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Chapter 8 General discussion

8.2 Comparative pathogenicity

El problema es que comer animales y productos animales no es, en materia de análisis moral, diferente a las peleas de perros.

Matamos y comemos más de 57 mil millones de animales al año, sin contar peces y otros animales acuáticos, los cuales representan probablemente al menos otro billón. Un billón es un millón de millones. Así que cada año somos responsables de un número impactante de muertes.

Nadie duda que utilizar animales para producir alimentos causa un sufrimiento significativo bajo las mejores de las circunstancias y, como algo necesario en la matanza de los animales. Aunque muchos de nosotros creemos que la industria láctea y de

huevos no involucra la matanza de animales, esto es, como veremos más adelante en más detalle, incorrecto.

Ahora apliquemos el análisis sobre el cual todos estuvimos de acuerdo que era no controvertido al uso de animales como comida: ¿tenemos una buena razón? ¿Hay alguna necesidad de por medio?

La respuesta corta: no.

¡Pero espera! ¿No tenemos que comer animales y productos animales para estar sanos?

No.

Nadie sostiene que sea necesario desde un

punto de vista médico comer productos animales. La extremadamente conservadora Academia de Nutrición y Dietética, anteriormente llamada Asociación Dietética

Americana, ha establecido que:

“La postura de La Asociación Dietética Americana es que las dietas vegetarianas planeadas apropiadamente, incluyendo las dietas totalmente vegetarianas o veganas, son saludables, adecuadas nutricionalmente y pueden proveer beneficios de salud en la prevención y tratamiento de ciertas enfermedades. Las dietas vegetarianas bien planeadas son apropiadas para los individuos durante todas las etapas del ciclo de la vida, incluyendo embarazo, lactancia, infancia, niñez y adolescencia, y para los atletas.”[1]

Y los médicos convencionales están indicando, con creciente frecuencia, que los productos animales son en realidad perjudiciales para la salud humana.

Podríamos embarcarnos en una larga discusión sobre los muchos estudios que demuestran que los productos animales están dañando nuestra salud, pero no necesitamos hacer eso porque, estés o no de acuerdo en que consumir productos animales es perjudicial, definitivamente no hay argumento que diga que los productos animales son necesarios para una salud óptima. Esto es, aun si no creemos que estaremos más sanos si tenemos una alimentación vegana sensata, no podemos creer razonablemente que estaremos menos sanos.

Existe también un consenso general en cuanto a que la agricultura animal es un desastre ecológico. Aunque las estimaciones varían, no cabe duda de que los productos animales representan un uso ineficiente de la proteína vegetal en el sentido que los animales tienen que consumir muchas libras de cereal o forraje para producir una libra de carne. Por

ejemplo, según los profesores David Pimentel y Marcia Pimentel de la Universidad de Cornell,[2] se necesitan 13 kilogramos (un kilogramo equivale a 2,2 libras) [N. del T.: versión original en inglés utiliza el punto decimal – ej. 2.2 libras] de cereal y 30 kilogramos de forraje para producir un kilogramo de carne de res; 21 kilogramos de cereal y 30 kilogramos de forraje para producir un kilogramo de cordero; 5,9 kilogramos de cereal para producir un kilogramo de cerdo; 3,8 kilogramos de cereal para producir un kilogramo de pavo; 2,3 kilogramos de cereal para producir un kilogramo de pollo, y 11 kilogramos de cereal para producir un kilogramo de huevos. El ganado en Estados Unidos consume 7 veces más cereal que el que consume toda la población humana de EE.UU., y el cereal que se le da de comer al ganado podría alimentar a 840 millones de seres

humanos que tuvieran una dieta a base de plantas.

El estudio Pimentel afirma que un kilogramo de proteína animal requiere 100 veces más agua que 1 kilogramo de proteína de cereal. De acuerdo a otro estudio,[3] un kilogramo de res requiere 15.415 litros de agua [N. del T.: versión original en inglés utiliza la coma – ej. 15,415 litros] (un galón equivale a 3,78 litros); la carne de oveja (cordero y carnero) 10.412 litros; la de cerdo 5.988 litros; y la de pollo 4.325 litros. Un kilogramo de manzanas requiere 822 litros de agua; los plátanos 790 litros; los repollos 237 litros; los tomates 214 litros; las patatas 287 litros; y el arroz 2.497 litros. La mayoría de las estimaciones varían entre 1.000 y 2.000 galones de agua necesarios para producir un galón de leche.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura afirma que la agricultura animal contribuye más al aumento de los gases de efecto invernadero a la atmósfera, los cuales están directamente vinculados con el calentamiento global, que la quema de combustibles fósiles generada por el transporte.[4] De acuerdo con el Instituto Worldwatch, la agricultura animal produce aproximadamente 51% del total mundial de emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de la actividad humana. Asimismo, una cantidad significativa de energía fósil se necesita para producir un producto de origen animal. La aportación media de energía fósil para todas las fuentes de proteína animal es 25 kcal de aportación de energía fósil por 1 kcal de proteína animal producida, la cual es más de 11 veces mayor que para la producción de proteína procedente de cereales.[5]

Las técnicas modernas de la agricultura animal intensiva, conocidas como “granjas industriales,” han evolucionado para producir un gran número de animales para el comercio a una velocidad mayor, con un menor costo, y utilizando mucho menos suelo. Esto, por supuesto, no toma en cuenta la tierra que debe ser utilizada para cultivar el cereal y la soja que se le debe dar de comer a estos animales, de modo que las granjas industriales representan cualquier cosa menos el uso eficiente de la tierra. Un acre de suelo puede proporcionar comida para mucha más gente que consume una dieta vegana que para aquellos que consumen productos animales.

Mientras estas prácticas producen comida más barata, las granjas industriales—u operaciones concentradas de alimentación de animales (CAFOs, por sus siglas en inglés), como la Agencia de Protección Ambiental de

los Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) se refiere a estas—tienen serias implicaciones ambientales. Por ejemplo, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos reporta que 1,37 mil millones de toneladas de excremento animal se producen anualmente en los Estados Unidos (130 veces mayor que la cantidad de excremento humano producido en este país). Las cantidades en exceso de nitrógeno encontradas en este estiércol pueden convertirse fácilmente en nitratos, los cuales, de acuerdo a la EPA, contaminan el agua potable de aproximadamente 4,5 millones de personas. Cuando existen nitratos en las aguas subterráneas, estos pueden ser fatales para los bebés.[6]

La escorrentía en el agua y el suelo proveniente de granjas industriales es también responsable de la polución de aguas

subterráneas y la diseminación generalizada de hormonas. Rutinariamente se le agregan antibióticos al alimento y al agua de aves, ganado, y cerdos para promover el crecimiento y prevenir infecciones causadas por el confinamiento insalubre e intensivo; aproximadamente 80% de los antibióticos que se producen son administrados a los animales de consumo.[7] El uso de antibióticos en la agricultura animal y su resultante diseminación pueden contribuir a la resistencia a antibióticos en los seres humanos.

La agricultura animal es también responsable por la contaminación de aguas, deforestación, erosión del suelo, y toda una clase de tristes consecuencias medioambientales. De nuevo, puedes cuestionar algunos de los detalles, pero nadie puede mantener de forma creíble que la agricultura animal no es un neto negativo en lo

que se refiere al medio ambiente.

Así que, al final, ¿cuál es la mejor justificación que tenemos para imponer sufrimiento y muerte a 57 mil millones de animales terrestres y al menos un billón de animales acuáticos, los cuales no necesitamos consumir por propósitos nutricionales y cuyo resultado es una devastación ecológica?

La comida de origen animal sabe bien. Disfrutamos el sabor de la carne animal y de productos animales.

Comer alimentos de origen animal nos resulta conveniente. Es un hábito.

Entonces, ¿en qué manera exactamente es nuestro consumo de productos animales diferente de la peleas de perros de Michael Vick?

La respuesta: no lo es.

No tenemos mayor conflicto con los animales que queremos comer o cuyos productos queremos comer, que el conflicto que Michael Vick tenía con los animales que quería usar en peleas.

A Vick le gustaba andar por ahí sentado alrededor de un ring, viendo a los animales pelear. Al resto de nosotros nos gusta andar por ahí sentados alrededor de una parrilla asando los cadáveres de animales quienes han sido tratados igual de mal, si no peor que los perros de Vick.

No hay ninguna diferencia entre el placer que obtenemos de las peleas de perros y el placer del paladar que obtenemos al comer productos animales. En ambos casos, existe un gran sufrimiento. En ambos casos, no hay necesidad.

Pagándole a otro para que haga el