dádiva de Dios. Lo mismo puede sanar que matar. Todo templo dentro del cual se celebre la Santa Unción Gnóstica es, de hecho y por ese motivo, una planta de energía atómica.

En la Atlántida, los magos negros utilizaban también rituales semejantes combinados con las fuerzas sexuales. El resultado de aquellos abusos fue el hundimiento de aquel continente que llegó a un altísimo grado de civilización.

Las fuerzas sexuales se hallan íntimamente relacionadas con los cuatro elementos de la Naturaleza. Todo ritual negro, toda misa negra, tiene sus coordenadas fatales en la Naturaleza. Ahora nos explicamos cuáles fueron las causas del hundimiento de la Atlántida. La fuerza sexual es como la electricidad. Se halla difundida por todas partes. Es una fuerza que reside en los electrones. Esa fuerza fluye en el núcleo de cada átomo, y en el centro de cada nebulosa. Sin esa fuerza no existirían los mundos del espacio infinito. Ésa es la energía creadora del Tercer

Logos. Con esa fuerza trabajan los magos blancos y los magos negros. Los magos blancos trabajan con los rituales blancos. Los magos negros con los rituales negros. La Última Cena del Adorable Salvador del mundo tiene una tradición arcaica y antiquísima que se pierde en la noche de los siglos. La misa negra y todas esas ceremonias negras de los tenebrosos devienen de un pasado lunar muy antiguo. En todas las épocas han existido dos rituales: uno de luz, otro de tinieblas. El ritual es magia práctica. Los magos negros odian mortalmente la Santa Eucaristía. Los magos de las tinieblas justifican su odio a los rituales del pan y del vino de las más diversas maneras. Algunas veces dan a los evangelios las más caprichosas interpretaciones de su fantasía. Su propio subconsciente los traiciona. Tratan de acabar con la Última Cena de alguna manera. Odian la Última Cena del Adorable. Nuestros discípulos deben estar alertas y vigilantes contra esta clase de sujetos peligrosos. Todo aquel que odie los rituales de la Última Cena es mago negro. Todo aquel que rechaza el pan y el vino de la Santa Unción Gnóstica, rechaza de hecho la carne y la sangre del Cristo. Esa clase de gentes son magos negros.

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