Section 504 Self Evaluation 24 CER Part
Worksheet 5 Communication Checklist (cont.)
de la tierra que Yahvé juró dar a vuestros padres Abrahán, Isaac y Jacob, y a sus descendientes.» 9 Yo os hablé entonces y os dije: «No
puedo cargar con todos vosotros yo solo. 10 Yahvé, vuestro Dios, os
ha multiplicado y sois ahora tan numerosos como las estrellas del cielo. 11 Que Yahvé, el Dios de vuestros padres, os aumente mil veces
más todavía y os bendiga como os ha prometido. 12 Pero ¿cómo voy
a poder yo solo llevar vuestro peso, vuestra carga y vuestros litigios?
13Escogeos entre vosotros hombres sabios, perspicaces y experi-
mentados, de cada una de vuestras tribus, y yo los pondré al frente de vosotros.» 14 Me respondisteis: «Está bien lo que propones.» 15 Yo
establecí a los jefes de vuestras tribus, hombres sabios y experimen- tados, y los constituí jefes vuestros: jefes de millar, de cien, de cin- cuenta y de diez, y como oficiales para vuestras tribus. 16 Y di enton-
ces esta orden a vuestros jueces: «Escuchad lo que haya entre vues- tros hermanos y administraréis justicia entre un hombre y su her- mano o un forastero. 17 No hagáis en el juicio acepción de personas;
escuchad al pequeño lo mismo que al grande; no tengáis miedo a ningún hombre, pues la sentencia es de Dios. El asunto que os resulte demasiado difícil, me lo remitiréis a mí, y yo lo oiré.» 18 Yo
os prescribí entonces todo lo que tenías que hacer.
V. 8 «Mira», siguiendo al Texto Masorético (TM), en singular, al igual que en el v. 28. Otras versiones, el Pentateuco Samaritano, los LXX y la versión siríaca leen «mirad». De traducir en plural, también habría que hacerlo en el v. 28.
En el v. 6 comienza propiamente el primer discurso de Moisés. En él se apela a las propias palabras de «Yahvé, nuestro Dios». La expre- sión «nuestro Dios» o fórmulas similares, como «tu Dios» o «vuestro Dios», permiten al lector u oyente del Deuteronomio sentirse implica- do en la narración: Yahvé y Moisés no se dirigieron en el pasado única- mente a la generación del éxodo, sino también “hoy” a todas las gene- raciones de Israel. Los imperativos «partid» y «entrad» del v. 7 ponen en marcha los viajes y acontecimientos de Dt 1,19-3,7: la obediencia a las órdenes de Yahvé es la que inicia el recorrido desde el Horeb hasta la tierra prometida. Los límites de posesión de la tierra descritos en el mismo versículo están idealizados (no son reales) y expandidos al máximo (véase Gn 15,18; Dt 11,24; Jos 1,4; 2 S 8,3; 1 R 5,1). Es proba- ble que el término «amorreos» (v. 7) designe más una etiqueta ideoló- gica (véase Am 2,9-10; Ez 16,3) que etnográfica, referida a los enemi- gos de ambos lados del Jordán (véase Dt 3,2.8). Algunos autores, siguiendo a Heródoto (Historias III, 91), quien afirma que Palestina pertenecía a la quinta satrapía persa llamada Abar Nahara (“Más allá del Río”), sugieren que la expresión «hasta el Río Grande» (Gn 15,18; Dt 1,7) podría tratarse de una referencia postexílica. El v. 8 deja claro que la razón última por la que Yahvé entrega la tierra a Israel es su fide- lidad a las promesas hechas a los patriarcas Abrahán, Isaac y Jacob (véase Gn 12,1-3; 26,1-5; 28,13-15). La expresión «tomar posesión de la tierra» es muy importante en el Deuteronomio (aparece cerca de 50 veces a lo largo del libro) e implica tener derecho sobre ella, en este caso por herencia (la promesa a los “padres”), aunque dejando bien claro que se trata de un derecho subsidiario del don de Yahvé. Pero también supone que se toma a la fuerza, es decir, militarmente.
El v. 10 recuerda las antiguas promesas a los patriarcas y en parti- cular a Abrahán (véase Gn 15,5; 22,17; 26,4; Ex 32,13), presentadas ahora como ya cumplidas. Este «ahora» (o «este día» en otros luga- res) es también un recurso frecuente en el Deuteronomio para subra- yar la renovación y actualización de la alianza, de modo que el lector u oyente del texto se sienta directamente interpelado. El deseo de Moisés de que Yahvé multiplique y bendiga a su pueblo aún más (v. 11) recuerda Gn 1,28 (de tradición sacerdotal) y contrasta con Nm 11,11-15, donde Moisés lamenta que Israel sea un pueblo tan nume- roso. La designación de jueces de los vv. 12-19 evoca el episodio en el
que Jetró, suegro de Moisés, aconseja a éste la designación de hom- bres capaces y temerosos de Dios para que le ayuden a administrar justicia (Ex 18,13-23), con la diferencia de que en el Éxodo el episodio se sitúa antes de la llegada al Horeb, y en el Deuteronomio, en el que no aparece la figura del suegro madianita (¿quizá por un marcado nacionalismo propio del Deuteronomio?), después. Mientras en Ex 18,25 es Moisés quien los elige, en Dt 1,13 quien los elige es el pueblo, que luego los asigna a Moisés. Este procedimiento más “democráti- co”, no recogido ni en Éxodo ni en Números, es coherente con la visión del Deuteronomio, que entiende a Israel como una unidad (una familia, podría decirse, siguiendo el v. 16 cuando habla de «herma- nos») responsable ante Yahvé. En cambio, 1 R 3,8-9 parece dominado por cierto paternalismo monárquico, cuando es el propio rey Salomón quien pide a Yahvé capacidad para juzgar a su numeroso pueblo.
Los rasgos que deben tener estos hombres elegidos denotan un len- guaje típicamente sapiencial: deben ser «sabios» (el término hebreo es el propio para designar al sabio en la literatura sapiencial), perspicaces y experimentados, cualidades propias de todo hombre sabio (v. 13; sin embargo, Qo 9,11 recordará que estas cualidades no garantizan el éxi- to). Sus funciones combinan las propias del oficial, jefe y juez. El v. 15 menciona los «oficiales» (que no aparecen en Ex 18). El término hebreo designa propiamente al escriba (la raíz verbal “escribir”), pero aquí tie- ne una función más amplia, propia del juez (véase Dt 16,18) e incluso del instructor militar (Dt 20,5.8-9). Su función de jefes o líderes de dis- tintas secciones o clanes (como probablemente haya que entender las cifras de este versículo, más que como números exactos) connota cier- to carácter militar (véase Ex 18,21.25), pero también funcionarial (véa- se 1 R 4,2: “ministros”). Los nombres de estos líderes son mencionados en Nm 7,12-78; 10,14-27, pero en Nm 11,17 su elección adquiere un carácter mucho más carismático: el mismo Yahvé les impondrá parte del espíritu que hay en Moisés. Los vv. 16-17 se centran en la figura del «juez», quien no debe hacer acepción de personas (literalmente, «alzar el rostro» o «reconocer el rostro») a favor de nadie, sea un hermano, es decir, un israelita, o sea un forastero o extranjero residente, ya que la sentencia es del propio Yahvé (véase 2 Cro 19,6; Pr 16,33). En este sen- tido, el juez israelita debe imitar la propia justicia de Yahvé (Dt 10,17- 18; véase 16,18-20). El v. 18 es un sumario que cierra este episodio.
Incredulidad en Cades (1,19-46)