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La génesis valenciana del ajedrez viene robustecida y cohesionada por tener
los dos primeros eslabones del ajedrez moderno. El exilio del libro de Vicent es mucho más llevadero por la certidumbre que le proporciona el Ms. Scachs d’amor,1escrito también en Valencia y anterior al incunable ajedrecístico.
“En algún momento del siglo XV, hacia las décadas finales del mismo, tuvo
lugar la mayor revolución del ajedrez en toda su historia. El juego quedó lan- zado hasta nuevos niveles hasta entonces insospechados, y como tras las grandes revoluciones, nada volvió a ser igual que antes.” Con estas concisas palabras comienza un libro que, sin pretenderlo, producirá, con el tiempo, también una revolución. Es la obra El poema Scachs d’amor,2cuyo autor es el
historiador español Ricardo Calvo.
Pero antes de hablar de esta obra cimera de Calvo, se hace necesaria una vuelta al pasado. En 1905, el Padre Ignasi Casanovas da la noticia del hallaz- go,3en la Real Capilla del Palau de Barcelona, de un manuscrito de autoría
colectiva de tres escritores, todos ellos valencianos, muy conocidos en las postrimerías del siglo XV: Francesc Castellví, Narcís Vinyoles y Bernat Feno-
llar. Este inédito poema de finales de esa centuria llevaba el título Scachs d’a- mor y estaba escrito en valenciano. Calvo refiere prolijamente en su libro las vicisitudes que ha sufrido la obra para ser debidamente conocida. Imagínen- se cuán arduo es el camino de su reconocimiento.
D. José Paluzíe, notable bibliófilo y autor clave, como hemos visto, en la inci- 147
1 Esta importante idea ya la reflejábamos en el prólogo del libro de Calvo: “Sus teorías sobre el
incunable de Francesch Vicent, el otro valenciano maculado y ultrajado, en una mola funesta alentada por la supuesta seguridad del incunable perdido, cobran ahora una especial relevancia. Los detracto- res, refugiados en su positivismo, tienen ahora la mordaza de la otra gran aportación valenciana, el bello manuscrito Scachs d’amor”.
2 El poema Scachs d’amor (siglo
XV), primer texto conservado sobre ajedrez moderno, Editorial Jaque
XXI, Madrid, 1999. El 31 de marzo de 2000 publicamos un artículo en Mini Diario de la Comunidad
Valenciana, con motivo de la edición de este notable trabajo. Algunas de las notas que pergeñamos
nos han servido a la hora de redactar este capítulo.
3 En la actualidad, según refiere Calvo, los folios originales se encuentran en paradero desconoci-
do, suponiéndose que su extravío se produjo en la guerra civil española. Milagrosamente, se ha podi- do preservar su legado gracias a la traducción integra de Ramón Miquel i Planas y a la reproducción fotográfica que hizo del manuscrito. Estas fotografías se conservan en la Biblioteca de Catalunya, y han sido íntegramente reproducidas en un anexo en el mencionado libro de Ricardo Calvo.
piente, entonces, historiografía española de ajedrez, fue el primero en desta- car la importancia del manuscrito;4sin embargo, ni siquiera un hombre tan
riguroso, honesto e infatigable investigador como él, pudo dar el paso decisi- vo y sustraerse del todo, probablemente el tiempo en el que le tocó vivir lo impedía, de las fuertes corrientes históricas imperantes.
Poco tiempo después, en 1914, el eminente bibliógrafo Ramón Miquel i Pla- nas, en Bibliofilia,5 realizaba un análisis exhaustivo del manuscrito, tradu-
ciéndolo al castellano, en el que ya adelantaba algunas de las cuestiones que impregnarían este asunto. Así, señala la ausencia de noticias anteriores de la existencia del poema, no recogido, por tanto, en los repertorios bibliográficos valencianos. Algunas de sus afirmaciones constituyen una verdadera exégesis del poema: verdadero prodigio de dificultades vencidas; es una de las composi- ciones que más honor hacen a la carrera literaria de sus autores. Habla también de la perfección que se había alcanzado, en el atardecer del siglo XV, en el uso
de nuestra lengua y ello se infiere nítidamente por la riqueza y composición del manuscrito inédito.
Pero hay algo, en sus palabras, que merece destacarse: afirma que, hasta que un especialista, conocedor de la literatura ajedrecística universal, no tomara cartas en el asunto, el verdadero estudio literario de la obra no sería posible al quedar postergada la valoración de la originalidad del poema.
Más de cinco siglos de polvo sedimentándose sobre el manuscrito, el polvo del destino y la fatalidad, que habían hecho languidecer y eclipsar tan bello poema, se desvanecían en un momento efímero, merced a esa declaración que marca- ba el camino que había que seguir; estábamos en la antesala de los buenos tiempos. Inesperadamente, a estos largos siglos de tinieblas, venían ahora, sin solución de continuidad, ominosas décadas portadoras del peor de los lodos: el del olvido, donde anida la injusticia histórica. Lo peor aún estaba por llegar. 148
4 Primero en Francia, tal vez por su deseo de dar más importancia al hallazgo: “Notice sur un
Manuscrit en langage catalane existant à l’Archive du palau à Barcelone”, revista La Stratégie, 4 de abril de 1912, pp. 121-123, París.Y después en su conocido Manual de Ajedrez, tomo 6: Primer Ensayo
de Bibliografía Española de Ajedrez, pp. 254 a 257, Barcelona, 1912.
5 Bibliofilia, fascículo XIII, enero-marzo de 1914, pp. 413-440. Esta publicación estaba dirigida, en
Barcelona, por el notable e inquieto bibliófilo D. Ramón Miquel i Planas. El trabajo de Miquel i Planas es después recogido en Bibliografía de la Lengua Valenciana, Madrid, 1915, pp. 276 a 297, obra de Ribe- lles Comín a la que ya nos hemos referido en la bibliografía general.
La figura egregia que demandaba Miquel i Planas no aparecía. Los tiempos que venían aún eran más desalentadores que los de Paluzíe. La Historia del ajedrez reposaba en la solera del tiempo transcurrido desde la época en la que se imprimió la obra magna de Murray,6 encriptándola, tal era su indis-
cutible magisterio. Consagradas hasta las lagunas y las omisiones –incluso la más grande de todas, el origen del ajedrez moderno–,7 se había dado como
buena la vaguedad en el tránsito del ajedrez medieval al moderno. Así se pro- cedió a hacer grande y frondoso el árbol del ajedrez moderno pero sobre un suelo desconocido.
Era difícil, esta es la verdad, que apareciese alguien con el suficiente entendi- miento y la capacidad, y sobre todo valentía, para afrontar tan ímproba tarea. Ricardo Calvo es la persona indicada, acaso elegida. La elocuencia de sus palabras es el mejor testimonio de la situación heredada: “...la actitud de rebeldía intelectual es en este tema absolutamente necesaria. Todo parece indi- car que el nacimiento del ajedrez moderno tuvo lugar en un círculo literario de Valencia aproximadamente entre 14708 y, como muy tarde, 1490, siendo el
manuscrito Scachs d’amor su primera expresión escrita”.
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6 A History of Chess, Oxford, 1913.
7 Y si me lo permiten, hasta el origen del viejo ajedrez, pese a que voces como la de D. José Bru-
net, como hemos visto, se resistían, con argumentos firmes, pero sobre todo con pruebas documen- tales y arqueológicas, defendiendo una mayor antigüedad del ajedrez, remontando su origen al anti- guo Egipto, y poniendo en entredicho la Historia Oficial.
8 Una de las primeras aportaciones de Calvo es la crucial datación del Ms. Nadie tenía ninguna
duda de que el poema pertenece al siglo XV, pero para la Historia del ajedrez es muy interesante
poder precisar algo más esta fecha. Calvo establece el período de 1470 a 1490, dando un margen demasiado amplio de tiempo, basado en la propia biografía de los autores, para que pueda contenerse el error. Pero, como él mismo dice, lo más probable es que el poema, y por ende la práctica del aje- drez de la dama en Valencia, sea anterior a 1474, fecha de la publicación de la primera obra impresa en Valencia, durante mucho tiempo considerada también como la obra con la que se introducía la imprenta en España, Obres e trobes en llahors de la Verge Maria. En este impreso se recogen las produc- ciones de un certamen poético auspiciado por Bernat Fenollar, donde también hay aportaciones de Castellví y Vinyoles. A partir de este momento todas las obras de los autores de Scachs d’amor, que entonces gozan de un gran prestigio social y económico en Valencia –seguimos a Calvo–, se mandan sin excepción a la imprenta.
Otra cuestión que cabe abordar se refiere a los años de práctica que podía llevar en Valencia el nue- vo ajedrez, pues del poema se infiere nítidamente que los propios autores pertenecen a la escuela que preconiza esa forma de jugar completamente nueva, pero ello sugiere, asimismo, que al menos llevase unos pocos años más de práctica en Valencia. El arraigo y la mención al ajedrez en aquellos días es constante en las obras poéticas valencianas. Así, se alude al ajedrez en Espill, de Jaume Roig,
El poema Scachs d’amor, primer texto conservado sobre ajedrez moderno, una obra cimera de Ricardo Calvo, recorre íntegramente el manuscrito, decodifi- cando los tres planos superpuestos de expresión: el poético, el alegórico y el ajedrecístico. Tal es su entramado conectivo que incluso la dimensión poética se realza considerablemente tras el estudio de Calvo: la alegoría, al servicio de los poetas, y tras su reflejo en el tablero, lleva a cotas de expresión que tien- den a lo sublime.
Pero lo verdaderamente trascendental y que el trabajo de Calvo demuestra, al fin, es que el ajedrez moderno tuvo su origen en Valencia. Aunque esto cree un cisma profundo, Calvo nos ha enseñado con fehaciencia que todo el aje- drez moderno está ya en Scachs d’amor. Aquí vemos con todo su poderío a la nueva dama. No puede haber expresión más gráfica, como señala Calvo, de que se está cociendo el nuevo ajedrez, que el comentario que se hace al aludir a la dama: “nuestro juego quiere remozarse de nuevo con un nuevo estilo (still novell)”. Expresiones como la ley de nostre escola o nostre still son el mayor testimonio de la génesis, en el círculo de los poetas, del ajedrez moderno. Éste es el único texto donde expresamente se hacen alusiones, y en términos involucrativos, a los instantes mismos de la reforma del ajedrez árabe. Este hecho en sí mismo tiene una importancia decisiva.
Profundo e íntimo el estudio y la revisión de Calvo nos proporciona, quizás sin buscarlo, la fundamentación del propio ajedrez.
Identifica, como provisto del láser de un moderno cirujano, sin tocar la estructura del ajedrez moderno, enorme con el paso de los siglos, el predio sobre el que se ha constituido: está en nuestro país, más concretamente, sus raíces ahondan en la tierra valenciana. Estamos completamente convencidos de que si fuera otra, si no fuera la suya, su esfuerzo no decaería ni su avidez por la verdad, en ese sentido recuerdo cuando investigaba en Zafra (Badajoz) el propio nacimiento de Ruy López.
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obra escrita en 1459-1460, donde leemos: escacs pel roc / tens per la dona; sus-mat te dona. También hay una evocación al ajedrez en Lo proces de les olives, obra publicada en Valencia en 1497, con poemas de Fenollar y Vinyoles, y lo que todavía es más importante: teniendo como impresor a Lope de Roca, el mismo que publica el libro de Vicent. Por todo ello es por lo que Calvo llega a la convincente con- clusión de que el ajedrez moderno brotó en Valencia en relación con un círculo bien conocido de humanistas, hombres de letras y editores de libros, estrechamente vinculado además, como ya vimos, con el entorno en el que se imprimió la obra de Lucena y, en concreto, con el impresor Leonardo Hutz.
Por ello el mérito de este libro es el de la cohesión: unir la fragmentaria His- toria del ajedrez, quebrada en el momento mismo del tránsito del ajedrez árabe al moderno.
Agradezcamos, pues, a Ricardo Calvo su postura de investigador libre e inde- pendiente. Y también su ausencia de miedos, ya que nos ha enseñado a deste- rrar el peor de todos ellos: el miedo a la verdad.