2.3 Overview of Existing Cloud Computing Simulators
2.3.1 CloudSim
Con una buena desviación, tu adversario enseguida se verá impotente. Porque la comunicación es un ofrecimiento, no una obligación. Si tú no participas, no puede dirigirte sus ataques.
Tu interlocutor te dice: «¿Cómo es que hoy pareces tan inteligente? ¿Has comprado algo de razón?». Ese comentario es simplemente una especie de petición. Te está pidiendo que hagas caso de lo que te dice.
Puedes aceptar esa petición y combatir ese comentario tonto. Pero también tienes la posibilidad de rechazar la petición. Y sin justificarte. Recházala no haciéndole caso. Ponte a hablar de las fundas para los asientos del coche. O de los gorros de baño
en las piscinas públicas. Si quieres parecer más intelectual, comenta la política de los tipos de interés adoptada por los bancos estadounidenses o el nuevo montaje del
Fausto de Goethe en el teatro municipal.
Pero ¿qué ocurre si el otro te dice: «Eh, has cambiado de tema»?
Bueno, tienes libertad para decidir de nuevo cómo vas a reaccionar. Lo más sencillo es decir «Sí, lo he hecho». Y punto. Sin justificaciones. Sin declararte culpable de nada. Sí, has cambiado de tema. Piénsalo: tú puedes hablar de lo que quieras. También lo hace tu interlocutor. Él también habla sin contemplaciones de lo que le pasa por la cabeza. Él aborda un tema y tú otro. Los mismos derechos para todos.
Aprovecha la ocasión para hablar de tus temas
preferidos
No tienes la obligación de seguir a tu interlocutor en todo lo que diga. No tienes que deslizarte con él por todos los recovecos de su mente. Y si el interesado insiste una y otra vez en sus impertinencias, tú también puedes obstinarte en desviar la conversación. Seguro que hay muchos temas de los que te gustaría hablar. Ésta es la ocasión para sacar a pasear tus ideas. A continuación te presento un resumen de esta estrategia defensiva. Estrategia de autodefensa: la desviación El principio es muy simple: tu interlocutor te dice algo chocante y tú hablas de otra cosa. El tema dependerá de lo que te pase por la cabeza. En las conversaciones serias, por ejemplo, en el trabajo, es mucho mejor que la desviación esté relacionada con el tema de la conversación. Así parecerás competente y todos saldréis ganando.No obstante, si quieres divertirte un poco más, te recomiendo un tema trivial cotidiano. Un clásico de la desviación es hablar del tiempo.
Comentario:
—Oh, Dios mío. Puedes sacar de sus casillas a cualquiera. Desvío:
—¿Sabes en qué estoy pensando? Este año seguro que tendremos un invierno suave. Con el verano que hemos tenido, el invierno no puede ser muy frío.
Otras desviaciones posibles:
—Ahora que lo menciona… Creo que, para esta época del año, hace mucho calor. —Aquí está lloviendo y el sol brilla por encima de las nubes.
—En (nombre de un país lejano, por ejemplo, Australia) ahora es invierno/verano. ¡Qué cosas!
Todo lo que es actualidad puede convertirse en tema de desviación: —Acaba de empezar la temporada de espárragos. Pero a mí no me gustan demasiado los espárragos.
Si tu interlocutor acaba de hacer un comentario realmente malo, te recomiendo que elijas una desviación enrevesada. Este tipo de desvíos extraños son divertidos y te pondrán una sonrisa en los labios. Podría ser algo así:
—Estaba pensando que los dedos me crujen con un ruido raro. ¿Quiere oírlo? Un momento… Así. ¿Lo ha oído? ¿Por qué será? —Espere un momento. Acabo de recordar una cosa: no sé dónde he leído que hay gente que se come las latas de refrescos. ¿Cómo digerirán el metal? ¡Eso no puede ser sano!
—Ahora que lo mencionas, me has hecho pensar en otra cosa: nunca me ha interesado demasiado la moda. Pero los tops están anticuados. Ya nadie los lleva. ¿O vas a decirme que te pondrías uno?
Recuerda que la estrategia de la desviación no es artificial ni postiza. No ha sido creada por un psicólogo chiflado que le ha dado vida con rayos y truenos en un laboratorio oculto. No, las desviaciones son populares y tradicionales. Observa a tu alrededor y escucha. Por todas partes detectarás digresiones. Seguro que también en tu familia.
Una estrategia sofisticada que los niños ya
dominan
Denis, un niño de ocho años, no lo tiene fácil. Su madre se preocupa mucho por darle una alimentación sana. Para Denis, eso significa ante todo: nada de dulces. En vez de pastelillos, siempre lleva a la escuela un buen bocadillo. Dos rebanadas de pan integral con queso sin aditivos para el recreo. Y un par de zanahorias.Hoy, como tantos otros días, Denis le ha cambiado el bocadillo a Julia. Julia va a su misma clase y se lo come todo, incluso las cosas saludables. Le ha cambiado el bocadillo de pan integral por media chocolatina.
Denis sale del colegio y su madre enseguida le controla la alimentación.
—¿Te has comido el bocadillo? —pregunta, puesto que no sería la primera vez que encuentra un trozo de pan seco en la mochila de su hijo.
Denis está entre la espada y la pared. Sabe que su madre siempre lo pilla cuando dice una mentira. Un «Sí, me lo he comido» no colaría. Tampoco se creería la historia de que, a la hora del patio, una gaviota se ha lanzado en picado sobre su bocadillo y
se lo ha arrancado de las manos. Y no puede decir que se lo ha cambiado a Julia, porque entonces a su madre le daría algo. Por eso, instintivamente, decide cambiar de tema.
—Mamá, ¿sabes qué? Me han puesto un sobresaliente en la redacción. La maestra me ha felicitado. Porque lo hago muy bien. Ahora te la enseño.
Sale corriendo y va a buscar el cuaderno. La madre duda. No se le escapa que Denis no ha contestado a su pregunta. Pero, por otro lado, el niño está tan contento con la nota que ha sacado. Además, por fin le cuenta algo de la escuela. No suele hacerlo. Normalmente tiene que arrancarle las palabras una a una.
Así pues, mira la redacción con el sobresaliente. Le acaricia cariñosa la cabeza y se deshace en elogios. Denis le enseña a su madre los deberes del día. Tiene que hacer otra redacción. Esta vez tiene que ser muy larga. Por suerte, se le da bien.
La madre se siente orgullosa de su hijo. Parece que se lo pasa bien en clase. ¡Y qué contento está con su sobresaliente!
¿Y el tema del bocadillo? De momento, olvidado. La desviación ha tenido éxito. Los niños usan la desviación para eludir las preguntas incómodas de sus padres. No obstante, esta estrategia no es de ningún modo infantil. No, los adultos, incluso las personas importantes, la utilizan cuando las cosas se ponen feas. Aunque, claro está, nunca lo confesarían públicamente.