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4.6 Classification

4.6.5 Classifying Environments

El número de plazas permitidas en el convento aún no estaba cubierto, pero en los años sucesivos se iría completando porque la demanda fue constante a lo largo de los siglos XVII y XVIII.

En 1634 entraron cinco religiosas, una de velo negro y cuatro de velo blanco:

En el año de 1634 a 23 del mes de Abril día de San Marcos Evangelista yo la hermana Luisa de la Encarnación hija legítima de el Capitán Ruiz[sic] de Sosa, y de Doña Gregoria de Peralta vecinos, y moradores de esta Ciudad de Córdoba. Profesé la regla, y vida de las religiosas Carmelitas descalzas

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Antonio Suárez Mexía era portugués, hidalgo, señor del mayorazgo de su casa de Campomayor, segundo encomendero de Tulián y María Maldonado era hija de Catalina de Villarroel, (una de las hijas del fundador de la ciudad de San Miguel de Tucumán) y de Pedro Luis Cabrera. Ambas hermanas ―monjas novicias del convento de descalzas de San José de esta ciudad‖ pidieron licencia el 21 de junio de 1633 ante don Damián Carrillo para disponer de sus legítimas y hacer testamento. Cfr. AHPC, Registro 1, Protocolos Notariales, 1633-1634, f. 65 r-v. Al día siguiente las hermanas Suárez de Cabrera renunciaron a sus bienes, derechos y acciones en favor de su madre viuda, dejando como albaceas a la propia María Maldonado de Torres y a Gabriel de Tejeda, su cuñado. Cfr. AHPC, Registro 1, Protocolos Notariales, 1633-1634, fs. 101v-104r. Ese mismo día la priora y demás monjas declararon haber recibido del general Pedro de Cabrera, abuelo de doña Antonia Suárez de Cabrera, la cantidad de mil setecientos cincuenta pesos corrientes en recibos por la dote y ajuar a cuenta de la legítima de su madre. Cfr. AHPC, Registro 1, Protocolos Notariales, 1633-1634, fs. 105v.

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Juana de la Trinidad había sido favorecida por las hermanas Tejeda, véase nota 197. Así el 21 de junio de 1633 se asentó en los protocolos notariales la obligación de pago de dote de Andrés de Ceballos en favor de Agustina, su hermana, monja novicia, y ―ha de profesar por haber sido de las primeras que entraron y haber estado cinco años y que hecha la cuenta con don Luis de Tejeda, patrón del monasterio‖. Finalmente, el dinero que restaba sería pagado en mulas o ganado de la tierra, ―al precio que valiera al tiempo de la entrega, un pago tras otro‖. AHPC, Registro 1, Protocolos Notariales, 1633-1634, fs. 100r-101v.

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Bernardina era hija de Bernabé Mexía y Ana Mojica, hija natural del conquistador Miguel de Mojica; por lo tanto, Beranrdina era sobrina de Tristán de Tejeda. LAZCANO COLODRERO, op. cit., p. 124.

del orden, que instituyó nuestra Madre Santa Teresa de Jesús, en manos de Don Damián Carrillo Tesorero de la Iglesia Catedral de Santiago del Estero462.

Luisa de Sosa y Peralta formaba parte de lo más granado de la sociedad cordobesa. Su padre era el capitán Ruy de Sosa, quien en 1604 remató en seis mil cincuenta pesos el oficio de Alguacil Mayor, cargo que ejerció hasta 1609 en que fue nombrado sustituto del gobernador Alonso de Rivera. Ocupó también el puesto de Tesorero de la Santa Cruzada en el Tucumán463.

La priora Catalina de Sena, Teresa de Jesús, supriora, Clara Del Sacramento, procuradora, Ana de Jesús, María del Sacramento, Catalina de Sena, Catalina de Jesús, Catalina de la Encarnación, Juana de la Trinidad, Antonia de la Concepción, declaran haber recibido de doña Gregoria de Peralta, viuda del capitán Rui de Sosa, madre de doña Luisa de Sosa, monja de dicho convento, por 2500$, los 2250$ en renta y 250$ en ajuar y ropa por los que le consta el pago.464

Las monjas de velo negro constituían la ―parte principal‖. Sólo ellas tenían derecho a votar en las elecciones conventuales o ser electas para algún oficio superior. Se preparaban fundamentalmente para el rezo del Oficio Divino, que se llevaba a cabo en latín. Como carmelitas descalzas, eran monjas contemplativas, cuya tarea principal consistía en lograr la unión con Dios por medio de la oración mental y vocal. También tenían momentos dedicados a su formación espiritual, que llevaban a cabo mediante la lectura de textos de mística y de ascética. Como se ha visto anteriormente realizaban, además, los más diversos oficios, ocupándose de la dirección del monasterio, la formación de las novicias, la contabilidad de todas las entradas y los gastos, la conducción del rezo, la organización de las lecturas y de todos los actos litúrgicos, el control de lo que ocurría en el locutorio y los tornos, y las compras para la despensa, la ropería y la sacristía.

Las de velo blanco, que también profesaban como monjas, no estaban obligadas al rezo del Oficio Divino en latín, sino que debían rezar un determinado número de Avemarías y Padrenuestros en las distintas horas canónicas. Tenían la obligación de asistir diariamente a misa y debían ocupar el resto del tiempo en tareas

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AHC, Registro 1, Protocolos Notariales, f. 66 r-v, 23 de junio de 1633. Pide licencia para testar y poder profesar.

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Natural de Lisboa, noble, servía al rey desde 1593 en América. Se casó dos veces: la primera con doña Francisca Núñez y la segunda con Gregoria de Peralta, hija del conquistador Blas de Peralta y de doña Catalina de Cabrera. LAZCANO COLODRERO, op. cit., p. 178

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AHPC, Registro 1, Protocolos Notariales, 1633-1634, fs. 7v-8r, 23 de junio de 1634: Carta de Pago. Las religiosas otorgan una carta de pago a doña Gregoria de Peralta en concepto de pago de dote de Luisa de Sosa, su hija. Fueron dos mil quinientos pesos en reales de ocho y de cuatro. En fojas siguientes, 11v a 15 r, el 27 de junio de 1634, la misma Gregoria de Peralta, viuda de Rui de Sosa, se comprometió a pagar 11 ½ pesos anuales en un censo fundado en su estancia de Río Tercero.

corporales como cocinar, lavar la ropa y limpiar las dependencias monásticas, tareas que llevaban a cabo personalmente o bien dirigían a las donadas o criadas para que las realizaran. En la mayoría de los casos eran mujeres de origen humilde, hijas naturales de madres o padres no residentes en la ciudad.

Como religiosas de velo blanco, o legas, profesaron las hermanas Ana de San Ignacio y María de Jesús el 23 de abril de 1634. Eran hijas de Antonio, natural de Lima, y de Isabel, natural de San Miguel del Tucumán. Ese mismo día formalizó los mismos votos Ana de Cristo, cuyos padres habitaban en la ciudad, consignándose nombre y apellido de ambos. Feliciana de Burgos fue la última monja lega que ingresó en 1634465. Mariana de Jesús, que profesó el velo blanco en junio de 1635, provenía de Buenos Aires. Sus padres, vecinos y moradores de esa ciudad, eran el capitán don Juan de Bracamonte y doña Leonor de Cervantes466.

En 1635, el 24 de junio, ingresaron dos religiosas de coro, o de velo negro: Gerónima de San Lorenzo Bazán467, y Jacinta de la Concepción Vázquez, y luego no hubo registros hasta el 1638 en que se unió a la familia conventual Mariana de la Cruz, hija del prestigioso capitán Juan de Ludueña y de doña Francisca de la Vega468.

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AHP, Registro 1, Protocolos Notariales, 1633-1634, ff. 104 r-105r. Del 6 de septiembre de 1634. Segundo tratado: La priora Catalina de Sena, Clara del Sacramento, subrpriora, Ana de Jesús y otras monjas profesas del convento de Santa Teresa aceptan como monja profesa a Feliciana de Burgos, hija de Domingo de Vázquez, pagando 825 pesos de dote, ajuar y manutención del noviciado. En la tercera reunión (tercer tratado) votaron afirmativamente por el ingreso de Feliciana de Burgos como monja profesa con el pago de 500 pesos de dote, y 250 pesos de ajuar y 75 pesos de manutención.

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Mariana Bracamonte profesó en el monasterio descalzo mientras que su hermano, Diego, lo hizo en el convento de Santo Domingo de la ciudad de Buenos Aires, bajo el nombre de fray Jacinto Bracamonte. Su padre era natural de Salamanca y un vecino notable de la ciudad. Se desempeñó como diputado, regidor, alférez real y tenedor de bienes de difuntos. En la actividad comercial se dedicó a la trata de negros, donde consolidó una importante fortuna según consta en el inventario de bienes que se encontró a su muerte. Por su parte, su mujer era hija del licenciado Juan Hermoso Graneros y de Beatriz de Cervantes, naturales de Talavera. Doña Leonor recibió como dote matrimonial la significativa suma de 15.000 pesos en su casamiento el 26 de julio de 1610. Viuda, casó en segundas nupcias con el general Juan de Tapia de Vargas. Cfr. LUCRECIA GIGENA, ―El convento de Santo Domingo en el Buenos Aires colonial. Presencia criolla y de elite en la comunidad dominicana del siglo XVII‖ en: JOSÉ BARRADO & ÓSCAR MAYORGA (eds.), La Orden de Predicadores en

Iberoamérica en el siglo XVII, Actas del IX Congreso Internacional de Historiadores dominicos celebrado en Oaxaca (México) en 2007, San Esteban editorial, 2010, pp. 143-162. Sorprende el hecho

de que Mariana haya profesado como monja de velo blanco, con el sacrificio que ello sugiere en una Orden descalza, ya que sus padres seguramente podrían haber afrontado una dote más grande.

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Hija de Juan Gregorio Bazán de Pedraza y de doña Inés de Peñalosa, vecinos de La Rioja. ―El maestro de campo don Juan Gregorio Bazán de Pedraza, vecino encomendero de la ciudad de La Rioja y benemérito y noble por su casa y familia, asistió en el ejército y campaña de 59 de capitán de una de las compañías de caballos de dicha ciudad […] sirviendo a propia costa y con puntualidad […]‖.

Documentos del Archivo de Indias para la Historia del Tucumán, op.cit., Tomo, I, p. 284.

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Juan de Ludueña, nacido en Valladolid en 1556, formó parte de la expedición de Cabrera junto con sus padres. Realizó múltiples e importantes servicios para la ciudad. Fue mayordomo, regidor, alférez real, alguacil mayor, alcalde de la Santa Hermandad, mayordomo del hospital de Santa Olalla, alcalde ordinario, fiel ejecutor. Se casó dos veces, la segunda en 1583 con Francisca, hija natural del capitán y

Junto a ella, María del Espíritu Santo Rodríguez ratificó la profesión hecha con todo el grupo el 26 de junio de 1633469. Luego ingresaron Teresa de Santa Rufina en 1639, y Juana del Espíritu Santo, en el siglo Juana Lazo de la Vega, proveniente de Talavera de Esteco, el 9 de septiembre del año siguiente.470

En 1641 profesó sólo una religiosa de velo blanco de quien no se sabe más que su nombre y el de sus padres. Recién en 1643 se completó el número de las veinte religiosas permitidas y de la supernumeraria veintiuno:

Esta religiosa es la primera que entró cumplido el número de veinte y es la veintiuna que llama la constitución como lo testificaron la Madre Teresa de San Joseph Priora la Madre Antonia de la Concepción, la Madre Jerónima de San Antonio y la Madre Ignacia de San Joseph.471

Se trataba de la hermana Josefa de Jesús, hija del general Juan de Tapia Cervantes y de Leonor Vargas, vecinos y moradores de Buenos Aires. Ese mismo día, el 24 de junio hizo su profesión Antonia de Jesús, hija legítima del Secretario Antonio de Quevedo y de Doña Jerónima de Arellano, natural de la villa de Madrid.

El ingreso al noviciado, pero sobre todo las profesiones solemnes, se verificaban, salvo algunas excepciones, al momento de producirse una vacante a fin de no superar el número establecido en las constituciones472. El Libro de Profesiones provee una información sucinta, no detalla ni enfermedades ni consigna el deceso de las religiosas, lo que impide que pueda saberse a quién reemplaza la hermana que se incorpora a la comunidad. En cambio, a partir del siglo XVIII, los datos son más precisos, se señalan las defunciones y se establece el nombre y lugar que ocuparía quién se fuera incorporando.

En total, en el año 1643 se produjeron cinco ingresos, cantidad nada despreciable para lo parámetros del monasterio. Además de las ya nombradas se inclinaron a la vida religiosa y tomaron el hábito Ignacia de San José473, Lorenza de la

conquistador Blas de la Vega con quien tuvo seis hijos. Dos de sus hijas entraron en religión, cada una en un convento diferente. Cfr. LAZCANO COLODRERO, op. cit., pp. 109-110.

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AMSJ, Libro de las profesiones, op. cit, folio 4 v. Se aclara que la primera profesión fue declarada nula, pero no se dan los motivos.

470

Juana del Espíritu Santo era hija del capitán Duarte Pinto de la Vega y de doña Ponciana del Sueldo. El 8 de septiembre de 1640 fue otorgada una carta de pago a favor de Duarte Pinto en donde consta que abonó la suma de dos mil setecientos pesos en reales de ocho y de cuatro de la dote y ajuar de su hija, detallándolo de la siguiente manera: 2000$ de dote, 200$ de alimentos por dos años, 250$ de propinas y 250$ por el ajuar. Cfr. AHPC, Registro 1, Protocolos Notariales, 1634-1640, fs. 188 r-v. El mismo día, Juana Lazo renunció a su herencia y todos sus bienes en favor de su padre pues su madre había fallecido. Fs. 190r- 193v.

471

AMSJ, Libro de las profesiones, op. cit, folio 6 r. 472

No siempre hubo 21; el obispo permitió hasta un número de 24. 473

Ignacia de San José era hija del Capitán Leandro Ponce de León, nacido alrededor de 1588 en Teba, Andalucía, quien fuera paje de armas del duque de Arcos y de su familia. Luego pasó al Perú y a

Trinidad474 y Lugarda de Jesús475. Esta última era nieta del fundador del convento, hija del capitán y poeta don Luis José de Tejeda y Guzmán y de su mujer doña Francisca de Vera y Aragón476.

Al año siguiente, 1644, se produjo por primera vez el ingreso en el convento de otra postulante procedente de Buenos Aires. Se trató de Elena de la Cruz Mena, hija del capitán Juan de Mena y de doña María Romero Santa Cruz 477.

En los años sucesivos, 1645 y 1646, se incorporaron ocho religiosas, cuatro cada año. Una de ellas, Isabel de la Visitación, tomó el velo blanco478, las demás fueron monjas de coro. De estas, seis tenían o tuvieron hermanas, primas y tías en el monasterio479 y dos de ellas provenían también de Buenos Aires480. Estas últimas eran Mariana de Jesús (Romero), y María del Sacramento (Mena).

Córdoba donde se casó con doña María Maldonado de Torres la Cerda, hija legítima de don Pedro González de Villarroel y doña Petronila de la Cerda; nieta paterna del capitán Diego de Villarroel, fundador de la ciudad de Tucumán y de doña María Maldonado de Torres; nieta materna del fundador de Córdoba, don Jerónimo Luis de Cabrera y de su esposa doña Luisa Martel de los Ríos. Ignacia fue la sexta de los siete hijos del matrimonio. El capitán Ponce de León fue alcalde de primer voto en 1631, vecino feudatario, caballero hijodalgo y principal, usaba en sus sellos el escudo de los Ponce de León; obtuvo algunas encomiendas en cuyos títulos se relatan sus méritos y servicios, entre estas las de Intihuasi y sus aguadas. Cfr. IGNACIO TEJERINA CARRERAS, ―Los Ponce de León en Córdoba del Tucumán‖, en: Boletín del Centro de Estudios genealógicos de Córdoba 10, Córdoba, Centro de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Córdoba, pp. 17-24.

474

Lorenza Herrera, hija de Alonso de Herrera y Ana de Velasco, vecinos de Santiago del Estero. 475

AHP, Registro 1, Protocolos Notariales, 22 de septiembre de 1643, fs. 83v-84r. El mismo día Leonor de Tejeda realizó su testamento de renuncia de bienes a favor de sus padres. En las fojas siguientes se asentó la carta de pago de la dote de dos mil pesos. Dos días después, el 24 de septiembre al capitán Luis de Tejeda le fue otorgado un censo de un principal de dos mil pesos por el cual se comprometía a pagar 100$ anuales. Hipotecó en garantía casas en la ciudad.

476

Luis de Tejeda fue procurador general y alcalde ordinario de primer voto. Inspirado poeta, autor de

Coronas líricas, entre otros, actuó en Buenos Aires en la defensa contra los holandeses y también en el

Chaco y en Río Cuarto. En 1624 el gobernador Alonso de Vera y Zárate le hizo merced de la encomienda vacante por muerte de Pablo de Guzmán. Su esposa Francisca era natural de la Rioja, hija del célebre conquistador Alonso de Vera y Aragón. Al fallecer su esposa entró al convento de Santo Domingo. De sus 6 hijos, 2 se hicieron monjas teresas: María y Teresa

477

De ella se lee en el libro de profesiones folio 7 recto lo siguiente: ―Es tradición que la calavera que está en el refectorio es la de esta religiosa‖.

478

Isabel de la visitación, hija natural de vecinos y moradores de Ciudad de Esteco. 479

Puede citarse a Leonor de la Encarnación, en el siglo Leonor Tapia Cervantes, hija del general don José de Tapia Cervantes y de doña Leonor Vargas, emparentada por parte de madre con Mariana Bracamonte. Ver nota 328.

480

Acarette du Biscay calculaba para Buenos Aires en 1658 la existencia de una seiscientas casas, de barro y cañas las del pueblo y mucho mejores y adornadas la de los habitantes de rango. Había también un hospital y una destacada presencia de clero secular y regular: dominicos, mercedarios, y franciscanos habían edificado cada uno su convento y los jesuitas, su residencia, iglesia y colegio. Cfr. ACARETTE, op. cit., pp. 46-48. Sin embargo, la ciudad no contaba con convento de monjas por lo que en 1653 se realizó el primer intento de vida conventual, solicitando la fundación de un monasterio carmelita. No obstante, las mujeres porteñas tuvieron que esperar casi un siglo. Recién en 1745 se inauguró el monasterio de Santa Catalina de Sena, de monjas dominicas, y años después el de Nuestra Señora del Pilar, de monjas capuchinas. Véase ALICIA FRASCHINA, Mujeres consagradas, cit.

Para las teresas de Córdoba la consistencia vocacional estaba sostenida por vínculos que excedían la exclusiva relación con el Señor y con las hermanas de religión. En efecto, la vida religiosa no estaba completamente separada y aislada de la vida familiar. Dentro del claustro las novicias y las monjas profesas no se encontraban totalmente apartadas de las formas, de los sentimientos y de los dramas de sus propias familias. De hecho, cuando María de la Encarnación Funes481 recibió el hábito, dentro del convento estaba su prima Mariana de la Cruz. Casos similares fueron el de Teresa de los Ángeles, cuya hermana mayor había profesado doce años antes, o el de Leonor de la Encarnación, hermana de Josefa de Jesús, admitida dos años antes que ella.

De los datos se desprende que, para algunas familias, la elección de un determinado convento para sus hijas o de una orden religiosa en particular representaba una de las tantas tradiciones familiares. En el convento de San José, que se convirtió en un monasterio acaparado por mujeres de la élite, esas situaciones llegaron a multiplicarse al punto de acomunar dos o tres generaciones de mujeres de una misma familia en el recinto del claustro monacal.

Tal es el caso de las monjas de la familia Tejeda. A las hermanas Teresa de San José y Lugarda de Jesús, hijas de Luis de Tejeda y Guzmán, que profesaron en 1643 y 1646 respectivamente, se sumó su prima hermana de igual apellido, Ana María de San José, hija del capitán Gabriel de Tejeda y Guzmán y de doña Mariana Martel de los Ríos. Quince años después, en 1663, otra hija del matrimonio tomó los hábitos con el nombre de Teresa de San Miguel, y en 1690 lo hizo una hermanastra de ellas, Josefa Rosa de Santa Rosa, hija del capitán Gabriel de Tejeda casado en

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