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Citando una definición sumamente elemental de Desarrollo Humano, pero considerándola válida para una primera relación con la perspectiva intercultural, lo vemos como:

“Proceso por el que una sociedad mejora las condiciones de vida de sus ciudadanos a través de un incremento de los bienes con los que puede cubrir sus necesidades básicas y complementarias, y de la creación de un entorno en el que se respeten los derechos humanos de todos ellos.”21

Si bien, existe una abundante crítica desde la filosofía intercultural al contexto civilizatorio actual, que afecta evidentemente las condiciones de Desarrollo Humano de los pueblos del mundo, nos abstenemos concientemente de abundar sobre la misma y nos concentramos en su dimensión propositiva.22

Retomando la derivación ético-política descrita anteriormente, podemos pensar que el proyecto político alternativo propiciado por el diálogo intercultural

21Índice de Desarrollo Humano en Wikipedia, La enciclopedia libre,

http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%8Dndice_de_Desarrollo_Humano, [noviembre 2007].

22 Dicho sea de paso que la anterior definición de Desarrollo Humano es sujeta a crítica en cuanto que

reduce la subjetividad de la humanitas a la categoría de “ciudadano”, indicio que haría sospechar de una colonización de la reflexión subjetiva de tinte occidental tradicional para enrumbar este desarrollo por cauces sumamente predeterminados hacia un modo cultural dominante. Por ello, esta definición debiese también “acordarse” para ganar validez desde la perspectiva intercultural.

busca crear un movimiento para organizar económica, política, social y culturalmente la humanidad, donde para la afirmación de la identidad cultural particular de cada comunidad, no se exige la negación de las demás. Es “universalismo inclusivista” que por la fuerza del espíritu de la misma cultura humana, es capaz de hacer un lugar al extraño sin necesidad de reducirlo o dominarlo, y que va mundializándose por las disposiciones de cordialidad, hospitalidad y simpatía. Es con estas actitudes ético-políticas, que todas las culturas participantes se saben respetadas como sujetos, y desechan el temor a colonialismos. Ello infunde la confianza para el diálogo abierto y constructivo.

Es así, que en su intencionalidad, la propuesta intercultural, dibuja las condiciones de posibilidad y los caminos para el Desarrollo Humano: pues por un lado, sin comunicación, realizada en espacios de simetría cultural, nunca será posible construir las bases para un auténtico proyecto alternativo, que asegure los protagonismos culturales necesarios para organizar la sociedad en sintonía con el bienestar y bien común de toda la comunidad humana universal; y por otro lado, sin el ideal y contenido fontal de la humanitas, no habría destino claro hacia el cual avanzar. Ambas potencias se conjuntan con el propósito de hacer caminos, queriendo decir al estilo de Amado Nervo: “Porque veo al final

de mi raudo camino, que fui el arquitecto de mi propio destino”.

Estableciendo una relación entre la propuesta proveniente del diálogo intercultural, y el concepto de Desarrollo Humano, encontramos que en la pasada década se presentó uno de los trabajos de mayor envergadura que se ha realizado a nivel internacional en el campo de la cultura y el desarrollo. Se tituló “NUESTRA DIVERSIDAD CREATIVA”, creado por la Comisión Mundial

de la Cultura y el Desarrollo, fue dado a conocer por Lourdes Arizpe, Subdirectora General del Sector de la Cultura UNESCO.23

Algunas ideas del discurso de presentación empatan cabalmente con la sensibilidad y el accionar propuesto desde el ángulo intercultural. Por ejemplo, se afirma que la cultura se dibuja como mapa para la “reconstrucción del mundo”, pues los cambios son de tal magnitud que debemos volver a lo básico, a lo primario, es decir, a los significados que guían la acción humana.24

En el discurso también se recuerda que para 1989 el PNUD buscó elaborar la noción básica de Desarrollo Humano procurando trascender lo económico, sin abandonarlo. Por ello, la noción debía ampliarse, pues los criterios económicos no eran suficientes para facilitar un programa para la dignidad humana y el bienestar. En razón de lo cual, se pensó medir el desarrollo en términos de posibilidades y capacidades del ser humano que van desde la libertad social, económica y política, hasta las oportunidades individuales para estar sano, recibir educación, ser productivo, creativo y disfrutar del respeto personal y los derechos humanos. Sin embargo, la cultura implícita en esta noción, no estaba explícitamente formulada.

Para solventar este vacío, se propuso generar un debate internacional que sacara a la luz la importancia del factor humano, ético y cultural para el desarrollo. Es decir, consolidar un nuevo paradigma de desarrollo que caminara más allá del crecimiento en el PIB. Ese era el objetivo de la Comisión.

23 Presentación del Documento: “NUESTRA DIVERSIDAD CREATIVA”, Propuesta de la Comisión

Mundial de la Cultura y el Desarrollo, UNESCO, 1995, en

http://www.lacult.org/docc/PROP_COM_MUND_CULT_DES.doc, [noviembre 2007].

Esta Comisión fue creada en noviembre de 1992; se encargó la presidencia al ex-Secretario General de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuellar. Sus labores se realizaron en el marco del Decenio Mundial para el Desarrollo Cultural (1988-1997).

En sus trabajos, la Comisión estaba convencida de que la cultura es una variable fundamental, sino un factor esencial, y acaso más bien la esencia misma del desarrollo sostenible. Porque la idea de aumentar las capacidades y posibilidades de los seres humanos debe necesariamente arraigarse en la ética y en los valores culturales que conforman las pautas de comportamiento cotidiano.

Es ahí donde la noción de desarrollo alcanza su mejor cariz cultural y de sentido, en cuanto no es un objetivo en sí mismo, sino un proceso que da a las personas mayor libertad para hacer lo que realmente les interesa, o sea, sus justas aspiraciones. Las resonancias con el protagonismo cultural explicado en líneas anteriores son sumamente evidentes.

Concretizando en la dimensión ético colectiva, que entiende la cultura como “manera de vivir juntos”, la Comisión propone un doble mensaje: primero, que cultura y desarrollo significa “comprender y analizar las posibilidades de opción que resultan de distintas formas de convivencia”, ello en vías al reconocimiento del principio de libertad cultural; y segundo, que las cuestiones de desarrollo –entiéndase aquí todo el abanico de temas sociales: empleo, política social, redistribución de recursos e ingresos, participación ciudadana, equidad de género, medio ambiente, etc.—no pueden divorciarse de los valores y del orden ético.

En su prólogo al citado informe, el propio Javier Pérez de Cuellar, narra el reto que significó su elaboración, y ponderando el valor de la cultura para el presente y futuro de la humanidad, la afirma como “fuente dinámica de cambio, creatividad y libertad, que abre posibilidades de innovación”; además la reconoce como “energía, inspiración y empoderamiento, al mismo tiempo que conocimiento y reconocimiento de la diversidad”, e inspirándose en Claude

Lévi-Strauss, habla de aprender a “orientarla no hacia una confrontación entre culturas, sino hacia una coexistencia fecunda y una armonía intercultural.”

Luego, casi parafraseando la concepción de cultura y de protagonismo cultural que ya enunciamos desde la perspectiva intercultural, Pérez de Cuellar habla de “promover vías de desarrollo diferentes, informadas por el reconocimiento de cómo los factores culturales modelan la manera en que las sociedades conciben sus propios futuros y eligen los medios para alcanzarlos.”

Y en las palabras conclusivas de esta introducción, asevera que:

“…es la sinceridad de nuestra introspección lo que nos llevará a comprender la experiencia del Otro, y será esa comprensión y compasión la que nos encaminará hacia un futuro en el que la búsqueda de la libertad individual se equilibrará con la necesidad del bienestar común, y en el que la empatía y el respeto de todas las diferencias humanas formarán parte de nuestro proyecto.” 25

Las palabras son de por sí emblemáticas y resumen cómo las pistas filosóficas establecidas desde la perspectiva intercultural condicen y reafirman el proyecto de Desarrollo Humano mundial, basado en valores como la respectividad intersubjetiva, la voluntad de mutua traducción cultural, el protagonismo cultural conjugado con el respeto a los demás, en fin, todos los elementos que construyan el ideal de la humanitas en una ecumene de solidaridad intertranscultural.

25

Introducción al Documento NUESTRA DIVERSIDAD CREATIVA, Propuesta de la Comisión Mundial de la Cultura y el Desarrollo, UNESCO, 1995, en

http://www.unesco.org/culture/policies/ocd/html_sp/foreword.shtml, [noviembre 2007].

Las intuiciones básicas del trabajo de la Comisión son retomadas en el Informe Mundial de Desarrollo Humano 2004, elaborado por el PNUD, titulado: La libertad cultural en el mundo diverso de hoy. en,

II. OBJETIVOS