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Cuando un estudiante se entusiasma con las noveda- des de la escuela, trabaja incansablemente y lee con avi- dez libros sobre los temas más diversos, se dice de él que «tiene deseos de aprender», que «ama el saber», que «tiene muchos intereses». Estas expresiones describen desde afuera un comportamiento e indican, de diferentes modos, ese impulso por aprender que en psicología se llama motivación. Para rendir bien en el estudio no basta con ser inteligente sino que son necesarios una serie de impulsos internos utilizados de la mejor manera. Vea- mos de qué depende la motivación y de qué manera pue- de favorecerla el docente (Colpo, 1978).

Las características de la persona que está motivada son energía y claridad de objetivos: una persona así de- muestra con su comportamiento que quiere lograr algo, mientras que alguien poco motivado se muestra a menu- do relajado y pasivo, y con actitudes confusas y casuales. La motivación genera atención selectiva; el aprendizaje se produce sólo en una situación de elección y por medio de la utilización de estrategias, porque el individuo tiene capacidades limitadas para registrar, procesar y almace- nar las informaciones; una actitud dinámica y activa del individuo aumenta notablemente sus capacidades en to- dos estos aspectos.

Todo docente querría que sus alumnos trabajasen siempre por el placer de aprender y, en cambio, a menu- do le es necesario asociar al estudio elementos agrada- bles, gratificantes y deseables para inducirlos a obrar se- gún sus planes. Para un estudiante que detesta los pro- blemas de matemáticas, puede resultar motivador el he- cho de tener éxito al resolver uno muy fácil en público.

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Hay dos tipos de motivaciones que pueden llevar a que uno se empeñe: las intrínsecas, conectadas con el placer de aprender, y las extrínsecas, conectadas con el deseo de evitar un castigo o recibir un premio. La figura 9.2. las resume.

FIGURA 9.2. Motivaciones para esforzarse en el estudio

Motivaciones extrínsecas Motivaciones intrínsecas

fVl ' . . .

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o

Buenas notas Premios, elogios Dinero, regalos

Complacer a docentes o padres Deseo de aceptación social Evitar castigos

Placer de aprender Curiosidad espontánea Deseo de saber Deseo de realizarse

El mundo de la escuela y los padres inducen a menu- do a los alumnos a la acción utilizando las motivaciones extrínsecas; el docente que amenaza al estudiante con suspenderlo, el padre que le promete una moto como premio por sus buenas notas tratan de controlar el com- portamiento de los muchachos mediante componentes completamente externos a los contenidos del estudio. En efecto, la motivación intrínseca es la que tiene la posibili- dad de funcionar con mayor alcance; cuando el interés del sujeto se desplaza desde el deber al premio, va desa- pareciendo gradualmente su eficiencia en la realización de su trabajo.

Mientras algunos teóricos de la personalidad sostie- nen que no se puede actuar sobre la motivación después de la primera infancia, cuando ya se ha formado y estabi- lizado la personalidad, otros psicólogos han desarrollado algunas técnicas para acrecentar la motivación también en edades más avanzadas (Smith, F., 1975). En las dos secciones siguientes analizaremos dos poderosos instru- mentos para motivar a los estudiantes: el uso de los elo- gios y de las críticas, y el uso de la competencia y de la cooperación.

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9.2.1. Uso de elogios y críticas

Elogiar y criticar a los estudiantes produce mejores efectos que la falta de reacciones por parte del docente. Investigaciones clásicas (Kolenisk, 1978) han demostra- do que la falta de atención y de comentarios sobre los trabajos de los alumnos lleva a una neta disminución del aprendizaje. Tanto los elogios como los reproches resul- tan muy motivadores en un primer momento cuando se quiere «sacudir» al estudiante; más adelante, sólo los elogios permiten que el rendimiento vaya mejorando, mientras que las continuas críticas llevan a una disminu- ción del mismo. Por lo tanto, en una acción de largo al- cance es más oportuno utilizar los elogios que las críti- cas; el docente debe usar preferentemente juicios positi- vos, pero al mismo tiempo debe corregir los errores cuando éstos se produzcan y no dejar de observar al alumno.

En la figura 9.3 veremos algunos consejos prácticos que pueden contribuir a crear una actitud positiva en los estudiantes y una mejor motivación.

9.2.2. Competencia y colaboración

Hacer que los alumnos compitan entre sí es una de las más antiguas estrategias de motivación en la historia de la educación. Diversas investigaciones demuestran que los mejores resultados escolares se obtienen cuando los estudiantes se encuentran en una situación de compe- tencia individual o de grupo (por ejemplo, varones con- tra mujeres), mientras que se registran resultados menos brillantes cuando nos encontramos frente a un contexto no competitivo (Kolesnik, 1978). Los estudiantes más jó- venes y menos dotados son los que se sienten más moti- vados por la competencia. Según algunos investigadores, la competitividad tiene buenos efectos hasta sobre la creatividad: niños en situaciones muy competitivas son mucho más capaces de encontrar una cantidad de solu- ciones originales a un problema (por ejemplo, cómo di-

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vertirse con un juguete) que un grupo testigo en situacio- nes no competitivas. Por ejemplo, buena parte de la pe- dagogía de los jesuítas se basa en los incentivos creados por situaciones competitivas.

FIGURA 9.3. Consejos para motivar a los estudiantes 1. Reaccionar de manera positiva elogiando, demostrando placer y

sonriendo frente a cada trabajo bien realizado y a cada comporta- miento que evidencia el progreso de un alumno con respecto a sus trabajos anteriores.

2. Crear una atmósfera serena en la cual no sienta la amenaza de un castigo.

3. Hacer que cada uno desarrolle en público las actividades en las que destaca para que se sienta gratificado.

4. Desarrollar la autoestima de los estudiantes y ayudarlos a elevar sus aspiraciones y a mirar hacia lo alto y a lo lejos, pues a menudo carecen de fantasía para aspirar a metas ambiciosas.

5. Explicitar los sistemas de juicio que tenga el docente.

6. Demostrar que uno espera siempre de ellos óptimos resultados: en efecto, nuestras expectativas sobre el comportamiento de los alum- nos juegan un papel positivo y les inducen a empeñarse al máximo, mientras que expectativas de fracaso hacen que se desanimen des- de el comienzo.

Pero frente a los éxitos en el aprendizaje debidos a la competencia, los psicólogos se muestran perplejos con respecto a sus efectos secundarios, en particular sobre el desarrollo de la personalidad y sobre el mismo proceso de aprendizaje. Los individuos que tienden a ser gratifi- cados por su éxito personal desarrollan poca capacidad para cooperar, mientras que aquéllos que fracasan a me- nudo se sienten frustrados, desarrollan escasa autoesti- ma y, a veces, un sentido de culpa. En muchos se crea una situación de ansiedad e inseguridad que hace dismi- nuir el rendimiento.

Diversas investigaciones han puesto en evidencia el valor de la cooperación, que incide de forma positiva so- bre el desarrollo de la personalidad sin perjudicar al aprendizaje. La competencia puede servir como estímulo si está «equilibrada», es decir, si no presenta efectos se- cundarios negativos. Véanse al respecto los consejos de la figura 9.4.

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FIGURA 9.4. Consejos para desarrollar una competencia *equilibrada» 1. Asegurarse de que todos, por turno, tengan buenas posibilidades

de sentirse gratificados.

2. Crear, para la competencia, un clima que no sobreestime la impor- tancia de ganar.

3. Evaluar a los estudiantes a través de actividades que no sean direc- tamente competitivas, como investigaciones e informes, en los cua- les cada estudiante pueda evidenciar sus capacidades sin medirse de manera directa con los demás.

4. No hacer públicas las notas de los estudiantes: a nadie le gusta ver- se colocado entre los últimos.

5. Dar a todos la posibilidad de experimentar el placer del éxito, va- riando las actividades que se evalúan y tratando de encontrar para cada uno una actividad en la que pueda sobresalir; un estudiante puede hacerlo en aritmética, otro en la forma con que lleva un dia- rio, un tercero en su disponibilidad para ayudar a los compañeros. 6. Estimular la cooperación más allá de la competencia y premiar a

aquellos estudiantes que cooperen más con sus compañeros. 7. Alentarlos para autocompetir, confrontando sus resultados actua-

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