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Combining the Automatic Detection of ω and the Tone Scale Function

La práctica educativa es entendida como una tarea compleja, en la cual, el responsable de intervenir entre el proceso de aprendizaje de los estudiantes y el conocimiento es el docente. Es así, que, se entiende que los docentes representan la principal figura en la socialización de contenidos académicos, culturales, normas sociales, valores, entre otros. Como afirma Imbernón (2017) “sin el profesorado -sin alguien que enseña, movilizando recursos, razonamientos, estrategias, y esfuerzos, para que otros aprendan- no habría enseñanza ni educación” (p. 10).

Por lo dicho anteriormente, es evidente que, el docente, lleva a cabo una serie de acciones complejas para que sus estudiantes aprendan. En esta trayectoria de interacción y contacto interpersonal dentro del contexto escolar, probablemente las situaciones estresantes y conflictos sean “inevitables”. Por ello, Zabala-Vidiella (2000) sostiene que “la resolución de los problemas que plantea la práctica educativa exige el uso de unos referentes que permitan interrogarla, a la vez que proporcionen los parámetros para las decisiones que se deban tomar” (p. 70). Es decir que, resulta necesario que el docente a través de algún recurso, pueda identificar las situaciones problemáticas dentro de su aula y a su vez, emplear alguna estrategia, para afrontar el síndrome de burnout, también conocido como desgaste profesional.

Desde el punto de vista de Acosta-Contreras y Burguillos-Peña (2014) “las estrategias de afrontamiento son aquellos procesos cognitivos y conductuales cambiantes que se desarrollan para manejar las demandas específicas externas e internas evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo” (pp. 306-307). En otras palabras, las estrategias de afrontamiento, constituyen las pautas comportamentales personales e internas, que el sujeto, utiliza para

reestablecer y tomar control de situaciones consideradas como problemáticas y estresantes de su contexto laboral, a fin de adaptarse a dichas situaciones y con ello mejorar su calidad de vida (Montoya-Zuluaga y Moreno-Moreno, 2012, p. 216).

Tomando en cuenta los recursos intrapsíquicos y los recursos psicológicos que presentan las personas al momento de tratar de “equilibrar” las diferentes situaciones generadoras de estrés, Lazarus y Folkman dan a conocer tres tipos de afrontamiento, éstos son: centrado en el problema, centrado en la emoción y centrado en la evitación (Montoya-Zuluaga y Moreno-Moreno, 2012, p. 214).

De este modo, en el caso particular del presente escito, se opta por recalcar aquella estrategia de afrontamiento centrada en el problema; pues como afirman Gil-Monte y Peiró (citados por Guerrero Barona y Rubio Jiménez, 2005) “el empleo de estrategias centradas en el problema previene el desarrollo del síndrome burnout y las estrategias de evitación-escape centradas en la emoción, facilitan su aparición” (p.30). Además, porque este tipo de estrategia de afrontamiento guarda una estrecha relación con la reflexión de la práctica educativa, y todo lo que ello implica. Resulta evidente que la estrategia de afrontamiento centrada en el problema, requiere que el profesional, en este caso el docente, lleve a cabo una serie de pensamientos de orden superior y con ello un abordaje cognitivo. De acuerdo con Guerrero Barona y Rubio Jiménez (2005) “el abordaje cognitivo busca mejorar la percepción, la interpretación y la evaluación de los problemas laborales y de los recursos personales que realiza el individuo” (p. 30). En este sentido, si se quiere dar importancia a la estrategia de afrontamiento centrada en el problema, inherentemente se tendrá que tomar en cuenta la importancia del pensamiento reflexivo.

Considerando al pensamiento reflexivo como una evaluación de conocimientos, creencias y, en el caso particular, de situaciones problemáticas, se sabe que dicho acto trae consigo duda e investigación de lo acontecido. Por lo tanto, en la práctica educativa, resulta necesario que el docente, considere el desarrollar un pensamiento reflexivo, no solo para sustentar sus decisiones dentro del aula, sino también para prevenir y afrontar el desgaste profesional.

En este sentido, sabiendo que las estrategias de afrontamiento se caracterizan por ser “procesos concretos que se utilizan en cada contexto y pueden ser altamente cambiantes dependiendo de las situaciones desencadenantes” (Castaño y León del Barco, 2010, p. 246). La reflexión de la práctica educativa, se instaura como una estrategia de afrontamiento, puesto que la misma implica la puesta

planificación, acción, observación, reflexión, para posteriormente, continuar con el ciclo (Villalobos y Cabrera, 2009, p. 143).

En esta misma línea, como señala Porlán (citado por Carmona, 2008) la reflexión es “la estrategia metodológica compleja a través de la cual tomamos conciencia de nuestras creencias e intereses individuales y colectivos y nos convertimos en constructores de nuestro conocimiento y práctica” (pp. 136-137). Además, considerando los problemas poco definidos e imprecisos a los que se enfrenta el docente en un contexto en particular y sabiendo que no existe una teoría y técnica para cada problema que se presenta. La reflexión permite “transformar el malestar, los desórdenes y las decepciones en problemas, que pueden plantearse y a veces resolverse con método” (Perrenoud, 2011, p. 54).

Por todo lo dicho anteriormente, se establece que la reflexión de la práctica al ser una actividad individual y voluntaria, constituye una estrategia de afrontamiento, centrada en el problema, en este caso, para afrontar e inclusive para prevenir el burnout o desgaste profesional. Para ello, resulta indispensable el actuar de un docente reflexivo, que se caracteriza por tener una actitud de apertura frente a los fenómenos circundantes y en ocasiones problemáticos del contexto educativo. Para llevar a cabo esta tarea compleja de reflexión, no solo se requiere registrar “lo observado” en ciertos instrumentos, como diarios, portafolios, informes, etc.; sino también es propicio que el docente guie y sustente la toma de decisiones con la ayuda de un proceso de reflexión.