Chapter I : Institutional Critique: the State of the Art
1. A 'Pure' Logic of Instituting
1.1. Collective Intentionality, the Imposition of Status Functions and Speech
climática del clima urbano
La ciudad es uno de los principales focos de emisiones de GEI y, al mismo tiempo, una zona de especial vulnerabilidad a los impactos del calentamiento global, tanto por la agudización del calor por el efecto urbano, como por la gran concentración de personas que habitan las ciudades. La gravedad de esta situación ha rebasado el ámbito puramente científico y ha calado profundamente en los diversos estamentos sociales: las ciudades se organizan en redes para paliar los efectos de estos cambios y mantener una calidad de vida aceptable en el marco de un desarrollo sostenible y los gobiernos destacan como líneas prioritarias de sus políticas científicas las que se dirigen a reducir los impactos del hombre sobre el clima. En el caso concreto de España, El Ministerio de Medio Ambiente, a través de la «Oficina Española del Cambio Climático» ha elaborado el «Plan Nacional de Adap - tación», que en lo referente al urba nismo y la construcción, señala que las estrategias de ordenación del territorio y los planes urbanísticos deben prestar una atención especial a la información climática, tanto para la elaboración de la normativa técnica sobre edificación, como para una adecuada realización de los proyectos que considere la situación climática de la localidad donde se ubican los edificios. Ello supone desarrollar estudios que permitan la elaboración de normas que conduzcan al aprovechamiento óptimo de las condiciones climáticas en los sectores urbanístico y de la construcción.
La situación que acabamos de describir ha supuesto cambios importantes en los objetivos y métodos de la climatología urbana actual, cuyo interés prioritario se focaliza en dos aspectos fundamentales: por un lado, el estudio de los procesos y meca -
nismos capaces de amortiguar la isla de calor, por otro, la mejora en la calidad del aire en las ciudades (Souch y Grimmond, 2006). Se trata, con ello, de prevenir con antelación los extremos térmicos y de crear las condiciones que mejor se adapten a los cambios previstos; o lo que es lo mismo, la caracterización de lo que algunos autores han denominado “el clima urbano ideal”, entendiendo como tal aquel que permita a los habitantes de las ciudades gozar de un aire limpio y una ausencia de estrés, mediante una correcta planificación (Katzshner 2000). Ello supone potenciar la componente bioclimática, con especial preferencia hacia la evaluación del impacto termofisiológico del entorno atmosférico, que en las áreas urbanas alcanzan valores preocupantes.
La atmósfera, en efecto, es la parte del entorno con el cual el organismo humano está en permanente estado de adaptación debido a las continuas variaciones que sus componentes presentan, tanto los relacio - nados con el complejo térmico (radiación, temperatura, humedad y viento), como con el conjunto químico que constituyen los diversos componentes del aire (Fig. 1).
En una atmósfera urbana estos dos conjuntos de variables sufren importantes modificaciones: las térmicas debido a todos los procesos energéticos que se producen en el interior de la ciudad y que comprende los flujos de radiación, asociados al calor latente y sensible, así como los flujos de calor almacenado en el suelo, los edificios y el generado por el hombre y sus actividades; la composición del aire se modifica debido a la contaminación, que incluye todo el proceso que comienza con las emisiones de los diferentes contaminantes y finaliza con la deposición de los mismos. La combinación de un espacio construido y unas actividades desarrolladas en la ciudad dan lugar a un sistema ambiental complejo y con repercu - siones importantes sobre la salud y el bienestar de sus habitantes, tal y como se muestra en la figura 2.
La ciudad, en definitiva, aparece como un espacio de alto riesgo, especialmente en verano cuando el tráfico, los materiales, el trazado de las calles y el tipo de cons - trucción, no adaptados a las condiciones climáticas, convierten el centro urbano en
una zona muy cálida; por su parte, el uso intensivo de energía concentrado en las áreas urbanas, las convierte en la principales fuentes de emisión de gases contaminantes y una seria amenaza para la salud humana. Fig. 1. El hombre y ambiente atmosférico.
Fig. 2. Sistema ambiental urbano.
Calidad del aire y confortabilidad climática son los dos factores de riesgo más acusados en las áreas urbanas, tanto por sus efectos directos sobre la mortalidad y morbilidad, como por el gran número de personas potencialmente expuestas. Numerosos informes demuestran una clara relación entre el aumento de la mortalidad y morbilidad y la exposición a largo plazo a diversos contaminantes (EEA, 2002 y 2005; Medina et al., 2000). El aumento de la mortalidad y morbilidad provocados por las olas de calor es, también, un hecho demostrado y ha disparado las alertas y aumentado la sensibilidad de la población en numerosos países de nuestro entorno, especialmente tras los devastadores efectos de la reciente ola de calor de 2003 (García y Alberdi, 2004; Fischer et al., 2004). En un reciente informe realizado por encargo de la Organización Mundial de la Salud (Coppe et al., 2004), se indica que las olas de calor constituyen uno de los mayores riesgos para la población de las áreas urbanas, donde alcanzan especial virulencia como consecuencia del efecto de isla de calor y se recomienda como método de estudio el análisis de la acción conjunta de la temperatura, humedad, viento y radiación emitida por las superficies urbanas, variables todas ellas que de forma conjunta intervienen en el balance energético entre el hombre y su entorno.