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4 PRE-2000 PROGRAMMES 38

4.2 Clearance of outstanding commitments from pre-2000 programmes 39

La discusión acerca de si la percepción aporta conocimiento o no, se remonta a la época en que los pitagóricos propugnaron la escisión entre intelecto y capacidad sensorial (Villafañe, 1985: 77). En la actualidad, autores de disciplinas tan diferentes como la teoría de la comunicación (Villafañe), la etología (Lorenz) o la psicología (Hoffman30), consideran que la percepción vi-

sual posee carácter cognitivo. Incluso Gibson llega a afirmar que hasta las formas que no tienen significado socialmente reconocible, tienen significado (Gibson, 1974: 272).

Pero aunque están de acuerdo en el carácter cognitivo de la percepción, sus opiniones no coinciden a la hora de determinar si se pueden distinguir fases en este proceso. Y, en el caso de que diferencien fases, no hay acuerdo a la hora de determinar a cuál de ellas debemos otorgarle cognición.

Villafañe es el autor que más explícitamente diferencia las partes del proceso y es el único que defiende que el conocimiento se produce en la última fase, en la fase que denomina pensamien- to visual (Villafañe, 1985: 81).

Acarín, por su parte (2001: 170-171), considera que todas las funciones de la conciencia, desde la razón hasta el juicio y la percepción, participan en la comprensión y en la interacción con el mundo que nos rodea, ya que si nuestro cerebro, que ha evolucionado por selección natural, mantiene estas funciones, es porque participan de la misma finalidad: la de que sobrevivamos y que nos reproduzcamos. En un sentido parecido se manifiesta Lorenz (1986: 54-58) cuando defiende que la percepción y el pensamiento racional pertenecen por igual al aparato cognitivo del ser humano, y que sólo juntas son capaces de un funcionamiento pleno. Incluso señala que, para según qué tareas, la percepción posee más capacidad que cualquier calculadora31.

Arnheim también hace referencia a la relación entre percepción visual y pensamiento, y señala que la percepción visual es pensamiento visual, ya que si decir cognitivo es hacer referencia a las ope- raciones mentales implicadas en la recepción, almacenaje y procesamiento de la información, esto es, a la percepción sensorial, a la memoria, al pensamiento y al aprendizaje, no ve cómo eliminar la palabra pensar de lo que sucede en la percepción visual (Arnheim, 1986: 27). Añade que el buen funcionamiento de nuestros sentidos es indispensable para el buen funcionamiento de la mente en general, ya que cuando sus funciones se reducen, se altera el funcionamiento mental de las personas (Arnheim, 1986: 32). Y que si nos referimos a la percepción visual de forma particular, podemos decir que ésta, al centrarse en la captación de clases de cualidades, clases de objetos, clases de acon- tecimientos, esto es, al captar generalidades, lo que hace es procurar los cimientos de la formación de conceptos. La mente opera con este caudal de imágenes, a las que accede a través de la memoria, y organiza la experiencia total en un sistema de conceptos visuales (Arnheim, 1986: 307).

Para nuestra investigación no es fundamental señalar la fase o el momento en el que se produce conocimiento, pero sí lo es que se produzca, ya que, como señala Villafañe, “partir de la base de que la percepción es un proceso cognitivo es uno de los hechos más importantes para la teoría de la imagen, ya que cuestiones como el orden representativo o la significación plástica podría depender de esta forma de inteligencia de la percepción visual” (1985, 76).

Vamos a recoger una serie de investigaciones que se refieren a los efectos que, supuestamente, tienen sobre la percepción una clase de variables denominadas “cognitivas” (Dember y Warm,

1990: 343). En estas investigaciones hemos de tener en cuenta que la estimulación no se produce sobre un receptor pasivo, sino que la persona está preparada para ciertos tipos de entrada, por lo que el destino de esta estimulación dependerá de su preparación (Dember y Warm, 1990: 344).

4.5.6.1 Infl uencia de la predisposición

en el reconocimiento, y el principio de caridad

Se pueden diferenciar distintas variables cognitivas como, por ejemplo, la predisposición, la actitud, la expectativa, las instrucciones, etc. De ellas, parece que la variable “predisposición”, relativamente neutra desde un punto de vista teórico, incluye a la mayor parte de las otras, por lo que será el concepto que se utilice para hacer referencia a todas las variables cognitivas de este apartado (Dember y Warm, 1990: 344).

En un sentido similar, aunque sin utilizar los mismos términos, se expresa Eco cuando se refiere al principio de caridad, un principio que nos lleva a interpretar lo que parece más lógico cuando nos enfrentamos a situaciones dudosas, utilizando para ello nuestra experiencia cultural, social y/o natural. Así, por ejemplo, si en unas ilustraciones en las que reconocemos unos vehículos que se desplazan, aparece un círculo en la parte superior, tendemos a reconocerlo como el sol, no como un simple círculo en la parte superior de una viñeta, etc. (1999: 427-428).

La predisposición puede ser explícita, si se dan instrucciones para manipular de modo direc- to la predisposición, o implícita, cuando se dan instrucciones de forma más encubierta. Esta distinción lleva a Dember y Warm a clasificar los experimentos entre aquellos en los que las instrucciones son explícitas y en los que son implícitas (Dember y Warm, 1990: 344).

4.5.6.1.1 Instrucciones explícitas y memoria

Se realizaron una serie de experimentos en los que a los sujetos se les decía sobre qué caracterís- ticas de los objetos debían informar, con la diferencia de que unas veces se les avisaba antes del estímulo y otras veces después. Se demostró que si la tarea era fácil, no importaba si la instrucción se producía antes o después, ya que la memoria ayudaba al reconocimiento; pero si la tarea era difícil, las instrucciones previas facilitaban el reconocimiento (Dember y Warm, 1990: 345-346).

4.5.6.1.2 Instrucciones implícitas y familiaridad

Dember y Warm consideran que la frecuencia y la familiaridad pueden interpretarse como instrucciones implícitas, ya que las diferentes formas de manipular la predisposición tienen en común que se utiliza la experiencia anterior del sujeto. Por ejemplo, si se nos pone frente a una “q” y se nos pregunta qué letras vienen a continuación, diremos que la siguiente letra ha de ser una “u”32 y que después han de ir o una “i” o una “e”. Cuando hayamos sumado todas

las posibilidades y se nos pregunte qué palabra es, diremos la palabra más familiar que se nos ocurra (Dember y Warm, 1990: 353-354).

Se han hecho experimentos sobre la relación que hay entre el umbral de reconocimiento de una pa- labra y su frecuencia y familiaridad; se ha llegado a la conclusión de que cuanto mayor es la frecuen- cia de uso de una palabra, más bajo es el umbral para su reconocimiento, aunque también coincide que las palabras más frecuentes también son las más familiares (Dember y Warm, 1990: 357).

4.5.6.2 Infl uencia cognitiva del contexto

Una letra o una línea, por ejemplo, se reconoce con más facilidad cuando forman parte de su contexto correspondiente (una palabra, una ilustración o dibujo, respectivamente), lo que pare-

ce demostrar que el contexto tiene influencia cognitiva sobre los procesos perceptivos (Dember y Warm, 1990: 359-361).

Este efecto de influencia del contexto “recuerda claramente el principio de la Gestalt de que el todo es mayor que la suma de sus partes. Lo que falta (…) es una explicación sencilla de cómo sucede esto” (Dember y Warm, 1990: 361)

4.5.6.3 Infl uencia cognitiva de las palabras

Cuando se utilizan las palabras como indicadores del proceso perceptivo podemos llegar a con- clusiones incorrectas, porque podemos enfrentarnos a estímulos para los que no dispongamos de palabras: por ejemplo, en el idioma iakuti el color verde y el color azul se nombran con la misma palabra, pero eso no significa que quienes hablan este idioma no sean sensibles a cada uno de los estímulos. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que el lingüista Whorf propuso que el lenguaje podía influir directamente sobre la percepción, ya que si nosotros poseemos términos diferentes para el verde y para el azul, podremos dar una respuesta más espontánea que quienes no la tienen (Dember y Warm, 1990: 362), aunque todos tengamos una respuesta.

4.5.6.4 Infl uencia cognitiva de las características de los objetos

Es habitual que relacionemos muchos objetos cotidianos con su color: los limones, las naranjas, las fresas, las panteras, etc. No es una relación perfecta, pero hay muchas posibilidades de que un objeto determinado tenga un color concreto (Dember y Warm, 1990: 365).

Esta relación hace que poseamos una cierta predisposición a ver los objetos que conocemos con el color que se le asigna habitualmente, aunque no sea físicamente así. Así, por ejemplo, en un experimento se recortaron dos figuras, una en forma de burro y otra en forma de hoja. A pesar de que ambos presentaban un color gris, se identificó que el color del objeto con forma de hoja era más verdoso que el objeto con forma de burro (Dember y Warm, 1990: 365-366).

Gibson también hace referencia a algún experimento de este tipo en el que se constató que un pedazo de chocolate de color castaño, tenía más gusto a chocolate que un pedazo de chocolate blanco, cuando el individuo veía lo que comía, pero que esa diferencia de gusto no existía cuan- do los probaba con os ojos vendados (Gibson, 1974: 282-283)

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