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Comments made by Council in 2004 about a functional recognition of

5. The Family Law Act and the approach of the Family Law Courts to Aboriginal

5.10 Responses to Torres Strait Islander customary adoption practices (‘Kupa

5.10.2 Comments made by Council in 2004 about a functional recognition of

La importancia de esta enfermedad en el campo de la salud pública y la sanidad animal se refleja en la atención que ha suscitado en importantes

organizaciones internacionales. Dos claros ejemplo de ello son la Organización Mundial de la Salud (OMS) (que clasifica esta enfermedad como una de las siete zoonosis endémicas ‘desatendidas’ -neglected, enfermedades que no son prioritarias en los sistemas de salud pública tanto a nivel nacional como internacional: www.who.int) y GLEWS (Global Early Warning Systems -sistema mundial de detección temprana de emergencias de la OIE/FAO/WHO- que define la brucelosis causada por

B. melitensis como una enfermedad zoonósica de prioridad: www.glews.net).

Las consecuencias de la BOC en la Sanidad Animal son principalmente económicas. A pesar de que globalmente el sector de los pequeños rumiantes no posee el impacto económico que tienen otros sectores como el porcino o el avícola, sigue teniendo un importante peso en la economía mundial, especialmente en determinadas zonas de países en vías de desarrollo (Sherman, 2011) (donde el impacto de la BOC sobre la economía es mayor) (McDermott et al., 2013). Dentro de los productos ovinos y caprinos que componen este mercado (carne, lana y fibras, piel), el comercio relativo a la leche no tratada térmicamente y los productos lácteos no pasteurizados de ovejas y cabras es el que presenta mayor riesgo para la transmisión de B. melitensis (Sherman, 2011). Las consecuencias de la presencia de BOC están directamente relacionadas con el impacto que tiene la patogenia de esta enfermedad (y sus signos clínicos) en la producción animal, además de las restricciones comerciales que conlleva en el comercio nacional e internacional (Díaz- Aparicio y Díaz, 2013; Seleem et al., 2010), por ejemplo, a través de los controles sobre los movimientos del ganado ovino y caprino (Real Decreto 1941/2004, Directiva 2003/50/CE). Debido a su relevancia es una enfermedad de declaración obligatoria en la Unión Europea y en España (Directiva 82/894/CEE, Real Decreto 617/2007).

En los pequeños rumiantes la brucelosis causada por B. melitensis es una enfermedad asociada a una gran morbilidad (sobre todo en rebaños no inmunizados sin historial previo de enfermedad) y baja mortalidad en los animales infectados, cuyas principales consecuencias son fallos reproductivos: nacidos débiles y abortos que suelen observarse en el último tercio de gestación (Blasco, 2010a; Elzer et al.,

2002) (probablemente asociado a la multiplicación exponencial del patógeno en esta fase de la preñez como se ha observado en B. abortus) (Samartino et al., 1994). A nivel de rebaño, los fallos reproductivos pueden tener lugar en forma de tormenta de

abortos (en ovino se han registrado abortos en el 10-16% del rebaño) (Radwan et al.,

1984), habituales en el caso de rebaños de cabras que se infectan por primera vez (Alton, 1990), aunque las gestaciones también pueden llegar a término (Crespo, 1994). Además, esta patología conlleva otras consecuencias como la reducción de los índices reproductivos y el descenso de más del 10% de la producción láctea (Scientific Committee on Animal Health and Animal Welfare, 2001) (aunque raramente es asociada con mastitis) (Alton, 1990).

En el campo de la Salud Pública, la brucelosis se ha definido como la enfermedad zoonósica de origen bacteriano más frecuente en el mundo, describiéndose más de medio millón de nuevos casos cada año (Pappas et al., 2005; Pappas et al., 2006b). Actualmente no hay vacunas autorizadas en la UE de eficacia probada para humanos (Doménech-Martínez et al., 2009). En la antigua Unión Soviética y China se emplearon diferentes cepas vacunales (B. abortus S19, B. melitensis 104M) para la inmunización contra la brucelosis en humanos; sin embargo, el empleo de esta vacuna cayó en desuso debido a su limitada eficacia y la existencia de efectos adversos (Perkins et al., 2010; Vershilova, 1961). Posteriormente se han propuesto diversos candidatos como posibles vacunas para personas (Hadjichristodoulou et al., 1994; López-Merino et al., 1976), aunque hasta la fecha ninguna ha sido reconocida como una solución en la lucha contra la brucelosis humana. En zonas endémicas, la incidencia anual puede variar desde ˂ 0.01 a ˃500 casos por cada 100.000 habitantes (Pappas et al., 2006b). Sin embargo, la brucelosis humana se considera una enfermedad probablemente sub-diagnosticada o sub- comunicada (Franco et al., 2007; Godfroid et al., 2005), calculándose que el número de casos reales podría ser 15-25 veces mayor de los que se notifican [WHO, 1997 citado por (Crespo et al., 2012)].

Adicionalmente la brucelosis es una enfermedad de declaración no obligatoria en muchos países (Smits, 2013) lo que dificulta aún más el conocimiento sobre su situación en muchas regiones. Además la ausencia de signos patognomónicos contribuye al sub-diagnostico de esta patología (en regiones tropicales es frecuente diagnosticar a los pacientes con brucelosis como casos de malaria resistentes al tratamiento) (Gorvel, 2008). La brucelosis es una enfermedad asociada tradicionalmente a la pobreza y ampliamente distribuida en países en vías de

desarrollo donde supone un obstáculo para el progreso económico (Pappas y Papadimitriou, 2007; Smits, 2013). De manera similar a otras zoonosis, las condiciones socio-económicas que suelen acompañar a la poblaciones con recursos limitados hacen que se incremente el riesgo de contraer este tipo de enfermedades, disminuya la posibilidad de acceder a un diagnóstico y tratamiento adecuados y aumente la probabilidad de que tanto los animales como las personas que conviven con ellos enfermen, lo que puede suponer la incapacidad de algún miembro de la familia y, con ello, la disminución de ingresos y un descenso de la productividad (Maudlin y Weber-Mosdorf, 2006). Los planes enfocados a controlar y/o erradicar las enfermedades reproductivas (como la BOC) permiten el avance socio-económico de las zonas afectadas (Menzies, 2012) ayudando a disociar la relación entre brucelosis y perpetuación de la pobreza (Maudlin y Weber-Mosdorf, 2006).

En la Unión Europea, la brucelosis humana es una enfermedad de declaración obligatoria (en 2011, se declararon un total de 330 casos, la mayoría procedendes de España, Grecia y Portugal) (European Food Safety Authority y European Centre for Disease Prevention and Control, 2013). Actualmente, los casos de brucelosis en personas en países desarrollados suelen aparecer de forma ocasional y generalmente asociados a:

i) Los desplazamientos (turismo, intervenciones militares, etc.) de personas procedentes de países libres de BOC a zonas endémicas que incrementan la posibilidad de adquisición de esta enfermedad (Memish y Balkhy, 2004) o personas que viven en países libres de brucelosis pero que proceden de países donde la brucelosis es común como lo observado por Al Dahouk et al. en Alemania (Al Dahouk et al., 2005). Esta situación se agrava por el desconocimiento de esta patología por parte de los médicos de atención primaria de muchos de los países de origen (libres de enfermedad), lo que provoca un retraso en el diagnóstico (e incluso diagnósticos erróneos) (Alton, 1987).

ii) La adquisición de Brucella en el laboratorio constituye una importante proporción de casos de enfermedad. De hecho, se considera una de las infecciones más comunes adquiridas de este modo (Young, 1995)

representando hasta el 2% del total de estas enfermedades (Robichaud et al., 2004). La bibliografía recoge muchos casos descritos de brucelosis humana adquirida en el laboratoio (Demirdal y Demirturk, 2008; Gruner et al.,

1994; Noviello et al., 2004; Sayin-Kutlu et al., 2012; Traxler et al., 2013). En nuestro país se llevó a cabo un estudio que determinó que un 11.9% de casos de brucelosis de un total de 628 trabajadores consultados se debían al contacto con Brucella en el laboratorio (Bouza et al., 2005).

iii) La importación ilegal de animales infectados y/o sus productos ha sido considerada también un factor de riesgo en este sentido. Por ejemplo, se han descrito casos de brucelosis en zonas del sur de los EE.UU. asociados al consumo de productos procedentes de México introducidos de manera fraudulenta en el país (Fosgate et al., 2002).

La mayoría de los casos de brucelosis humana están causadas por tres especies del género Brucella: B. abortus, B. suis y B. melitensis (Díaz-Aparicio y Díaz, 2013). Aunque la prevalencia de estos patógenos puede variar en diferentes zonas geográficas, se considera que B. melitensis es el principal responsable de los casos de brucelosis humana en la mayor de parte del mundo (Corbel, 1997; Memish y Balkhy, 2004) y es la especie más virulenta para el hombre (Pappas et al., 2005). Al contrario que B. abortus y B. suis, que se asocian normalmente a una exposición ocupacional, la infección por B. melitensis se produce en la población general (Acha, 2003), a menudo también asociada al consumo de leche y productos lácteos no pasteurizados (se calcula que aproximadamente el 85% de la leche de cabra se consume sin pasterizar) (Nicoletti, 2010). En algunos países se ha observado que los brotes de brucelosis humana siguen una tendencia estacional, asociados a las épocas de parideras y lactación (Al Dahouk et al., 2007; de Massis et al., 2005). La forma en que se presenta la infección puede estar asociada al modo de transmisión: cuando la enfermedad aparece por el consumo de productos lácteos o leche sin previo tratamiento térmico la infección suele presentarse en forma de brotes, mientras que si se debe al contacto o manejo de animales infectados suele darse en forma de casos aislados (FAO, 2009).

La brucelosis causada por B. melitensis en los humanos se manifiesta como una enfermedad aguda (Mantur et al., 2007) debilitante de sintomatología no

patognomónica o inespecífica (fiebre, dolor de cabeza, mialgia, anorexia, pérdida de peso, etc.) (Sauret y Vilissova, 2002). Puede progresar hasta una fase crónica (cuando se prolonga más de seis meses), convirtiéndose en una enfermedad recurrente que llegue a dar lugar a complicaciones como meningitis, abscesos hepáticos y, en casos más graves, endocarditis (que puede tener un desenlace fatal) (Franco et al., 2007). Seleem et al. (Seleem et al., 2010) rescataron una frase publicada en la revista Time en 1943 que resume las consecuencias que tiene la brucelosis humana si no es tratada: ‘rara vez la enfermedad llega a matar a alguien pero a menudo logra que el paciente desee estar muerto’. El coste económico asociado al tratamiento de la brucelosis (una combinación de diferentes antibióticos durante un largo periodo de tiempo en casos moderados (que puede durar años si existen complicaciones) y las consecuencias de sufrir esta enfermedad debilitante (Rodríguez Ferri y Crespo, 2000) contribuyen a la gran carga económica que la presencia de esta enfermedad conlleva (Adone y Pasquali, 2013; Franco et al., 2007).