Uno los aspectos en el cual coinciden las pandilla de “Los Arcos” y “Los Muros” en cuanto a sus prácticas es el signficado que los jóvenes otorgan al hecho de pertenecer a la pandilla, que se traduce en una actitud de defensa y cuidado de la colonia considerada como “su territorio”. La importancia de cuidarlo –de la presencia de otras pandillas– es un elemento que les proporciona seguridad y que
implica, como lo mencionó el miembro de “Los Muros”, “Ganarse su respeto […]
darse a conocer”; visión que se ve confirmada por dos ex integrantes de la pandilla de “Los raperos”, hoy conocida como “Los Rapers Park”, y que en conversación con ellos declaran que estar dentro de la pandilla significa estar dentro de un
circulo que te proporciona seguridad y respeto. Uno de los dos entrevistados es de sus fundadores y quien puso el nombre a la pandilla, comenta que: “es como tu familia, ayudas al que está en un problema”; sin embargo, el otro ex integrante menciona que “En cierta parte hay armonía en la pandilla, que te escucha, que hay un grado de confianza, pero cuando alguien quiere sobresalir sale la avaricia, envidia y los chismes”, y ello, argumenta, se presenta como elemento de ruptura en su experiencia dentro de la pandilla.
Otro punto de encuentro, es el uso de armas punzo cortantes como es el machete, que al respecto comenta el integrante de “Los Muros” que se trata de un arma que no tiene restricciones en su compra y que han logrado ocultarlo dentro de su prenda sin cortarse. La técnica radica en colocarlo al costado de su cuerpo sosteniendo el machete con el brazo, pero dificultando un poco su caminar dependiendo del tamaño del mismo. Abajo una fotografía de la pandilla a la que pertenecen unos de los entrevistados, en la que posan con machetes.
La respuesta acerca de por qué predomina el uso del machete junto con el uso de la navaja es que, probablemente, el origen radique en la composición primaría de los padres; es decir, que el perfil rural de los padres hace que estos hereden a sus hijos un elemento relacionado con el campo, y de ahí el uso de este instrumento de trabajo con fines de defensa y agresión.
Otro aspecto destacado que ha venido formando parte sustantiva como significado y significante en la pandilla es el tatuaje, siendo los “cholos” uno de los grupos de culturas juveniles (Rossana Reguillo) o identidades juveniles (Valenzuela, 1997), que se apropió del tatuaje influenciado por el cholismo, a tal grado que las pandillas de la colonia Revolución no solo presentan elementos cholos, como es el tatuaje, sino también la vestimenta (camiseta blanca y pantalón de mezclilla a la cadera), así como el uso del caló. Esta influencia ha llegado a ser entendida por algunos habitantes de la colonia que, además, identifican la adaptación de otras manifestaciones juveniles, siendo así que uno de los entrevistados los describe como una mezcla de “rapero-regetonero-cholo”. En la parte inferior se aprecia una fotografía de un joven de la pandilla “Los Arcos”, que lleva en su espalda un tatuaje que hace referencia a su pertenencia a la pandilla; pero también implica el darse a conocer como una de las “cabezas” que la dirige. La fotografía forma parte de su galería de la red social Facebook. Valenzuela Arce, alude el tatuaje como una manifestación de “impregnado sentimientos de tinta en la piel y desarrollando la condición artística-política-lúdica-identitaria de la epidermis”. (Valenzuela, 1997:31)
Fotografía 8
Si unos de los elementos incorporados a la pandilla es el tatuaje, el graffiti ha estado vinculado a ellos de manera intrínseca. La simbología de ambos grafismos tiene un impacto desafiante ante otras pandillas y también ante la policía. Su uso se relaciona con la apropiación de la delimitación de su territorio, y marcarlo de tal manera que se manifieste la presencia de la pandilla. Una de las que se logró identificar en la colonia fue la de “Los Chocos”, que en años anteriores era conocida como “Los Chocomilk”, haciendo referencia al consumo de drogas y a una mezcla de sustancias que consumían. En la fotografía inferior se aprecia un graffiti realizado por esta pandilla en el muro de una escuela de la colonia, cercana a un parque y a unas cuadras de la avenida principal.
Fotografía 9
Otro elemento que acompaña el ser parte de una pandilla es el uso de un lenguaje deformado o argot, que, de acuerdo al entrevistado de la pandilla de “Los Muros”, constituye otra modalidad de advertir su presencia; aunque sólo aquel que está dentro de la pandilla conoce tal código. Por ejemplo: “tumbar”=robar; “afócate”=acércate; “gorris”=qué onda vato, amigo; “barril”=bueno, bien chido; “meño”=no; “brea”=dinero; “furnia”=ve, checa; “tapiño”=un trapo, un suéter; “fijar barril”=tener sexo; “gisa”=chava; “zorro”=papá; “zorra”=mamá; “Xavier” o “lispos”=policía. Cierta frase derivada de este argot sería: “No avillo abrea”=no tengo dinero. Otras alteraciones que realizan al lenguaje es la de utilizar las palabras al revés.
Otro punto de encuentro que declaran por separado los entrevistados es cómo la pandilla reacciona ante la presencia de grupos del narcotráfico, la cual ha sido más de sometimiento e integración que de enfrentamiento y rechazo. Uno de los entrevistados menciona que cuando alguno de los integrantes llega a ser parte
del crimen organizado, aquel se aleja de la pandilla, deja de participar en las actividades y, en ocasiones, invitan a otros integrantes a formar parte de la organización delictiva. Al respecto, comentan que quienes aceptan involucrarse en este tipo de actividades ilícitas y que son miembros de la pandilla, es porque se encuentran en una posición de mayor necesitad económica. Otro de los entrevistados comenta que, como pandilla no hay manera de hacer frente a la organización de narcotráfico cuando llega a la colonia o al territorio de la pandilla, pues el enfrentamiento se tendría que dar entre fuerzas cuyos no tienen comparación. Una de las anécdotas de uno de ellos refiere una fiesta en la cual un miembro de pandilla corrió con machete en mano a dos integrantes de un grupo del narcotráfico, y que posteriormente estos regresaron con armas de fuego a buscarlos, y concluye el entrevistado que no hay manera de hacer frente a situaciones como ésta.
Respecto a los ex pandilleros, comenta uno de ellos que hace pocos años comenzaron a buscarlos los grupos armados con la finalidad de reclutarlos, y la carta de presentación ha sido siempre la oferta de dinero. Sin embargo, los resultados, para la mayoría de quienes aceptaron, ha sido la muerte; como el caso de uno de sus más recientes integrantes, que fue asesinado por un grupo del narcotráfico arrojándolo a un tambo con ácido. Los comentarios sobre la inclusión de sus compañeros dentro del narcotráfico refieren el alto riesgo que corren al entrar y no regresar. Uno de ellos señala que muchos fueron reclutados y llevados a Tamaulipas, donde fallecieron en enfrentamientos con el ejército o con otros
grupos armados, lo que algunos denominan como el ser simple carne de cañón.
Otro comentario también subraya las posibilidades de mejora económica que ofrece el pertenecer al crimen organizado, pues uno de los que se fueron mejoró su situación en tan sólo dos años, hasta el momento de su muerte. Por otra parte, en los casos de quienes perdieron la vida o que no se ha sabido su paradero, la familia no denuncia o no exige la intervención de las autoridades porque están concientes de que habían sido reclutados por las organizaciones criminales.
Entre las excepciones; es decir, entre los casos que se encuentran fuera de la pandilla, se ubicó el caso de un joven que después de ser entrevistado como joven que estudia y trabaja (trabajo informal) estaba integrándose al crimen organizado, y se sabe que la situación es conocida por los padres, puesto que han observado que llega con dinero que estos no le proporcionan y que excede notablemente lo que percibe por su trabajo; razón por la cual el padre le ha pedido que se vaya de la casa. La situación de inseguridad que esto genera en esta zona de la colonia ha derivado en una mayor desconfianza de los vecinos hacia el joven mencionado, pero también hacia cualquier persona que les parezca extraña.
Ante las diversas expresiones a través de las cuales se observan las prácticas juveniles de estas pandillas, los entrevistados ex pandilleros comentan al respecto que, a pesar de que en su momento las consideraron como arriesgadas o peligrosas, no se pueden comparar con la situación que ellos perciben ahora. Comentan que sus actividades como pandilla desde hace más de cinco o diez años, estaban relacionadas con asistir a los bailes populares de la colonia o ir a la colonia Progreso, en donde tuvieron peleas con las pandilla de ese territorio, en donde las riñas callejeras eran protagonizada por hombres y mujeres “a mano limpia”; es decir, sin llegar a utilizar ningún arma; sin embargo, mencionan que había quienes utilizaban navaja de bolsillo o navajas de afeitar y eso era considerado como algo peligroso y de cuidado; otros instrumentos utilizados en las peleas fueron tubos y piedras.
Como testimonio final del trabajo de campo con jóvenes ex pandilleros, ambos comentan que les gustó la experiencia de estar dentro de pandilla. “Me gustó, sobresalimos”, dice uno de ellos. Sin embargo, también hubo una cuota que pagar, ya que uno de ellos considera que estar dentro de la pandilla le trajo problemas, dejó la escuela, y ahora espera concluir su secundaria en los próximos años. Además, reflexiona sobre el esfuerzo que le ha costado dejar sus adicciones (drogas y alcohol), y debido ello ha perdido personas, amigos, momentos e incluso su dignidad y respeto ante la sociedad, y después de cinco años de haber dejado
la pandilla, hace tres años todavía tuvo una riña por los problemas que ocasionó estar involucrado en el ambiente de la pandilla y hasta la fecha se sigue cuidando de no transitar por ciertas calles de la colonia por evitar algún conflicto.