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Comparative performance of single-port versus multi-port surgery, and small

CHAPTER 6 TISSUE MANIPULATION: ROBOTIC ARTICULATED

6.2 Comparative performance of single-port versus multi-port surgery, and small

Libra es el signo de exaltación de Saturno. Dado que los conceptos de exaltación y detrimento se han mantenido tercamente en la astrología moderna, posiblemente tengan un significado más profundo y puede que Saturno en Libra merezca un estudio más detallado.

Tradicionalmente, la Casa VII es la del matrimonio, la del cónyuge y la de los enemigos declarados. Esta Casa representa tanto las cualidades que se valoran en los demás y que se buscan en el compañero como las características de nuestros enemigos por las cuales nos sentimos amenazados. En la Casa VII se representa la combinación perfecta, los atributos que, añadidos a los componentes de la personalidad del individuo, le harán completo. También aparecen aquí las situaciones matrimoniales que el individuo tenderá a atraer, así como qué tipo de compañero él mismo llegará a ser.

Durante mucho tiempo hemos aceptado una interpretación un tanto superficial de Libra y de su Casa mundana. El mecanismo psicológico de la proyección está claramente demostrado por el significado tradicional de esta Casa: «Los demás». Los demás, al fin y a cabo, están en uno mismo, y el equilibrio con el cónyuge depende del equilibrio entre las mitades masculina y femenina de la psique del individuo. En los demás buscamos lo que nosotros no somos capaces de expresar conscientemente, pero también odiamos en los demás lo que no podemos expresar. Ninguna combinación con otra persona, por muy perfecta que sea, puede crear una totalidad interior. El matrimonio, tal y como lo refleja la Casa VII, es una realidad proporcional a la integración interna del individuo y, si no, es una charada. Aunque esta visión parezca cínica o deprimente, puede que sea hasta esperanzadora puesto que sugiere la posibilidad de que exista algo mejor que lo que vemos a nuestro alrededor. En el mecanismo psicológico básico de la proyección del inconsciente, la mitad transexual de la psique (denominada por Jung el ánima en el hombre o el ánimus en la mujer) está íntimamente conectada con las cualidades del cónyuge que la Casa VII hace resaltar.

Cuando Saturno está en la Casa VII, surge la oportunidad de integrar o equilibrar interiormente los dos opuestos, puesto que lo más seguro es que el individuo no encuentre fácilmente en el compañero las cualidades que anda buscando. En cambio, es más posible que atraiga situaciones que impliquen un cierto dolor, aislamiento, rechazo y decepción hasta que empiece a orientarse hacia una búsqueda interna. Esta situación es análoga al coniunctio o bodas místicas de la alquimia lo que, en términos psicológicos, se traduce en una integración interna que aporta un nuevo centro para la psique y un nuevo equilibrio y significado de la vida. En la simbología alquímica, estas bodas están siempre precedidas por la oscuridad y la muerte antes de obtener la destilación del elixir. La oscuridad que suele acompañar a un Saturno en VII es sólo igualada por el resplandor del oro que esta posición promete.

La interpretación más básica de Saturno en VII es la tristeza, dificultad o constricción en el matrimonio o relaciones íntimas. Generalmente, estas desgracias parecen venir de la mano del destino y no parecen estar conectadas con ninguna falta del individuo. Saturno presenta, en esta Casa, su disfraz más elaborado porque su acción está plenamente exteriorizada. Todo parece ser la culpa del otro. Esta es la característica de los planetas en Casa VII y la buena o la mala suerte, la felicidad o la desgracia parecen llegar a través del compañero o del contrincante. Estamos acostumbrados a interpretar esta Casa como un símbolo de los efectos de los demás sobre nosotros sin considerar que dichos efectos son la proyección directa de nuestras propias necesidades y conflictos. No todo es producto de los defectos del compañero cuando Saturno en Casa VII no aporta una unión en permanente bienaventuranza.

Las restricciones de esta posición de Saturno suelen ser bastante obvias. Comúnmente se produce un aislamiento o soledad. También podemos encontrarnos con el compañero más serio y mayor que, aunque estable, fiel y quizás económicamente solvente, enfría y limita la expresión del individuo porque no comprende o aprecia los pensamientos y sueños de su compañero. Este último puede depender del otro por enfermedad o economía, convirtiéndose más en una responsabilidad que en una compañía. A veces es posesivo y exigente, o puede resultar decepcionante porque es incompatible o abandona al individuo, o le hiere con su infidelidad emocional o física. En este tipo de situaciones, solemos achacarlo todo a la mala suerte de la persona en la elección de un compañero. Al principio, todo suele ir bien y todo pasa después, cuando se ha hecho el nudo. Entonces se exclama: «No me di cuenta cuando le conocí... ».

Sabemos mucho de los demás en el primer momento de contacto porque somos tan sensibles a los signos subliminales que los demás nos dan de mil formas distintas, como lo son los reinos inferiores de la naturaleza a los signos sutiles de su ambiente. Pero se trata de percepciones intuitivas que no suelen gustar si las necesidades internas contradicen al ideal consciente de cómo debería ser el compañero. Se expresan las necesidades internas sin excepción, y son las que reciben respuesta porque los gustos semejantes se atraen. El que una persona resulte ser diferente al cabo del tiempo no es fruto de la mala suerte sino de una elección interna deliberada que se hizo en un principio. Resulta aconsejable asumir algo de responsabilidad cuando Saturno se ocupa de dar conciencia de dichas necesidades internas y, con Saturno en VII, probablemente se requerirá compartirlas honestamente para obtener una unión feliz y productiva. Aunque en un principio puede resultar difícil comprender cómo un individuo puede escoger, consciente o inconscientemente, a un compañero que le haga daño, le decepcione o limite, no es tan difícil de entender que un hombre sea su propio enemigo y que unos motivos, inconscientes para él, le arrastren a esa situación. La elección de su compañero suele ser un reflejo de esta lucha.

El denominador común de todas las expresiones de Saturno en la Casa VII parece ser el evitar una relación que pueda implicar una verdadera unión en todos los niveles en vez de ser meramente física o emocional. La acción de Saturno evita los peligros de la dependencia o la vulnerabilidad aunque el hombre no se percate de ello. Visto desde fuera, las relaciones formadas con una influencia de Saturno suelen ser «seguras» ya que el compañero es dependiente, débil, necesitado e incapaz de aportar una ayuda o amenaza al individuo. Quizás éste sea frío, infiel o incapaz de establecer una relación significativa, lo cual es la situación perfecta para evitar el esfuerzo y la responsabilidad de una unión plenamente consciente mientras se pueda tener esa cabeza de turco a quien se le puedan echar todas las culpas. Saturno en VII no implica siempre un fracaso matrimonial por culpa del compañero, pero a menudo puede parecer así al individuo que proyecta su inaccesibilidad en los demás.

Desde el punto de vista de la personalidad, este mecanismo puede parecer deprimente y llevar a pensar que existe algo en la psique del individuo que le impide ser feliz en la unión. Esto es cierto pero sólo es deprimente si se mira fuera del contexto. Lo que realmente implica es que no es posible ser feliz en la unión a menos que ésta se base en valores distintos a los corrientes y superficiales, tales como la apariencia, el estatus social, la dependencia emocional y la presión social, ya que estas causas contienen inevitablemente las semillas del fracaso si Saturno está en Casa VIL Normalmente, esta persona pone mucho énfasis en la estructura formal del matrimonio mientras puede evitar el intercambio interno que éste simboliza. Saturno en VII representa un acuerdo doloroso debido a la soledad que conlleva. De todas formas, a la larga lo que se busca es la integración, el matrimonio y la plenitud interna más que depender de otra persona que sirva de centro de nuestra vida psíquica. Desde el punto de vista del ser, de la psique total más que de la personalidad, esta posición de Saturno ofrece una grandiosa oportunidad. No sugiere una necesidad de vida en solitario sino más bien una tendencia interna a comprender los niveles más profundos de la unión, el hecho psíquico simbolizado por el matrimonio y la verdadera relación que surge de dos personas que tienen sus propios centros y que, por lo tanto, son libres para escoger.

Las situaciones de dolor y rechazo son frecuentes con Saturno en la Casa VII. Ello produce muchas conversaciones sobre el hecho de dar ya que Saturno representa el papel de mártir. Sin embargo, con frecuencia se descubre que el individuo que se queja de haber dado mucho recibiendo poco a cambio, en realidad ha dado muy poco sin ninguna condición. Tiene tanto miedo de estar solo como de sentirse herido, así que intenta seguir ambos impulsos y establece relaciones en las que no entra en juego su ser interior. Lo corriente es que Saturno intente sobrecompensar y, en vez de ser permanentemente la víctima del abandono, se convierta en la figura de don Juan (en cualquiera de los dos sexos) dando la impresión de ser duro, curtido y sin sentimientos. Esto no suele ser la verdadera naturaleza interior de Saturno aunque es una de sus máscaras más frecuentes. Es mórbidamente sensible bajo su armadura por lo que intenta estar a cubierto más que arriesgarse a experimentar el dolor de una unión que puede acabar en un rechazo. Al sacrificar el amor por la seguridad, que es lo que él entiende por obligación, se cree que ha hecho una elección ventajosa hasta que se percata del alto precio de su sacrificio y se da cuenta de que no se puede librar de la situación.

La persona con Saturno en VII que intenta hacer de la pareja algo material, suele encontrar que tiene que pagar más caro de lo que pretendía. Esto suele suceder cuando se bloquea la inclinación de Saturno por la verdad y la eliminación de los valores ilusorios. No se necesita hablar del infierno, después de la muerte cuando se ha visto el averno interior de la soledad, que es lo que suele acompañar a la distorsión de las energías de Saturno.

Saturno en una Casa angular sugiere que los sucesos y los contactos directos con los demás forman parte del proceso de descubrimiento de uno mismo. En la VII, el compañero se convierte o bien en una fuente de sufrimiento o en una grandiosa oportunidad para crecer juntos. La elección depende del individuo, pero éste debe ante todo saber que puede escoger. Si no lo hace, su sufrimiento no será el fruto del mal karma sino, sencillamente, de su ignorancia.