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Cleaved Amplified Polymorphic Sequence (CAPS) analysis to identify Sna-1 and Col-0 eIF4E

variation in A thaliana

3.5 Sequencing Sna-1 eIF4E and eIF4G

3.5.3 Cleaved Amplified Polymorphic Sequence (CAPS) analysis to identify Sna-1 and Col-0 eIF4E

Dentro de esta clase malacostraca, los decápodos (orden Decapoda) son los más conocidos por contener las especies de mayor tamaño y más importantes para la pesquería comercial. Se caracterizan por presentar todos los segmentos torácicos fusionados y protegidos por un caparazón bien desarrollado que encierra la cámara branquial, tres pares de maxi- lípedos, ojos pedunculados, cinco pares de patas (de ahí el nombre de decápodos) unirrámeas o débilmente birrámeas llamadas pereiópodos, donde al menos el primer par está modificado en forma de quelípedo y el segundo y tercer pares también puede presentar esta modificación, aunque no siempre (Brusca y Brusca 2003; Hickman et al. 2011).

El orden Decapoda es extremadamente diverso, con unas 18,000 especies (Hickman et al. 2011). El área del presente estudio se encuen- tra dentro de la provincia Panámica del Pacífico Este, que se extien- de desde Bahía Magdalena, Baja California, México, hasta el Golfo de Guayaquil Bahía Sechura, en Ecuador (Boschi 2000). Esta provincia es una de las más diversas del planeta en decápodos, con 825 especies, la más diversa de todo el Pacífico Este y solo superada por la povincia Caribeña en todo el continente americano (Boschi 2000).

Importancia

Los crustáceos decápodos presentan ciclos de vida complejos, con fases larvarias planctónicas y fases postlarvarias bentónicas, lo que determina que su distribución espacial y dinámica de poblaciones se encuentre en estrecha relación tanto con procesos de dispersión larvaria —mediados por factores físicos— como de selección de hábitat ligados a los patro- nes de movimientos y migraciones en estadios postlarvarios (Botsford 2001; Cobb y Wahle 1994; Possingham y Roughgarden 1990; Wahle y Steneck 1991). Presentan comportamientos complejos con cambios ontogenéticos en la selección de hábitat, crecimiento y migraciones (Corgos et al. 2006, 2007, 2011; Freire y Gonzalez-Gurriaran 1998; Gonzalez-Gurriaran y Freire 1994; Gonzalez-Gurriaran et al. 2002; Hines et al. 1995; Pallas et al. 2006), lo que hace que muchas especies presenten segregación espacial entre las distintas fases de su ciclo vital, especialmente entre juveniles y adultos (Corgos et al. 2011; Fernández et

2002; Hines y Ruiz 1995; Hines et al. 1995). Por consiguiente, a lo largo de sus vidas muchas especies de decápodos realizan movimientos entre hábitats a distancias desde pocos hasta cientos de kilómetros (Gillanders

et al. 2003). Incluso se han descubierto preferencias por microhábitats

en algunas especies, mientras que otras son más flexibles en cuanto a su selección de hábitat (Pallas et al. 2006; Robinson y Tully 2000; We- hkamp y Fischer 2013). Los decápodos presentan un comportamiento reproductivo complicado, en el que los machos compiten por las hem- bras, y desarrollan estrategias y tácticas reproductivas complejas para conseguir cópulas (Corgos et al. 2006; Correa et al. 2003; Elner y Ben- ninger 1995; Jivoff 1997a; Van der Meeren 1994). Algunas especies sólo pueden aparearse cuando la hembra acaba de mudar y tiene el capara- zón blando y los machos hacen guardia precopulatoria o poscopulatoria para asegurarse la cópula y la paternidad de la descendencia (Elner y Benninger 1992, 1995; Jivoff 1997a, 1997b; Hartnoll 2001; Rondeau y Sainte-Marie 2001). Otras especies pueden aparearse cuando la hem- bra presenta el caparazón duro (González-Gurriarán et al. 1998) y tie- nen estructuras anatómicas para almacenar los espermatóforos después aparearse con varios machos y fecundar varias puestas sin necesidad de nuevas cópulas (González-Gurriarán et al. 1998; Diesel 1991; Rondeau y Sainte-Marie 2001). En ambos casos se puede producir competencia espermática, y los machos desarrollan estrategias para que su esperma sea el que fertilice la puesta (Diesel 1990, 1991; Jivoff 1997b; Rondeau y Sainte-Marie 2001).

Los decápodos ejercen un importante papel ecológico en los eco- sistemas bentónicos, debido a su abundancia y su elevada diversidad taxonómica y trófica (Pallas et al. 2006). Son miembros importantes de las comunidades bentónicas tropicales, ya que una amplia variedad de especies de pequeña talla contribuye al tamaño, complejidad y funcio- namiento de los ecosistemas tropicales (Hendrickx 1995a), ejerciendo un papel importante en la regulación de las relaciones tróficas de las comunidades bentónicas (Hendrickx y Harvey 1999). Los macroinver- tebrados bentónicos son una importante fuente de alimento en los eco- sistemas costeros, tanto que fueron denominados como especies forraje (Blaber 1997). Diversos estudios realizados en las costas del área de estudio y aledañas destacaron la importancia de la macrofauna ben- tónica en la dieta de las especies de peces (muchas importantes para

la pesquería artesanal). Especies como la sarangola Microlepidotus bre-

vipinnis, el chivo Mulloidichthys dentatus (Flores-Ortega et al. 2010),

el huachinango Lutjanus peru (Saucedo-Lozano et al. 1999; 2006), los pargos Lutjanus guttatus (Saucedo-Lozano y Chiappa-Carrara 2000; Saucedo-Lozano et al. 2006), Lutjanus argentiventris y Lutjanus colorado (Santamaría-Miranda et al. 2006), los serránidos Diplectrum euryplec-

trum y D. labarum (Aguilar-Palomino y González-Sansón 2010), los

lenguados Bothus leopardinus y Syacium ovale (Flores-Ortega et al. 2013) o las rayas Urolophus halleri (Valadez-González et al. 2001; Flores-Or- tega et al. 2011), Urotrygon munda y Urotrygon rogersi (Flores-Ortega

et al. 2011) presentaron una dieta dominada por crustáceos decápodos,

anfípodos, estomatópodos e isópodos, y en varios casos el conjunto de crustáceos representó más del 90 por ciento de la dieta.

Los decápodos son una fuente enormemente valiosa como recurso pesquero y fuente de alimento. Especies como el cangrejo de las nieves

Chionoecetes opilio y C. bairdi, el cangrejo real Paralithodes camtschati- cus, la centolla Maja brachydactyla, la nécora Necora puber, las jaibas Ca- llinectes sapidus, Portunus pelagicus o Portunus trituberculatus, la cigala Nephrops norvegicus, el bogavante americano Hommarus americanus, el

cangrejo gigante australiano Pseudocarcinus gigas, varias especies de lan- gosta como Palinurus elephas, Panulirus argus o P. cygnus y varias especies de camarones y gambas, Acetes japonicus, Pandalus borealis, Trachysalam-

bria curvirostris, o Penaeus monodon, entre otras muchas, son objeto de

pesquerías enormemente desarrolladas con unas capturas realmente considerables. Se ha estimado para el año 2010 una captura mundial de más de 4.8 millones de toneladas de decápodos marinos (fao 2012), de las cuales el 64.1 por ciento corresponden a las capturas de gambas y ca- marones. La producción acuícola de crustáceos fue incluso superior a la captura, con 5.7 millones de toneladas que alcanzaron un valor de 26.9 billones de dólares en el mercado. Los camarones y gambas también son los crustáceos más cultivados, con 3.8 millones de toneladas y un valor de 16.6 billones de dólares (fao 2012). La especie más explotada con diferencia es el camarón japonés Acetes japonicus, con una captura de más de 573 mil toneladas en 2010 (fao 2012), y que tan sólo una pequeña parte se vende fresco, siendo la mayoría procesado y vendido como pasta de camarón.