También dedica su tiempo a ampliar su cultura. Visita a menudo el Museo Borbónico con “su hermosa colección de estatuas, pinturas y antigüedades griegas y romanas, etruscas y egipcias”.50 Estudia griego y también italiano, aunque esta lengua no le resulte muy necesaria: “... he hecho ya los suficientes adelantos en el italiano para hacerme entender de la gente, aunque en esta tierra sucede como en casi toda Europa, que en sabiendo francés, más no se necesita, pues todo el mundo lo habla...”.51
Realiza excursiones. Nada más llegar, a “la grotta del cane, de la que sale un vapor tan terrible, que quita la vida a quien lo respira tres minutos, y otras cavernas curiosas que hay en la orilla del romántico lago aguano [...]”.52 En julio realiza una excursión a Caserta, “con los nuevos
attachés”.53 Al año siguiente, en marzo, visita, en compañía de unos amigos, Nocera, Cava, las ruinas de Pestum, Salerno, Amalfi, internándose por el valle del Tramontini y llegando a Pagani, de donde regresan a Nápoles en ferrocarril.54 Como
50
Don Juan Valera a su hermano Pepe, desde Nápoles en abril de 1847, en J. VALERA, “Correspondencia”, Obras Completas, op. cit., p.18.
51
Don Juan Valera a su madre, desde Nápoles a 7 de julio de 1847, en J. VALERA, “Correspondencia”, Obras Completas, op. cit., p.23. Años después escribirá: “...Estas creencias literarias, estos gustos míos recibieron en Nápoles nueva fuerza y consistencia con el estudio de la literatura italiana, y con el de la griega, que antes solo conocía yo por traducciones, y que allí comencé á conocer en los libros originales, bajo la férula del excelente Constantino Eutimiades, mi maestro”, en J. VALERA, Estudios Críticos sobre literatura..., op. cit., p.IX.
52
Don Juan Valera a su hermano Pepe, desde Nápoles en abril de 1847, en J. VALERA, “Correspondencia”, Obras Completas, op. cit., p.18.
53
Don Juan Valera a su madre, desde Nápoles a 7 de julio de 1847, en J. VALERA, “Correspondencia”, Obras Completas, op. cit., p.23.
54
Don Juan Valera a su madre, desde Nápoles a 21 de marzo de 1848, en J. VALERA, “Correspondencia”, Obras Completas, op. cit., p.25-26.
medios de transporte utilizan tanto “el camino de hierro”, como el carruaje, “una lancha con cuatro robustos remeros”55 o, incluso, burros. En 1839 se había inaugurado el primer ferrocarril italiano, el Nápoles-Granatello,56 y, poco a poco, este transporte se iba difundiendo por el reino, conviviendo con otros más tradicionales. Hay que señalar la importancia que seguía teniendo el caballo en los desplazamientos, utilizado en carruajes y también por jinetes, siendo imprescindibles unos esenciales rudimentos de equitación.
Valera se dedica a conocer el país en el que reside y trabaja, siendo esto, en cierto modo, una actividad diplomática, aunque su objetivo no sea todavía la redacción y envío de despachos oficiales; es decir, su actividad le facilita la comprensión del país en el que trabaja, lo que quedará reflejado tanto en su correspondencia personal como en sus futuras intervenciones parlamentarias.
Aparte de estas actividades, su vida social comienza pronto. Apenas han pasado dos semanas desde que llegó y ya tiene un grupo de amistades, con el que se relaciona:
“Estoy aquí bastante contento, aunque conozco aún tan poca gente, que se puede contar, a saber: los de la Embajada, los duques de Bivona, Fernandina y Miranda y los condes de Scláfani, todos españoles; además, conozco siete u ocho jóvenes italianos, franceses y polacos que van a la tertulia de Bivona, pero apenas les hablo”.57
En las cartas con familiares y conocidos, menciona la tertulia del duque de Bivona, “cuya casa nos sirve de
55
Ibidem, p.26.
56
I. MONTANELLI, La Italia del Risorgimento (1831-1861), ed. Plaza & Janes, Barcelona, 1974, p.30.
57
Don Juan Valera a su hermano Pepe, desde Nápoles en abril de 1847, en J. VALERA, “Correspondencia”, Obras Completas, op. cit., p. 18.
refugio por las noches, y si así no fuese, tendríamos que acostarnos al anochecer”.58 En junio, la tertulia aumenta con más españoles.59 Con tanto español, es esta la lengua empleada en la tertulia o, en su defecto, el francés, “que está aquí mucho más generalizado que en España y hasta los criados lo hablan ya, porque lo han aprendido con el roce y por la necesidad del buen tono, que así lo exige. La lengua italiana se desprecia un poco por la gente elegante, y se la deja sólo para que la hable la canalla”.60
Además emplea su tiempo libre en leer,61 escribir largas cartas y conversar con su jefe, como ya se ha señalado; pasea con el duque de Rivas y también solo.62 A diario va a nadar.63 “Vivo muy cómodamente y con la tranquilidad y aplomo de un viejo solterón”,64 no dudará en escribir. Participa, también, en diversiones populares; en concreto, asistía con asiduidad a la danza de la tarentela, realizada por la pescadora Lucianela, a quien el duque de Rivas
58
Don Juan Valera a Alonso Mesía Coello, desde Nápoles a 17 de junio de 1847, en J. VALERA, “Correspondencia”, Obras Completas, op. cit., p.19.
59
Así dice: “Pues han venido de Roma el hijo del marqués de la Romana, hermano de la duquesa de Fernandina, y la princesa Colonna, española y hermana del duque de Fernandina. Ha venido también el marquesito de Mora, que vive conmigo [...]”, ibidem, p. 21.
60
Ibidem.
61
“Para consuelo de estas penas mías recurro a los libros y a la filosofía”, ibidem, p. 19-20.
62
“No te hablaré de los paseos que he dado en torno de Posílipo y de la multitud de hermosos jardines y palacios que por allí hay”, ibidem, p.23.
63
Don Juan Valera a su madre, desde Nápoles a 7 de julio de 1847: “Todos los días me baño con el duque de Fernandina (hijo de Villafranca), Scláfani, La Romana y los otros agregados, compañeros que todos nadan, unos mal, como yo, y otros muy bien, como Fernandina. Los baños de mar están frente de casa, y aquí se reúnen los nadadores”, en J. VALERA, “Correspondencia”, Obras Completas, op. cit., p. 23.
64
Don Juan Valera a Alonso Mesía Coello, desde Nápoles a 17 de junio de 1847, en J. VALERA, “Correspondencia”, Obras Completas, op. cit., p.20.
dedicaría unos sonetos. Estos bailes tenían lugar justo delante del Palacio de España:
“Lucianela, hija o mujer de un pescador, no lo recuerdo bien, venía a bailar la tarentela todos los domingos y otras fiestas en el largo plazuela que había delante del Palacio de España. Pronto se formaba corro en torno de la briosa y robusta bailarina, tostada del sol, pero joven y garbosa, y que lo primero que hacía era quitarse los zapatos, que le estorbaban y que sólo usaba los domingos por gala. Lucianela bailaba con los pies desnudos, pues lo que es medias no gastaba ni siquiera los domingos.
Daba música a su danza y venía acompañándola uno a modo de sátiro, que ya tocaba la flauta, ya la bandurria. El sátiro solía también entusiasmarse y bailar, sin cesar en su tocata. Lucianela cantaba y bailaba y parecía una bacante. El lugar de la escena era espléndido de hermosura [...]. Todo el personal de la Embajada salía a los balcones para contemplar aquello. [...]. Los transeúntes de tan bulliciosa ciudad se paraban a verle y aumentaban la animación. Allí había mujeres, señoritos, soldados y marineros, y jamás dejaban de acudir los frailes franciscanos del convento contiguo al palacio de la Embajada”.65
1.2.4. Su opinión ante las revoluciones del 48 en el reino