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2.1 Chapter Overview

2.2.1 Choosing Interpretative Phenomenological Analysis

«Ya viene la noche. Golpean rayos de luna sobre el yunque de la tarde Ya viene la noche».

Federico García Lorca

La industria farmacéutica es, en términos económicos y de rentabilidad social, una de las más importantes del mundo. Tal vez hoy tendríamos que hablar del término unívoco de «industrias farmacéuticas»; de medicamentos de fabricación industrial de uso humano, de uso veterinario, de genéricos, de autoconsumo de materias primas, de diseño de fármacos, etc.

La crisis económica y financiera, que se inicia en Europa en la segunda mitad del año 2007, ha sido especialmente dura en el año 2009 con una caída real del PIB del –4,2%, fue particularmente intensa en el primer semestre del año, aunque con posterioridad ha experimentado un cierto repunte en países como Reino Unido, Alemania y Francia, que les ha permitido salir de la recesión en la que estaban inmersos122.

No sólo Europa se ha visto sacudida por dificultades económicas, otros países, como Japón y los Estados Unidos de Norteamérica, también han visto caer su PIB. Las excepciones han sido India y China, cuyo PIB creció, lo que ha contribuido a que la fuerte recesión de los países más desarrollados, a nivel global, quede diluida.

Es evidente que la caída de la actividad productiva supone un aumento del desempleo, muy a tener en cuenta en el momento que estamos viviendo por las repercusiones, de toda índole, que puede desencadenar.

En España, los más de 600 laboratorios titulares, fabricantes, exportado- res, fabricantes de materias primas y medicamentos, tanto de uso humano como de uso veterinario123, suponen una actividad económica y puestos de

trabajo que contribuye activamente al desarrollo económico y social de nues- tro país; es por ello un sector estratégico a considerar, como generador de valor para la sociedad124.

El relevante mercado farmacéutico español representa, por volumen de ventas, el cuarto en importancia de Europa, tras Alemania, Francia e Italia, el quinto en generación de empleo y el sexto en términos de producción.

La I+D+i constituye «un factor fundamental de competitividad de una economía, y la base de su crecimiento futuro. En una época como la actual, marcada por las dificultades económicas, se hace más necesario que nunca apostar por un modelo de crecimiento sostenido cimentado en sectores de alta productividad e intensivos de I+D»125.

En este sentido, la Unión Europea ha redactado un documento, Estrategia

de Lisboa, en el que se recogen las medidas que han de tomarse para conse-

guir sus objetivos:

1.º Aumentar en la UE el gasto en I+D hasta alcanzar el 3% de su PIB. 2.º Lograr que provengan del sector privado, al menos, las 2/3 partes de

este gasto.

Objetivos que, en el momento actual, son de difícil consecución en los países de la Unión. En España la dificultad se incrementa si consideramos que, en 2008, a pesar del esfuerzo realizado, tan sólo se invirtió en I+D un 1,35 % de nuestro PIB, y en el momento presente, con la crisis económica «pervivien- te», es todavía más difícil que este porcentaje aumente; no obstante, a pesar de ello, la industria farmacéutica, por su propia naturaleza, reúne las necesa- rias condiciones para presentar crecimientos sostenidos por encima de la media de un país.

Los resultados hablan al respecto; la industria farmacéutica lidera el ran- king de I+D industrial, dato no baladí pues es el resultado de la gran inversión en investigación que hace en España, con una diferencia próxima al 50% de su inmediato seguidor.

Lo antedicho no excluye el imprescindible fomento de políticas incenti- vadoras en I+D; todas las industrias necesitan ayuda y estímulo a la inver- sión en tecnología punta. Abundando más en el tema, en 2009 la industria farmacéutica invirtió en nuestro país una cantidad próxima a los 1.000 millo- nes de euros; sin esta inversión, presumiblemente, no se avanzaría en el ha- llazgo de nuevos fármacos, pero el esfuerzo ha de realizarse en un adecuado marco de estabilidad económica que permita a la industria seguir adelante con una adecuada planificación de sus inversiones. En consecuencia, si la industria no tiene beneficio industrial va a ser difícil invertir en I+D, lo cual supone, en definitiva, un perjuicio para la salud pública.

Las últimas disposiciones del Misterio de Sanidad en lo relativo al medica- mento, en mi modesta opinión y salvo mejor interpretación, no sólo no van en

esa dirección sino que —tal vez— lo hacen en sentido contrario. Los Reales Decretos Ley 4/2010 y 8/2010 y la Orden SPI/3052/2010 introducen unas medidas de contención del gasto que merman, sustancialmente, los recursos de las compañías farmacéuticas126. Esto ha de ser, en principio, preocupante,

porque supone una paralización de los proyectos de I+D, con lo que ello con- lleva; sirva de ejemplo la menor oferta de medicamentos innovadores, condi- cionada a los resultados obtenidos por la industria farmacéutica que investiga. De hecho, cuantitativamente, el número de nuevos medicamentos lanza- dos al mercado en los últimos años muestra una clara reducción como conse- cuencia, no sólo de la mayor complejidad de la I+D farmacéutica, sino de los crecientes costes. Esto supone un cambio importante en el enfoque del sector, que deberá recuperar la I+D o, tal vez, rediseñarla.

Es conveniente recordar que la oferta de medicamentos está influencia- da por las medidas intervencionistas de la administración; y ésta muestra una tendencia, en el ámbito europeo, de introducir criterios adicionales a los ya clásicos de eficacia, seguridad y calidad, tales como eficacia comparativa, efectividad clínica, efectividad económica e impacto presupuestario.

La industria farmacéutica se ve afectada, además, por la demanda de medicamentos entendida, desde el punto de vista sanitario, como la carga global de enfermedad, expresada en millones de años de vida perdidos ajus- tados por discapacidad. De este modo, patologías cuales el SIDA, las infec- ciones respiratorias, las enfermedades diarreicas, la tuberculosis o la malaria alcanzan magnitudes superiores, en todos los casos, a los 30 millones anuales de vida perdidos. En algunos casos se trata de una demanda que no podrá satisfacerse en las actuales condiciones del mercado.

Muchas de las causas de mortalidad en el mundo podrían ser erradicadas con una política adecuada de acceso a los medicamentos, ya no innovadores simplemente genéricos, y la industria farmacéutica, junto a otros agentes, están concienciados de ello; pero en un mundo globalizado sería bueno pasar de la concienciación a la actuación, que se nos presenta como necesaria y urgente.

En nuestro entorno, la demanda sanitaria viene condicionada por la carga de la enfermedad, pero también por las crecientes expectativas de la sociedad de alcanzar un mayor estado de bienestar que le permita disfrutar de una mayor calidad de vida, para lo cual se necesita un sistema político capaz de fomentar y culminar dichas aspiraciones.

El choque entre el esfuerzo de la industria farmacéutica por generar la mayor demanda posible, la introducción de nuevas tecnologías, cada vez más gravosas, las expectativas de los pacientes, la incorporación progresiva de be- neficiarios al Sistema Nacional de Salud y la creciente presión sobre los gesto- res del mismo, sometidos a restricciones presupuestarias ajenas a los cambios demográficos y al crecimiento de la demanda, hacen que el uso de los medica- mentos se encuentre en el «ojo de un huracán» que arrastra a todos los agentes implicados, lo que conlleva profundas repercusiones sanitarias y económicas.

En los países industrializados la demanda de medicamentos se ve poten- ciada por los propios sistemas políticos, a través del desarrollo de medidas conducentes a que la población conozca su derecho a un acceso, ilimitado y gratuito, de las prestaciones sanitarias; sin embargo, no promueven políticas reales de educación sanitaria, ni tampoco existen directrices claras sobre el uso de los recursos sanitarios por parte de la población.

La industria farmacéutica hace un esfuerzo de información y promoción, lo cual aporta un valor real a los consumidores, en la mejora del conocimiento de las diversas patologías y de la terapéutica que ha de ser aplicada. Sin embargo, a veces, no se alcanzan los fines perseguidos, bien por la incapaci- dad de las prácticas de promoción de las compañías farmacéuticas para mo- dificar los hábitos de prescripción, bien por la ligera tendencia a enviar el mensaje de la información científica del fármaco más en beneficio propio que en el de los pacientes. Por ello creemos que debería reforzarse el cumplimien- to de los códigos de buenas prácticas para la promoción de los medicamentos. Igualmente podrían plantearse nuevas teorías para una oferta más racio- nal, mejorar por ejemplo la evaluación post-comercialización o, incluso, redi- señar la I+D; aunque sin una racionalización de los criterios de financiación pública, todo sería estéril.

Tal vez sería positivo el replantearse un nuevo marco de referencia entre la industria farmacéutica y la sociedad, en términos de proyectos conjuntos de cooperación con los países en vías de desarrollo, la investigación de enferme- dades raras, la necesidad de medicamentos huérfanos, el análisis de los resul- tados en «salud» y de la eficiencia de los sistemas sanitarios; todo ello sin menoscabo de la aproximación a una demanda sanitaria más racional.

Es necesario avanzar en ésta u otras propuestas, puesto que la disyuntiva es clara: uso racional o uso racionado, y el riesgo es que este se realice a expensas de los grupos socialmente más desfavorecidos y se frene la innova-

ción, debilitando la capacidad de la industria farmacéutica para seguir invir- tiendo en I+D, y todo ello en perjuicio de los millones de pacientes con patologías todavía no tratables, como hemos ya referido.

El momento es problemático y preocupante; a nuevos tiempos nuevas respuestas; tal vez, parafraseando a Miguel Hernández, sea necesario «crecer- se en el castigo».

Papel del Estado en la financiación pública