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Combining Neural and Kernel models for Task B

considerar la conversación como continuada o que ésta se mantenga con retardos entre cada intervención de los usuarios. También es común que las conversaciones en el chat no se terminen. Sólo se diluyan. Francis Pisani y Dominique Piotet remarcan este fenómeno en los Digital Natives (2009), aquellos usuarios más jóvenes, nacidos en la era de la internet y capaces de llevar adelante varias conversaciones a la vez, y los diferencian de aquellos nacidos con anterioridad, los Digital inmigrants, para los que una conversación debe terminar antes de cambiar de actividad o de chat.

Volvamos a Skype. El tiempo lingüístico, ya no el físico, es el que estructura el presente de la conversación recién establecida y expone las marcas de subjetividad presentes en el diálogo. Es un tiempo común a los interlocutores, “ligado al ejercicio de la palabra, que se define y se ordena como función del discurso” (Benveniste, 1999:76).

Cuando dos interlocutores comienzan un diálogo se pone en funcionamiento un complejo sistema de enunciación que permite la articulación y continuidad del discurso, a través de enunciados en los que alternativamente las figuras del yo y del tú se corporizan y se transforman en sujetos enunciadores o locutores/alocutarios.2 En las video llamadas estos rasgos constitutivos del aparato enunciador se hacen presentes de la misma forma que en los diálogos presenciales. El presente compartido a través del tiempo lingüístico define ese eje referencial desde el que se armará el discurso, indiferente al contenido temporal de éste. En este caso, el tiempo físico y lingüístico se superponen, pero no se reducen el uno al otro. Uno, el físico, es necesario para la simultaneidad que exige el intercambio comunicativo. Además, la cámara y el micrófono “refuerzan” la marcación de subjetividad de la enunciación. El “yo” y el “tú”, esos espacios vacíos que se llenan en la enunciación, son remarcados por la presencia de los dispositivos electrónicos de transmisión de imagen y sonido. En algún punto, sospecho que esta marcación quizás anteceda, incluso, al enunciado: “El locutor se apropia el aparato formal de la lengua y enuncia su posición de locutor mediante indicios específicos, por una parte, y por procedimientos accesorios, por otra” (Benveniste, 1999:84). La presencia de cada sujeto en la pantalla, pongamos por procedimiento accesorio pero previo, uno llamando y el otro atendiendo, da pie a la primera subjetivación de espacios de la enunciación. Debemos agregar todos los signos no lingüísticos que acompañan a este tipo de comunicación y que configuran también el

2 “

La temporalidad que es mía cuando ordeno mi discurso es aceptada del todo como suya por mi interlocutor...cuándo él hable contestando, yo convertiré, vuelto receptor, su temporalidad en la mía.”(Benveniste, 1999:85)

enunciado, ya que la instancia semipresencial permite la observación de gestos, movimientos, posturas, y la escucha de tonos y candencias.

Skype y la oralidad.

En la comunicación semipresencial prima la oralidad. Todos los enunciados que se presenten serán llevados adelante por actos de habla, que no son otra cosa que la puesta en marcha de esa cualidad potencial de los seres humanos que es el habla. Estos actos se nutren del sistema de signos de la lengua; “la relación del locutor y la lengua determina los caracteres lingüísticos de la enunciación” (Benveniste, 1999:85). Son las cualidades propias de Skype, como sistema de relación semipresencial, las que permiten expresarse de manera natural y cotidiana, al ser registrados de manera visual y auditiva los intercambios lingüísticos y para-lingüísticos. Existe una suerte de continuidad entre los discursos hablados de manera presencial con estos. Difieren obviamente en cuestiones esenciales, pero que son solapadas por el mismo sistema de comunicación o por la convención implícita que contiene y que los participantes aceptan. En una conversación presencial los sujetos de la enunciación estarán presentes en el mismo sitio, en el mismo tiempo físico (en la enunciación se incorporará el tiempo lingüístico), se percibirán a través de los distintos sentidos, se permitirán ciertos reacomodamientos espaciales como posturas, dirección de las miradas y de la voz. En la conversación semipresencial, el espacio físico particular se descompone en dos fracciones que se unen a través del dispositivo cámara/pantalla. Será esta unión una composición del universo experiencial con el virtual, con características exclusivas. Los espacios físicos de cada uno de los interlocutores pueden ser similares (estar en una misma ciudad, cada uno en su trabajo) como completamente disímiles (un interlocutor en América y el otro en Asia, uno de día, el otro de noche). En cambio, es el tiempo el que normaliza la situación comunicativa. Primero, el tiempo físico es el que permite a dos o más personas coordinar su presencia frente a los dispositivos de comunicación. Luego, es el tiempo lingüístico el que funcionará de eje a la conversación que será principalmente oral, con todo el arsenal de signos que nuestra lengua nos permita y dentro de nuestra capacidad de relación con ella. Michael De Certeau realza el valor de la expresión oral como función constitutiva de la sociedad: “La oralidad constituye también el espacio esencial de la comunidad. En una sociedad, no hay comunicación sin oralidad” (1999:260) Pero no entendamos a la oralidad sólo como todo aquello que se dice con palabras a través del aparato fonador, sino como ese tipo de

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