Further Inference in the Multiple Regression Model
6.6 MODEL SPECIFICATION
6.6.3 Choosing the model
En este apartado se introducen algunos esbozos de la perspectiva de- colonial en un intento de superación de la idea del sujeto uno de la modernidad colonial y las implicancias de los constructos normali- dad, ideología, dignidad, igualdad8 que le median en su concreción. Esta perspectiva brinda alternativas a estas brechas abiertas por la
8 Estos constructos, propios de la modernidad colonial, se saben tensionantes para el giro decolonial, sustancialmente en lo epistemológico y lo teórico. Queda en el debe para futuras reflexiones analizar con profundidad estas especificidades y otras tantas que vayan surgiendo en esta búsqueda colectiva de deconstruir la discapaci- dad a través de la perspectiva decolonial.
colonialidad, en una apuesta a lo que viene a denominar como “eco- logía de saberes”; es decir, “descolonizar nuestras mentes para poder producir algo que distinga, en una diferencia, lo que es producto de la jerarquía y lo que no lo es. Solamente debemos aceptar las dife- rencias que queden después de que las jerarquías sean desechadas” (Grosfoguel, 2011: 105). Esto es, la posibilidad de diálogo ecológico entre el saber científico y saberes otros que incluyan el saber popular, el saber indígena, el saber de las poblaciones urbanas marginales, el saber campesino, entre otros. En la particularidad de la discapacidad, el saber de las personas y de los colectivos de PsD resulta sustantivo y prioritario.
La producción y reproducción de un sujeto uno resulta parte sustancial del proceso colonizador que operó (y opera) en el plano geopolítico y, sustantivamente, en el plano del pensamiento, a través de formas “legítimas” de acceder al conocimiento y de imposición de un sistema político y económico que instaura al Estado-nación y al ca- pital como lógicas hegemónicas, al menos para Occidente. Ese sujeto uno es dotado de ciertas características (hombre blanco, occidental, heterosexual, joven, productivo, inteligente) que son presentadas como naturales, a-históricas, legítimas y deseables para lo genérico humano. Esta idea de sujeto uno se traduce en un individuo singular con una concepción de ser/estar, pensar y ejercer poder únicos y válidos.
La decolonialidad del ser/estar, saber y poder adquiere fuerza sustantiva en el reconocimiento de la multicolorida variedad de lo humano y de todo aquello que le rodea. Ser y estar desde la decolo- nialidad encuentra a los sujetos con la naturaleza que les rodea, en un ida y vuelta superador de “la racionalidad occidental desde el antro- pocentrismo (que) prima la condición del 'ser' y desde esta particula- ridad se separa al sujeto de la naturaleza y el entorno que le rodea” (Méndez Reyes y Mendoza, 2017: 41).9 Esta concepción sitúa el aná- lisis de cara a un sujeto plural, el cual se invita a tensionar en un entramado de conceptos como el a priori antropológico (Roig, 1976), el sujeto viviente (Hinkelammert, 1984), y los desgajados e insumisos (Salazar, 2008).10
Roig (1976) considera al sujeto como una resignificación crítica, en donde lo primordial es la práctica emancipatoria en lugar de la
9 La separación y jerarquización compulsiva entre el ser y el estar de la moderni- dad colonial, “dota al sujeto de una particularidad en la que solo importa él en cuanto es, por lo tanto lo que de verdad importa a este tipo de racionalidad es lo que yo soy independientemente de los otros y el entorno” (Méndez Reyes y Mendoza, 2017: 42). 10 Más allá de que estos tres autores hagan referencia explícita al sujeto latinoame- ricano, se entiende que plantean cuestiones a dimensionarse en lo genérico humano.
construcción teórica del sujeto uno. En este sentido, el sujeto eman- cipador tiene su a priori antropológico basado en una idea hegeliana que Roig toma como centro y que parte de la premisa de “querer- nos a nosotros mismos como valiosos” y, consecuentemente, “tener como valioso el conocernos a nosotros mismos” (Roig, 2004: 3), en una pluralidad compartida con la tierra y los seres que la habitan. Ello permite discernir formas y contenidos a través de los cuales superar las complejidades causadas por la modernidad colonial al demarcar y jerarquizar entre sujetos y naturaleza, lo cual ha llevado a la muerte misma del sujeto y a un sufrimiento contestatario de la naturaleza (Méndez Reyes y Morán Beltrán, 2012). Taddei y Gamboggi (2015) dan cuenta de este entramado al plantear que desde la modernidad colonial, la naturaleza “aparece cargada de homogeneidad, inmutabi- lidad y obediencia a leyes rígidas por las que se supone ha de guiarse”, lo cual cambia radicalmente si la lectura se hace desde la decoloniali- dad, en tanto, las experiencias de vida y formas de conocimiento otros indican que más que de totalización, coherencia y cierre conceptual, de lo que se trata es de parcialidades, incoherencias y apelaciones al uso de cosas que parecen a priori incompatible, para resolver proble- mas prácticos (Taddei y Gamboggi, 2015: 8).
Hinkelammert (1984), introduce la distinción entre sujeto obje- tivado (sujeto colonial) y sujeto subjetivado (sujeto decolonial). Para el primero, la institucionalidad moderna colonial se constituye como central. Ésta, más allá de ser creada por los propios sujetos, los regula y ubica automáticamente en el lugar de sujeto uno, deviniéndoles en sujetos objetivados en un contexto donde la “relación entre los su- jetos no puede prescindir de la mediatización institucional (donde) surge la dominación” (Hinkelammert, 1984: 314). Dominaciones, su- jetos e instituciones danzan entre las lógicas binarias de la colonia- lidad, sufriendo las desigualdades que se condensan y que alientan a ejercicios sistemáticos de poder de unos sobre otros. Cuando los sujetos se reconocen como tales, sin jerarquías ni opresiones, y hay vivencias subjetivas entre estos, “la relación es directamente subje- tiva y pasa por debajo de cualquier comunicación objetivada o ins- titución. Lo que hay es un reconocimiento entre sujetos, a través del cual se produce la comunidad entre ellos” (Hinkelammert, 1984: 303). Surge así la posibilidad de un sujeto plural decolonial, donde “todo es fluido, se disuelve cualquier tuyo y mío, cualquier norma es suspen- dida y la comunicación es directa por la captación de una situación” (Hinkelammert, 1984: 303).
Salazar Pérez (2008), por su parte, construye la idea de sujetos des- gajados e insumisos por efectos de la colonialidad. Estos sujetos, defi- nidos por este autor como sujetos populares, resisten las condiciones
de opresión a través de, al menos, dos maneras: la violencia, en el caso de los desgajados; la deliberación, en el caso de los insumisos.
Los tres ejemplos señalados muestran la conformación de un su- jeto distinto al sujeto uno colonial, hundiendo sus raíces en la supe- ración de verdades absolutas y dicotomías demarcatorias. Con estos lentes se visualiza un sujeto social plural, que constituye su habitar en el mundo en sintonía con la naturaleza y con la diversidad de seres. Se entiende que esto último resulta fundamental para la deconstrucción de la discapacidad desde la perspectiva decolonial. Ya no se trata de un sujeto uno, tan ideal como inalcanzable, sino de formas plurales de ser y estar desde la más vasta, rica y potente diversidad corporal, sensorial, espiritual.
Resituar la comprensión de la discapacidad desde la decolonia- lidad requiere volver a mirar constructos de la modernidad colonial tales como normalidad, ideología, dignidad e igualdad. Los dos pri- meros, dan cuenta de la potencia que ha adquirido la ideología de la normalidad para la instauración del sujeto uno colonial en el entra- mado demarcatorio de lo normal/anormal, según lógicas capacitistas del capitalismo moderno. Los otros dos conceptos resultan de elabo- ración teórica más reciente, en un proceso de identificación colonial de los nudos devenidos en las últimas décadas en este entramado so- cietal, siendo parte de la lógica de sentidos construida a partir de la idea de derechos.
Tal como se ha visto, discapacidad y normalidad resultan cons- trucciones a partir de una racionalidad moderna colonial que fue de- marcando clasificaciones y calificaciones de sujetos tomando como referencia (única y válida) al sujeto uno. Entre barbarie y civilización, desde el Norte Global se fueron asentando las distancias y ampliando las asimetrías, jerarquizando unos sujetos sobre otros, en un ejercicio sistemático de inclusión y exclusión según el ideal del sujeto uno. Tal hegemonía esperada (y exigida) fue sumando en su haber ya no solo a los bárbaros de las colonias, sino a todos aquellos sujetos que pusie- ran en duda la humanidad según la norma11 del sujeto uno.
Discapacidad y anormalidad encuentran así su simbiosis y poten- cia en un escenario colonial moderno y civilizado, donde aquéllos que se alejan del sujeto uno quedan fuera. Esta conjunción narra, tam- bién, una idea determinada del cuerpo, de su constitución y de su lugar en el marco de las relaciones del ser humano y de lo no humano.
11 Foucault, otro de los autores relevantes del Norte Global que interpeló con insis- tencia la modernidad, identifica tres figuras de la anormalidad según las lógicas so- cietales modernas: el monstruo humano, el individuo a corregir y el onanista. (Fou- cault, 2001).
Un cuerpo atomizado, cosificable, formado por órganos fragmentables y deslocalizables desde una perspectiva ontológica naturalista, resulta el espacio de luchas y conquistas, de colonizaciones e imposiciones donde se dirimen batallas ajenas al sujeto portador de estos cuerpos. Esta “maleabilidad del cuerpo humano” no hace más que dejar visible “una gran necedad (de) creer que los individuos de las civilizaciones urbanas occidentales sean el pináculo del desarrollo corporal y sen- sorial humano, en términos de sus capacidades” (Taddei, 2018: 102). La discapacidad, con base en la noción de anormalidad, de des- viación, de lo no adecuado, no funcional, se fundamenta en una forma de epistemología de monocultura de la naturalización de las diferen- cias. Muestra el resultado de una construcción social como si hiciera a un proceso natural, a-histórico e individual, ocultando las jerarquiza- ciones que tiene como sustrato. La normalidad, como línea demarca- toria del pensamiento moderno, opera no solamente en la producción de una tipología dual entre sujetos normales y sujetos anormales, sino que avanza en el establecimiento de homogeneizaciones a la interna de cada universo.
La discapacidad, como categoría que emerge desde el Norte Global, remite a una idea naturalizada de que el otro es una unidad, un “suje- to otro”. Con ello se carga de homogeneidad la pluriversalidad de su- jetos que quedan remitidos en ese “sujeto otro” genérico en situación de discapacidad. Resulta tan potente la compulsiva necesidad clasifi- catoria y calificatoria de la modernidad colonial que todo se va desan- dando en la lógica de homogeneidades que encuentran diversidades varias en su interior, y que vuelven a ser demarcadas hacia universos más reducidos que darían cuenta de una homogeneidad que tampoco es, y así hasta la unidad más reducida, ese uno, el sujeto singular. Lle- gado a dicho punto, se reconfigura el proceso en el sentido inverso, en una lógica de sentidos de lo particular hacia lo genérico. Un ejemplo de ello resulta la imagen del hombre en silla de ruedas interiorizada como ícono de la discapacidad,12 a través de la cual pareciera que las diferencias son relevantes en la medida en que señalan la presencia de una “deficiencia” que delimita la no pertenencia al sujeto uno social. Pero luego, las diferencias pasan a difuminarse de forma tal que todos los individuos que se ubican en uno u otro extremo quedan repre- sentados en una sola figura de sujeto nuevamente estándar. Si fuera
12 “Si la consigna fuera, por ejemplo, ‘dibujen al sujeto de la discapacidad’, creo que mayoritariamente saldría una persona en silla de ruedas, porque creo que la figura que de alguna manera vamos construyendo como representación de la discapacidad se materializa en eso, que después uno lo puede desandar y repensarlo” (Tertulia realizada en Montevideo).
así y solo así, ¿todas las personas en situación de discapacidad son hombres en sillas de ruedas? La impronta colonizadora, en su afán ca- tegorizador y encasillador, encuadra a un sujeto otro por demás hete- rogéneo, en un tipo único de situación de discapacidad, casualmente el modernamente reconocido (el usuario de silla de ruedas).
En este escenario, los conceptos de dignidad e igualdad se cons- truyen colonialmente a partir de qué significa y de cómo cimienta sus bases en un sujeto uno, al que se le suma el atributo de sujeto de derecho. Esta noción sustenta buena parte del andamiaje que estruc- tura la producción de las ciencias sociales y humanas occidentales e ilustradas, enalteciéndose la idea kantiana según la cual la dignidad se anuda con la igualdad en la conformación de la condición de persona; esto es, todas las personas son iguales en tanto que tales, en la medida en que son dignos o valiosos en sí mismos (Pereira, 2010). Dignidad e igualdad se constituyen, así, en una suerte de resultado de la pre- sencia (en mayor o menor medida) de los rasgos que caracterizan un prototipo de sujeto apto, legitimado como normal y deseable, esto es, el sujeto uno. Más allá que estas consideraciones puedan resultar a primera vista como válidas y legítimas para pensar las relaciones in- tersubjetivas, se invita a cuestionar algunos de los elementos que le subyacen13 y que tienen potencial de apertura cuando se trata de la temática de la discapacidad.
Para aquellos sujetos considerados otros (según el sujeto uno) y ubicados en situación de discapacidad, el punto focal de cuestio- namiento estriba en el aspecto unívoco de valoración de sus capa- cidades. Por ejemplo, la “capacidad de razonar” se delimita en el establecimiento de un único formato de racionalidad válido y a los mecanismos y tiempos estándares para llevar a cabo procesos de uso de la razón; la “capacidad para comunicarse” queda enmarcada en el instituido de una única forma de comunicación válida que hace a los procesos mediados por la oralización; etc.
Frente a este cuadro, tal vez, una forma gráfica de presentar la discusión que permita resituar las nociones de dignidad e igualdad modernas sea retirarlas del plano de la discapacidad y ubicarlas en clave de otros colectivos que han sido históricamente objeto de de- marcaciones colonizadoras, por ejemplo, en los temas de raza. En este sentido, resulta potencial todo el desarrollo que se viene dando de la
13 Resulta interesante observar algunas características sobre este pensamiento, que ayudan a realizar movimientos de crítica y reinterpretación situada. En este sentido, Walsh (2007: 105) retoma a Kant hablando de lo humano: “la humanidad existe en su mayor perfección en la raza blanca… Los negros son inferiores y los más inferiores son parte de los pueblos [nativos] americanos”.
mano de pensadores decoloniales sobre las formas de comprender el racismo desde una perspectiva insurgente. Particularmente, el con- cepto de racismo que utiliza Grosfoguel (2011), se presenta con capa- cidad explicativa de cuestiones que tienen que ver con la raza en tanto concepto cerrado, así como en su extensión y aplicabilidad a la temá- tica que aquí se encuentra en cuestión. En este sentido, dicho autor retoma de Fanon la noción de racismo y las lógicas que han llevado a una histórica demarcación entre los sujetos que son constituidos, definidos, pensados y ubicados entre lo humano y lo no humano, me- diando como aristas centrales la dignidad y la igualdad.
Las personas que están por encima de la línea de lo humano son recono- cidas socialmente en su humanidad como seres humanos con derecho y acceso a subjetividad, derechos humanos/ciudadanos/civiles/laborales. Las personas por debajo de la línea de lo humano son consideradas subhuma- nos o no-humanos, es decir, su humanidad está cuestionada y, por lo tanto, negada (Grosfoguel, 2011: 98).
El asunto importante a destacar en esta definición es que, al estar plan- teada de manera abierta, habilita a flexibilizar su uso y tomarla para pensar formas diversas en las que el racismo puede presentarse en las historias coloniales, estableciendo permanentemente categorías de sujetos humanos y sujetos no humanos. Este rodeo analítico resulta potente para pensar la discapacidad. La idea ilustrada de dignidad ca- pacitista constituye per se la representación hegemónica de persona. Desde una lectura decolonial se señala cómo ha operado en tanto me- canismo de colonización, como construcción política y epistemológica que ubica a ciertos sujetos en un espacio de no-humanidad, o al menos en un espacio donde esa humanidad puede ser cuestionada, puesta bajo sospecha o relativizada, y donde lo que queda interpelado es la posibilidad de pensar en términos de una igualdad con sentido real.
La demarcación de lo humano / no humano, anclada en las lógicas coloniales de racialización, localiza “lo humano” en la zona del ser y “lo no humano” en la zona del no-ser. Estas zonas no pueden pensarse como puntos geográficos específicos, ni como espacios homogéneos, sino en el marco de su heterogeneidad, estratificación y relaciones de poder que les atraviesan. La ubicación de sujetos en la zona del ser o en la zona del no-ser trae anudadas y anidadas una serie de diferen- cias sustanciales que condicionan especialmente las formas de gestio- nar los conflictos. Según De Sousa Santos (2010), en la zona del ser, el conflicto se gestiona a través de “mecanismos de regulación y eman- cipación”. Por un lado, en los mecanismos de regulación, el derecho se instala como el dispositivo legitimado, junto con la primacía de relaciones de civilidad, el uso de las negociaciones y la hegemonía de
la acción política como vía válida. Ello genera un reconocimiento del sujeto otro dentro de la zona del ser, la que remite a la existencia por encima de la línea de humanidad. Por otro lado, en la emancipación, emergen conceptos que están largamente incorporados en el discurso, en las instituciones y en la política, como ser libertad, autonomía e igualdad, habilitando una gestión del conflicto a través de “métodos no-violentos”, en tanto “la violencia es siempre una excepción y usada en momentos excepcionales” (Grosfoguel, 2011: 100).
En la zona del no-ser, el sujeto es deshumanizado, por lo que las tendencias predichas se invierten: si no hay humanidad, o se sospecha una ausencia, lo que se encuentra es sub-humanidad o no-humanidad, llevándose por una transitiva propiedad colonial a la desaparición de las condiciones para la igualdad, el ejercicio de derechos, la civilidad, estructurados estos en términos occidentales modernos. Ello da paso al uso de la violencia como mecanismo usual de resolución de los conflic- tos desde el uno mismo y su sistema institucional (Grosfoguel, 2011).
¿Puede darse un enclave desde la perspectiva decolonial a las no- ciones de dignidad y de igualdad de la modernidad colonial? En prin- cipio, se hace necesario cambiar las nociones base que articulan estas ideas desde la razón colonial. Tensionar las concepciones de dignidad e igualdad corriéndolas de las dualidades que miden y demarcan su- jetos según humanidad / no humanidad, capacidad / no capacidad, funcionalidad / no funcionalidad, etc. En palabras de De Sousa Santos (2010), el viraje parece orientado hacia la diversidad que se presenta como infinita, incluyendo modos distintos de ser/estar, de pensar, de sentir, de concebir tiempo y espacio, de relacionamiento entre sujetos (sin cabida a demarcaciones entre lo humano y lo no humano según parámetros coloniales). Plantea una relación diversa en las formas en que se miran pasado y futuro (única, lineal, cronológica y analítica), formas otras de organizar colectivamente la vida, las producciones de bienes y servicios, intersubjetividades. Implica, entonces, una ruptura epistemológica y una transformación de lo invisible, de ubicar en el lugar de disponibilidad lo puesto como no disponible.
Otro de los aspectos que urge ser deconstruido tiene que ver con la reproducción de procesos de presencia/ausencia, de ocultamientos y emergencias, en la medida en que pensar en términos de dignidad e igualdad parecería referir a cuestiones individuales, singulares y hasta