IV. MVPDs and Media Companies’ Corporate Practices Entrench Misinformation,
4.3 Comcast Internet Essentials: Good PR, Empty Promises and a Flawed
Se dieron dos técnicas la fusión y la acuñación, coexistiendo ambas en el tiempo aunque la más empleada fue la acuñación.
Por fusión o fundición se entiende el conjunto de operaciones que le da al metal la forma deseada vertiéndole en estado líquido en un molde vacío para que al solidificar adquiera la forma deseada. Esto es posible porque los metales se funden a determinada temperatura y tienen la propiedad de adoptar la forma del recipiente que los contiene cuando se enfrían. El proceso es sencillo: primero se realizaba la moneda probablemente en madera y ésta se introducía a presión en arcilla para fabricar los moldes de fundición. Normalmente se utilizaban moldes compuestos de dos piezas, una para el anverso y otra para el reverso. Después se metían en un horno y quedaban listos para recibir el metal fundido. Frecuentemente en los moldes se imprimía varías veces la misma cara de una moneda y se comunicaban las impresiones por un pequeño canal. Luego se preparaba el otro molde de igual forma. Así las impresiones quedaban encadenadas. Finalmente, se hacían coincidir las dos valvas y en el molde cerrado se vertían el metal fundido líquido. Cuando éste se enfriaba se abrían las dos valvas y se obtenía una cadena de monedas unida entre ellas por una espiga de fusión. En estas monedas quedaba la huella de la espiga.
El método de fundición aceleraba el proceso de fabricación de las monedas y se conoce cómo proceso de encadenación o chapelet. Pero también tenía inconvenientes: la superficie de la moneda quedaba granulosa y con poros, por lo que la moneda no era de calidad; la técnica impedía dibujos nítidos y precisos en las caras de la moneda; las monedas obtenidas por este sistema se podían falsificar con facilidad, pues teniendo una moneda legal se podían sacar fácilmente las matrices o cuños.
Por estos motivos el sistema de fusión se empleó poco. En Roma se utilizó en las primeras acuñaciones, para facilitar la acuñación de monedas grandes (por ejemplo, el
aes grave). También se utilizó en el siglo III d. C. para acuñar monedas de bronce que
contenían algo de plata.
La técnica usada generalmente fue la acuñación, pues no aparecían los problemas que con el otro sistema. Para fabricar la moneda se empleaba una pieza de metal lenticular. Este flan o cospel había sido previamente sometido a una alta temperatura para facilitar su ductilidad. Se introducía entre dos cuños que llevaban incisas, en hueco, las imágenes que se querían representar en las monedas. A continuación se golpeaba sobre uno de los cuños (se ponía el flan sobre uno de los cuños y se golpeaba sobre el otro), quedando así grabadas las imágenes en el flan. Para
fabricar una moneda eran necesarios dos cuños, uno fijo que se embutía en un yunque, el cuño de anverso, y otro móvil, el cuño de reverso, que se colocaba encima del cospel y era el que recibía el golpe del martillo, estando el cuño de reverso sujeto por unas tenazas.
Los pasos para la acuñación eran los siguientes. Primero preparar los flanes o cóspeles de varias formas: se fundía el metal y se introducían los flanes en varios moldes de forma lenticular, los cuales podían ser abiertos o cerrados (de una o dos piezas); Otra forma de preparar los flanes era recortar trozos de metal de una lámina a la que previamente se había dado un grosor determinado; una tercera forma consistía en reacuñar monedas antiguas que ya no tenían curso legal, las cuales se utilizaban como flanes, aunque esto tenía el problema de que la nueva acuñación no borraba totalmente los tipos de la antigua moneda. Una vez creado el cospel, este se pesaba y ajustaba para que la cantidad de metal en las monedas fuera uniforme.
Después se grababan las monedas y se abrían los cuños de anverso y reverso que tenían el sello de la autoridad que emitía la moneda. Se han conservado pocos cuños, pues eran destruidos al desgastarse para que no fueran utilizados en la falsificación de monedas. Grabar los cuños era considerado un arte, pues había que realizar el dibujo de los cuños ampliado y, después, mediante incisión, éste se pasaba a una lámina de metal, la cual periódicamente era calentada. Una vez que se obtenía el prototipo se sacaban moldes que permitían fabricar mediante fundición los cuños, aunque éstos había que retocarlos con un buril para afinar los detalles que se habían perdido con el molde. Los cuños contenían las imágenes en negativo, es decir, en hueco. Pero un cuño tenía una duración, con él se podían sacar un número máximo de monedas. Por ello los cuños debían ser fabricados con materiales duros para aguantar los golpes que se daban durante la acuñación. Así, los romanos utilizaron cuños de bronce para acuñar monedas de oro y plata y cuños de hierro para acuñar monedas de bronce. El último paso de este proceso era el de acuñar las monedas con el cuño móvil o de reverso golpeándolo con el martillo.
La acuñación fue un sistema que permitía acuñar muchas monedas en poco tiempo. Un equipo de personas especializadas podía acuñar en un solo día, si los flanes estaban ya preparados, entre 3.000 y 4.000 monedas. Los elementos utilizados en este proceso los conocemos porque se conserva restos de un cuño de reverso, por representaciones como la del denario de Tito Carisio (con el martillo a la derecha, el yunque en el centro del dibujo y ambos cuños), o por pinturas como el fresco de la casa Vetti en Pompeya, en el que aparecen unos angelotes acuñando moneda; un amorcillo está junto a un horno calentando los cóspeles, más a la izquierda otro prepara unos cóspeles para la acuñación; otros dos están pesando un lingote y los dos últimos aparecen acuñando moneda, uno sujetando el yunque y el otro tiene el martillo.
1.8. Metales.
El metal empleado para la acuñación se obtenía de distintas formas, principalmente de la extracción de las minas, también del cobro de impuestos del comercio y reacuñando monedas antiguas. Durante la república los romanos obtuvieron metal por el botín obtenido de las conquistas y de las fortunas, es decir, tesoros de los Estados griegos herederos del imperio de Alejandro Magno. Durante el Imperio, los emperadores, mediante funcionarios, asumieron el control directo de la explotación de las minas de metales amonedables (como las que había en Tracia, por ejemplo).
El metal utilizado para acuñar moneda no debía ser tan blandos que dificultaran el proceso de acuñación, pero sí debían tener la consistencia o dureza suficientes para no alterarse una vez acuñado. Esto hizo que los metales preferidos para fabricar moneda fueran oro, plata, electrón y cobre. Todos ellos son lo suficientemente maleables y tienen la dureza necesaria para conservar su forma y no alterarse durante la acuñación, pues la oxidación les afecta muy lentamente.
Muy ocasionalmente se utilizaron otros metales para fabricar moneda: en Atenas en el siglo V a. C. se sabe que se utilizaban monedas de terracota, probablemente para fines de contabilidad y no como moneda circulante. Séneca afirma que en Esparta y Cartago se utilizaban monedas de cuero. Lo que sí es cierto es que en Esparta se utilizó el hierro para acuñar, lo que se piensan que eran los obeloi a los hace referencia Plutarco en la Vida de Licurgo. En alguna ocasión se utilizó el plomo, por ejemplo, en la Galia romana a finales del siglo I y principios del II d. C., en un momento de crisis, cuando no había otro metal para acuñar.
Salvo estas excepciones, la mayoría de monedas acuñadas en la Antigüedad lo fueron de oro, plata y bronce. El oro fue acuñado en abundancia por los persas, por la monarquía macedónica y por Roma, en aleaciones bastante puras. La plata también se utilizó en acuñaciones con bastante pureza (96 %) en las ciudades griegas y también con los romanos, aunque éstos tendieron a mezclar más la plata con oro, plomo o cobre. Las monedas fraccionarias se acuñaron en cobre y plomo, también en estaño (que mezclado con el cobre daba el bronce). Otra solución muy usada para acuñar fue el oricalco, aleación de cobre y zinc, que era más caro que el bronce porque él zinc era más difícil de obtener en la Antigüedad y era más escaso.
1.9. Falsificaciones.
Se diferencian dos tipos de falsificaciones monetarias: antiguas y modernas. Las modernas aparecen desde que comienza el coleccionismo: algunas falsificaciones son monedas inventadas, en otras se mezcla el anverso y el reverso de las acuñaciones, y otras que copian las monedas antiguas. En el caso de las falsificaciones modernas bien realizadas se puede distinguir si son verdaderas o no por la pátina y por diferencias en la forma o el peso.
Las falsificaciones antiguas se hicieron contemporáneamente a las monedas oficiales. En época romana se recurrió a veces en las provincias a acuñar moneda falsa, por ejemplo, en época de Claudio en la Península Ibérica se falsificó moneda fraccionaria de bronce.
A este respecto, existe una polémica entre los estudiosos sobre si las monedas forradas son falsificaciones. La opinión más consensuada es que las monedas forradas fueron emitidas por el Estado por su calidad, aunque no todos están de acuerdo. A veces el Estado recurrió a emitir moneda falsa por necesidad (por ejemplo, en época de César). Normalmente las falsificaciones antiguas de moneda romana son denarios de plata por fuera, pero el interior de la moneda es de cobre.
Se cogía un flan de cobre del diámetro, espesor y peso deseados; luego éste era pulido con arena y se le daba por presión una lámina de plata que lo rodeaban, luego el flan era calentado a 960 grados, temperatura de fusión de la plata y también la temperatura en la que la superficie de cobre empieza a fundirse (lo hace a 1050 grados). En ese momento la plata líquida revestía o flan o disco de cobre de una manera uniforme y, como la superficie de cobre empezaba a fundirse, esto permitía que cobre y plata se fundieran en la zona de contacto entre ambos metales, dando una perfecta unión del revestimiento de plata sobre el alma del cobre. Posteriormente, el metal se acuñaba.
Este sistema permitió al Estado romano acuñar plata cuando no la había, aunque sólo se podía emplear con plata y cobre y no con plata y hierro (más barato), porque la temperatura de fusión de este metal es muy superior a la de la plata y no hubiese producido esa adherencia entre la plata y el hierro.