THE ISSUE OF INVESTMENT IN THE INTERNATIONAL TRADE SYSTEM
9 The Commission has been trying hard to reduce that risk by, for example, stimulating and supporting the creation o f lobby groups for more diffuse (‘weaker’) interests like consumers.
Podría parecer una perogrullada incluir la generación de ideas como concepto marco del Teatro de Creación. ¿Cómo se va a crear sin generar ideas? Sin embargo, el que lo incluyamos tiene su porqué. Al igual que el pensamiento creativo aplicado, este elemento podríamos darlo por obvio y no considerarlo. Entonces podríamos caer en el error de pensar que, en el momento en que tuviésemos una idea, una gran idea, incluso una genial idea, en el proceso del Teatro de Creación, daría paso a un período de desarrollo de esa idea sin necesidad de generar otras. Sin embargo, al igual que en el primer subapartado de este apartado 3.2, hemos de recordar que el pensamiento
creativo y la generación de ideas no se limitan al producto artístico, sino que supone
un plus de eficiencia y capacidad de progresar y mejorar el proyecto y los equipos, en cualquier momento del proceso e, incluso, una vez conseguido el producto.
Este planteamiento responde a la necesidad de que, en cualquier proyecto de cualquier ámbito, necesitamos poner en marcha dos sistemas de decisión: la selección y la improvisación que, aunque a priori pensemos que no tienen nada que ver, parten del mismo patrón.
En cualquier proceso de trabajo en el que se implique un equipo y el desarrollo de un proyecto, vamos a necesitar al comienzo, a lo largo del proceso, al final y puede que más allá de lo que consideremos el final, elegir entre opciones. Si los equipos están muy cohesionados y el proyecto está muy bien diseñado y reglado, es posible que la selección sea casi obvia y apenas haya que hacer un ejercicio de selección como tal. Simplemente, de forma natural se irán desechando opciones y posibilidades que no encajan ni con el uno y con el otro.
Sin embargo, tener las opciones tan claras no es necesariamente signo de estar eligiendo lo mejor, sino simplemente es posible que lo que haya pasado es que no se han generado suficientes ideas entre las que elegir. De ahí la necesaria intervención de todo el equipo para esta generación de ideas. Y esto entronca con el segundo sistema de decisión. La improvisación.
PARTE III · Aproximación terminológica
Como ya hemos dicho, podría parecer que entre elegir e improvisar podría haber una diferencia sustancial porque, si nos atenemos a lo que se entiende popularmente como improvisar: mientras que al elegir, seleccionamos una opción de varias posibles, al improvisar parece que elegimos una posibilidad al azar, o por pura intuición o incluso gusto personal. Sin embargo, si retomamos la definición del gran Georges Laferrière que ya hemos reprodicido en el apartado 2.1.1, muestra este mecanismo como ‘elegir la mejor de las opciones posibles’. Es decir, al final, improvisar consiste en elegir. Lo que sucede que cuando elegimos parece que las ideas estén ya formadas y, cuando improvisamos, vamos construyendo las ideas al tiempo que elegimos.
Toda esta introducción es, simplemente, para darnos cuenta de lo que supone . Pues a mayor número de ideas posibles generadas, mayor capacidad de elección e improvisación tenemos.
En los cursos de pensamiento creativo que este doctorando ha impartido a docentes, mandos intermedios y directivos de empresa, o personas dedicadas al arte, muy a menudo pone el ejemplo del equipo creativo publicitario de una empresa. Si este equipo se basa en la genialidad de sus miembros, considerará que las 3 o 5 primeras ideas que proponga para una campaña son suficientes para que los directivos de la empresa den su visto bueno. Sin embargo, si de 5 ideas creativas, el equipo de innovación considera que hay dos ya muy vistas en el mercado, y el equipo financiero subraya que otras dos son inviables económicamente según los planes financieros de la empresa, al equipo directivo le llegará una sola idea posible que aprobarán... O... No! Pero imaginemos que el equipo creativo genera 100 ideas. Desde las más lógicas a las más disparatadas o aparentemente inconexas con el proyecto. Posiblemente los de innovación echarán abajo 40 de las ideas. Financiero puede que no apruebe otras 40. Aun así, al equipo directivo le llegarán 20 posibles ideas, buenas, innovadoras y financieramente sostenibles. Muy posiblemente acaben desarrollando la mejor de las campañas. O cuando menos, habrán podido elegir entre las mejores opciones posibles.
A esto hay que añadir una coda. Habrá quien diga que para qué generar cien ideas si solo vamos a utilizar una. ¡Es una pérdida de energía! Y aquí surge el perfil pedagógico del Teatro de Creación que, en ambientes artísticos, donde los egos están sobredimensionados, o en ambientes escolares, donde la edad de los adolescentes y jóvenes puede encontrarse con personalidades en proceso de consolidación, puede transmitir esta sensación de inutilidad. Para qué pensar o aportar si nuestra idea nunca se utiliza.
En primer lugar, cualquier proyecto necesita más de una idea para tener solución A, B o C. Y en segundo lugar, se hace hincapié en que ninguna de la ideas se desecha. Simplemente se guardan, porque muy posiblemente se recuperen más adelante para otro momento, otra solución u otro proyecto.
Esto último tiene mucho que ver con el ‘O... No!’, ya que todas las ideas que vayamos acumulando en nuestro cajón creativo podrán ser utilizadas en el momento en que decidamos hacer un ‘O... No!’
PARTE III · Aproximación terminológica
3.2.8 · O... No!
Esta micro frase la dijo este doctorando por primera vez... No recordamos cuándo.
Realmente pasaría desapercibida sin su contexto... O... No!
Puede que sea la frase menos académicamente correcta en el ámbito de una tesis doctoral. Porque realmente lo que implica es que lo que acabamos de decir puede ser
válido, puede ser correcto, puede ser útil, puede ser importante... O... No!
Sin embargo, el concepto del ‘O... No!’ va mucho más allá y es mucho más profundo.
Comenzó siendo una forma de decir en talleres o conferencias, que debíamos quitarnos el miedo a cambiar de recorrido en el proceso de nuestros proyectos.
Por muy bien que hayamos pensado o planificado una idea, a la hora de llevarla a la práctica, la multiplicidad de variables, personas que intervienen, situaciones sobrevenidas o nuevas ideas recurrentes, no puede obligarnos a tener que mantener, necesariamente, la línea de trabajo imperturbable a pesar de que estemos convencidos de que la línea a seguir hace ya mucho tiempo que no está a la vista.
Por otro lado, también supone un recurso pedagógico para trabajar con adolescentes y jóvenes fundamentalmente, aunque sea útil para todas las edades, sobre todo cuando los egos afloran sobremanera.
En estas edades en donde el amor propio, la personalidad y la confianza en uno mismo está en plena ebullición y cada pequeño paso mal dado puede hacer pasar el estado de ánimo de la euforia al desaliento.
En estos momentos delicados, plantear el ‘O... No!’ como la necesidad de que aportar
ideas no significa que haya que llevar hacia adelante la primera que se nos ocurra, ni la que diga el alumno más popular, ni la elegida como más valiosa. Porque los proyectos pueden dar muchos giros y, aquello que se desechó en un principio, puede volver a ser utilizado y cobrar protagonismo. Por eso siempre unimos al concepto del
Para sistematizar este tipo de resorte a modo de botón de emergencia, hemos acabado identificando, al cabo de cientos de talleres y proyectos, tres tipos de situaciones en las que se puede accionar esta palanca.
1.- Callejón sin salida. Si siguiendo las líneas trazadas por un proyecto, nos encontramos con que no podemos llegar a la meta por infinidad de motivos ajenos al propio planteamiento. Porque uno de los componentes del grupo desaparece y no podemos contar con él. Porque el presupuesto se ha disparado debido a fluctuaciones del mercado. Porque el espacio donde se iba a realizar el proyecto ya no es lo que era. Porque el permiso para la ejecución ha sido denegado por causas sobrevenidas... Y así podríamos llegar al infinito.
Ante esta situación caben dos opciones. Abandonar, cuestión que en el
Teatro de Creación es la última opción, o aplicar un ‘O... No!’ ante un
callejón sin salida, retroceder hasta la última decisión que nos abocó a esta situación y partir en otra dirección para concluir el proyecto.
Como posibles soluciones a los distintos planteamientos de callejón sin salida, si no se puede contar con uno de los componentes del equipo, este puede ser sustituido por una persona que debe sumarse al proyecto con su propia visión, aportaciones y características, o bien reconsideramos el equipo y reestructuramos el proyecto con una persona menos, agrupando funciones o anulándolas. Si el presupuesto se ha disparado, retrocedemos hasta reducirlo o anularlo y reestructurar un nuevo presupuesto con las nuevas circunstancias. Por supuesto, el hecho de que el espacio ya no esté disponible, no debería ser ningún problema, pues adaptarnos al espacio y al grupo es uno de nuestros primeros aspectos a trabajar. Si no hay permiso, habrá que ver cuál fue el motivo para solicitarlo y, volver a tramitar otro distinto o evitar la causa que lo motivó... Y así podríamos llegar hasta
PARTE III · Aproximación terminológica
2.- Se cruza una idea mejor. No debemos tener miedo a cambiar de idea.
No ya porque las circunstancias obliguen sino porque, durante el proceso de trabajo, ya sea en el inicio o a punto de cerrarlo, a cualquier miembro del equipo le atrae una posibilidad, distinta, nueva, no descubierta hasta entonces. Pues sin más dilación, pisemos el freno, recorramos hacia atrás lo que sea necesario, si es que es necesario, e indaguemos y trabajemos en la nueva senda. Porque si se nos cruza una idea u oportunidad que, a priori, nos atrae más, nos resulta más interesante, es más económica, es más sencilla o, simplemente nos gusta más, por qué vamos a tener que estar obligados a mantener lo prefijado (salvo causa mayor). Tengamos
siempre prevista la posibilidad de ejecutar el ‘O...No!’
3.- Opciones diversas. Qué sucede cuando la decisión sobre distintas opciones no está clara, no está suficientemente definida o, simplemente queremos indagar sobre las variables, las posibilidades diversas, las
opciones. Hagamos un ‘O... No!’ e indaguemos, investiguemos, probemos,
siempre que el interés del proyecto, del equipo o del objetivo lo requiera o lo provoque.
No hace falta decir que un continuo ‘O... No!’ haría inviable cualquier proyecto por
su indefinición continuada y su indecisión manifiesta. Por eso no estamos hablando de poner todo en duda ni de dar marcha atrás en cualquier momento y por cualquier detalle o minucia.
Lo que queremos decir y asumir es que podemos corregir, dudar, reestructurar, modificar, reorientar, cambiar, destruir y volver a construir un proyecto en su inicio, en la mitad o a punto de cerrarse, siempre que nos parezca conveniente, simplemente
haciendo un ‘O... No!’
Y si acaso tenemos duda, para eso estará el fulcro/director, que debe tomar las decisiones como última opción.