4 RESEARCH METHODOLOGY
4.1. Research Model
4.2.2. Collection of Data and Field Procedure
El concepto de texto ha merecido múltiples definiciones. No obstante, para fines del estudio se elige la definición ofrecida por el Marco Común Europeo de Referencia
(MCER, 2002): “Cualquier fragmento de lengua, ya sea un enunciado o una pieza escrita que los usuarios o alumnos reciben, producen o intercambian. Por tanto, no puede haber un acto de comunicación por medio de la lengua sin un texto” (95).
Bernárdez, E. (1982) define el texto: “Unidad lingüística comunicativa fundamental, producto de la actividad verbal humana, que posee carácter social. Se caracteriza por su cierre semántico y comunicativo; por su coherencia debido a la intención comunicativa del hablante de crear un texto íntegro; por su estructuración mediante dos conjuntos de reglas: las de nivel textual y las del sistema de la lengua” (p. 85).
De lo dicho se desprende que todo texto se despliega en las siguientes dimensiones:
Dimensión comunicativa: el texto escrito es producto de una actividad social y el resultado de la interacción entre el escritor y el lector, con toda la información explícita e implícita que incluye el acto comunicativo.
Dimensión pragmática: todo texto implica una situación de comunicación en la que intervienen componentes extralingüísticos, es decir, elementos que refieren a los aspectos externos: situacionales sociales donde se produce y circula el texto, uso de la lengua, los participantes, nivel social donde se produce y circula el texto (ámbito de uso: personal, público, profesional, académico).
Dimensión estructural: el texto tiene una organización interna: lingüística y semántica; se atiene a un conjunto de reglas gramaticales y de coherencia que garantizan su significado.
Otra característica fundamental del texto es que puede asumir la forma oral y la forma escrita. La diferencia entre ambos reside en el tipo de código utilizado: el primero recurre a los sonidos, el segundo usa la forma gráfica; sin embargo, ambas formas son inseparables, a pesar de que cada uno posee rasgos esenciales para la recepción (decodificación e interpretación) y para la producción (codificación) de los mensajes textuales.
En términos generales, todo texto escrito reúne las siguientes características: La escritura es una técnica que no se adquiere en forma natural sino en forma sistemática y escolarizada a partir de una decisión personal y social. Esta actividad requiere de metodologías para su adquisición y desarrollo, pero su dominio se logra a través de un ejercicio o práctica continua. Su carácter no espontáneo y la necesidad de escolarización, que presupone obligatoriamente, la convierten, de acuerdo a las
condiciones de cada época y tipo de sociedad, en un saber restringido y elitista o en un medio de comunicación masiva.
La escritura hace presente, visualiza y espacializa – sobre materiales concretos: piedra, papel, una pantalla, etc. –, en forma explícita, los distintos procesos de codificación y decodificación de los mensajes escritos.
La escritura conforma un discurso autónomo que crea sus propios contextos,
aludiendo o explicitando los marcos o situaciones en que se realiza. Esta autonomía de las situaciones reales de comunicación permite a la escritura permanecer o ser recuperada a lo largo del tiempo; y, a la vez, es la característica que le otorga simultáneamente claridad y opacidad.
Cassany, D. (1987), en su libro Describir el escribir, diferencia la escritura de la oralidad desde dos dimensiones: la dimensión contextual y la dimensión textual. La comunicación escrita se efectúa a través del canal visual y permite –mediante la lectura–
una trasmisión de información mayor, el receptor de un texto escrito tiene una percepción
simultánea del texto como totalidad, de sus dimensiones, y eso le exige programar el
tiempo que le demandará su lectura.
La comunicación escrita tiene la peculiaridad de ser elaborada y diferida. El emisor puede revisar, corregir o rectificar su mensaje antes de que llegue al receptor, y sin que éste se percate de los cambios o rectificaciones que se han realizado en la producción del texto. Por su parte, el receptor puede elegir los tiempos para leer el texto, puede volver a él cuantas veces quiera y puede ratificar o rectificar la comprensión del mismo.
La comunicación escrita es duradera por su registro gráfico que permanece en el tiempo. Esta inscripción material representa un registro inalterable y adquiere el valor de testimonio; suele ser autónomo de los contextos específicos en que se encuentra el autor en el momento de escribirlos y el lector en el momento de leerlos. Si es necesario para la comprensión textual, los autores de textos escritos deben crear verbalmente los contextos para que el lector pueda ubicarse. Esta permanencia les otorga prestigio social y
credibilidad.
En lo que respecta a las diferencias textuales, Cassany distingue varios rubros:
Adecuación: En la comunicación escrita hay una tendencia a eliminar las variantes lingüísticas regionales y los registros familiar y coloquial, y a utilizar el registro estándar de la lengua. Este tipo de comunicación se encuentra más asociada al uso público del lenguaje y a la trasmisión de temas específicos, tratados con un alto grado de formalidad.
Coherencia: En las producciones escritas, la selección y organización de la
información es rigurosa, se destaca la información relevante y se evitan las digresiones y redundancias. Las estructuras de los textos escritos suelen ser cerradas, lo que permite darles su carácter de conclusividad; además, responden, por lo general, a distintos estereotipos de acuerdo con los temas que traten y con las intenciones de su autor.
Cohesión: En los textos escritos la conexión siempre está dada por elementos gráficos (signos de puntuación) y gramaticales (conectores lógicos y semánticos), pro nominalizaciones, sinónimos, etcétera. Estos elementos lingüísticos siempre están referidos a palabras ya mencionadas en el mismo texto.
Léxico El lenguaje escrito presenta densidad léxica y conceptual, elimina elementos lingüísticos que no tengan un contenido semántico específico, elimina repeticiones léxicas mediante el uso de sinónimos; utilizar los vocablos en su acepción semántica formal y precisa.
El contexto de la palabra escrita
Se llama contexto a un conjunto de elementos que participan en todas y cada una de las interacciones comunicativas. Entre ellos tenemos:
Pertenecen al contexto comunicativo: las categorías generales de hablante y oyente (emisor y receptor); las acciones o actos de habla que llevan a cabo al producir o escuchar un enunciado (prometer, preguntar, responder, informarse, aceptar, acordar, etc.); el sistema lingüístico que utilizan y las actitudes o roles sociales que adoptan ante normas, obligaciones o costumbres sociales. Todos estos componentes contextuales determinan, de manera sistemática y convencional, la estructura y la interpretación de cualquier
enunciado.
El texto escrito recupera y verbaliza los contextos de situación (propósitos, conocimientos, ideales e intenciones) en que se produce. Esto hace necesario que en la producción identifiquen el contexto de elaboración de ese escrito en particular, y que en la lectura esa información sea buscada y comprendida.
En la lectura comprensiva y en la producción de textos es necesario tomar en cuenta tres categorías contextuales: el campo o marco institucional en que se inscribe un texto y que está constituido por la ubicación (fecha, lugar, editorial); el género o forma
textual elegida para transmitir la información; la opinión, argumentación, etc., y el acontecimiento o situación comunicativa específica en que se inserta el género elegido.
La ubicación espacio-temporal que permite situar la interacción en el mundo real o en un mundo posible. En primer lugar, el contexto de producción de un mensaje escrito suele no coincidir temporal o espacialmente con el contexto de recepción, a diferencia de lo que ocurre en la comunicación oral, donde el contexto es compartido por los agentes comunicativos. En segundo lugar, la comunicación escrita se caracteriza por una
descontextualización radical, esto es, por recuperar y explicitar (o a veces también callar) información que en la comunicación oral se percibe a través de los gestos, la visión del espacio en que se desarrolla la comunicación, la vestimenta, etcétera.
Producción de textos
La producción de textos es un proceso de composición y redacción en el que el escritor, utilizando estrategias y recursos del código escrito, emite un texto escrito
entendible y eficaz comunicativamente. Entendible en la medida que el lector, quien quiera que fuera, comprende con exactitud el contenido y hace lo que el emisor (escritor) espera que haga; y eficaz porque cumple los objetivos para el cual fue estructurado y emitido.
Para conseguirlo, el escritor debe tener en cuenta los siguientes aspectos. Elegir el tipo de texto adecuado a la situación comunicativa y a sus propósitos (informar,
convencer, narrar, describir, responder un examen, etc.); tener presente el tipo de público lector al que se dirige (profesor, amigo, familiar, escuela, comunidad, etc.); el registro adecuado (formal o informal); y el desarrollo organizado de las ideas.
Por lo tanto, necesita seleccionar y distribuir con precisión las ideas relevantes (coherencia), relacionar lógicamente enunciados por medio de conectores y signos de puntuación (cohesión). Logra eficacia construyendo oraciones breves, claras, (con adecuación gramatical); empleando conveniente del léxico para transmitir los conceptos
que quiere comunicar; por último, aplica convenciones normativas como la ortografía, aunque elemento marginal, suele ser considerada como factor importante en la
determinación de la calidad de un texto.
Consigue la integración de todos estos factores en un texto escrito mediante diversas estrategias. En primer lugar, escribe siguiendo un proceso de composición que consiste en planificar y organizar contenidos mediante esquemas; en segundo lugar redacta
escribiendo borradores (previos a la versión final del texto), revisa y corrige
posteriormente la versión final. A los lectores debe llegar un texto acabado y organizado, que pueda ser leído fluidamente, que sea adecuado a la situación comunicativa y que sea coherente; en suma, que el resultado sea un texto comunicativamente eficaz y funcional.
Concluyendo. Producir textos es emitir mensajes —con intencionalidad y destinatarios reales—; e implica crear diversos tipos de textos en función de las necesidades e intereses del momento. En este sentido, el eje de las competencias de producción de textos es la construcción de significados; ello supone que los estudiantes produzcan y comprendan diferentes tipos de texto que respondan a distintas intenciones y que se encuentren enmarcados en situaciones comunicativas variadas. Por otra parte, el emisor debe contar con un conjunto de conocimientos y habilidades referidos a aspectos textuales, sintácticos, semánticos y pragmáticos que operan de manera articulada en la producción de textos.Elcódigo escrito es un sistema que tiene elementos y recursos propios, presenta características contextuales y textuales que se rigen por estrategias y recursos propios diferentes de los de la comunicación oral. Son precisamente esas estrategias o particularidades de la escritura las se debe aprender para convertirse en un escritor competente.
Calidad de los textos escritos
La calidad de un texto está determinada por una serie características lingüísticas y semánticas. En primer lugar, la complejidad creciente, flexible y creativa de la tipología textual que incorpora las modalidades discursivas (dialógica, expositiva, argumentativa); en segundo lugar, la construcción del significado, pues, un texto de calidad supone el manejo de ideas variadas y complejas, la organización coherente de las ideas en relación con el tema, así como la utilización de recursos textuales de cohesión y el uso de un léxico rico y preciso.
En lo que respecta a aspectos formales del lenguaje, todo texto de calidad exhibe dominio de aspectos morfosintáctico tales como: uso de conectores, conjugación verbal y manejo de concordancia (sustantivo-adjetivo y concordancia sujeto – predicado). Dominio de aspectos de presentación, diseño y edición.
Desde el punto de vista estilístico, todo texto de calidad reúne las siguientes cualidades:
Claridad: el destinatario comprende sin dificultad el pensamiento del emisor como consecuencia de la elección apropiada de las palabras y la construcción acertada de las oraciones que desarrollan las ideas del texto. Para conseguir la claridad es necesario emplear frases y oraciones ordenadas y sencillas antes que las complejas, construidas con abundantes oraciones subordinadas; para garantizar la transmisión nítida de los conceptos es preferible emplear un vocabulario conocido desechando los de uso esporádico. Las anfibologías, las oraciones susceptibles de varios significados, atentan contra la claridad.
Precisión: se refiere al uso del léxico de modo exacto al significado que se desea exponer. Un texto es preciso cuando la palabra tiene sus referencias precisas sin
modificarle el sentido.Para lograr la precisión en un texto expositivo argumentativo es recomendable usar palabras concretas en vez de abstracciones; si es posible evitar las
metáforas y suprimir términos vagos, eliminar adornos superfluos y exponer la idea sin rodeos innecesarios.
Concisión: la concisión se obtiene al expresar el mayor número de ideas con la cantidad adecuada de palabras. No se trata del lenguaje lacónico pues el laconismo -
oscuridad del sentido por la reducción extrema del número de palabras- vicia la claridad, la precisión y la concisión. Un escrito conciso se sirve solo de términos necesarios para transmitir el concepto en forma transparente y completa.
Sencillez: implica expresarse con naturalidad y sin afectación. Se alcanza con el empleo de palabras y frases de comprensión fácil y evitando formas rebuscadas,
artificiosas, embrolladas; el estilo sencillo es natural, espontáneo y libre de construcciones alambicadas.
Armonía: consiste en combinar palabras y frases de modo agradable para el intelecto, reveladoras de la cultura y delicadeza del escritor.
Originalidad: huir de las frases triviales, es decir, aquellas de uso casi general, que por lo mismo, han perdido la capacidad de expresar un concepto en forma interesante.
Variedad: empleo de frases, palabras o giros distintos para tornar agradable y elegante la expresión.
Para fines de esta investigación consideramos, además, las estrategias propias de la producción de textos escritos (planificación, redacción, revisión, reescritura y edición). Considerándose que un nivel superior está marcado por el manejo de recursos estilísticos globales que, junto con el manejo morfosintáctico, son funcionales a la expresión de ideas.
Textos argumentativos
La naturaleza social del sujeto plantea una gran necesidad comunicativa:
interrelacionarse con los demás a lo largo de toda la vida mediante la palabra oral o escrita y otros recursos semióticos. Naturalmente, de eso depende, en gran medida, la
supervivencia del hombre porque, a través de todo acto comunicativo, da y recibe algo. Recibe aquello que necesita porque fue capaz de convencer al otro; entrega porque fue convencido para hacerlo. Lejos está el momento en que la fuerza bruta resuelva todo; hoy, es la palabra oral o escrita, el medio por excelencia, para la comunicación y satisfacción de necesidades, apoyado por otros medios como el color, el movimiento, los gestos etc.
La inclusión de la argumentación en la educación es reciente. Se pone de manifiesto a través del Diseño Curricular Nacional (DCN) que presenta el contenido de los textos argumentativos en el VII ciclo basado en dos supuestos.
El primero presta atención al carácter social en cuyo contexto usamos el lenguaje. Somos permanentes receptores de textos muy variados (discursos de políticos,
publicidades televisivas, opiniones de periodistas, etc.), muchos de ellos tienen por finalidad convencernos o persuadirnos. Por lo tanto, el objetivo fundamental de la escuela (sobre todo en educación secundaria) consiste en formar estudiantes capaces de reflexión y receptores críticos, es decir, con capacidad para reconocer los diversos recursos que se pueden emplear por medio de la palabra y posean un dominio básico de la argumentación que les permita expresar sus ideas de modo convincente.
En segundo lugar, el conocimiento de la organización y estructura de la
argumentación para enfrentar diversas situaciones comunicativas reales que involucran diversos grados de persuasión y convencimiento. Es necesario que el sujeto tome una postura sobre el tema (tesis) generando cierta polémica, y la defienda. De esta manera, los textos argumentativos forman parte del entorno que, directa e indirectamente, involucran al estudiante porque las formas de encadenamiento de las proposiciones brindan un conjunto de procedimientos para generar y criticar razonamientos, incluso dentro de los campos del saber científico.
Argumentación
La argumentación es el procedimiento dialéctico, por el cual, un autor mantiene determinados principios o ideas basándose en el razonamiento. Este modo del discurso pretende conseguir la adhesión de un auditorio a la tesis que presentada; o bien conducir al interlocutor a una cierta conducta.
Normalmente, la argumentación se utiliza para desarrollar temas que se prestan a cierta controversia. Todos, de modo respetuoso y pacífico, debemos ser capaces de opinar y articular con coherencia las ideas y los sistemas de valores, con el objetivo de exponer razonadamente sobre el punto de vista o modificar la conducta o creencias del interlocutor. De este modo, la palabra podrá sustituir a las situaciones de fuerza y violencia; por tanto, argumentar es aportar razones para defender una opinión.
Textos argumentativos defienden principios o ideas mediante la comparación y contraposición de razonamientos de base lógica. Por muy importante que sea en un texto, suele combinarse con otras técnicas, como la exposición o la descripción, en aras de la eficacia, brillantez y dinamismo del discurso. Así ocurre en el ensayo, en el que predomina el procedimiento argumentativo en combinación con la exposición. Otros textos en los que se emplea con profusión la argumentación son los científicos, los jurídicos y en algunas modalidades de textos técnicos.
Propósito de la argumentación
Cervera, A. (1999) sostiene: “El emisor de una argumentación tiene el propósito de persuadir al destinatario sobre la validez o no de una determinada creencia u opinión; o bien de intervenir en sus representaciones, opiniones o comportamientos para producir un cambio en ellos (p. 60). Esto significa implícitamente dos ideas: la argumentación
Persuadir Argumentar (…) la persuasión es un acto
discursivo intencional encaminado a lograr una acción o una determinada línea de conducta en un destinatario (persona o grupo), apelando más a emociones, deseos, temores, prejuicios, y todo lo
relacionado con el mundo de los afectos, que a su
raciocinio (Díaz, 2009, p. 2).
(…) la argumentación
consiste en presentar razones con el objeto de sostener una determinada opinión,
hipótesis o tesis acerca de un tema. (…) también incluye la intención de refutar opiniones sostenidas por otros sujetos (Klein, 2007, p. 60).
En síntesis. La persuasión tiene como propósito la manipulación del comportamiento de una persona. Mientras que la argumentación busca convencer, influir en la opinión de la persona utilizando razones; un argumento es un razonamiento empleado para convencer a alguien o para demostrar algo; la argumentación, por más importante que sea, no se da en estado puro, suele fusionarse con la persuasión. El ejemplo es el ensayo, donde predomina el procedimiento argumentativo en combinación con la exposición (Maldonado, F. y &, 2014, p. 134 y 135).
Características de la argumentación
Las características más importantes del proceso argumentativo son las siguientes: La finalidad de toda argumentación es influir en el interlocutor−destinatario. Si dicha influencia se realiza mediante la razón (conjunto de argumentos, pruebas...) se producirá un convencimiento; si se apela a la vía de los sentimientos buscaremos la persuasión del destinatario.
Toda argumentación tiene un carácter dialógico: un diálogo con el pensamiento del otro para transformar su opinión. De aquí se deduce la necesidad de tener en cuenta al destinatario (identificarlo, conocer sus gustos y valores, prever su opinión...) para
seleccionar los argumentos más adecuados y eficaces, y para contra argumentar (exponer razones que contrarresten o invaliden los razonamientos ajenos).
Los textos argumentativos adoptan una estructura lógica, en la que se confrontan varios elementos racionales (argumentos) para llegar a una conclusión. Como mínimo deben aparecer: el objeto o tema sobre el que se argumenta; la tesis que se defiende o la postura que el emisor adopta ante el tema. Los argumentos o razones en que se basa el emisor son los medios básicos de la argumentación.
La defensa de una opinión adopta una de las tres posturas: Positiva: el sujeto argumentador aporta argumentos que apoya su tesis.
Negativa: Las razones están orientadas a refutar o rechazar argumentos contrarios al propio punto de vista del argumentador.
Ecléctica: se aceptan algunas razones ajenas y se aportan argumentos propios.