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Common Traffic Advisory Frequency (CTAF)

In document Airfield Driver Training Program (Page 31-33)

¿Han desaparecido los gitanos de la faz de Kosovo? Las cifras en disposi- ción del ACNUR confirman que los 14.000 resistentes constituyen una dé- cima parte de la población estimada antes de que se iniciara el conflicto. Información del diario El Mundo.

Pero en Kosovo no solo vivían serbios y albaneses antes del con- flicto, sino que había importantes colectivos étnicos minoritarios: los gitanos, o roma, constituían el principal grupo minoritario, con unos 150.000 miembros; los eslavos, de todas las clases reli-

giones, pero sobre todo croatas, montenegrinos, bosniacos y ma- cedonios, con algo más de 65.000, y finalmente, había algunas comunidades difíciles de cuantificar de valacos (rumanos o arru- manos) y hebreos —muy pocos, todo hay que decirlo—.

En lo que respecta al colectivo gitano, fuentes de las comuni- dades locales aseguraban que, cinco años después de los «bom- bardeos humanitarios», y de la creación de un protectorado de las Naciones Unidas, Kosovo era uno de los lugares más peligrosos para ellos. Pocos romas —las estimaciones más optimistas ronda- ban los 22.000 ó 25.000— se quedaron allí, en comparación con los 150.000, señalados anteriormente, que vivían antes de la in- tervención de los EE.UU. y de la OTAN.

Los roma llevaban viviendo en Kosovo desde hacía 700 años, cuando se establecieron y asentaron como una de las comunidades minoritarias más numerosas. Luego, con la llegada de las institu- ciones internacionales, que trajeron consigo «la democracia, la so- ciedad libre, la sociedad civil, la armonía étnica, la paz y la tole- rancia», a los roma se les ignoró más que nunca, siendo víctimas de mayores abusos y persecuciones. Ya en un Kosovo «libre y libe- rado», los líderes gitanos aseguraban que ni siquiera podían conse- guir un certificado de nacimiento en el lugar donde nacieron.

Al igual que los serbios y otras minorías, los gitanos criticaban duramente que no pudieran ejercer la libertad de movimiento; la mayoría de ellos no podía desplazarse con libertad, ni ir a trabajar, ni comprar alimentos para su familia o asistir a la escuela en con- diciones normales. Muchos gitanos también denunciaban que ni siquiera podían ir a un hospital para hacerse un chequeo rutinario o en un caso de emergencia. El hospital de Mitrovica, por ejemplo, estaba a una hora en coche de los enclaves serbios cercanos a Prís- tina, donde vivían muchos de los gitanos desplazados tras los di- versos enfrentamientos acaecidos. Otros, al igual que los serbios, también se encontraban en campos de refugiados protegidos por

las Naciones Unidas. No tenían ningún futuro, salvo irse de ese territorio que un día fue su casa y les vio nacer.

Los gitanos también han expresado sus quejas por su escasa presencia en las organizaciones internacionales que administraban Kosovo y en las nuevas instituciones creadas tras la intervención de la OTAN. Escasamente representados; duramente atacados, también en los incidentes de marzo, donde muchos perdieron sus casas; y acusados por los albanokosovares de haber estado al servicio de los serbios durante décadas, los gitanos de Kosovo vivían en una situación que se podría calificar como más difícil, incluso, que la de los serbios, pues casi nadie los citaba en sus in- formes y carecían del apoyo de algún gobierno o Estado.

Según datos de la agencia serbia Tanjug, de los 150.000 gitanos que había en Kosovo antes de la intervención de la OTAN que- darían, pocos años más tarde, unos 5.000, lo que significaría que casi el 97% de esta comunidad habría sido eliminada o se habría marchado, todo un récord solo comparable a las desapariciones de las comunidades judías con las que Hitler «ensayó» la «solución final». Comunidades gitanas de arraigada y larga historia como las de Prístina, Gnjilane, Kosovska Mitrovica y Prizren han sido borradas para siempre de la faz de la tierra por la imponente pre- sión militar de los antiguos guerrilleros del ELK; sus casas y pro- piedades, junto con sus negocios, fueron incendiadas y ocupadas ilegalmente por nuevos inquilinos albaneses. Tan solo quedaban algunas pequeñas comunidades en la parte serbia de Kosovska Mitrovica, Zvecane y Leposavic. Y un campo de refugiados, en penosas condiciones, según la misma fuente, en la localidad de Leposavic, donde habrían llegado gitanos huidos de otras partes de Kosovo.

La Revista Española de Defensa, en un especial publicado tras la intervención militar en Kosovo, escribía que «En la actualidad, las viviendas de los serbios y los gitanos —acusados estos últimos

de colaborar en la limpieza étnica— son sistemáticamente desva- lijadas y quemadas por pirómanos que las víctimas identifican de manera genérica como miembros del ELK. La protección de estas minorías está resultando un verdadero dolor de cabeza para La Legión». La misma revista relata numerosos ataques de radicales albanokosovares a las comunidades serbia y gitana en las localidades de Zac, Mojstir, Zlokucane, Istog, Kulina y Pec.

Tenemos pocas noticias de cómo fueron las cosas para las co- munidades eslavas que vivían allí, la mayoría de religión católica u ortodoxa. Por ejemplo, los croatas, de religión católica, fueron, en su mayoría, evacuados por las autoridades de Zagreb durante y después de la intervención militar de la OTAN. Se señalaba que quedaban algunas decenas de ellos en Prizren y Prístina, sin que por ello la comunidad tuviera un gran protagonismo social, eco- nómico, político o cultural. La situación económica era tan difícil que, al igual que el resto de las minorías, se vieron obligados a marcharse.

En lo que respecta a los turcos, que había unos 100.000 a principios de los 80 en toda Yugoslavia, el experto británico Hugh Poulton señalaba que mostraban una gran tendencia a mimetizarse con la población albanesa, porque solían hablar su lengua y prac- ticaban la misma religión en las zonas que habitaban con ellos. Aun así, al igual que ha ocurrido en casi toda Serbia y Montenegro, era una minoría con una tendencia decreciente censo tras censo. La OSCE constató en Prístina lo mismo que les había sucedido a otras minorías étnicas: algunos ataques contra turcos en áreas ru- rales. La misma OSCE reconoció que muchos medios de comu- nicación locales atizaban este odio racial hacia al diferente, pero lo realmente increíble es que muchos de estos medios, considerados racistas por esta organización internacional, fueran financiados ¡por la misma OSCE! Es decir, pagados con nuestros impuestos y aportaciones. Lástima de gobernantes.

En varias ocasiones he intentado recabar información sobre los hebreos que, en tiempos, vivían en Kosovo, pero no he en- contrado fuentes directas ni tampoco alguna sinagoga abierta en la región. Es de suponer que, al igual que en otras partes de Yu- goslavia, pero especialmente en Sarajevo y Belgrado, donde había dos grandes comunidades sefardíes, la mayor parte de ellos aban- donara el país tras el comienzo de la guerra. No había noticias sobre ellos, aunque, antes de la guerra, en toda Yugoslavia había, según el ya citado Hugh Poulton, unos 15.000 miembros de esta comunidad.

S

ÉPTIMA PARTE

. L

A SITUACIÓN ACTUAL

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