4. FINDINGS
4.2. Employee’s perspective
4.2.4. Communication management in outsourcing process
La información presentada hasta aquí refuerza la idea de que buena parte del rendi- miento de los adolescentes depende de las condiciones de vida de sus familias y del tipo de inserción que ellos puedan imaginar, proyectar y poner en práctica cuando se conviertan en adultos. El más evidente de estos trayectos es el de los sectores que se encuentran ante presiones materiales gravosas, que no tienen prácticamente margen para sostener la escolarización por la inmediatez de metas y de logros que la caren- cia les impone. Pero hay otras cuestiones que, aunque evidentes, no reposan en esa urgencia: tal es el caso del conjunto de familias que luchan contra la escasez en con- textos más favorables, aunque con esquemas culturales que colocan a las activida- des económicas de sustento de la familia como naturales y, por lo tanto, necesarias para el desarrollo temprano de un adulto normal. En esas familias que, por lo gene- ral, tienen bajos niveles de instrucción formal, es habitual que se impulse a los ado- lescentes a que concluyan rápidamente la escuela o que eventualmente la abando- nen antes de terminarla para entrar en el mundo del trabajo. La reproducción mate- rial de las familias es algo que ven como más concreto y tangible que el estudio, por eso procuran opciones que les resultan más razonables.
Llega un momento del análisis en que las evidencias derivadas de las cuestiones mate- riales comienzan a desdibujarse. En principio, no todos los rendimientos deficientes son exclusivamente tributarios de las urgencias económicas; pero además, y como contra- partida, no todas las actuaciones aventajadas y eficaces se explican por la abundancia de los recursos y las facilidades que emanan de un mundo de bienes nutrido y prós- pero. Un buen porcentaje de los rendimientos se relaciona con las condiciones mate- riales; el análisis de estas condiciones es necesario para comprender algunas relacio- nes, pero no resulta suficiente para agotar la descripción de todas sus variantes.
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Para avanzar hacia una comprensión más acabada de la relación de los adolescentes con el mundo de la educación se hace necesario intentar una aproximación a facto- res de otro tipo, menos presentes en los análisis habituales. Para poder componer un cuadro en el que aparezcan las constelaciones de valor y las operaciones por las que se constituyen las identidades, hay que poner en escena aspectos de la vida cotidia- na –en ocasiones, reacios al tratamiento cuantitativo– vinculados con las tramas de sentido que se articulan alrededor de ella, tales como las prácticas de tiempo libre o de esparcimiento que eligen y comparten los adolescentes. El conocimiento sobre el mundo de los adolescentes es inacabado si no contempla entre sus preguntas orde- nadoras la subjetividad de las jóvenes generaciones del presente con respecto a la experiencia histórica que les toca afrontar.
Esa experiencia, fuera de toda duda, se vincula con las condiciones materiales y edu- cativas de las familias, aunque tiene las vetas de la propia trayectoria personal en ciernes, del proyecto de vida que comienza a desplegarse con el estilo propio que pro- viene de los grupos de pares, de las relaciones que cada adolescente comienza a plan- tear, con la consecuente ampliación de sus horizontes cognitivos, vitales y prácticos, y la creciente autonomía por la cual se emancipa de las instituciones que no mucho tiempo atrás lo cobijaron como niño: la familia y la escuela.
En ese mundo de autonomía creciente, comienzan a tener peso las decisiones propias y las trayectorias bosquejadas a partir de las disposiciones singulares de la edad, en combinación con las prácticas a través de las que se perfila el proyecto adulto. Los adolescentes comienzan a tener mayor participación en decisiones que perfilan su vida cotidiana y, a través de ella, en su futuro más inmediato. Ellos intervienen en la elección de las escuelas a las que van, evalúan a sus docentes, muestran o no con- formidad con la propuesta educativa y también comienzan a imaginar su relación con el mundo trabajo. Si bien estos factores también están atravesados por el origen social, hay un procesamiento que los adolescentes hacen que es propio de la ado- lescencia y escapa a las marcas de origen.
A los efectos de ordenar una aproximación a este complejo mundo de vivencias y subjetividades, se propone aquí diferenciar dos tipos de fenómenos. Unos tienen que ver con las experiencias propias de los adolescentes a través de las cuales se van construyendo, se transforman y crecen. Este primer conjunto involucra sus consumos culturales, espacios de sociabilidad, usos del tiempo, elecciones estéticas y demás aspectos que, en un mismo movimiento, configuran y expresan sus identidades y su visión del mundo.
El segundo tipo de fenómenos a los que aquí se hace referencia son aquellos que no necesariamente remiten a la experiencia de vida de los adolescentes pero, sin duda, definen el escenario en que se desenvuelven y, a través de él, dejan una marca en su identidad. Entre ellos pueden mencionarse las diferentes formas de violencia que se viven día a día en la región, las adicciones, los cambios en las relaciones con el terri- torio a partir del incremento de los flujos migratorios y demás aspectos del nuevo panorama social cuya presencia es tan marcada en el escenario en que se desen- vuelve la vida cotidiana que, aun cuando no hacen a la experiencia particular de cada adolescente, inevitablemente se filtran en su subjetividad.
Este capítulo se centra en el primero de los aspectos mencionados, en tanto que el segundo será tratado en el capítulo próximo. El análisis de estos fenómenos está limi- tado por la escasez de información: los datos con los que se cuenta son dispersos, INFORME SOBRE TENDENCIAS SOCIALES Y EDUCATIVAS EN AMÉRICA LATINA 2008
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poco comparables y, en muchos casos, representan aproximaciones muy indirectas a aquellos puntos sobre los que se quiere poner la mirada. En consecuencia, el trata- miento que se hace de estos temas está atravesado por un aire de imprecisión que invi- ta más a instalar una preocupación y esbozar posibles hipótesis de trabajo que a dar res- puestas certeras para sostener decisiones claras de políticas sociales y educativas.