4. Proposed definitions and criteria for tracking climate related expenditure
5.4 Common principles and cross-cutting issues
1 in Juan 4, Jesús dio la mayor revelación sobre la adoración, y para entenderla bien hay que considerar con cuidado sus pala- liras: «Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros ado- láis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca
i|ue le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y
on verdad es necesario que adoren» (Juan 4:21-24).
Jesús demostró que la adoración ya no estaría limitada a cierto tiempo o lugar (ni en Jerusalén, donde adoraban los judíos, ni en el monte Gerizim, donde adoraban los samarita- nos); más bien, sería una función del espíritu del hombre les movía el espíritu que anduviesen, las rue-
das también se levantaban tras ellos; porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las rue- das» (Ezequiel 1:19-20).
Ezequiel vio cómo el Espíritu Santo, el Director de adora- ción celestial, la guiaba y dirigía.
Muchos directores de adoración se sienten frustrados por- que no aprenden a seguir la guía del Espíritu Santo en el con- texto de un culto de adoración. Dios quiere hacer ciertas cosas en cada culto de adoración, y a menos que la congregación so mueva con él, puede perder su propósito. Es importante, pues, que la congregación sea sensible a los impulsos suaves del Espíritu mientras el culto avanza. (En ocasiones, eso puede significar que hay que dejar a un lado la lista preparada de can- tos y seguir la pauta que Dios marque.)
En Números 9:15-23 está el relato de los israelitas que seguían la nube de la gloria de Dios. Cuando aquella se movía, ellos también; cuando se detenía, ellos levantaban las tiendas y se quedaban. Cuando el Espíritu de Dios no está listo para avanzar, nadie debe violar su soberanía al decir: «Pueden sen- tarse, y pasen adelante los ujieres». Por otra parte, muchos cultos han sufrido las consecuencias de la insensibilidad de la congregación para darse cuenta de que ya se había levantado la «carga» del Espíritu para el tiempo de adoración. Los can- tos más allá de ese punto son cuando más decepcionantes.
El Cantar de los Cantares de Salomón describe al Amado (el Señor) que toca a la puerta de su Amada (la iglesia), para compartir su amor con ella; pero la Amada vacila en abrir la puerta porque ella se ha quitado la bata y lavado los pies, y está a punto de quedarse dormida. No está segura de si quiere responder al llamado del Amado. Por fin, va a la puerta a salu- dar a su Amado, pero él ya se ha ido. Ella vaciló demasiado tiempo. Esto muestra con cuánta facilidad se contrista al Espí- ritu Santo cuando el creyente rechaza sus insinuaciones.
EXPLORACIÓN DE LA A D O R A C I Ó N ¿ Q U É ES LA A D O R A C I Ó N ?
Jesús dijo que los adoradores que el Padre buscaba adora- i ían no solo en espíritu sino también en verdad. En el pasaje de luán 4, él distinguió entre la adoración en ignorancia («voso- Iros [samaritanos] adoráis lo que no sabéis»), y la adoración inteligente («nosotros adoramos lo que sabemos»). Cuando Jesús habló de adorar en verdad, quiso decir que la adoración involucra la mente. La adoración que involucra solo el espí- ntu es insuficiente; también hay que ejercitar la mente. Algu- nas personas esperan que les sobrevenga una sensación extraña antes de estar seguros de que han adorado de veras. No se dan elienta de que la adoración incluye todas las facultades menta- les del creyente y se experimenta en un estado de máxima con- ciencia mental. Mientras más se ejercite la mente en la adora- ción, más significativa será la adoración. Algunos se han lamentado del uso de himnos, y se quejan de que requieren lauta concentración mental que se impide la adoración. ¡Nece- dad! Tal actitud solo señala la necesidad de cantar más him- nos, pues ayudan a ocupar la mente y también el espíritu en la adoración. Mucha parte de la adoración se impide debido a la incapacidad de la congregación para entrar mentalmente en el contenido de la adoración.
La segunda aplicación obvia de la adoración en verdad es i|iic debe ser por medio de Jesucristo, que es la verdad (Juan 14:6). Los que no reconocen la mediación del gran Sumo Sacerdote no se pueden acercar a Dios y, por consiguiente, no pueden hallar esa intimidad de relación que fomenta la adora- ción.
fin tercer lugar, hay que adorar con un corazón fiel a Dios, con una vida que manifieste la verdad y la pureza. Eso signi-
fica que hay que adorar con integridad.
La motivación de Saúl al querer adorar al Señor fue hipó- crita (1 Samuel 15:24-31). Saúl se interesaba solamente en quedar bien con la gente, que sabía que era tradicional que Samuel acompañara al rey y que ellos adoraran juntos. Si Samuel no hubiera vuelto con Saúl, la gente habría sabido que Saúl había perdido el favor de Samuel y del Señor. Saúl no tratando de alcanzar al Espíritu de Dios. Jesús sabía que vendría
pronto la hora cuando los sacrificios en Jerusalén serían obsole- tos, y la adoración ocurriría dentro del templo del NT, el hom- bre mismo (véase 1 Corintios 3:16). La adoración puede ocu- rrir ahora en cualquier tiempo, dondequiera que esté la per- sona habitada por el Espíritu.
Jesús también indicó que, como función del espíritu, la ver- dadera adoración es más que solo un rito externo. La adoració es el espíritu del hombre que se comunica con el Espíritu d Dios. Bajo el antiguo pacto, la adoración era una serie de cere monias externas que no incluían necesariamente la respuest del corazón de los participantes. Dios se lamentaba por medi de Isaías:
«Este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un man- damiento de hombres que les ha sido ense- ñado» (Isaías 29:13).
Jesús ha inaugurado un pacto nuevo y mejor para que 1 adoración de la iglesia llegue a ser más que solamente 1 expresión de frases gastadas y vacías, y sea la expresión rect de un corazón puro. Dios ya no quiere la adoración cerem nial en una localidad fija; ahora desea adoradores que adore en pureza de espíritu.
Jesús demostró además que la adoración se ensanchar! mucho un día por la plenitud del Espíritu Santo. Una hermos razón por la cual Jesús dio el Espíritu Santo a la iglesia, junt con el don de hablar en lenguas, es para que los creyent pudieran tener mayor libertad en su adoración. Hay un ciert elemento en la adoración que siempre estará ausente para lo que no acepten la plenitud del Espíritu Santo, con el hablar lenguas, como realidad en su vida.
EXPLORACIÓN DE LA A D O R A C I Ó N ¿ Q U É ES LA ADORACIÓN?
conocimiento que se tenga de Dios. Entonces, es obvio que se debe crecer en el conocimiento de Dios, el cual viene mediante el estudio diligente de la Biblia.
Jesús tuvo la extraordinaria capacidad de poner numerosas ideas en unas pocas palabras selectas: «Los verdaderos adora- dores adorarán al Padre en espíritu y en verdad» (Juan 4:23), un compendio sencillo pero profundo de la esencia de la ado- ración. Al entrar a esas profundidades de la adoración que Dios destinó para sus hijos, los tiempos de adoración se vuel- ven transformadores. Los mortales no pueden dejar de cam- biar cuando se encuentran en la presencia de Dios Todopode- roso. La adoración obra el cambio y la purificación interiores. Para mantener una comunión profunda con Dios, uno debe primero purificarse de la suciedad recibida del mundo (véase l Corintios 7:1). La comunión íntima con Dios con toda cer- teza produce refinamiento en la vida; el Espíritu Santo ilu- mina lo más recóndito del corazón y purga la escoria, pues «nuestro Dios es fuego consumidor» (Hebreos 12:29).