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Cognitive and learning styles: effects on programming performance

CHAPTER 2 LEARNING PROGRAMMING VIA WORKED-EXAMPLES

2.5 Cognitive and learning styles: effects on programming performance

En todo momento histórico y en cada sociedad el grupo primario se ha basado para su reproducción y cohesión en los mecanismos de la solidaridad-redistribución162.

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Siendo conscientes de la posible oposición entre las finalidades dadas por cada actor social a su participación en el intercambio de bienes y servicios así como de las interpretaciones del investigador, a nivel metodológico hemos intentado en todo momento usar el método de las miradas cruzadas con el fín de confrontar las opiniones de varios miembros de la misma red.

Así el conocido teórico anarquista ruso Peter Kropotkin (1902) llega a afirmar que si los seres humanos han sobrevivido es gracias a la solidaridad, a la ayuda mutua, al intercambio de bienes y servicios en todas las esferas de su vida cotidiana, teniendo dicho fenómeno un carácter estructural. En el caso de la sociedad soninké, analizaremos dichos mecanismos de la solidaridad-redistribución a través de los dones recibidos en caso de infortunio por los enfermos de cada concesión (ka)163 de la parte de sus parientes en inmigración.

La figura clave en el análisis del don es Marcel Mauss inspirador de la antropología francesa actual. Según este autor el funcionamiento de una sociedad sólo puede ser estudiado como un todo siendo clave para ello el análisis de los dones considerados como un caso explícito de hecho social total. Este fenómeno que expresa todos los aspectos de la vida social, forma parte de una red de obligaciones sociales. Mauss (1960:161) descompuso el don en tres obligaciones, la de dar, la de recibir164 y la de devolver, considerando que quien no respeta dicha lógica incurre en una falta social que puede ser sancionada. Recibir un don crea una obligación y esto es visto por el autor (ibídem 1991:240) como «peligroso», siendo justamente la existencia del contradon lo que le daría su carácter de hecho social total. Castel (1995:39) analiza dicha obligación en términos de generosidad obligada (1995:39) en tanto que no es fruto de «la iniciativa personal sino efecto obligado del lugar ocupado en un sistema de interdependencia». Dicha obligación constituye según Bruno Karsenti (1994:41) el eje en torno al cual se estructuran las relaciones de parentesco: «La manera en la que un individuo está obligado en el régimen del don no corresponde a la obediencia de una regla, o a una pluralidad de reglas fijadas de antemano, sino al hecho de que entra en un ciclo –al modo del que entramos en una danza- toma lugar en él y se encuentra llevado por la dinámica que le anima. Que en el caso del parentesco se traduce en el ciclo de la vida con la sucesión de generaciones de un modo libre y obligatorio. El pivote de las relaciones de parentesco es la circulación intergeneracional, vertical de dones». En el ámbito africano Rouland Louvel (1996) confirma, en su investigación en el barrio Grand Yoff de Dakar, el carácter obligatorio y peligroso del don: «En África un don no se rechaza (...) Y aceptar regalos es a veces más problemático que hacerlos. Es la verdadera traducción de una relación de fuerzas

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Consideramos a la concesión o ka como la unidad de análisis más pertinente al tratarse de una unidad económica básica según la clasificación que realiza Gastellu (1979) para el contexto africano, ya que se trata de una unidad familiar, que es al mismo tiempo unidad de residencia, producción, consumo y acumulación y para la que existe un término específico en la lengua local.

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Si bien la obligación de recibir es la más universal es ésta la que menor atención ha recibido de parte de los investigadores.

que no se realiza sin sufrimiento ni violencia: el hecho de que la deuda sea invisible y no haya sido recogida por escrito no la hace por ello menos presente. La gente se siente obligada en base a la deuda debido a las obligaciones que crea, y siempre en la expectativa del momento en el que deberá ser actualizada» (1996:141).

Es por todo ello que Mauss cuestiona el carácter supuestamente voluntario del don, su aparente gratuidad, deduciendo el carácter paradójico del mismo pues a pesar de ser voluntario, implica una obligación y siendo altruista supone un interés relacional (ibídem:254): «Esos dones ni son libres ni realmente desinteresados; la mayoría son contraprestaciones, hechas no sólo para pagar un servicio o una cosa, sino también para mantener una relación beneficiosa que no puede suspenderse». Así, don e interés aparecen ligados pero no en contradicción sino como las dos caras de una misma moneda que Mauss (1924:12) califica de «sistema de prestaciones totales». Louvel (1996:107) caracteriza dichas relaciones en el caso senegalés como «cajones que pueden ser solicitados en todo momento para hacer frente a obligaciones sociales que presionan. Nuestro banco son nuestras relaciones».

En nuestro caso trataremos de analizar hasta qué punto los dones realizados en el ámbito sanitario por los inmigrantes del área sanitaria de Dramané, tanto los de los asentados en Bamako como los de París, tienen un carácter obligatorio, peligroso e interesado así como su relación con la red de relaciones sociales, incluido el parentesco, en las que el individuo de dicha sociedad adquiere sentido.

La naturaleza del don

Asimismo estudiaremos la naturaleza de dichos dones siguiendo de nuevo a Mauss. Este autor centró su trabajo en sociedades de Polinesia, Melanesia y Noroeste americano analizadas por otros antropólogos en las cuales el sujeto del don era la colectividad y en las que circulaban no sólo bienes sino también servicios y personas: «Lo que se intercambia no son exclusivamente bienes y riquezas, muebles e inmuebles, cosas útiles económicamente. Son ante todo gentilezas, festines, ritos, servicios militares, mujeres, niños, bailes, fiestas» (1960:12). A este respecto la clasificación realizada por Godelier165 (1991) resulta especialmente clarificadora. Este autor distingue tres tipos de dones: los regalos, los servicios y la hospitalidad. Los regalos son el prototipo del don, caracterizándose por su no instrumentalidad. Los servicios son realizados en nombre de la unión social y pueden incluir desde la

circulación de objetos, el préstamo de útiles, la ayuda a la hora de construir una vivienda, hasta los cuidados y acompañamiento si un miembro cae enfermo. Su circulación se rige por la necesidad del receptor y la capacidad del donador. La hospitalidad puede traducirse en la invitación a una ceremonia o ritual o en el acoger en su domicilio a otro miembro. Esta da lugar en las redes de parentesco a una circulación destacable de bienes y servicios que a menudo se desdeña. En el contexto africano Jean Marie Djibal (1975:215) señala como la hospitalidad constituye efectivamente una de las principales manifestaciones de la solidaridad, «la cual se encuentra enraizada en la cultura africana, ofreciendo la inserción en el medio urbano una ocasión de manifestarse con gran fuerza». Emmanuel Seyni Ndione (1994:188- 189) en su estudio de la economía urbana en África nos muestra que sin embargo la naturaleza de un don y su contradon puede variar: «Desde el momento en el que se introducen diferencias, y la sociedad africana está llena de ellas, lo devuelto va a cambiar de naturaleza y de montante (...) Así un marabú devolverá en términos de oraciones o de bendiciones o de gris-gris o de protecciones sociales a través de las numerosas redes sociales a las que tiene acceso». En el caso de los soninké, y como ya evocáramos en el capítulo de marco etnosociosaniario, el don, la solidaridad se concretiza tanto en forma de regalos, servicios como hospitalidad en base a un sistema preestablecido, siendo la obra de referencia la realizada en Bamako por Daum (1998:89) quien comenta que todos los poblados soninké de la región de Kayes poseen uno o varios anfitriones en Bamako y a veces en Kayes, que ponen en práctica en medio urbano el principio de la solidaridad a través de su hospitalidad. Esto ha sido igualmente estudiado por Sylvie Bredeloup (1994) en el caso de Brazzaville, donde los soninké de Malí cuentan con una red de anfitriones que permite su instalación y posterior dedicación al comercio de diamantes.

Los principios que rigen el don

Ahora bien, el don, en cualquiera de sus formas, se ve regido por una serie de principios, para cuyo análisis nos serviremos de la clasificación establecida por el antropólogo económico sustantivista Kart Polanyi (1977). Dicho autor definió tres principios orientadores del intercambio: el de mercado, el de redistribución y el de

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Godelier conoce personalmente el contexto maliense pues trabajó en este país como experto de UNESCO estudiando las consecuencias de la economía socialista sobre el desarrollo de las comunidades rurales.

reciprocidad166. El principio de mercado predomina en las sociedades industriales. En ellas los bienes y servicios se compran y venden buscando el máximo beneficio y el valor lo determina la ley de la oferta y la demanda. Una de sus características es la negociación. El principio de redistribución predomina en las jefaturas, algunos estados no industriales y en los estados con economías dirigidas. Así, los bienes, servicios o equivalentes pasan del nivel local al central. Supone una redistribución y se trata según dicho autor de un mecanismo útil de adaptación cultural ante periodos alternantes de abundancia y escasez local, como es el conocido caso del potlach167

que une a grupos locales en una alianza y red de intercambio. Asimismo Canals (2003:78) la relaciona con «la constitución, legitimación y mantenimiento del poder». Es igualmente sobre este principio de redistribución sobre el que se habría construido en las sociedades del Occidente desarrollado el Estado de Bienestar, uno de cuyos pilares son los sistemas de protección socio-sanitaria que estudiaremos en el apartado siguiente y que según el mismo autor (ibídem:79) «incluso los modelos más justos del Estado del Bienestar son una forma de legitimación del poder a secas».

El principio de reciprocidad se da entre los forrajeros, cultivadores y pastores que viven en bandas y tribus. En ellas el intercambio se produce entre personas socialmente iguales, unidas normalmente por relaciones de parentesco, alianza u otro vinculo personal estrecho. Polanyi diferencia entre reciprocidad generalizada, equilibrada y negativa. La primera sería la más pura, en ella no se espera nada a cambio y se da entre personas estrechamente vinculadas. El rol jugado por el parentesco ya había sido señalado por Bronislaw Malinowski (1986), quien en su estudio del kula168 entre los trobriandeses estima que ni la noción de caridad ni del don unilateral a los extranjeros es posible en las sociedades arcaicas ya que si alguien está en necesidad será ayudado por los suyos y no por un desconocido. En la línea de lo apuntado por Mauss, Sahlins (1983:212), considera que el hecho de que la reciprocidad generalizada se dé entre parientes no significa que no se espere una contraobligación sino que ésta «no se estipula por tiempo, cantidad o calidad: la expectativa de reciprocidad es así indefinida». Es por ello que este autor califica la

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Ya Malinowski trató de realizar una clasificación de los intercambios que existen en una sociedad tomando el ejemplo de los Trobiand que irían desde el don puro hasta el trueque puro tras negociación.

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Potlach: Ceremonia festiva de carácter competitivo y adaptante característica de ciertas tribus del Noroeste americano como los tlinkit y los haida. Estas tribus extremadamente ricas pasan el invierno en una continua fiesta que constituye al mismo tiempo la asamblea general de la tribu. Se trata según Mauss (1924:12) de un sistema característico de prestaciones totales de tipo agonístico.

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Kula: intercambio ceremonial de bienes de prestigio (collares de conchas rojas y de brazaletes) entre los trobiandeses cuyo estudio permitió a Malinowski concluir cómo la producción y la distribución en el seno de dicha sociedad son organizadas a través del parentesco.

reciprocidad generalizada de extremo solidario (ibídem:211). Por su lado Pierpaolo Donati (2004:237) relaciona la reciprocidad generalizada con la estratificación social: «El desequilibrio económico es la clave del despliegue de generosidad, en el que la reciprocidad generalizada aparece como un mecanismo de arranque de la jerarquía y el liderazgo». En relación con la hospitalidad la reciprocidad generalizada sirve de mediadora de las relaciones entre personas de distintas comunidades. Para Polanyi la reciprocidad equilibrada supone una relación más distante esperándose algo a cambio lo cual tensaría las relaciones sociales. Sin embargo Sahlins estima que «se mantienen más fácilmente formas que tiendan a la reciprocidad equilibrada»

(ibídem:212-213), siendo el principio que domina en las relaciones horizontales como la amistad o la competición. En la reciprocidad negativa no hay contacto personal y la distancia social es grande, esperándose algo a cambio inmediatamente.

La preeminencia de uno u otro principio es sujeto de continuo debate en el seno de la Antropología Económica. Polanyi afirma que es el principio de la reciprocidad el que predomina, siendo tajante al respecto Alwin W. Gouldner (1979:232), quien considera la reciprocidad como la principal norma que rige la circulación de bienes y servicios en las redes de parentesco debiendo respetarse las reglas de ayudar y no perjudicar a quien te ha ayudado. Menéndez (1984:91) considera el principio de la reciprocidad como un hecho cultural universal como puede serlo el tabú del incesto y siguiendo las citadas normas de Gouldner, estima que lo importante no es lo que se da y devuelve sino el hecho de poder estar en disposición de dar y devolver. Otros autores consideran que si bien la reciprocidad existe, el don no es un modelo de reciprocidad o equivalencia ni siquiera a largo plazo. Así Janet Finch y Julia Mason (1993) aluden a la existencia de miembros de la sociedad que son donantes netos y otros receptores netos, es lo vienen a denominar «net givers» y «net receivers». De modo que cuanto más nos alejamos de la reciprocidad el don se transformaría en relación de hegemonía. A este respecto Canals (1992:33) distingue entre la reciprocidad horizontal y vertical. La primera «es la que se da entre iguales (...) La reciprocidad, sin embargo no tiene por qué ser siempre simétrica e igualitaria. De hecho en nuestras sociedades es mucho más frecuente que se presente con diversos grados de asimetría y de desigualdad, reforzando relaciones de poder o dependencia». En el seno de dichas sociedades europeas en las cuales residen los inmigrantes soninké, el principio de redistribución ha sido cuestionado por la profunda crisis en la que se encuentra sumido el modelo de Estado de Bienestar. Así dicho autor (ibídem 1996:43) comenta que: «La crisis de este último, verdadero fantasma del

fin del milenio en Europa, pone otra vez en primer plano a la reciprocidad en la medida en que se cuestiona a la redistribución como concepto principal de las estrategias asistenciales y a la intervención del Estado como principio rector de la misma».

En el caso africano, la circulación de los dones en la época contemporánea así como los principios rectores de la misma han sido especialmente estudiadas por Louvel (1996:104), quien considera que en las mismas coexisten lo que este autor denomina «una circulación horizontal a través de redes sociales» regida por el principio de reciprocidad, y «una circulación vertical a través de mecanismos de la redistribución que sigue las reglas del clanismo y el clientelismo (...) a la vez que compensan y refuerzan las desigualdades que derivan de una fuerte jerarquización de la sociedad» (ibídem:109). En lo que respecta a la sociedad soninké, la obra clave en el análisis de los principios que rigen el don es la ya citada monografía de Pollet y Winter (1978:349). Estos autores han aplicado la tipología de Polanyi en su estudio sociológico del sector de subsistencia en la región histórica del Dyafunu y en especial a su análisis de las relaciones de producción sustentadas en la esclavitud. El principio que regiría el proceso completo de producción y distribución sería el de redistribución según el cual se distribuye la producción dando a cada miembro del grupo doméstico o

ka en función de su posición en la jerarquía social considerando estos autores «innecesario insistir en la orientación desigual de este modelo que otorga a la persona investida con una autoridad el control social sobre toda la vida económica de la familia». Sin embargo en caso de necesidad, «de déficit, emerge un sistema subsidiario dependiente del principio de reciprocidad por el que daría a cada miembro en función de sus necesidades».

Así en el ámbito de los procesos de salud/enfermedad/atención, estudiaremos cómo el grupo primario, en nuestro caso las concesiones soninké, ponen en práctica dichos principios a través de los dones individuales de los inmigrantes o la solidaridad colectiva organizada en cajas de solidaridad y/o asociaciones, existentes tanto en el poblado como en exilio. La finalidad de dichos dones será igualmente analizada.

Las finalidades del don: el reconocimiento individual, la reproducción y la cohesión social

La antropología económica nos muestra cómo a nivel individual una de las principales finalidades del don es la búsqueda del reconocimiento social por parte de las personas implicadas así como el mantenimiento de su honor. Uno da bienes y/o servicios recibiendo a cambio reconocimiento social. En este sentido Mauss

(1924:114) comenta: «Dar es manifestar su superioridad, ser el que más, el magíster, aceptar sin devolver o devolver sin dar más es subordinarse, volverse cliente y servidor, transformarse en el pequeño, en el de más abajo: minister». Es por todo ello que es necesario que los dones sean públicos, ocurran delante de la comunidad. Un claro ejemplo nos lo da dicho autor en su ya citado análisis del ritual mágico del kula

estudiado por Malinowski (1986), en donde el donante busca ante todo su reconocimiento social como superior, donde el beneficio se redistribuye y trasforma en prestigio: «Ser el primero, el más guapo, el más afortunado y el más rico, eso es lo que se busca. Más tarde el jefe confirma su maná redistribuyendo a sus vasallos, dependientes, parientes, lo que acaba de recibir; mantiene su rango entre los jefes dando braceletes contra collares, hospitalidad contra visitas… En este caso la riqueza es tanto un medio de prestigio como una cosa útil» (1924:115). A este respecto resulta interesante el análisis realizado en Bamako169 por Etienne Gerard (1994:32) quien pone de manifiesto cómo el don es el signo de reconocimiento social por excelencia: «Aquí, cuando no puedes dar algo a alguien no tienes importancia. Incluso tus hermanos pequeños no te respetan. Un tipo pobre no vale nada, es un caso perdido». En su estudio de la etnia soninké Meillassoux (1977:156) comenta que «el que da adquiere una imagen revalorizante, donde se mezclan generosidad y éxito, siendo la capacidad de redistribuir una manifestación del poder: dar no es signo de generosidad necesariamente, sino sobre todo la activación social de los bienes que actúan como medios de reproducción social». En relación con este aspecto se encuentra la existencia de la citada tendencia al exceso e incluso a la dilapidación, de cuyo estudio se han dedicado diversos antropólogos siendo el ejemplo más conocido el citado caso del potlach. Ésta supone alejarse de las reglas de justicia, como suele ser el caso de los regalos y la hospitalidad, existiendo individuos que tienen la fama de grandes dadores de regalos, dejando traslucir lo que autores como Georges Bataille (1967) han venido a denominar el principio de exceso.

Pero la finalidad de los dones no es únicamente individual sino también

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