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Appendix A ERRATA

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Una historia común pareciera ligar el desarrollo de las formas narrativas en las regiones argentinas alejadas de la rioplatense y tiene que ver, según el registro empírico de la desigual distribución y reconocimiento entre centro y márgenes, con algunas variables entre las que se considera, desde el punto de vista de los escritores, la falta de estímulos institucionales para la publicación de novelas y cuentos, si tenemos en cuenta las dificultades económicas para la edición y la ausencia de editoriales propiamente dichas hasta bien avanzada la segunda mitad del siglo XX. Las editoriales universitarias se registran hace ya décadas en Tucumán y Jujuy, a las que se agrega con dificultades la muy reciente de Salta.

Pero los libros que se editan son en su mayoría tesis y ensayos críticos. No existe un presupuesto que permita reparar la ausencia en el mercado de la novela de Carlos Hugo Aparicio, escritor jujeño radicado en Salta, quien publicó la primera y única edición de Trenes del sur en 1988, novela escrita veinte años antes de su edición en Legasa y que hoy circula en reediciones pirata ante la demanda de lectura que provoca. Recordamos de esa novela su proceso de gestación largo101 y precedido en su aparición al mercado por una de las últimas muestras de la novela regionalista, La mujer de piedra (La leyenda de Esteco 1973), de Fernando R. Figueroa. Como contraparte de la ausencia de los “clásicos” en las librerías de Salta, en el año 2009, bajo el cuidado de Leonor Fleming aparecen los Cuentos y relatos del norte argentino, de Juan Carlos Dávalos, reedición a cargo de la Fundación Atilio Cornejo y La Crujía. En ese libro se anuncia el comienzo de la edición de una “biblioteca fundamental” de obras de autores salteños, anotada y prologada para

100

“Política, ideología y figuración literaria (1987) en Escritos sobre literatura argentina. Buenos Aires: Siglo Veintiuno editores.2007.

101

Cfr entrevista realizada al autor por Leila Gómez incluida en el libro que coordiné: Periodismo y literatura. El campo cultural salteño del ’60 al 2000. Salta, Eunsa, 2007.

La Literatura del Noroeste Argentino

beneficio de la educación de los jóvenes. No existe información de qué ejemplares seleccionarán y si atienden a la heterogeneidad literaria que da muestras la región, tanto en lo que a géneros respecta como en relación al espectro social que recorren sus letras.

De cualquier manera, mi intervención corre por un carril paralelo a la real situación de pobreza editorial de Salta, si pensamos en la reducción de los concursos provinciales y la escasa difusión institucional de los premios de la Dirección de Cultura, que sólo se hace cargo de editar y enviar ejemplares cuando se trata de una feria de libros que, en ocasiones, pone de relieve una selección más cercana a las amistades políticas de algunos autores que al valor otorgado por jurados expertos.

Me concentraré, dentro del campo literario, en la narrativa, y tomaré como referencia un género proteico al decir de Bajtin, la novela, sobreviviente a la poscrisis y en circulación cada vez mayor en todos los circuitos, mediático, universitario y de la vida literaria (Moriconi 2007).

En trabajos anteriores del equipo de investigación coordinado por Elisa Moyano circunscribimos algunos ejes para leer la producción literaria de la provincia; uno de los cuales fue el reconocimiento de procedimientos discursivos inéditos en la narrativa anterior a los ochenta. Si la única novela de Aparicio ya daba muestras de la “transculturación narrativa”, observada por Rama en torno a la novela hispanoamericana, las novelas de Francisco Zamora (La heredad de los difuntos, 1977, Bisiesto viene de golpe, 1985) manifiestan ese realismo interior de la nueva novela hispanoamericana del que habla Noé Jitrik,102 pero en ese género Zamora no marcó tan fuerte impronta como en los cuentos de El llamaviento, que me atrevo a considerar un clásico dentro del que es uno de los géneros más cultivados en las letras salteñas.

Pero es con Alias cara de caballo (1984) y La república cooperativa del tucumán

(1989), de Juan Ahuerma Salazar que se pone de manifiesto el ejercicio de una escritura que no sólo rompe con los moldes realistas decimonónicos que aún perviven en las novelas de consumo masivo, sino que hace estallar las prescripciones del género. El horizonte experimental está dado por la leyenda y la crónica, géneros con tradición de reescritura a lo largo de la literatura occidental, que aparecen en la narrativa de Ahuerma Salazar alejados de su factura realista y subvertidos por la mezcla de registros, marcados, además, por la comicidad y el grotesco. En esa línea de hibridación narrativa ha seguido editando dicho autor, y exploró otros géneros como el policial, en particular en El caso de María T. Sus características me permiten hablar de un corte en la narrativa de la segunda mitad del siglo XX, cuyo antecedente en las letras salteñas puede ser El ratón de Antonio Nella Castro, novela que ganó en los setenta un premio internacional, fue editada por Planeta (de Barcelona) pero la dictadura militar la hizo desaparecer de las librerías porteñas, y la

Reflexiones e Investigaciones

reeditó Legasa en 1988. Dos años antes apareció su segunda novela, Crónica del diluvio, en la que continúa Nella Castro su crítica ideológica.103

Más próximas al circuito universitario, otras novelas de experimentación fueron, ya en los noventa, Augustus (1993) y Fragmentos de siglo (1999) de Liliana Bellone; la primera de ellas tuvo sucesivas reediciones, ya que la obtención del primer premio Casa de las Américas de La Habana garantizó a la autora una cantidad mínima de ejemplares. En el caso de esta narradora, la figura de la revuelta se conecta con una dicotomía que tiene huellas profundas en la cultura argentina, civilización / barbarie. La representación de las escenas privadas y públicas construye una perspectiva privilegiada para observar la vida cotidiana de los actores femeninos, y las vicisitudes históricas de una Argentina marcada por la dictadura militar.

Bellone abre para los finales del siglo XX la línea de escritura de mujeres que se continuará en La mala leche (1993) y La mancha de yodo (1997) de Martha Grondona. Se trata de valores emergentes que en lo local desafían, como antes lo habían hecho en la poesía, una sociedad de fuertes resabios patriarcales. Otra novela que se inscribe como Fragmentos de siglo en la problemática de la dictadura, pero con visos de mayor verosimilitud, es la primera de Gloria Lisé, Viene clareando

(2005), muy bien acogida por la crítica local e internacional.104 El caso de La esposa (1989) de Zulema Usandivaras de Torino, que se sitúa en los epígonos de la novela realista decimonónica, lo analizamos como la hibridación de lo residual, en virtud de sus estrategias narrativas, y emergencia de una mirada feminista del todo ajena a esas convenciones, si pensamos en la dominante masculina del prototipo realista. Y en la primera década del dos mil, otra vez gracias a los premios literarios de la Dirección de cultura, aparecen los cuentos de Ana Gloria Moya, quien en el año 2001 publicará Cielo de tambores (que obtiene un premio internacional) y Semillas de papaya a la luz de la luna (2008). La veta narrativa de ambas novelas, que concita su difusión y reediciones posteriores en editoriales de mayor alcance que las locales, es la histórica; con destreza, Moya construye tramas que recuperan figuras femeninas olvidadas de la historia de Argentina e Hispanoamérica. Su itinerario discursivo tiene mayor proximidad con las novelas históricas de Libertad Demitrópulos (Río de las congojas y La cruz de hierro) que con los del “magisterio” instaurado por Bellone en sus talleres literarios.105

103

Cfr el ensayo de Zulma Palermo, De historia leyendas y ficciones. Salta: Fundación del Banco Noroeste Coop. Ltdo. / Aráoz Anzoátegui impresores, 1991.

104

“Por ejemplo, leí ahora, con una sorpresa muy feliz, un libro de una salteña, que se llama Gloria Lisé, una novela titulada Viene clareando. Habla sobre la última dictadura, la experiencia de una chica, en Tucumán, lo cual ubica el tema de la dictadura, que siempre fue tratado por los porteños y algunos otros escritores del interior, en otro meridiano. Con este libro, en este pozo que es Buenos Aires, se nos abre el país. Una novela que para mí es muy buena. Naturalmente pasa inadvertida, porque es imposible mover los medios de comunicación para una escritora salteña desconocida. Pero se editó en Buenos Aires por la editorial Leviatán. Creo que es lo mejor que he leído últimamente.” Entrevista a Griselda Gambaro, subida a internet por Cristian Alarcón.

105

En la misma corriente se inscribe La casa blanca de Anguinán de Ricardo Federico Mena, premio 2000 de la Secretaría de Cultura de la provincia de Salta.

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En la misma década se abren otras líneas de escritura, de San Ramón de la Nueva Orán nos llegó Las vueltas del perro (1998) de Santos Vergara. El caso de Vergara excede la estricta cuestión literaria pues, además de escritor y docente, es gestor de la mayoría de las actividades culturales de su querido trópico y oído atento a las leyendas populares que intertexualiza en su única novela. Otra línea que rompe con la tradición narrativa de la provincia es la de Carlos Müller, escritor radicado en la provincia de Salta desde los setenta, que aborda una nueva forma de realismo alimentado por su extenso contacto con las comunidades campesinas e indígenas del interior, dada su tarea de maestro rural, publica La imaginaria (1996),

Tamchai Honat (1997) y La resaca (1997).106

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