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El resultado del marco teórico es un conjunto de proposiciones que sitúan dentro de una perspectiva sistemática el problema en estudio. Dichas proposiciones incluyen generalmente una hipótesis a ser

verificada y un conjunto de variables o conceptos mediante los cuales es posible el análisis de los fenómenos investigados. Tenemos, por otra

parte, un diseño específico para la investigación que nos indica la forma en que los conceptos mencionados deben ser puestos en contacto con los hechos empíricos, dentro de un método que asegure la mayor

confiabilidad y validez posibles. Llegados a este punto nos resta desarrollar una actividad que resulta imprescindible para recoger los datos capaces de verificar nuestra hipótesis o para resolver el problema de investigación planteado. Se trata de la operacionalización de las variables, que definimos como el proceso que sufre una variable (o un concepto en general) de modo tal que a ella se le encuentran los correlatos empíricos que permiten evaluar su comportamiento efectivo. Veamos el sentido de lo anterior con un ejemplo concreto:

supongamos que estamos interesados en conocer si existen o no prejuicios raciales dentro de una población. Para ello, naturalmente, deberíamos medir u observar, de algún modo, la presencia de dichos prejuicios, tal como lo hacemos cuando obtenemos datos sobre

cualquier objeto de investigación. Pero los prejuicios no son objetos que puedan verse directamente, que puedan medirse como otros hechos del mundo físico: sólo podemos conocerlos a través del modo en que se expresan o manifiestan en situaciones determinadas, a través de hechos o acciones que podemos interpretar como originados en los prejuicios raciales. Estos hechos que se corresponden con los conceptos teóricos que nos interesan Bque llamamos sus correlatos empíricosB son los indicadores de las variables que intentamos medir: sus expresiones concretas, prácticas, medibles. El proceso de encontrar los indicadores que permiten conocer el comportamiento de las variables es entonces lo que se llama operacionalización, para usar un término que traduce más o menos literalmente la expresión utilizada en inglés (V. supra, 7.1).

En el caso de nuestro ejemplo los indicadores de los prejuicios raciales serán la existencia o no de matrimonios interraciales, la distribución de los empleos entre personas de las diferentes comunidades étnicas, las

restricciones al uso de elementos comunitarios, las actitudes que se expresan en el trato cotidiano, giros o formas empleadas en el lenguaje coloquial y en los medios de comunicación, etc. Como a veces no es

posible incorporar a una investigación todos los indicadores posibles de una determinada variable será necesario, en consecuencia, escoger aquéllos que más directamente reflejen el concepto de refe- rencia y que Bpor otra parteB puedan medirse con más facilidad y confianza con los instrumentos de que disponemos.

Para operacionalizar una variable es necesario partir primeramente de la definición teórica que ya se ha elaborado y, si se trata de una variable compleja, de las dimensiones en que ella puede descomponerse. Luego, revisando los datos ya disponibles y analizando los conceptos en

profundidad, podremos encontrar cierto conjunto de indicadores que Ben principioB expresen consistentemente el comportamiento de la variable mencionada. Se podrá decir entonces que la variable se define a partir de un conjunto concreto de indicadores y no ya solamente desde el punto de vista teórico, con lo que habremos llegado a la definición operacional de la variable.

Así, la definición teórica de las migraciones dice que éstas son desplazamientos permanentes de la población, pero la definición operacional de ese concepto debiera hacer referen- cia, más concretamente, a los saldos netos de las diferencias intercensales descontado el crecimiento vegetativo. Se trata de la misma idea, pero presentada ahora de una forma operacional que permite encontrar rápidamente los datos empíricos correspondientes.

La tarea de búsqueda y selección de indicadores es una tarea delicada, que exige al investigador mucho cuidado y que sólo puede realizarse con éxito cuando éste posee una experiencia suficiente. Sucede a veces que existen muchos indicadores posibles para una misma variable y resulta difícil encontrar cuáles son los más apropiados para describirla. En otros casos los indicadores encontrados no son fáciles de medir y deben ser sustituidos por otros menos confiables, pero más accesibles al investigador. Suele ocurrir, en otras ocasiones, que algunos de los indicadores sugeridos no miden exactamente la variable en cuestión sino algún aspecto conexo o colateral, que en realidad posee menor relevancia. Para discernir y actuar de un modo adecuado esta tarea, que es eminentemente práctica, se requiere entonces de una aguda intuición y, más que nada, de sólidos conocimientos sobre el tema investigado. De otro modo se corre el grave riesgo de realizar una selección subjetiva, con lo que puede invalidarse gran parte del trabajo teórico hecho previamente.

Del mismo modo que las variables son susceptibles de ser

hipótesis elaboradas teóricamente como relaciones entre variables puede también sufrir el mismo proceso. Las hipótesis se Atraducen@ a términos operacionales lo que entonces permite comprobarlas o refutarlas. Para ello se operacionalizan cada una de las variables que intervienen en la hipótesis, definiendo sus indicadores. Luego se procede a relacionar las definiciones operacionales de la variables entre sí, del mismo modo en que se hacía al formular las hipótesis general o teórica. Así se obtiene una hipótesis operacional, que puede ser directamente comprobada o refutada en la práctica.