Present Continuum of County-Based Responses to Juvenile Crime
COMMUNITY-BASED INTERVENTION AND TREATMENT SERVICES EMBEDDED IN PROGRAMS ACROSS THIS CONTINUUM
Pero el trabajo sexual no es ajeno al fluir de la historia, los momentos que los preceden configuran toda una lógica alrededor y en las vidas de quienes lo ejercen, Juliano relaciona claramente la institucionalización de la prostitución con el comienzo del trabajo asalariado y con la imposición eclesiástica del matrimonia monógamo, a partir del siglo XII (Juliano, 2002, pág. 26).
Respecto al trabajo que realizan las trabajadoras el enfoque legislativo a tenia la responsabilidad de estructurar la manera en cómo han sido visibilizadas, los planteamientos abolicionistas, reglamentaria y prohibicionismo en Medellín has sido solo enfoques pues debido a una fuerte moral cristiana ha terminado por tolerar el trabajo sexual, aunque precisamente para el órgano legislativo no sea trabajo sexual. En la actualidad se suma un nuevo planteamiento el laboral, que posiciona lo comúnmente nombrado prostitución como trabajo sexual.
Aun en la Veracruz existen mujeres que juegan al juego de la trabajadora doméstica que hace aseo en las casas de ricos, y por días van a la Veracruz a rebuscársela, la gran mayoría de casos son mujeres que tienen “amigos fijos” con los que han quedado de encontrarse, los servicios que ofrecen las trabajadoras sexuales no se basan estrictamente en tener relaciones sexuales, estas mujeres les ofrecen la posibilidad de sentirse queridos y escuchados, en una sociedad que va a ritmos inalcanzables.
Si bien existen patrones culturales que estigmatizan la profesión, el ser trabajadora sexual tiene tantos matices como las historias de vida de cada mujer, con anterioridad había contado la historia de Margarita, quien había tomado sus medicamentos antes de salir del centro, no era difícil dar cuenta de un letargo debido a ellos y tampoco me tomo por sorpresa.
Esta clase de tratamiento con las trabajadoras sexuales es producto de una mirada
socorrista, donde las mujeres de la calle son vistas como personas que necesitan ser rehabilitadas y no precisamente por su consumo de drogas, aunque es la excusa perfecta para recetarlas. Las trabajadoras sexuales siempre han cumplido con el papel de ser la mujer que ha salido de los estándares establecidos por la familia, y por ello todo el estigma social de la vergüenza recae sobre ellas.
Trasformar estos prejuicios requiere de un cambio estructural, la familia, los hombres, las relaciones entre nosotras mismas. La música está llena de connotaciones negativas hacia las mujeres y en espacial hacia quienes ejercen el trabajo sexual, no se trabaja en pro de que sus condiciones de vida mejoren, como mujeres tenemos muy claro que somos unas putas si nos acostamos con un nombre que no es nuestra pareja y que estar soltera sin pretender que acostarse
con un amigo termine en lago más es impensable, el asunto de la posesión de los cuerpos femeninos está plagado en nuestras maneras de relacionarnos.
Parto de estos supuestos para comprender una actividad económica que interfiere directamente en las maneras en cómo nos relacionamos y los modos de afiliación, en las sociedades occidentales la dote que se presenta en otras culturas en forma de vacas y joyas, en esta se representaba anteriormente con la virginidad, las exigencias culturales van imponiendo hábitos en los que se normalizan comportamientos y es fundamental entrar en el juego para no quedar por fuera, he intentar como sujetas políticas construir nuevas realidades.
Dentro de los parámetros políticos y económicos que separan a las poblaciones en clases sociales existe el trabajo sexual en todas sus escalas, sin embargo la doble moral que recubre las leyes no ha permitido regular en sus derechos a las trabajadoras sexuales, pero tampoco apela por la abolición porque su función como proveedora de servicios sexuales es insoslayable en una sociedad patriarcal. Sin olvidar que entorno al trabajo sexual gira el tráfico de cuerpos y las drogas.
El dejar por fuera el trabajo sexual de los parámetros legales ha permitido que las Bacrim22 se posicionen como los entes reguladores en los espacios donde ellas habitan, anidado al manejo de las drogas les ofrecen a los dueños de los negocios y sus trabajadoras servicios de protección y el suministro de drogas, en la mayoría de los casos están directamente relacionados con el narcoturismo que no sería posible si esta amplia red no inyectara la economía del país.
22 Las Bandas emergentes en Colombia o bandas criminales emergentes (BACRIM) es el nombre que identifica a
En Colombia, la preocupación de incluir la “economía subterránea” dentro del PIB comenzó desde las décadas del 80 y el 90, cuando se dio el florecimiento del narcotráfico. Hoy en día, Planeación Nacional considera el indicador de ‘flujos encubiertos de capital’, en el que toma las divisas que ingresan y que no son explicadas como lavado de activos. Sin embargo, aunque se hace el cálculo, no se cuentan en el PIB. El año pasado representaron el equivalente al 5 o 6 por ciento del PIB, que en total sumó 763 billones de pesos (Lopéz, 2014).
En los últimas años los estudios críticos sobre el capitalismo y las estructuras sociales que propone, han develado cómo el patriarcado a coaptado el trabajo sexual y lo ha tornado a su favor, pero no ha cambiado ninguna condición favorable para las mujeres.
Algunos movimientos feministas y de trabajadoras sexuales responden que su oficio cumple con las mismos requisitos que cualquier actividad llamada trabajo. Las feministas en pro del reglamentarismo han generado posturas sobre el cuerpo donde lo que se vende es la fuerza de trabajo producto de una parte del cuerpo. “Tal y como la mecanógrafa vende sus manos para redactar las cartas, la trabajadora sexual vende su sexo para generar placer” (Tey, M. 2015), con la intención de colocar al trabajo sexual como una actividad laboral y de esta manera desdibujar los tan violentos prejuicios sociales que recae sobre dicha actividad.
Los nuevos análisis implican críticas y estudios rigorosos al medio económico que coacciona el trabajo sexual, columnistas como Rosa Cecilia Lemus y Virginia Despentes sostiene:
Esta realidad no se cambia por más que utilicen, para justificarla y legitimarla, políticas que van desde la legalización a la reglamentación y la penalización. El capitalismo y sus Estados son incapaces de erradicar esta forma de violencia contra las mujeres, las y los niños, los gays, las lesbianas y los transvestistas, porque les son funcionales a su sistema de explotación (Lemus, 2015).
Si bien el debate sobre las consecuencias de llamarle o no “trabajo sexual” tienen tantas caras como el mismo tema, bajo las lógicas jurídicas sería correcto llamarle de esta manera, el ministerio de protección social estipula unos derechos para quienes habiendo cumplido 18 años o menores de 12 años con permiso de sus padres o si estos faltasen con permiso del defensor de familia se encuentre protegidos por los derechos de trabajador, el artículo 5. Definición del trabajo. Establece que: el trabajo que regula este Código es toda actividad humana libre, ya sea material o intelectual, permanente o transitoria, que una persona natural ejecuta conscientemente al servicio de otra, y cualquiera que sea su finalidad, siempre que se efectúe en ejecución de un contrato de trabajo.
Podríamos concluir que la prostitución como una actividad que se efectúa a partir de un contrato verbal entre la trabajadora sexual y el cliente, configura dentro de estas lógicas, el trabajo sexual como un trabajo, cumpliendo con todos los ítems que establece el ministerios para el contrato verbal:
“Articulo 38. Contrato verbal: cuando el contrato sea verbal, el patrono y el trabajador deben ponerse de acuerdo, al menos acerca de los siguientes puntos: 1o. La índole del trabajo y el sitio en donde ha de realizarse; 2o. La cuantía y forma de la remuneración, ya sea por unidad
de tiempo, por obra ejecutada, por tarea, a destajo u otra cualquiera, y los períodos que regulen su pago; 3. La duración del contrato, ya sea a prueba, a término indefinido, a término fijo o mientras dure la realización de una labor determinada.
Dentro de estos parámetros la trabajadora sexual consiente de su oficio y que en plena conciencia genere un servicio para otra persona tal y como lo establece el artículo 5 definición del trabajo, estaría siendo una trabajadora independiente, el nombrarlo como “trabajo” supondría el trabo sexual bajo otras lógicas, sin embargo el problema que se presenta no es entonces sí llamarles o no trabajadoras sexuales, porqué ya lo son, el asunto es que se le reconozcan sus derechos humanos y como trabajadoras.
La respuesta anterior da pie a otra, ¿Qué tan beneficioso seria para las trabajadoras sexuales una reglamentación, dentro del sistema económico y legislativo actual?, esta pregunta me remite al siglo XX, cuando los movimientos de mujeres exigían salir del ámbito doméstico al febril, el sistema capitalista cumplió con esa demanda, sin embargo las condiciones laborales para las mujeres trabajadoras del siglo XX son históricamente conocidas a la fecha, las largas jornadas laborales, los malos tratos por parte del patrón y las condiciones insalubres son algunos de los abusos a los que se vieron sometidas, además del papel de cerbero que cumplía la iglesia en el control de sus cuerpos.
Describo el momento actual, como un momento coyuntural debido a que varios
movimientos de trabajadoras sexuales comienzan a marcha por las calles pidiendo que se les nombre y se les reconozcan sus derechos, se comienzan a visibilizar, deconstruyendo su papel peyorativo en la sociedad y resignificando su estatus, sin embargo hago un llamado a la historia, no se debe reglamentar el trabajo sexual bajo las condiciones laborales que se tienen
actualmente, sería como repetir la historia, en ese sentido la lucha de las trabajadoras sexuales, es la lucha de las/los trabajadores, en mi caso como trabajadora me he visto envuelta en múltiples trabajos donde no han sido paga mi seguridad social.
En este momento donde el Ministerio de Trabajo hace un llamado a las/los trabajadores sexuales para discutir sus condiciones laborales, no habría lugar a ninguna conclusión, de hecho es ahora en más donde se comienzan a generar preguntas y a estudiar con más fuerza el trabajo sexual, es necesario un llamado a la autoconciencia y el reconocimiento de sí mismo como sujetas/tos históricos.
La historia es un mar de cotidianidades que habla por sí sola, las luchas sociales y las
resistencias de los cuerpos están haciendo historia, los hechos sociales surgen ante todo del deseo y la movilización, la historia no es una y tampoco creo que sea lineal, existen rupturas que deben servir en el presente para visibilizar su historia, y articular a sus luchas a las experiencias
pasadas, Medellín surge de una expansión industrial sedienta de poder, la economía que nos ahoga en esto del “buen vivir”, el consumo y el estatus continua pasando por encima del ciudadano/na, de la salud y del amor propio.
En un mundo donde el cuidado de sí no importa, donde se construyen viviendas para un mejor rendimiento laboral, y donde una parte de las trabajadoras/res son perseguidos y
encarcelados, nos habla de un estado que protege los intereses del poder, para seguir gobernando sobre quienes no pueden pensarse a sí mismos.
Conclusiones
Para concluir quiero empezar respondiendo el por qué me interese por estudiar el ámbito del trabajo sexual, inicie creyendo que eran víctimas y que debíamos salvarlas, asunto que me apena en estos momentos pero siempre es bueno reconocer sus errores, luego entendí que las luchas de las trabajadoras sexuales no podía ser un lucha ajena a la de las feministas, aunque a decir verdad fue un par de meses atrás junto a mi psicoanalista que pude dar cuenta a la pregunta, me inquieta la mirada de los hombres sobre mi cuerpo, una mirada que por siglos se ha creído con el derecho de opinar y modelar violentamente los cuerpos de las mujeres.
Paradojamente al ir a campo me encuentro con mujeres que resignifican esas miradas y de manera inteligente se adaptan a un contexto capitalista donde se necesita el dinero para vivir, y en un sistema donde las mujeres están habituadas a la dependencia económica y sentimental, las trabajadoras sexuales resignifican la carga sexual sobre el cuerpo, reconocen el valor que para esta cultura tiene nuestro sexo, lo toman como bandera para vivir en un contexto donde el amor, la sexualidad y los cuerpos son una herramienta en su estilo de vida.
Realmente y como muchas feministas lo han concluido con anterioridad, el problema que impacta de manera violenta la vida de estas mujeres son los dogmas planteados por la iglesia, desde su constitución en el siglo IV se institucionalizan una serie de reglas donde las mujeres eran las culpables del deseo del hombre, así que se comenzó a regular su vestimenta, y aparición en los espacios públicos, durante mucho tiempo las mujeres fueron vetadas de los sermones, y en épocas más cercanas tenían que asistir con velos, bailar en público no les era permitido, sus
cuerpos sudorosos y en movimiento podrían incitar a las hombres a deseos pecaminosos, estos planteamientos trajeron hasta nuestros días comportamientos misóginos hacia las mujeres.
En la edad media la violación hacia las mujeres se utilizó como regulador de las revueltas de los campesinos, esto evidentemente no se quedó en ese ámbito, el creerse dueño de los cuerpos de las mujeres penetro los rincones más privados de nuestro ser y nos hizo creer en historias de salvadores y príncipes. Con la colonización en America los misioneros no dejaron desvanecer estas ideas, por el contrario la iglesia cristiana se impone como el credo políticamente valido por encima de los credos nativos, pero el trabajo sexual pinta nuevos contornos con la
industrialización, aunque el estigma creado por la iglesia cristiana de la “mujer buena” implico fuertes prejuicios sociales para ellas, pese a las malas condiciones laborales y la pobreza de la población femenina, algunas mujeres resignificaron la actividad al se apropiaron de su
sexualidad y comenzar a ofrecer servicios en el tema.
Resulto ser lucrativo para ellas en un sistema donde el capital y el hombre, siempre genera un plus valor para los demás, en el caso de las trabajadoras sexuales al realizar una negociación con los clientes el dinero que quedaba era para ellas, muy posiblemente por ser una actividad que se escapa a las lógicas serviles del obrero la trabajadora sexual ha sido coapta por proxenetas, lejos de la legislación y cohibidas en sus derechos más básicos como ciudadanas y seres
humanos fue fácil para ellos abusar de su trabajo, es casi una recreación del obrero, en este caso la trabajadora sexual y el “dueño” del capital, el proxeneta, que por siglos se ha creído dueño de los cuerpos de las mujeres .
Para ellas no ha sido tan fácil estar inmersas en un contexto donde ser trabajadora sexual trastoca las demás actividades que pueden realizar, como el ser madre o el hecho de ser mujer, o
quizás es al contrario el ser mujer trastoca su actividad laboral de ofrecer servicios sexuales, otras han sido las condiciones de un hombre que ofrece servicios sexuales.
El mundo patriarcal aprovecha de su triunfo sobre el mundo privado, para generar situaciones de precariedad a las mujeres que deciden salir al mundo público no solo las
trabajadoras sexuales, las demás trabajadoras que ofrecen otros servicios de igual manera que los hombres se han visto expuestas a salarios significativamente más bajos, o se le es más difícil acceder a puestos con mayor estatus, un ejemplo muy de moda son los chef que se desenvuelven en la industria hotelera volviéndose famosos y cobrando altos salarios, pero paradójicamente la historia nos enseña que quienes han debido aprender a cocinar y a cocinar muy bien son las mujeres encargadas de alimentar a su marido en el ámbito privado.
Estas situaciones se tejen a partir de una amplia red de apoyo, en este sentido las políticas del estado, el derecho, las políticas de vivienda, los proyectos de ciudad han crecido y siguen creciendo sobre las estructuras patriarcales, el trabajo sexual se ha visto expuesto a la
mercantilización de los cuerpos allí todo cuerpo deja de ser cuerpo para convertirse en un objeto más, exponiendo a las trabajadoras sexuales a humillaciones y maltratos, no se trata de
victimizar, es necesario reconocer las fallas del sistema para proponer nuevos caminos.
La viabilidad de la regularización del trabajo sexual debe iniciar por reivindicar la sexualidad de cada una de las mujeres, los proyectos diseñados para ellas deben construirse desde el autoconocimiento, el amor propio, la crítica a las políticas públicas que concluyan con la construcción de lo que es y a lo que vamos a llamar trabajo sexual, ya que el actual código de policía omitió la tarea de definir lo que vamos a comprender por trabajo sexual, es necesario que las mismas trabajadoras sexuales se apropien de la tarea.
Por otro lado, las investigaciones realizadas sobre el trabajo sexual en Medellín deben seguir hondando de manera profunda en todos los francos posibles, en necesario investigar el trabajo sexual desde el género hacer frente a la mirada capitalista que estructura esta realidad social, el mismo hecho de llamarlo trabajo sexual y no prostitución pone de cara el oficio frente a la pregunta sobre la legislación y las políticas que las regulan o por el contrario que poco las consideran, desde una perspectiva económica crítica que desvele la mercantilización que existe sobre los cuerpos, y por su puesto la compresión histórica a nivel general de los cuerpos de las mujeres pero también a nivel particular, cada una de las historias de vida que conllevan a comprender un poco más qué es esto de trabajo sexual
Los demás enfoques que pueden escaparse en estos momentos Pues por obvias razones son bastantes los que no hemos logrado comprender. Para concluir espero que él o la lectora amplíen su percepción sobre lo que es el trabajo sexual luego de leer el presente texto. Principalmente que las trabajadoras sexuales no repitan la historia de las primeras obreras que fueron explotadas por la industria y que logren articular su lucha por los derechos como trabajadora sexual a la de los demás trabajadores.
Referentes
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