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Pathophysiology

CLINICAL FEATURES:

Como ha sido mencionado en el capitulo 1, los recursos minerales de la pampa bonaerense aparecen puntualmente restringidos en ciertos entornos particulares (Flegenheimer y Bayón 2002), de modo que se han desarrollado una serie de estudios sistemáticos orientados hacia el aprovisionamiento de rocas en los sistemas serranos de Tandilia y Ventania, en diferentes porciones de la franja litoral marítima y en algunos afloramientos saltuarios del área interserrana (Politis 1984, Flegenheimer 1991, Lozano 1991, Flegenheimer et al. 1996, Oliva y Moirano 1997, Ormazabal 1999, Barros y Messineo 2004, Bonomo 2005a, entre otros).

En el área de Tandilia se han llevado adelante una importante cantidad de trabajos, entre los que tuvieron gran importancia los desarrollos líticos. En la porción austral se realizaron estudios que tratan el abastecimiento de rocas entre San Manuel y Mar del Plata, destacándose los aportes de Mazzanti

(1993) y Matarrese y Poiré (2009) para el abastecimiento de Ortocuarcitas de la Fm Balacarce (estos últimos en relación a la manufactura de artefactos por picado abrasión y pulido); Barna y Kain (1994) y Flegenheimer y Leipus (2007) en relación al aprovisionamiento de sílices microcristalinas en el cerro El Sombrero y Vecchi (2010a) para el aprovisionamiento de Diabasas en la zona de San Manuel (véase un tratamiento detallado de estos trabajos en capitulo 3 apartado 3.7.4)

Por otra parte, en la fracción septentrional, desde el norte de la localidad de Barker hasta las sierras de Olavarría (Lozano (1991), Messineo et al. (2004 a, 2004b), Barros y Messineo (2004, 2006) y Pérez (2010) trataron en detalle el abastecimiento de las ftanitas y dolomías silicificadas que afloran localmente (véase también tratamiento detallado de estos trabajos en capitulo 3 apartado 3.7.4).

En cuanto al sector central, los primeros trabajos arqueológicos desarrollados en la zona fueron llevados a cabo por Menghin y Bórmida en la década de 1950. Estos estuvieron sujetos a la exploración de cuevas y reparos rocosos ubicados a lo largo de toda el área. Si bien fueron visitados reparos y cuevas en las sierras de Balcarce (gruta Ojo de Agua), Tandil (gruta del Tigre y Cerro Albión), San Manuel (cueva de Los Barrientos y Sierra de La Guitarra) y Barker (Caverna Oscura, Sierra de La Tinta), las tareas más importantes fueron desarrolladas en las grutas del Oro y Margarita (Cuchilla de las Águilas, Barker). En este trabajo clásico de la arqueología pampeana, los autores practicaron una trinchera en la boca de la cueva y hallaron una pequeña muestra de artefactos líticos y carbones. A partir de correlaciones estratigráficas con cuevas de distintos espacios del continente y en especial en base a la secuencia realizada por Auer en 1950, Menghin y Bórmida (1950) plantean una ocupación de tradición Tandilense; creando así la primera de una serie de culturas “ense” de particular importancia para la historia de las investigaciones arqueológicas en la región pampeana. Con dicha denominación se describía “una cultura muy primitiva de morfología protolítica (paleolítico inferior) (…) que existió alrededor del temprano postglacial () es decir

alrededor del VI y VII milenio a. J.C” (Menghin y Bórmida 1950:34). En un marco netamente difusionista, dicha cultura Tandiliense podría correlacionarse con la hallada en Cueva Eberhardt (patagonia chilena) y cueva Fell, y “…sin

duda fue llevada a este continente por cazadores inferiores” (Menghin y Bórmida 1950:34). Estas conclusiones fueron revisadas primero por Madrazo (1968), quien volvió a realizar sondeos. Este autor en base a la ausencia de hallazgos y a las correlaciones estratigráficas establecidas por Teruggi (1968) propuso una edad mucho menor para dicha ocupación (no anterior al último milenio). Posteriormente Orquera et al. (1980), realizaron nuevos sondeos en busca de la capa cultural hallada por Menghin y Bórmida, con el objetivo principal de aclarar el problema cronológico. De esta forma se realizó un fechado radiocarbónico sobre materia orgánica del perfil estratigráfico que arrojó 6560 años AP. Creemos que estos datos deben ser repensados en la actualidad en base a la inmensa cantidad de nuevos contextos conocidos, en los distintos ambientes pampeanos. Si bien en la zona central de Tandilia, aun no se han investigado sitios domésticos en reparos rocosos, pensamos que los datos generados para la Gruta del Oro deben seguir siendo tomados con cautela, pues el conjunto artefactual es muy reducido y las correlaciones cronológicas no son del todo claras. Por ultimo es interesante notar que esta serie de controversias llevó posteriormente a otros investigadores y aficionados a realizar sondeos o bien a visitar la cueva, así, el sitio fue conocido por Nora Flegenheimer (com. pers.) y Diana Mazzanti (2011) y re- sondeado por Lagiglia (N. Flegenheimer com. pers.) e integrantes del Grupo Espeleológico Argentino (Stella y Dentone 2009).

En cuanto a la identificación de fuentes de materias primas líticas, a principios de la década de 1980 comenzaron las primeras prospecciones en el área (Flegenheimer 1991). En una primera publicación se expusieron las excavaciones realizadas en un contexto específico de cantera-taller en el Cerro Reconquista (San Manuel, Pdo. de Lobería), relacionado principalmente con el aprovisionamiento de dolomía silicificada y pigmentos (Flegenheimer 1991). Este sitio posee especial significación pues por primera vez se describe una posible estructura de excavación para obtener materias primas en el área serrana y la utilización de tratamiento térmico para mejorar la calidad de las rocas. Además de ser la primera cantera-taller excavada de la región pampeana (y probablemente en el país), resulta muy importante la asociación con restos faunísticos consumidos en el sitio, entre los que se destacan los de guanaco (NMI: 2) venado (NMI: 1) y vizcacha (NMI: 1) (Pupio 1996: 194).

Además, este fue el primer contexto de explotación de rocas fechado para el área en 1630 años AP (Pupio 1996).

Más adelante, y específicamente en relación con las rocas cuarcíticas (y en menor medida sílices microcristalinas), fue hallado un importante sector de canteras y talleres de rocas de muy buena calidad para la talla en un tributario del arroyo El Diamante, cordón serrano de La Juanita, partido de B. Juárez. En un primer trabajo, Flegenheimer y colaboradores (1996) prospectaron unos 2 km² en los que se ubicaron una serie de sitios de aprovisionamiento de

cuarcitas “superiores” de color blanco, denominados como “área de canteras y talleres” a partir de la dificultad de delimitar sitios definidos. Durante estos trabajos se hallaron grandes concentraciones de materiales y se identificaron evidencias claras de canteo sobre afloramientos primarios, así como la utilización de clastos sueltos en las laderas. Las tareas arqueológicas incluyeron observaciones geoarqueológicas sobre la posición y litología de las rocas explotadas, mapeos y mediciones de talleres (tamaños, densidad y posición estratigráfica) y se reconocieron los principales productos (núcleos, lascas, lascas nodulares y artefactos formatizados). En base a las vastas cantidades de lascas de descortezamiento, presencia de distintos tipos de núcleos, grandes negativos de lascado sobre los filones y baja proporción de instrumentos formatizados; los autores propusieron que en los sitios superficiales estudiados pueden observarse algunos aspectos característicos de los contextos de canteras: una marcada selección de las rocas utilizadas, presencia de las primeras etapas de manufactura, importantes cantidades de materiales descartados cuando aún tenían grandes remanentes de materias prima y mayor inversión de trabajo en las tareas de extracción de lascas útiles de los afloramientos y descortezamiento de los clastos. Además según las cantidades de materiales presentes, las canteras de El Diamante debieron ser revisitadas a lo largo del tiempo, conformando complejos palimpsestos, lo cual estaría de acuerdo con una modalidad de aprovisionamiento mediante viajes específicos y no de tipo inclusiva (Flegenheimer et al. 1996:128-129)

En un segundo estudio, se prosiguió con los relevamientos ampliando la zona de abastecimiento a 4 km² y se analizó el material trasportado por acción

del arroyo El Diamante, que forma importantes barras de acumulación. Esto permitió realizar una datación radiocarbónica sobre materia orgánica del perfil

del arroyo que arrojó edades mínimas de 3979 y 4529 AP. Esto indicaba que el área había sido visitada y sus rocas explotadas hace al menos unos 4500 años, pues, en el mismo perfil se detectaron materiales arqueológicos por debajo del estrato fechado (Flegenheimer et al. 1999).

Posteriormente, se llevo adelante una aproximación geoarqueológica con el objetivo de abordar desde una escala de interés arqueológica, las denominaciones existentes para las rocas cuarcíticas de los distintos sitios pampeanos (Bayón et al. 1999). Al momento de la publicación diversas materias primas del entorno bonaerense eran clasificadas como “cuarcitas o rocas cuarcíticas” de grano fino o grueso. Dentro de este rótulo general se incluían rocas con diferencias en tamaños de grano y texturas, por lo que la propuesta tuvo como fin analizar microscópicamente estas diferencias con el objetivo de establecer estudios de proveniencia más claros. De ese modo se sintetizaron las denominaciones geológicas existentes para dichas rocas y se diferenciaron mineralógicamente distintas variedades de Ventania y Tandilia. Es así como se propuso que las rocas “[…] sedimentarias constituidas casi

exclusivamente por granos de cuarzo de tamaño arena y que tienen cementación silícea y grados de alteración muy bajos […]” ubicadas en la

mencionada porción de Tandilia se designarían ortocuarcitas (Bayón et al.

1999). Estas rocas se diferenciaron de las metacuarcitas, características del sistema de Ventania, ya que éstas también son rocas ortocuarcíticas pero con sus características modificadas por procesos metamórficos mayores (Bayón et al. 1999). Además, al interior de las ortocuarcitas de Tandilia, los autores resaltaron diferencias macro y microscópicas entre las de la Formación Balcarce y las del Grupo Sierras Bayas. Entre estas últimas se encuentran las de buena calidad para la talla, explotadas arqueológicamente.

Por último, las investigaciones iniciadas en la zona de Arroyo El Diamante se continuaron ampliando el área de prospecciones a unos 6 km², en

los que se registraron en total seis sitios de abastecimiento (Paulides 2005). En primera instancia, el autor presenta una propuesta metodológica para el abordaje arqueológico del área (Paulides 2005, 2007b). En cuanto a las tareas realizadas, estas estuvieron relacionadas con el análisis específico de los núcleos y desechos de talla recolectados en superficie en uno de los talleres (Arroyo Diamante 1). En este sentido se realizó una descripción y

sistematización teórica sobre las potenciales técnicas de extracción que podrían haber existido (Paulides 2005, 2007b) y se observaron las posibles formas base utilizadas en la cantera para formatizar los núcleos, entre las que se destacan las lascas nodulares de afloramientos y clastos naturales; en cuanto a la morfología de los núcleos, estos serían de dos tipos distintos: indiferenciados y formales (al interior de esta categoría en primer lugar se encuentran los piramidales y luego otros –bifaciales; discoidales, prismáticos, etc-) (Paulides 2005, 2006, 2007a). A partir de todo ello se concluye por un lado que en la cantera Arroyo Diamante 1 solo se realizaron las primeras etapas de reducción lítica. Por otra parte, en relación al trasporte de los materiales hacia otros sitios de la región pampeana, se plantea que durante el Holoceno tardío se exportaron lascas (obtenidas de núcleos indiferenciados y de lascados selectivos, posteriormente descartados en la cantera); lascas nodulares extraídas de los afloramientos y núcleos formales de importantes tamaños (Paulides 2005, 2007a).

Finalmente, en otra línea de trabajo, en la zona de estudio se realizan tareas de investigación relacionadas con el análisis de las estructuras de piedra ubicadas temporalmente en el período hispano-indígena, lo que atestigua el uso ininterrumpido del área de estudio (Ramos 1995, 1999, Ramos et al.1996,

2006, Ramos y Salatino 2007, Bognanni 2007; también Lanza 2005, 2006, 2007, véase además Ferrer y Pedrotta 2006).

Capitulo 3. Las sociedades prehispánicas y sus rocas:

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