5 ENERGY AND TRANSPORT
6.2.6 Climate change
La necesidad de hablar de Andragogía, como cuestión diferente de la Pedagogía, se basa en la distinción de los propósitos, fines, formas de ate
e
requiere tomar en cuenta sus características bio-psico-sociales y sus experiencias anteriores, presentes y futuras o deseables (Fernández, 2001).
González (2005), en un artículo de investigación sobre andragogía como base para la educación penitenciaria cita a Knowles (1968), quien en su obra “Instrucción de Adultos” identificó a la andragogía, como el concepto que reúne varias ideas centrales respecto al carácter sin
a
mentales, físicos, emocionales, sociales y ocupacionales a través de los cuales la vida se desarrolla.
Un aporte significativo de las experiencias recopiladas por Knowles (1980, citado por ndizaje de los adultos lo conduce a establecer diferencias
e supuestos relacionados con: González, 2005) sobre el apre
respecto del modelo pedagógico a partir d
▪
▪
Un concepto del educando.▪
▪
El rol de la experiencia del educando.▪
▪
La disposición para aprender.▪
▪
e al menos estos cuatro upuestos cruciales acerca de las características de los educandos, que son diferentes de
en que, mientras los individuos maduran:
) su perspectiva de tiempo cambia de la aplicación postergada del conocimiento a la , su orientación hacia el aprendizaje cambia de osición desde la centralización en asignaturas a la centralización del desempeño.
de la educación de los adultos”. Sus reflexiones conducen a una
la misma actividad.
La orientación hacia el aprendizaje
En resumen el autor plantea que la andragogía está establecida sobr s
los supuestos sobre los cuales la pedagogía tradicional está establecida como premisa. Estos supuestos consisten
1) su autoconcepto se mueve desde el de ser una persona dependiente hacia el de ser un ser humano autodirigido.
2) acumulan una creciente reserva de experiencias que se convierten en un recurso cada vez más rico para el aprendizaje.
3) su disposición para aprender pasa a ser orientada cada vez más hacia las tareas de desarrollo de sus roles sociales.
4
inmediatez de la aplicación y por consiguiente p
(Faúndez 1993, citado por González, 2005 ).
Adam (1977, citado por González, 2005) propuso utilizar el término andragogía para designar “la ciencia
distinción de la realidad educativa del adulto como educando en el que se conjugan y hacen presentes características peculiares y por ende, diferente a la de los niños en el ejercicio de
Es decir, no se puede tratar el aprendizaje de los adultos con las mismas técnicas, métodos y procedimientos que, los hasta ahora, empleados con los niños, porque se hace preciso decuar éstos a las necesidades intereses y motivaciones que esta nueva visión de la
ntes por el contrario, ambas son complementarias en cuanto al logro de su fin ltimo, que es la educación del hombre, aunque sean excluyentes respecto a la aplicación de
ograma. Como proceso supone más una actitud de ida frente a las posibilidades y oportunidades de crecimiento personal-intelectual que un
y la voluntad de los articipantes de concretar, valiéndose de las técnicas pluridimensionales de la comunicación,
en cuenta dentro del proceso de enseñanza- prendizaje y como podemos observar, coincide indudablemente con los cuatro supuestos
a
realidad adulta aconseja.
En ningún momento se podría decir que la pedagogía y la andragogía son dos ciencias antagónicas, a
ú
sus técnicas.
Según González (2005), estas confrontaciones, entre los estudiosos del tema, por la búsqueda de una identidad propia ha motivado la aceptación universal de la andragogía como un proceso más que como un pr
v
recetario de técnicas y procedimientos.
“La andragogía intenta ayudar a los adultos a aprender lo que ellos desean aprender y cuando ellos lo quieren. El proceso está basado en que el adulto es capaz de auto-dirigirse” (Avila, 1993 citado por González, 2005, pág. 8). Se está hablando de una relación de aprendizaje fundamentada en la independencia de acción, la reflexión
p
sus ideas, experiencias e intereses en el logro de un beneficio común.
En el artículo “Andragogía. Su ubicación en la educación continua”, Fernández (2001), destaca las principales características a tomar
a
que se mencionan anteriormente.
Según este autor, el adulto pretende y desarrolla una vida autónoma en lo económico y en lo social, posee un concepto de sí mismo como capaz de tomar decisiones y autodirigirse, juega un papel social, que conlleva responsabilidades desde el punto de vista económico y cívico, forma parte de la población económicamente activa y cumple una función productiva, actúa independientemente en sus múltiples manifestaciones de la vida, además de su preocupación por el saber, requiere del saber hacer y el saber ser; sin duda, características
que determinan el comportamiento del adulto en su rol de capacitando. El mismo autor sugiere que en este último rol, el adulto se acerca al acto educativo con disposición para aprender, responsable y consciente de la elección del tema a atender (y si no es así es fundamental promover esta situación). También, puede pensar en términos abstractos, es apaz de emplear la lógica y los razonamientos deductivos, hipótesis y proposiciones para
importante, busca la aplicación y práctica mediata de aquello que aprende, es decir, se centra en la resolución de problemas más
ficiente, ni varlo a examinar sus prácticas y sus costumbres sin razones sólidas, ni imponerle
zaje. En uanto al facilitador, este debe responder de manera directa a las demandas de los adultos,
a de evaluación integral. c
enfrentar situaciones problemáticas.
El adulto se torna de un ser dependiente a uno que autodirige su aprendizaje, ya que aprovecha su bagaje de experiencias como fuente de enseñanza, tanto para sí mismo como para los que le rodean, por lo que mantiene una actitud de participación dinámica pero asume posiciones desaprobatorias cuando se siente tratado como infante. Así mismo, rechaza la rigidez e inflexibilidad pedagógica con que es tratado por los instructores que frenen indirectamente el proceso de autorrealización, aspiración natural y propia de la juventud y de los adultos en general. Y lo más
in
que en la ampliación de conocimientos teóricos.
En conclusión, el proceso de aprendizaje debe tomar en cuenta las características propias de los adultos. El capacitando tiene una historia, una experiencia, estructuras de pensamiento que no pueden ni deben desconocerse. El adulto, es menos maleable que el niño, tanto en lo intelectual, como en lo afectivo y por supuesto en lo social. Sus opiniones, hábitos y prácticas pueden servir de punto de apoyo o bien, pueden llegar a conformar núcleos de resistencia. No se le puede pedir que acepte ideas sin demostración su
lle
contenidos y métodos de desarrollo por medio de procedimientos disciplinarios.
La psicología, aliada con la prudencia, exige que se trate al adulto como sujeto de su desarrollo y no como objeto a desarrollar. El adulto en formación debe ser activo y esta actividad debe manifestarse desde el principio del proceso de enseñanza-aprendi
c
ajustando sus intervenciones a las necesidades de los participantes (Patiño, 2005).