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SAMPLE VOLUNTEER AGREEMENT AND RELEASE FROM LIABILITY

VI) Commitment to Partnership

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A través de la historia se asiste a una forma de asumir o de ver las relaciones políticas, como una relación de amigo – enemigo, lo que lleva a que el otro o los otros, sean ob- servados no solo como alguien distinto sino también como un oponente. En ese sentido, históricamente solo se comparte con quien está o participa de los mismos principios políticos, éticos, morales, sociales o cultura- les. Lo que se quiere en esta cátedra es cam- biar esa concepción y ver al otro no como un enemigo sino como un par, es decir, al- guien igual a uno, y que ese otro reafirma la existencia de uno porque es él quien da cuenta de las acciones que se realizan. Esto quiere decir, que la existencia es una dialéc- tica donde tanto uno como el otro se rea- firman en el espacio que comparten y en el cual se ven como iguales, por lo tanto, no se busca dominar o someter al otro, lo que se busca es comprenderlo.

Es así, como la idea de poder que se en- cuentra en Arendt, como afirma Forti, es un poder que asume lo político como un fe- nómeno relacional y comunicativo, que se opone a las perspectivas que insisten en el momento del conflicto y, por consiguiente, en la orden y la obediencia (2001, p. 362). Esto es, que el poder en la filósofa alemana, es la relación y la capacidad de comunicar que los hombres y mujeres poseen. Ya que son seres que requieren relacionarse mu- tuamente y es por para tal fin se necesita de la política. Entonces la acción política no tie- ne que ver con mandar y obedecer. En otras palabras, la acción política es la capacidad

de comunicar algo y comprenderlo, para que se desarrolle una acción conjunta, dando origen al poder, debido a que cada uno de los que actúan no está obedecien- do, sino, haciendo aparecer su voluntad de manera libre.

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En la relación con los otros los hombres y las mujeres crean el mundo de la polí- tica, haciendo de esta un asunto estric- tamente humano. La política se desen- vuelve en la esfera pública, entendida como un espacio que es formado por los hombres, para aparecer como actores en una escena pública, es decir, aquello que permite verse unos a otros y actuar unos con otros, que es en lo que radica, propia- mente, según Arendt, nuestra condición de seres políticos.

Arendt, en su diario filosófico dice: “La políti- ca descansa en el hecho de la pluralidad de los hombres. Dios ha creado al hombre, los hombres son un producto humano, terres- tre, el producto de la naturaleza humana”. (2006, p. 15) Partiendo que la base es la plu- ralidad, los otros con sus significaciones del mundo, se tiene entonces, que la política es un asunto que incumbe a todos, en tanto se relacionan en ese espacio que el mundo que han edificado les proporciona. Esto significa que los hombres en tanto diversos y plura- les, se organizan para estar juntos “los unos con los otros”, lo cual hace surgir la política. Lo anterior implica que se está condiciona- do al mundo porque, “la política trata de

los diferentes en su estar juntos y su es- tar los unos con los otros. Los hombres se organizan políticamente, según de- terminados aspectos comunes que les son esenciales en un caos absoluto o des- de un caos absoluto de las diferencias”. (Arendt, 2006, p. 16). La política permi- te a los hombres y mujeres relacionar- se para organizar ese caos de sentido o significaciones del mundo que cada uno posee. Debido a esto, con la acción de los individuos aparecen: la singularidad y la diferencia entre los hombres.

La política es el medio con el cual la existen- cia de los hombres y mujeres se hace visible a los otros. En ella cada uno certifica su vida como sujeto creador que conforma el mun- do de la libertad. Es a través de la política que cada uno se hace autónomo en correla- ción con los otros y el mundo que los une y los separa. En la política los hombres están alejados del deseo de dominar. Lo que ha- cen cuando actúan dentro del espacio pú- blico-político, es crear el mundo donde se hacen palpables: la pluralidad y la libertad.

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La correlación es un condicionamiento de la esfera pública, porque en ella, se está acom- pañado de otras personas, que si bien tie- nen experiencias con los mismos objetos, cosas y personas, se las significan de manera distinta. Esto quiere decir, que en el mundo político se está condicionado a los demás. “Sólo mediante el aceptar, no sólo que exis- ten otros, sino que es posible referirse a ellos y acogerlos dentro de mi reflexión, es que se crea el ámbito público realmente” (Gual- drón, 2007, p. 338). Lo político se desarrolla

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en la aceptación del mundo y de los otros, y el espacio público surge en el instante en que en la reflexión se reconoce la existencia de los otros a quienes se referencia y se aco- ge dentro de la reflexión y se les comunica. Los seres humanos poseen una característi- ca que los diferencia de los demás animales, esa diferencia es la capacidad de hablar. Por medio del habla se transmiten ideas, emo- ciones, sentimientos, formas de pensar, etc. Alguien puede hablar consigo mismo, en lo que se denomina un soliloquio, sin embar- go, en ese ejercicio no hay una manifesta- ción política, puesto que no hay nadie que testifique sobre lo que hace el individuo en ese diálogo interior.

Por medio del diálogo se abren los indi- viduos unos a otros, a escuchar y ser es- cuchados. Se transmite lo que se piensa y se siente, se deja la mudez de la sole- dad para asistir a la polifonía del espacio público. Desde su significado, diálogo es una conversación entre dos o más perso- nas que expresan sus ideas o pensamien- tos. También se puede decir, siguiendo la

raíz griega que el diálogo es la manifesta- ción de dos ideas. En el caso político, las dos afirmaciones son válidas, debido a que lo que se denomina pluralidad es precisamen- te esa multiplicidad de ideas que tienen los individuos del mundo o la realidad.

La dialogicidad es natural a la vida política. En este sentido hay que recordar la diferen- cia que existe entre sociedad y comunidad. En la primera hay una relación institucional entre los individuos, en la segunda, la rela- ción es afectiva. Por lo tanto, lo que algunos llaman sentimientos políticos son propios de las comunidades y menos de las socieda- des. La solidaridad, el bien común, la com- prensión, la tolerancia, el respeto son más

fácil de desarrollar en comunidad. Esto aca- rrea un problema, actualmente se vive en sociedad, y esta forma de organización no permite la aparición política de sus miem- bros porque la desigualdad es inherente a la sociedad.

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Desde la visión plateada se muestra que las relaciones de los individuos donde se mani- fieste una interlocución con los demás don- de impere el respeto y la responsabilidad, privilegia al otro, no hay una mediación ins- titucional, ni una ley. El problema de la so- ciedad es que construyó mediaciones para las relaciones de los individuos, acabando con las formas naturales de relación. Esto no quiere decir que haya que estar por fuera de la ley, lo que esto significa es que en los asuntos políticos en los cuales se constru- yen instituciones, es necesario volver a re- laciones directas donde a partir del diálogo

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se llegue a puntos en común que permitan actuar mancomunadamente.

Walter Benjamin, en su texto Para una crí- tica de la violencia, considera que el dere- cho o la ley no generan igualdad sino vio- lencia. Esto plantea la necesidad de revisar

las relaciones que se dan desde el derecho en una sociedad donde estos imperan. La razón que esgrime Benjamin para esa afir- mación es que el derecho de uno o de un grupo, siempre está en oposición a otro, por lo tanto, lo que surge en la lucha por los de- rechos no es la igualdad entre unos y otros sino la violencia por la defensa del derecho que se está violando.

Es así como plantear relaciones desde el diá- logo es una salida. Hablar de sociedad de diálogo más que de sociedad de derechos. En la primera somos iguales en la medida en que hablar es una capacidad y una habi- lidad natural en los individuos, la segunda es un artificio, una creación de los hombres, tanto el derecho como la ley producen ex- clusión y desigualdad.

Cuando los hombres y mujeres se reúnen a conversar aparecen los distintos y diversos modos de ver y experimentar el mundo y la vida, de allí, que la dialogicidad permi- te observar que en la vida de una persona hay otros que están participando de ella. La

dialogicidad consiste en conocer y reco- nocer los personajes que están anclados y haciendo parte de la vida de una per- sona, con lo cual se muestra la trama o la red de relaciones que se tejen durante la vida de alguien.

Esa dialogicidad existe en el momento en que se narra o relata la vida de alguien, quien hace la narración se incluye como personaje del relato en cuanto ha sido es-

pectador o actor de lo sucedido.

Para terminar, dentro de la esfera pública

se encuentran los actores y espectadores que determinan y condicionan la acción y muestran la dialogicidad. Los primeros, ignoran el significado de su acción, no lo que ejecutan; los segundos, valoran la ac- tuación de los primeros porque pueden observar el acto en su totalidad y a ellos se le descubre el significado de la acción.

En este ejercicio surge la memoria y los re- latos que contiene la Historia. Que desde el planteamiento de Arendt, está llena de his- torias con significados y no con ideas que se tornan en verdad y constituyen los dogmas. Por lo cual, la memoria concierne al espec- tador directo; como la conciencia pertenece al historiador. El espectador directo, ob-

serva una pluralidad de significados que no pueden reducirse a uno solo porque ello conlleva al olvido. Para una historia

política desde la visión arendtiana, el histo- riador es ese espectador directo que es un narrador de acciones, de historias, cuyo sig- nificado alumbra la oscuridad de la Historia; esa luz se despliega en el diálogo que surge en las narraciones de las historias, esto quie- re decir, que la narración no solo permite la aparición de la identidad de los actores sino también la dialogicidad propia del espacio público-político.

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UNIDAD

2Unidad 2

El relato de la vida