¿cómo procede para elaborar su propio conocimiento? Mi prioridad es lo que los
alumnos tienen en mente; eso me obliga en ocasiones a disminuir el ritmo y a esperar- los”, señala Annie Coutenier, profesora de
francés en la secundaria de Aiguerelles. Esta revolución copernicana transfor- ma el ambiente de la clase. “Los alumnos
no vacilan en interrumpir la clase para pedir una explicación”, constata Martine Moaty,
profesora de francés en la secundaria Paul Valéry de Sète. Pues, sea cual fuere la actividad, se comparten y se comparan experiencias. Por ejemplo, para hacer que sus alumnos de primero de bachillerato le den sentido a un poema,Viviane Alric, profesora de francés en Aiguerelles, los invita primero a invocar de manera indi- vidual, y después colectiva, las imágenes y las impresiones que suscita el texto. Al final de la clase, los alumnos vuelven a formular el poema con sus propias pala- bras, lo que prueba que lo entendieron.
Michaëla Bobasch, “Tous les élèves peuvent apprendre”, Le Monde de l’Éducation, junio de .
Claro, pero en la administración mental el alumno no es considerado como un desposeído cultural. Es un incomprendido, así que es preciso comprenderlo.
Es necesario tratar de descubrir cómo funciona. Se le acredita, a priori, un buen funcionamiento mental. Es capaz, pero no lo sabe. Es preciso entonces hacérse- lo saber… Antes que nada, es necesario que se le facilite la toma de conciencia de ese preconsciente pedagógico.
Lo importante es el proyecto...
Es fundamental esta otra característica del método. Obliga a que el alumno re- capitule a cada momento una situación de aprendizaje, a que se cuestione res- pecto a lo que va a tener que hacer. Esta administración previsora de su activi- dad mental lo obliga a organizarse, a evaluar, a hacerse cargo de sí mismo… a descubrir la responsabilidad y la autonomía.
FICHA 26
El maestro, el alumno y la administración mental Para un maestro, la utilización de la administración mental consiste principalmente en: Para un alumno, la utilización de la administración mental, según la fórmula de Antoine de la Garanderie, es utilizar “el derecho propio a la responsabilidad pedagógica”
– conocer su propio perfil pedagógico, para saber cómo adaptar la propia enseñanza a la variedad de los perfiles pedagógicos de una clase,
– conocer los perfiles pedagógicos de estos alumnos; por consi- guiente, realizar diálogos pedagógicos para ayudar a los alumnos a conocer su capital pedagógico,
– informar a los alumnos de la existencia de las leyes que rigen el fun- cionamiento mental, según la teoría de la administración mental, – organizar los cursos tomando en cuenta las necesidades relaciona-
das con la práctica de la administración mental,
– organizar entrenamientos que permitan a los alumnos enriquecer su perfil pedagógico, como, por ejemplo, la realización de evoca- ciones según la especificidad de los cuatro parámetros. Mediante esta fórmula audaz, pretende dar a entender que, desde el momento en que el alumno es informado respecto a sus hábitos evocativos, e instruido respecto a las leyes de la administración men- tal, tendrá entonces la capacidad para decidir, por sí mismo, entre las vías ofrecidas por la administración mental, aquella que le parezca mejor adaptada a la situación de aprendizaje que vive.
Incluso si el profesor introduce algunas pausas para facilitar las evo- caciones de los alumnos, corresponde a los alumnos manejar su administración mental, es decir, definir: ¿qué proyecto?, ¿qué gesto mental?
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Lo importante es la pedagogía…
No es posible llevar a cabo la administración mental sin poner antes en tela de juicio las propias prácticas anteriores. Si se quieren tomar en cuenta los perfiles pedagógicos de los alumnos, es necesario primero conocer su modo de funcio- namiento, obligarse a diferenciar sus intervenciones. Es necesario darle tiempo al tiempo para permitir que los alumnos administren sus actividades mentales, sus aprendizajes.
Por fin un método…
Que no solamente dice lo que hay que hacer, sino cómo hay que hacerlo. Qué alivio ya no tener que decir “No te distraigas”, “Pon atención”, etc. ¡Qué suerte poder hacer que ahora se descubran la evocación y el gesto de atención! Seña- lemos además que este método se puede utilizar inmediatamente en cada salón de clases, en cada materia...
¡Pero cuidado!, aun cuando en la actualidad resulte difícil ignorar las apor- taciones de la administración mental, es preciso no obstante conocer algunas de sus limitaciones y no hacer de ella el Método. La búsqueda de sentido, la comprensión, la memorización no se derivan únicamente de la práctica de la evocación ni de la aplicación de los gestos mentales. Si bien en toda situación de aprendizaje la práctica de los gestos mentales es necesaria, e incluso indispen- sable, no es en sí misma suficiente. Hay que enriquecerla, completarla mediante las aportaciones de otras técnicas o de otros métodos.
Por lo demás, la administración mental sólo toma en cuenta dos de nuestros cinco sentidos: la vista y el oído. Ignora con despreocupación total el tacto, el olfato y el gusto que, en otras teorías de las imágenes mentales, desempeñan un papel tan importante como el de los demás sentidos. Corre el riesgo en ocasio- nes de etiquetar, de encerrar a los alumnos mediante una categorización sim- plificadora.
Por último, habría que señalar la existencia de buena cantidad de críticas respecto a la ausencia de referencias científicas para basar el método. Por el momento, la administración mental es fundamentalmente una práctica peda- gógica, sin duda alguna hace falta aún desarrollar su teoría.
APRENDER A PENSAR CIENTÍFICAMENTE