preguntándome cómo formulaban la especificidad de la transferencia en la psicosis, porque mi intuición radical era que no la había. La descomposición del lenguaje entre lalengua y el lazo social que Jacques-Alain Miller acaba de escribir en el pizarrón me permite ser más razonable. Respecto de lalengua, es muy difícil mostrar una diferencia entre la transferencia en un psicótico y la
transferencia en un neurótico, puesto que lalengua del neurótico está tan hecha de condensación de goce como la del psicótico. En cambio, el lazo social vela en la neurosis lo que se descubre en la palabra psicótica. La diferencia entre las dos transferencias debe buscarse por el lado del lazo social y del surcamiento de lalengua.
Muchas de las exposiciones desplegaron la misma idea. Cuando Geneviève, por ejemplo, dijo que habla largamente con su paciente de la literatura norteamericana, de james Ellroy, me recordó a un paciente con quien hablé durante tres años del arte clásico del siglo XVII en dos ciudades de Francia. Hablábamos de eso todo el tiempo, y tuvo el mismo efecto, es decir, un efecto
tranquilizador, de traducción. Podría decirse -tal vez un poco imprudentemente- que en la
transferencia con un psicótico se fabrica, en efecto, un surcamiento, un lazo social, cosa que no se hace con un paciente neurótico. Es una solución más razonable que la solución radical que
consistiría en decir, como un postulado, que no hay ninguna diferencia entre la transferencia en la psicosis y la transferencia en la neurosis. Y me parece que esto vale, a pesar de todo, para lalengua, porque en la neurosis hay condensaciones de goce en significantes, que no se muestran de la misma manera, que están mucho más escondidos. Freud ya lo evidenciaba: se pueden tomar las
formaciones del inconsciente, algunos lapsus, en esa vertiente, como condensaciones de goce.
Philippe De Georges. -Me sorprendería que muchos de los colegas presentes estén de acuerdo
con Marie-Hélène en ese punto. Para mí hay especificidades evidentes de la transferencia psicótica, y doy algunas puntas que se me ocurren: en primer lugar, hay más de un matiz entre el amor de transferencia y la erotomanía; en segundo lugar, en la transferencia neurótico el saber es supuesto, mientras que en la psicosis no depende de una suposición sino de una certeza. El tercer punto fue señalado en algunas exposiciones: lo que es supuesto en la neurosis está ubicado del lado del analista y lo que es certeza en la psicosis está ubicado en el paciente. Estas especificidades condicionan manejos de la transferencia radicalmente diferentes. Pero, en fin, es un debate.
Marie-Hélène Brousse. -Fui radical y provocadora, pero, al mismo tiempo, los elementos que
usted acaba de mencionar me parecen modalidades, no diferencias de estructura. Particularmente, ¿de qué naturaleza es la diferencia entre la erotomanía y el amor de la transferencia en la neurosis? Habría que ver.
Pierre Malengreau. -Me parece que algunas de las fórmulas de esta mañana permiten aclarar un
punto planteado ayer. A partir de Arcachon nos dimos cuenta de que la diferencia propuesta entre desencadenamiento y desenganche es manifiestamente fecunda, y yo traté de demostrarlo en el caso de la señora con un tumor. Esta paciente nos enseña que hay dos tipos posibles de docilidad,
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según tomemos las cosas por el lado del sentido, como muestra ella durante muchos años, o según se los tome por el lado de la significación, después del momento de desenganche. Pág. 306
Quería preguntar si la fórmula que utilizó antes Jacques-Alain Miller, «a partir del lenguaje cada cual hace su lalengua» no podría ser utilizada para definir el desenganche. En otras palabras, el tiempo de desenganche, que no es el desencadenamiento, el momento en que esta persona pierde el recurso que había encontrado en su construcción, sería un momento en que lalengua se separa del lenguaje. Este sujeto parece dar prueba de ello. A partir de ese momento, ella tiene una dificultad muy grande para aceptar cualquier forma de conclusión. Si tomamos la idea que usted anticipaba en Arcachon, de que la dificultad de concluir sería un fenómeno elemental, en el fondo tendríamos allí una prueba clínica de que el desenganche sería un momento en que lalengua se separa del lenguaje.
Laure Naveau. -Entre Arcachon y Antibes pasamos del anudamiento RSI, tema que se aclaró
mucho en la Conversación de Arcachon, a lalengua. Ahora se trata de precisar las consecuencias que puede tener esto respecto de la dirección de la cura con el psicótico. ¿Qué hace el psicoanalista con lalengua del sujeto psicótico?
André Soueix. -Quería acentuar la diferencia entre discurso y lazo social. En efecto, no cualquier
discurso hace lazo social. Hay más discursos que lazos: hay cuatro lazos sociales y hay por lo menos seis discursos, ya que podríamos añadir el discurso de la ciencia y el discurso del
capitalismo. Agrego esto para enriquecer la alternativa de Zanoni, engancharse a, o entrar en, el discurso. Quizá se pueda entrar más fácilmente en los discursos que no hacen lazo. Se puede estar prendido en el discurso del capitalismo y en el discurso de la ciencia sin estarlo, sin embargo, en un lazo social.
Danièle Rouillon. -Me interesó mucho lo que se decía del lenguaje. Tal vez habría que inventar
un término que no sea lengua privada, para designar ese dialecto que no hace referencia a ninguna lengua conocida -la lengua Donald que hace cue, cue o la lengua de las cifras. Esa lengua es una
creación del sujeto. Es muy desconcertante. En Nonette, en una situación no analítica, hay sujetos
que están constantemente desconectados o que se conectan solamente treinta segundos o un
minuto. ¿Cómo conectarlos en esos casos, cómo juntarlos, qué encontrar para que puedan quedarse un minuto tranquilos, escribiendo, sin pasar al acto, sin huir? Me parece que siempre hay que recomenzar, un poco como un etnólogo frente a un pueblo reducido a una sola persona, que es el sujeto. Hay que explorar cómo a partir de los elementos sonoros, melódicos del significante, se podrá hacer lazo social con el psicótico, ser una persona amable, afable, a la cual él tenga ganas de dirigirse para posarse un minuto -aunque más no sea. Eso implica convertirse en plastilina, dócil frente a este sujeto, para llevarlo a repetir sus significantes preferidos, sus cue-cue, la bolsa. A partir de un significante primitivo bruto, llegar a un S1 civilizado, simpático, que sería tal vez entonces una metonimia literal.
En relación con la significación, quisiera manifestar que me ocurre a veces, con un sujeto que no logra quedarse en su cama a la noche (esto dura una hora, dos horas, ni siquiera los medicamentos sirven), que le cuento una historia con la voz del «cuento lindo», pero diciéndole las frases al revés. Pongo el tono del cuentito lindo, sin ninguna significación, puesto que la frase está al revés, y él se queda en la cama.
Fabienne Henry. -Trataré de dar algunos elementos de conclusión que se me ocurren siguiendo
esta conversación. Creo que seguiremos siendo modestos, humildes, pero sin embargo dóciles ante la invención del psicótico. Es necesario distinguir, como recordaba Alexandre Stevens, la
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enfermedad de la mentalidad y la enfermedad del Otro; no es lo mismo dirigir la cura en un caso que en el otro. Para contestarle a Geneviève Morel, ni se me ocurriría aprender la lengua
fundamental con Schreber, y usarla.
Lo importante en el informe de Angers es que puede haber un cambio de posicióndel analista
en relación con lo que el sujeto psicótico puede ofrecer a partir de sus inventos para que el analista no sea demasiado canalla con él. Es decir que la cuestión esencial es el tratamiento de su goce invasor, vacilante, que es particularmente insoportable. Por eso nos sedujeron los casos clínicos de Danièle Rouillon y de Gabriel Lombardi. El de Gabriel Lombardi, por ese movimiento, como recordaba Helga Rosenkranz, ese lento movimiento (es una cura que dura diecisiete años) de un sujeto catatónico al principio y que, poco a poco, empieza a hablar, a escribir poemas e incluso a hacer Witz. Pág. 308
Para retomar lo que me inspira el esquema del pizarrón, lalengua de la transferencia busca hacer lazo entre lalengua y el lazo social. Queda como pregunta. Es una pista para ayudar a los sujetos psicóticos. Lalengua no es más que una herramienta, lo importante es tratar el goce. Lalengua de la transferencia sería entonces una herramienta que permitiría tratar lo que nosotros llamamos el mallado del goce: tratar de hacer entre el analista y el psicótico una suerte de mallado, de cristalización, de atrapar en cristal, de lalengua en la transferencia.
Carote Dewambrechies-La Sagna. -Me parece que esta discusión está en el centro de lo que
tratamos este fin de semana. Me vería incluso tentada a decir que el delirio -si es fundamentalmente intuición delirante antes de ser delirio cerrado sobre una significación, cosa que no deseamos
demasiado, antes que se cierre sobre una significación- es del orden de lalengua. Sabemos bien que no es lo mismo recibir a un paciente sabiendo que delira que no sabiéndolo. Pensamos, más bien, que es mejor saberlo rápido, desde las primeras entrevistas. Creemos, pues, que hay que inducir al paciente a ceder algo de su delirio, a decirnos alguna cosita, lo suficiente para que nosotros lo sepamos. Eso no significa que toda la cura se desarrollará de esa manera, puesto que, en general, una vez que dio algo, no hablará más, será eventualmente un referente al que aludirá cada tanto. Cuando los casos evolucionan bien, ocurre casi siempre eso. Se debe, pues, obtener algo de su delirio -o acogerlo, como decía Fabienne. Acoger algo de lalengua es también acoger algo de esta significación delirante. El paciente necesita verificar que uno no desaparece cuando él nos dice eso.
En efecto, la psiquiatría clásica había señalado desde siempre que un delirio no tiende en absoluto a la confesión del delirio (no hablo aquí de las psicosis de internación, disociadas), un delirio paranoico no tiende a explicitarse, cosa que hacía decir a grandes autores clásicos: si el paciente no les cuenta su delirio, déjenle un papel lo escribirá. Es decir que el delirio, al mismo tiempo, está mucho más del lado de la escritura. Pág. 309
Dos palabras sobre lo que planteaba Alfredo Zenoni: mencioné en el informe de Burdeos la presencia del analista, que tenía un valor de transferencia real para algunos psicóticos. Se trata de un sujeto que dejó de automutilarse a partir del momento en que encontró un analista, aunque recibía tratamiento desde hacía diez años y las automutilaciones nunca habían cesado. A partir del momento en que empieza a utilizar las referencias psicoanalíticas, en su encuentro regular con un psicoanalista, este sujeto femenino ya no necesitó marcas en su cuerpo ni automutilaciones. Yo interrogaba entonces la transferencia como real, dado que ella tenía una transferencia que oscilaba entre la erotomanía y la persecución. Esta transferencia se limitaba a escribirle cartas al analista, es decir que la connotación persecutoria y erotomaníaca no invadía el contenido de las sesiones, sino que era simplemente objeto de cartitas persecutorias o amorosas enviadas, pero que se mantenían fuera de las sesiones. La paciente simplemente preguntaba si yo recibía sus cartas, y a continuación no me hablaba más del asunto, hablaba de su vida, de sus identificaciones, en fin, de toda las cosas
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que le interesaban. Yo tenía la impresión de que esa transferencia como real anudaba para esta paciente imaginario y simbólico.
Yasmine Grasser. -Ya no se debería hablar de lenguaje privado o público, perspectiva de
lingüista, que toma la lengua como objeto. A partir del momento en que la lengua es considerada un tratamiento para el goce, ya no hay que tener en cuenta, como decía Alfredo Zenoni, su carácter un poco más privado o un poco más público. A propósito de la posicióndel analista, yo diría que el analista tiene que restituirle al sujeto psicótico la lógica de su invención, lo que alarga un poco el circuito, le evita los pasajes al acto, y le permite entrar finalmente en un lazo social, ya con el analista, y a veces más allá, cuando hay sublimaciones y otros fenómenos que permiten entrar en una comunidad más amplia. Con el neurótico -me refiero a lo que dice Lacan-, se trata de
empujarlo a hacer de su análisis un Witz. El Witz no se aprende, es una creación en lalengua.
Philippe Hellebois. -Una observación en la línea de Marie-Hélène Brousse. Al final de su
enseñanza, a propósito de la transferencia, Lacan podía definir el discurso como un decir que se- corre [se-court]179. Jacques-Alain Miller escribió en un artículo de Mental que, si se considera la transferencia en esa perspectiva, ese decir que socorre [secourt] puede tener varias funciones: ya sea estrechar los lazos, el anudamiento del significante frente al goce, de abrocharlo cuando no lo está suficientemente o, por el contrario, separarlo cuando lo está demasiado. Esta oposición es válida en el caso por caso, y es transestructural. Se puede pensar que en un delirio paranoico hay que aflojar las cosas, y hacer lo contrario en la esquizofrenia.
Bernard Porcheret. -Para responderle a Alfredo Zenoni respecto de la dirección de la cura a
propósito de «el hombre de los pulgares», aclaro que hubo, de hecho, tres tiempos. Durante casi doce años, es un primer tiempo que podría llamar de contraste: ya es un hombre no muy simpático en la vida diaria, ya puedo notar -puesto que me consulta por episodios, y sobre todo entre dos mujeres, cuando está sin mujer- una relación relativamente amistosa, sumamente estable que testimonia un eje imaginario notablemente conservado en ese lugar analítico. Está el segundo tiempo, que podría llamar de sorpresa: por primera vez tengo la sensación de que un síntoma se construye; me da a conocer un síntoma que se construyó en el sentido en que dura. Por otra parte, aparecen una serie de síntomas de los que nunca antes me había hablado. Desde hace un año el cuadro se volvió muy difícil debido a la pérdida de la última mujer con la que vivió. Yo estoy del lado del que acusa recibo, es decir, de la validación muy activa de su esfuerzo de abrochamiento del lado de un sentido gozado. Lo notable es que este síntoma aparecido hace cinco años dura.
Nicole Guey. -¿Cómo pensar el final de la cura con el psicótico? ¿Es un final, una detención, un
momento en que el sujeto puede situarse en el lazo social, hacer síntoma? Pág. 311
Éric Laurent. -Volvamos sobre la cuestión de la transferencia. No podemos admitir el concepto
de lengua privada, tal como circula en el pensamiento contemporáneo sobre la lengua, como decía Franz Kaltenbeck. Por nuestra práctica misma, hacemos del Otro del que llega con su lengua
privada. El psicoanálisis es una práctica que subvierte la idea de lengua. Nosotros hacemos del Otro de esta lengua atravesada por la pulsión, como decía la señora Geblesco, por el sentido gozado. Por la transferencia, según la expresión de Carole Dewambrechies-La Sagna, el sujeto
nos cede algo de su sentido gozado. Nos arrastra con ese movimiento de cesión, y es lo que da el
estilo de amor de transferencia que se instala. Eso supone cierta creencia en que el Otro
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efectivamente los comprende, en el sentido del amor, en el sentido en que hay esta creencia
compartida. Como decía Zenoni, es necesario que esta creencia se instale.
Pero, entonces, ¿cómo evitar que esta bonita historia termine mal? Son los aspectos que
mencionaba Philippe La Sagna. No se trata de tener de esta historia una versión de cuento de hadas: una maravillosa historia de traducción mutua se instala, y vivieron felices todo el tiempo necesario. Sería olvidar que la nominación en juego incluye los pasajes al acto, que son maneras de nombrar - era lo que Jacques-Alain Miller había desarrollado en su contribución sobre el pasaje al acto. El pasaje al acto no es una dimensión ajena a la nominación, es también una manera de sujetar el sentido que escapa. No siempre hay una relación feliz con el pfüit del sentido. Es la apuesta que subraya Lacan con su expresión erotomanía mortífera utilizada a propósito de Schreber Eso designa algo muy particular de la transferencia schreberiana, y algo que aparece siempre en la psicosis. Depende del examen crítico de la noción propuesta por Karl Abraham de amor parcial del objeto, y de las ambigüedades que circulaban en el movimiento analítico sobre ese punto. Lacan aclara que está el amor y está el objeto parcial. Son dos cosas distintas. No se puede amar en el Otro la zona donde justamente el objeto, la cosa esta allí. La imagen del espejo unifica un cuerpo despedazado donde experimenta la hiancia mortífera.
Cuando hay regresión tópica al estadio del espejo, puede haber contacto con esta zona. Entonces se pasa del amor limitado por la zona pulsional a la pasión amorosa, al contacto de la hiancia
mortífera. Eso puede producirse y desencadenar estados de pánico, estados en los que el sujeto quiere nombrar a cualquier precio y le pide al Otro que lo haga con una insistencia tal que provoca el pasaje al acto. Pág. 312
¿Cómo operar con este amor desgarrador? Se trata de favorecer todas las prácticas que hacen bordes: está la traducción, digamos la traducción generalizada, esta práctica que perfeccionamos, pero está también el examen de toda la pragmática de la lengua que forma parte de esta
conversación con el psicoanalista, el examen de lo que el sujeto hace. No hacemos más que hablar del delirio, como ustedes decían. El delirio puede ser escrito, lo que ayuda a trazar un borde, a depositar algo. Pero, aparte de eso, podemos interesarnos por cosas como el arte clásico del siglo XVII, o bien la práctica de cómo levantarse a la mañana y cómo el cigarrillo debe fumarse antes, después del café, etc. Hablar de esas pequeñeces moviliza toda la significación. Lo vemos
claramente cuando, en las crisis de la significación en literatura, se recurre a pequeñeces. Georges Perec con Las cosas provocó un impacto por su parodia irónica de la novela nueva. Actualmente se intenta repetir el efecto Perec con novelas consagradas a naderías como El primer trago de cerveza. Se trata de movilizar toda la estructura a partir de allí.
Un caso del libro preparatorio testimonia esto: el caso de nackt. El sujeto lleva al análisis su práctica que consiste en fotografiarse de cierta manera y describirle al analista su práctica. El trabajo se realiza alrededor de una palabra -él utiliza una palabra entre el luxemburgués, el francés